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Nació en Francisco I. Madero, Dgo. El peor de los pecados es su primer libro de cuentos.Ha recibido el Premio Estatal de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre” en los años 2000 y 2015 y el Premio Estatal de Periodismo de Coahuila, 2016 y 2017. Escribe cuento y ensayo. Es colaboradora regular del periódico El Siglo de Torreón. Su entrevista con Elena Poniatowska fue traducida al griego y publicada en la revista Koralli de Atenas. Ha publicado en diversas revistas nacionales y libros colectivos. Perteneció al taller literario de Saúl Rosales; es médica egresada de la Facultad de Medicina de Torreón, UA de C. y estudió la Maestría en Apreciación y Creación Literaria en Casa Lamm en la Ciudad de México.

viernes, 26 de junio de 2020

DE 12 A 16 RESPIRACIONES


Indignación por un nuevo caso de racismo policial en EEUUU ...
Ahora más que nunca, la idea de muerte asiste a nuestro pensamiento. Las reflexiones sobre ésta se hacen desde la ciencia, el drama y la comedia. Sin embargo, todo está manchado por la política. La pérdida de la vida por asfixia es un número sobre el que se pelea cotidianamente. Los números escondidos emanan un olor fétido, pero también los números exagerados se pudren. Saltan los tres actores a escena:  Lobo, cordero y cazador. Los verdaderos motivos del lobo son políticos. El lobo devora al cordero y pelea contra el cazador. Bajar las estadísticas o elevarlas atiende a enredos del poder. El pensamiento estrecho no ve que nadie tiene la razón porque nadie sabe la verdad. Una enfermedad nueva necesita de humildad de parte de sus víctimas para su expresión real. Pero no, todos creen conocer al nuevo coronavirus y lo atacan de mil formas fuera de los hospitales, sin darse cuenta de que la experiencia individual nunca será ciencia. La experiencia individual siempre será una verdad maltrecha. De esa manera los incautos se confunden y desafían al misterio sin tomar precauciones.
         Vivimos los días sellados por la asfixia. La normalidad en los signos vitales dice que la presión arterial debe ser de 120/80 mm de Hg, la temperatura menor a 37 °C, el pulso de 60 a 100 latidos y las respiraciones de 12 a 16 por minuto. Pero los pulmones ya no obedecen a esa regla, por más que el yoga enseñe a respirar, algo que al nacer el instinto nos da. “No me enseñes a respirar que yo nací sabiendo”. Sin embargo, inhalo, cuento y exhalo. Todo parece provenir del artificio. Quisiéramos renunciar al reporte diario, a las horas oyendo ambulancias una y otra vez. El SarsCov-2 no para. Lo peor de la pandemia aún no llega, dicen algunos. Otros, que han gastado su tiempo desinformándose, aseguran que el virus no existe. Qué todo es un complot para desaparecer a los más débiles. La ignorancia sobrevalorada está costando un sinfín de paros cardiorrespiratorios.
Algunas ciudades están en semáforo naranja y el virus aprovecha para reproducirse más. Las predicciones cambian a cada momento y no sólo los políticos se equivocan sino los científicos también; la verdadera naturaleza del nuevo coronavirus la conoceremos hasta dentro de unos meses, o tal vez años. La asfixia está presente en todos los discursos: “Estábamos asfixiando el planeta por eso la Covid-19 mata quitándonos la respiración”, dicen. Se asfixia la economía, los servicios médicos; a George Floyd, un policía gringo le disminuye las respiraciones a cero por minuto y así aparece la legión que protesta también por Giovanni, López de Jalisco. “No puedo respirar” se escribe en una pared que reitera la frase de la época. Porque en el encierro o con el cubrebocas la inhalación y la exhalación son una dificultad. Igual en las redes sociales que, de tanto que asfixian, provocan el desnudo y la confesión del más introvertido. Los pulmones sofocados por el desempleo y por quien asegura que el virus vino en naves espaciales. Así, la angustia altera la respiración. “No puedo respirar”. Cada momento nuevo asfixia al anterior. Los días son inútiles. A pesar de que aseguran que el tiempo terminará con el virus; las semanas pasan y la virulencia sigue. El tiempo no nos está curando. Una vacuna inexistente, se pierde en monólogos furiosos de personas que juran no aplicársela. Las mañanas soleadas tampoco curan, enferman a los encerrados y a los que deambulan libres por las calles, por necesidad, por necedad o por neurosis.
Caminamos en el círculo de la ansiedad. Medio vivos, medio muertos; medio vacíos, ¿escaparemos al yugo de la naturaleza? ¿Quién lo sabe? Los pacientes llegan con el médico y respiran rápido y el doctor también acelera el aliento. El temor del contagio es permanente. Cuenta hasta 12, o hasta 16, para frenar la rabia por la negligencia de los que no se cuidan y que como Sto. Tomás no creen porque no ven. Así que, si no somos mejores durante la pandemia, tampoco lo seremos después de ella: Queremos resolver la disnea perdiendo la calma y la sensación de ahogo aumenta.
La arritmia pulmonar rompe todos los ritmos. Los males se han vuelto hacia el oxígeno que no llega a la sangre y en la paranoia todos los síntomas son Covid-19. Suspira, cuenta tus respiraciones y comprueba que sean de 12 a 16 por minuto. Qué el corazón no renuncie para que el cerebro no se nuble: aún podemos ser mejores frente a la catástrofe.

viernes, 5 de junio de 2020

DON BENITO Y DON ANDRÉS (3ª. y última parte)


EL Siglo de Torreón                        En el primer artículo hablé sobre las coincidencias en las enfermedades entre los presidentes Benito Juárez y Andrés Manuel López Obrador, encontrando que eran muy similares. En el segundo texto comparé la religiosidad, concluyendo que Juárez perjudicó a la iglesia católica y que AMLO la promueve al igual que a otras religiones cristianas y nativas. Por último, haré un breve repaso sobre las actitudes políticas, de ambos presidentes, hacia la mujer.
         Con frecuencia, a Benito Juárez se le llama feminista. Aunque en su tiempo no se le podría considerar así, pues el término feminista (en el sentido social, no en el médico) nació en Francia en 1872, año en que murió don Benito. Fue Alexandre Dumas hijo, quien lo dijo por primera vez, porque él creía en la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Además, Juárez era miembro de la masonería, una cofradía predominante masculina y considerada machista. Aunque aceptan a Dña. Josefa Ortiz de Domínguez como masona y actualmente exista la masonería femenina, aunque el rol de ellas es alejado de la vida pública. La masonería promueve el progreso de la humanidad; pero, anteriormente, en sus estatutos no aceptaban “ni siervos ni mujeres”. Igual que Juárez, Lopez Obrador pertenece a la logia masónica, según información de varias fuentes de Internet.
Juárez promovió la educación mixta, aunque no logró que se enseñara lo mismo a la mujer que al hombre; fundó la Escuela Secundaria para señoritas en el año 1869, que a la postre sería la Escuela Normal Superior. Promovió que las mujeres pudieran tener negocios, si el marido daba su consentimiento, claro. Aunque, las solteras podían hacerlo libremente. Era solidario con el sexo femenino en sus discursos: “Secularizando los establecimientos de utilidad pública, se atenderá también a la educación de las mujeres, dándoles la importancia que merecen por la influencia que ejercen en la sociedad”. Para su tiempo, don Benito hizo cambios importantes sentando precedentes para mejorar la vida de las mujeres.
         Los movimientos de equidad de género han hecho que muchos hombres digan que son feministas. No obstante, sabemos que, a veces, es solo parte del discurso o una estrategia política o personal. En cambio, AMLO asegura que él no es feminista sino humanista. Pero recordemos que, históricamente, los humanistas no han defendido a la mujer, al contrario; ellos hablan de la iluminación de las mentes, siempre y cuando sean del sexo masculino. Habrá que leer a algunos de los que se consideran grandes humanistas, como Nicolas Maquiavelo, diciendo: “Las mujeres han sido causa de muchas ruinas, ocasionando gran daño a los que gobiernan pueblos, y en estos muchas divisiones” o Erasmo de Rotterdam: “Y así Platón, al parecer dudaba en qué género colocar a la mujer, si entre los animales racionales o entre los brutos, no quiso otra cosa que significar la insigne estupidez de este sexo” u otros como Immanuel Kant que aseguraba que a la mujer solo se habría de respetar en el ámbito del hogar, especialmente en la cocina.
Pareciera que el presidente López Obrador no quiere solidarizarse con las mujeres. Ante la lucha por la equidad y la no violencia, él tiene expresiones como: “El 90 % de las denuncias por violencia contra mujeres son falsas”; criticó la marcha de las mujeres del 8 de marzo y el día del paro nacional femenino, lanzó a la venta los boletos del avión presidencial, porque él “Ni idea tenía de que el 9 era el día del paro”. Otro caso fallido es el “Decálogo del presidente de México vs. la violencia hacia las mujeres”, en donde el primer punto es: “Estoy en contra de la violencia, en cualquiera de sus manifestaciones” y el segundo: “Se debe proteger la vida de hombres y mujeres. De todos los seres humanos”, en los siguientes puntos sigue la vaguedad sin adoptar un compromiso concreto. También los anuncios contra la violencia de “Cuenta hasta diez”, en la que se ve a una señora haciendo gestos de desagrado porque a un anciano se le caen unos platos, es burda y no refleja la realidad de las mujeres maltratadas. La campaña no cumple para lo que fue creada. Todos nos beneficiaríamos si el gobierno consultara a asesoras que sepan qué es la perspectiva de género.
         A favor de López Obrador se puede señalar que ha sido el único presidente que, desde el inicio de su mandato, nombró a ocho Secretarias de Estado. Enrique Peña Nieto y Vicente Fox trabajaron con tres. Calderón mantuvo en promedio a cuatro. Las mujeres que gobiernan son ahora más. En cambio, los feminicidios y el maltrato hacia las mujeres continúan.

domingo, 24 de mayo de 2020

DON BENITO Y DON ANDRÉS (2ª. de tres partes) La religión


El Siglo de Torreón
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En el artículo anterior hablé de las coincidencias entre las enfermedades de don Benito Juárez García y las del presidente Andrés Manuel López Obrador. La conclusión fue que AMLO concuerda en casi todos sus padecimientos con los del Benemérito de las Américas. En este segundo texto abordaré sus semejanzas en cuanto a la religión; el tercer texto será sobre las actitudes políticas hacia la mujer.
         Benito Juárez fue liberal y republicano. Sin embargo, también fue seminarista, aunque, como lo describe en Apuntes para mis hijos, lo hizo más por el interés de aprender que por vocación; era su única forma de obtener una educación formal, por lo que no se ordenó de sacerdote, sino que optó por estudiar derecho en la ciudad de Oaxaca. Juárez se casó con Margarita Maza por la iglesia católica, iba a misa con regularidad y acudía a las festividades religiosas. Pero como gobernante su postura fue antirreligiosa, ello se manifestó en 1859 con las Leyes de Reforma, durante su primer mandato presidencial. Estas leyes tuvieron como finalidad quitarle los privilegios al clero, confiscándole sus bienes; proclamó el Estado laico, nombrando a todos los ciudadanos iguales y aboliendo el fuero eclesiástico. Apartó así, la Iglesia del Estado. Esto lo llevo a ser excomulgado del catolicismo. Juárez separó su fe personal de la del pueblo: “Los gobernantes de la sociedad civil no deben asistir, como tales, a ningún ceremonial eclesiástico, si bien como hombres pueden ir a los templos a practicar los actos de devoción que su religión les dicte”, declaró.
         El presidente López Obrador se asume como cristiano, pertenece a la Iglesia Adventista del Séptimo Día y en período de campaña el partido PES un partido cristiano se unió a su proyecto. Sin embargo, ante cuestionamientos sobre si era católico, usó una cita de Ignacio Ramírez, El Nigromante: “Yo me hinco donde el pueblo se hinca”. Su mismo partido Morena es una alusión a la virgen de Guadalupe. Otro hecho religioso muy representativo fue un el evento después de la toma de posesión como presidente de México en el Palacio Legislativo, cuando en el zócalo capitalino, el 1 de diciembre de 2018 incluyó la cosmovisión indígena en donde se le entregó el bastón de mando y se le hizo una “limpia” de purificación con humo de copal. Para la mayoría este acto místico fue significativo porque daba visibilidad a los pueblos indígenas y afromexicanos. De esa manera el presidente estableció que el suyo sería un gobierno incluyente de los pueblos originales.
Sin embargo, el presidente continúo haciendo discursos religiosos, con citas bíblicas, aludiendo constantemente a Cristo y diciendo que lo mataron por defender a los pobres. (Aunque la razón por la que los romanos mataron al Nazareno fue por proclamarse hijo de Dios). Asimismo, se muestra como católico al presentar estampitas de santos. Sugiriendo que con amuletos se podría defender del coronavirus; con actos de fe minimizaba la pandemia, diciendo: “El escudo protector es como el Detente; ‘detente enemigo que el corazón de Jesús está conmigo”. Pero ¿es el presidente un verdadero creyente de las imágenes religiosas o lo que hace es propaganda? No lo sabemos, pero cualquiera que sea la razón, contraviene los ideales juaristas. Por un lado, dice que el Estado debe garantizar la libertad religiosa y por otro promueve, desde la institución presidencial, el pensamiento religioso para problemas de solución científica.
Otra forma de intrusión religiosa en el gobierno actual fue la distribución de la Cartilla moral escrita por Alfonso Reyes en 1944. Si bien, esta cartilla contiene conceptos filosóficos y poéticos, es, especialmente, religiosa. Allí se enaltecen los valores de la familia tradicional. Y aunque estas ideas van encaminados a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, muchos conceptos ya no son vigentes ni prácticos en la sociedad actual.
La tentación de transmitir convicciones religiosas, desde el poder político, es una inercia a la que sucumben muchos gobernantes, ya que hasta el siglo XIX, los regímenes gubernamentales del mundo eran teocráticos; se ejercía el poder desde una religión oficial, como aún lo hacen, por ejemplo, muchos pueblos originarios, los países islámicos y el Vaticano, considerado éste como un Estado.
En conclusión, AMLO se ha separado de los principios juarista que establecen que el ejercicio político debe de ser laico; no ha dado “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Estamos hablando de un hombre conservador. 

miércoles, 13 de mayo de 2020

DON BENITO Y DON ANDRÉS (1ª. de tres partes)

EN EL SIGLO DE TORREÓN DON BENITO Y DON ANDRÉS

SIGNO DE FRANK
El presidente Andrés Manuel López Obrador se ha declarado juarista, tanto, que decidió vivir en Palacio Nacional, lugar donde despachó don Benito Juárez García, hasta el momento de su muerte en 1872, cuatro años antes de terminar su último mandato presidencial. Ambos personajes de la historia de México, tienen coincidencias y, naturalmente, muchas diferencias, en especial en la forma de gobernar. Compararé tres temas entre ellos: el primero serán sus enfermedades; el segundo la conducta religiosa; y el tercero, las decisiones de gobierno hacia la mujer, ¿qué tan feminista fue don Benito y cuánto lo es AMLO?
En este primer artículo me ocuparé de las coincidencias en las enfermedades de estos dos mandatarios. Benito Juárez García (1806-1872), sufría de diabetes, hipertensión, cardiopatía isquémica y sobrepeso. Las tres últimas condiciones las padece el presidente López Obrador (1953). Él ha dicho que es hipertenso y su cardiopatía es del dominio público, ya que distintos medios publicaron que sufrió un infarto al miocardio el 3 de noviembre de 2013 por lo que le hicieron una angioplastia con la colocación de un stent. Afortunadamente, a diferencia de Juárez, el actual presidente cuenta con medicamentos efectivos para la hipertensión y la isquemia cardiaca. Precisamente el amlodipino, que él toma, es un fármaco que mejora la circulación arterial sistémica y del corazón. En los tiempos de don Benito no existían medicamentos ni cirugías efectivas, sólo medios físicos que consistían en aplicar calor en el pecho para lograr vasodilatación. Está documentado, por las notas de su médico, Dr. Ignacio Alvarado, que el oaxaqueño murió con graves quemaduras en el pecho por el agua hirviendo que se le aplicaba. “Su diagnóstico fue que se trataba de una “angina de pecho” que se presentó con una serie de ataques sucesivos que le ocasionaban opresión en el corazón, dolores intensos e imposibilidad para respirar. Muy comentado ha sido también el brutal remedio que aplicó en el enfermo: agua hirviendo directamente en la región del corazón, logrando que éste volviera a latir por unas horas. Vino otro ataque más largo y de vuelta el agua que le dejó vivas ampollas sobre la piel”. Como se registra en el libro Muerte y vida eterna de Benito Juárez de María del Carmen Vázquez Mantecón. Juárez murió a los 66 años de un infarto al miocardio que en su tiempo le llamaban “Neurosis del gran simpático”. 
Como apunté, Juárez era diabético y aunque algunos columnistas han dicho que el actual presidente sufre de esta enfermedad, no hay información bien sustentada que lo corrobore. No lo sabemos. Las personas diabéticas, hipertensas y con altos niveles de colesterol en la sangre (hipercolesterolemia) tienen más riesgo de sufrir infartos. En el presidente López Obrador podemos observar un signo característico de hipercolesterolemia, se trata del llamado signo de Frank que consiste en una hendidura (o pliegue) que se forma en el lóbulo de la oreja. Esto se observa en muchos personajes de la historia; de allí que podamos deducir que tenían el colesterol alterado; por ejemplo, Adriano (Roma, 76-138 d. C.) las esculturas de él aparecen con este signo. El emperador Adriano murió de insuficiencia cardiaca, enfermedad que describe muy bien Marguerite Yourcenar en su novela Memorias de Adriano: “Hermógenes acabó por diagnosticar un comienzo de hidropesía del corazón; fue preciso aceptar las consignas que me imponía el mal, convertido de pronto en mi amo…” No hay retratos de don Benito en dónde se pueda señalar el signo de Frank, faltaría revisar las esculturas de su tiempo.
Juárez García, también tuvo que lidiar con una epidemia mientras era gobernador de Oaxaca en 1850. En esos años se presentó una epidemia de cólera, enfermedad por la que murió su hija Guadalupe de 11 años. El cólera es un padecimiento infeccioso provocado por la bacteria Vibrio cholerae. Hoy en día, las infecciones bacterianas son más fáciles de combatir por la existencia de antibióticos y porque son, digamos, más predecibles. En cambio, los virus son más misteriosos. Actualmente, AMLO enfrenta muchos retos con la pandemia de la Covid-19, no solo porque México tiene un sistema de salud muy deficiente sino porque él mismo tiene varios factores de riesgo que lo vuelven vulnerable ante el virus Sars Cov-2. El presidente tendrá que extremar precauciones en cuanto a su salud.

jueves, 16 de abril de 2020

VICENTILLO Y SU DIARIO INDISCRETO

En El Siglo de Torreón
Saludar a cómplices, aun tratándose de una madre, de uno de los criminales más crueles de la historia de México, fue un error político (y un mal ejemplo para la prevención del COVID-19) del presidente Andrés Manuel López Obrador quien le extendió la mano a la mamá del Chapo Guzmán. Por ello regresó a la discusión pública el libro El traidor de la periodista Anabel Hernández (Grijalbo, diciembre, 2019), que nos muestra la relación entre narcotraficantes y gobierno en los últimos 25 años. Aquí mi reseña.
El traidor recoge las entrevistas que Anabel Hernández sostuvo con Fernando Gaxiola, abogado del cártel de Sinaloa. También contiene el diario de Vicente “Vicentillo” Zambada Niebla y las declaraciones de éste, ante las autoridades estadounidenses, quienes los sentenciaron a 15 años de prisión en Chicago, Illinois (solo le faltan 5 años). Nos enteramos de que el hijo del Mayo Zambada, jefe del cártel de Sinaloa, visitó Los Pinos, en el sexenio de Ernesto Zedillo, y que fue recibido por el general Roberto Miranda jefe del Estado Mayor Presidencial. Asimismo, Vicentillo describe cómo el presidente Calderón le pidió un favor a su padre, a través del general Arturo Acosta Chaparro, diciéndole que se calmaran que “querían resolver las cosas con todos, así la violencia en México podría disminuir porque el gobierno no sabía qué hacer”.
Vicentillo es parte de la generación que estaba predestinada a la delincuencia. Nacidos en los años 70, los hijos de los narcotraficantes más poderosos de México, sobre todo, los del Chapo y los del Mayo, ahora manejan los negocios de sus padres. Aunque la autora asegura que el Mayo Zambado de 73 años sigue en funciones. La personalidad de Vicentillo se va rebelando poco a poco en cada página. Es un dibujante reflexivo; presenta su autorretrato como un payaso con una lágrima negra (imagen que ilustra la portada del libro). Con frecuencia se ríe de sí mismo. Vicentillo declara que él siempre ha deseado una vida normal, pero el amor al padre lo hicieron involucrase. Es posible ver la evolución del personaje; los primeros textos están mal escritos y los últimos tienen reflexiones más profundas y mejor redactados. El abogado Gaxiola (quien falleció de cáncer en el 2015) dijo que el muchacho se dedica a pintar y que ha leído cientos de libros.
La autora detalla los nexos de Genaro García Luna con el narcotráfico. Y aunque la periodista no menciona al exdirector de Pemex, Emilio Lozoya, si habla de cómo los barcos y pipas de Pemex han servido para exportar droga. Pero, de acuerdo con la autora, el gobierno de López Obrador no se salva de los narcotraficantes y sus influencias; en las primeras páginas, la periodista sugiere que la liberación de Ovidio Guzmán, en octubre de 2019, se debió a la corrupción que existe en la fuerza pública. La autora asegura que el cártel de Sinaloa sigue trabajando sin inmutarse y que el Mayo Zambada, el narcotraficante más importante del mundo, no aparece en la agenda del actual presidente.
El traidor, dónde todos son traidores, es un libro necesario para entender el espíritu de la época; la personalidad de los mexicanos dedicados al narcotráfico y el negocio de la droga en el mundo. Al terminar de leer el libro uno concluye que las drogas no se van a legalizar porque es demasiado dinero el que está en juego. El narcotráfico no sólo es el comercio de heroína, cocaína, mariguana y metanfetaminas sino que tiene negocios paralelos como el tráfico de armas, entre otros. Los fabricantes de armas estadounidenses no permitirán la legalización de las drogas, seguirán abogando para que cada familia tenga un arma en casa. Las drogas son un problema de salud pública más por las muertes violentas que por las sobredosis.

martes, 31 de marzo de 2020

EL OTRO LUIS MIGUEL

En El Siglo de Torreón
Los ricos corren riesgo de tener coronavirus, los pobres no ...Finalmente, la mayoría de los mandatarios del mundo están haciendo que la voz de los científicos sea la que se escuche; ante la pandemia, las mejores mentes están trabajando para solucionar el problema. La pérdida de libertad y la ausencia de certezas en salud y economía, nos ha sumido en un duelo. Así, pocos gobernantes han sido cautelosos desde el principio aceptando el problema y enfocándose en las negociaciones; han suprimido la fase de negación e ira. El caso más representativo es el de la canciller alemana Angela Merkel, quien ha dado el mejor discurso ante la pandemia, tomando las medidas con firmeza, sin titubeos. En México, la fase de negación y de ira aún no se disuelve. El presidente Andrés Manuel López Obrador tardó semanas en aceptar la gravedad del COVID-19, y no es el único.
 En este contexto han surgido personajes disparatados que hacen declaraciones basadas más en la demagogia y la ignorancia que en la ciencia. Es el caso del gobernador de Puebla que no es artista, no canta, no baila, pero que, irremediablemente, entró al mundo del entretenimiento. Luis Miguel Barbosa Huerta ha declarado: “los pobres somos inmunes” refiriéndose al coronavirus y desató la horda burlesca de redes sociales. Le criticaron no solo por decirse pobre sino por la presunción de inmunidad y por incitar a la población a seguir una vida sin cambios. Él no se vio a sí mismo. No vio que su riesgo es mayor al tener sesenta años; ser diabético e hipertenso. Por desgracia, la diabetes ya le ha hecho estragos, en 2013 le provocó gangrena en la pierna derecha por lo que le fue amputada. Sin embargo, la visión del gobernador al asegurar que estamos ante una enfermedad de ricos tiene una pequeña porción de verdad. Al principio, al menos. Primero porque los consumidores del pangolín, animal en el que mutó este coronavirus contagiado del murciélago, eran chinos de un estatus socioeconómico alto, dado que la carne de este animal es costosa por ser considera exótica. Segundo, el crecimiento en los contagios se dio a través de personas que viajan de un país a otro. ¿Quienes viajan? los pobres no, claro está. Tercero, son los que tienen dinero los primeros en poder hacerse la prueba del laboratorio. Ello sesga las estadísticas. De allí la visión parcial de que se trata de una enfermedad de ricos. Pero si hay algo que es democrático es este virus. Nadie está exento de padecerlo.
Nadie visualizó un escenario así. Estamos ante una situación inédita que obliga a entregar lo mejor de la humanidad. La incertidumbre requerirá revalorar nuestras concepciones científicas, políticas y las relaciones entre nosotros y con la naturaleza. El mundo se está paralizando. Tendremos que volver a lo esencial. Aún no hay certezas científicas absolutas y es allí donde se desprenderán los pasos a seguir. México, dentro de todo, es afortunado porque gracias a su geografía, recibió la enfermedad con la experiencia de otros países. También veremos si es como la mayoría de las infecciones respiratorias que son más graves en el inverno, ¿ésta disminuirá su letalidad con la llegada del calor? Si es así, el problema más grave vendrá para los lugares donde el inverno es más largo o que apenas comienza, como en el hemisferio sur. Otro fenómeno que se observará en el caso del COVID-19, y que de ser así el Sr. Luis Miguel Barbosa tendría otra parte de razón: se sabe que para las enfermedades infecto/contagiosas, generalmente, los países pobres resisten más. Aunque en la ciudad de México tenemos otro problema, la contaminación.
Esperemos que la actitud del gobernador Barbosa, como la de otros políticos y empresarios, de menospreciar la pandemia no sea una constante. Pero, sobre todo, que no sea una idea presente en la población en general. Ojalá los políticos cambien sus discursos e inviertan más en las prioridades de todos los pueblos: La salud y la educación. Si eso dos rubros se salvan, se salva todo.
Nota: Quienes leyeron mi artículo anterior y me han preguntado por la salud de mi hija y la mía, les doy las gracias. Estamos muy bien. Encerradas, como debe ser.

jueves, 26 de marzo de 2020

EL DERECHO A LA NEUROSIS

En El Siglo de Torreón
 “Ellos podrían morir en estos días”, pienso. Son casi las diez de la noche. Camino hacia la farmacia que se encuentra a cuatro cuadras de donde vivo. Voy por la avenida Álvaro Obregón de la colonia Roma. En este ambiente sombrío, pocos andan por aquí. Los restaurantes cierran casi sin hacer ruido. En el camellón me topo con dos indigentes que buscan una banca para transfigurarla en cama. Acomodan sus harapos. Tendrán sueños fétidos que no olerán. Mi nariz sí. Uno de los malolientes se acerca y me gruñe. Me veo en su mirada y me estremezco. ¡No! Le grito y me alejo rápido de él. A mis espaldas oigo su risa sardónica. Parece un sueño, siento mis piernas pesadas. “Los pordioseros podrían morir por COVID-19 en la ciudad de México”, pienso. Los he visto cómo sacan comida de la basura o recibiendo el alimento sobrante de los comensales de los restaurantes de por aquí. No habrá más de eso. No habrá ninguna medida preventiva para ellos. No. Ni un quédate en casa, ni un lávate las manos. Sigo mi camino. Salí porque hasta este momento me di cuenta de que faltaban: paracetamol y algunos víveres. Mi hija Carolina y yo teníamos encerradas ya una semana porque ella se sentía mal: estornudos, cefalea, tos, escalofríos y malestar general ¿Cómo sé que la enfermedad de Caro no es del coronavirus? No lo sé. Compro lo necesario. Regreso con taquicardia.
         Por si acaso, vigilo a mi hija; le ausculto los pulmones, el corazón; le tomo la temperatura, la presión, el pulso… Le hago limonadas. Me lavo todo el tiempo las manos. Me vuelvo loca. Me sofoco, sudo. Comienzo a limpiar el mandado con desinfectante. Me pongo triste, me desespero. Siento que no soy yo y creo que me va a dar un ataque al corazón. De golpe, la neurosis invade mi cuerpo. Estoy en fase uno, en la fase depresiva. Ejerzo plenamente mi derecho a la neurosis, igual que el 95 % de la población que en un momento de su vida la padecen. Envió un mensaje al 51515 (línea de apoyo para COVID-19) y respondo la encuesta. Una media hora después, me llama un joven por teléfono, le cuento mis temores. He comenzado a tener dolor de cabeza, ardor de garganta y soy asmática, le digo y titubea, pero es amable y toma mis datos y los de mi hija diciendo: “Lo más seguro es que tienen gripe estacional. De cualquier modo, sólo tienen que seguir aisladas con las medidas que han tomado”. Yo quería que se registran mis síntomas. Enseguida consulto el calculador de riesgos que me enviaron por WhatsApp y éste anuncia que tengo un 96% de sobrevivir al COVID-19, respiro casi con tranquilidad. 
         Vivo los días despersonalizados, no distingo un día de otro. Es igual un terco lunes que el alegre jueves o que el sábado desvelado. En el encierro, me asomo al mundo a través de las redes sociales y veo que a algunos la idea del desastre, en México, les resulta fascinante; parece que retan a la muerte. La energía de la fatalidad penetra en cada lugar como un hechizo que relaja a los inconscientes. Y se hacen chistes sobre el coronavirus; los mexicanos viajan, besan y abrazan. Mexicanos arrogantes, ¡chingones! “Si me han de matar mañana que me maten de una vez”, Valentina. El virus es casi un hecho paranormal. ¿Qué mata más un AK-47 o el COVID-19? El rifle, pues nos tiene muy acostumbrados a la sangre. ¿El COVID-19 será la causa de que las muertes violentas disminuyan? ¿Esta infección viral afectara el mercado del narcotráfico? No lo sé, lo cierto es que la pandemia pasará y los muertos por narcotráfico volverán a ser noticia. Quizá el virus dé un pequeño respiro a la violencia. Quizá.
Paseo por mi reclusorio al norte de la Roma. Hago pase de lista y toco la puerta de la recámara de mi hija. No contesta. No ha huido, no ha hecho un túnel, duerme. Regreso a escribir y me aventuro a contar los diez pasos que hay desde mi escritorio a la sala. Paso a la fase dos, es decir, a la fase maníaca de mi neurosis. Qué alegría. Qué universo tan extraordinario se ha vuelto este pequeño departamento. Mis libros, mi computadora y las palabras infectadas por la pandemia. Cuando termine el riesgo de contagio, renaceré a la vida como si fuera un primer día de enero.  Entonces, continuaré el largo viaje hacía mí conciencia; iré al teatro, al cine, a tomar el sol, a ver los pájaros y a respirar la contaminación como siempre. Espero. Mientras, todo será servicio a domicilio.