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Nació en Francisco I. Madero, Dgo. El peor de los pecados es su primer libro de cuentos.Ha recibido el Premio Estatal de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre” en los años 2000 y 2015 y el Premio Estatal de Periodismo de Coahuila, 2016 y 2017. Escribe cuento y ensayo. Es colaboradora regular del periódico El Siglo de Torreón. Su entrevista con Elena Poniatowska fue traducida al griego y publicada en la revista Koralli de Atenas. Ha publicado en diversas revistas nacionales y libros colectivos. Perteneció al taller literario de Saúl Rosales; es médica egresada de la Facultad de Medicina de Torreón, UA de C. y estudió la Maestría en Apreciación y Creación Literaria en Casa Lamm en la Ciudad de México.
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sábado, 7 de octubre de 2017

HUMOR ESCATOLÓGICO EN EL QUIJOTE

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Desde el punto de vista de la Teología, la Escatología es el tratado de los  últimos tiempos, de la muerte, del purgatorio, del fin del mundo… este es un tema que se ha estudiado mucho en la obra de Cervantes, pero El Quijote, también contiene varios párrafos que hablan de la otra acepción de la Escatología: la de los excrementos y las suciedades.
        Especialmente en el capítulo XX, de la primera parte, se refiere a este tópico: Mientras don Quijote y Sancho cenan en un bosque y van en busca de un río para tomar agua. El viento y el ruido de los árboles y los animales crean un ambiente terrorífico, es entonces cuando Sancho siente miedo. Y en ese momento don Quijote le dice que se irá en busca de aventuras por tres días, que lo espere allí y que si no regresa vaya con Dulcinea y le diga que su amado a muerto: “En esto, parece ser o que el frío de la mañana que ya venía, o que Sancho hubiese cenado algunas cosas lenitivas, o que fuese cosa natural —que es lo que más se debe creer—, a él le vino en voluntad y deseo de hacer lo que otro no pudiera hacer por él; mas era tanto el miedo que había entrado en su corazón, que no osaba apartarse un negro de uña de su amo. Pues pensar de no hacer lo que tenía gana tampoco era posible; y, así, lo que hizo, por bien de paz, fue soltar la mano derecha, que tenía asida al arzón trasero, con la cual bonitamente y sin rumor alguno se soltó la lazada corrediza con que los calzones se sostenían sin ayuda de otra alguna, y, en quitándosela, dieron luego abajo y se le quedaron como grillos; tras esto, alzó la camisa lo mejor que pudo y echó al aire entrambas posaderas, que no eran muy pequeñas. Hecho esto, que él pensó que era lo más que tenía que hacer para salir de aquel terrible aprieto y angustia…”
Algo había comido Sancho que le provocó diarrea, pues así lo explica Cervantes: “le sobrevino otra mayor, que fue que le pareció que no podía mudarse sin hacer estrépito y ruido, y comenzó a apretar los dientes y a encoger los hombros, recogiendo en sí el aliento todo cuanto podía; pero, con todas estas diligencias, fue tan desdichado que al cabo vino a hacer un poco de ruido, bien diferente de aquel que a él le ponía tanto miedo. Oyólo don Quijote y dijo:
—¿Qué rumor es ese, Sancho?
No sé, señor —respondió él—. Alguna cosa nueva debe de ser, que las aventuras y desventuras nunca comienzan por poco.”
        Y al tercer intento, finalmente Sancho queda satisfecho: “Tornó otra vez a probar ventura, y sucedióle tan bien, que sin más ruido ni alboroto que el pasado se halló libre de la carga que tanta pesadumbre le había dado. Mas como don Quijote tenía el sentido del olfato tan vivo como el de los oídos y Sancho estaba tan junto y cosido con él, que casi por línea recta subían los vapores hacia arriba, no se pudo escusar de que algunos no llegasen a sus narices; y apenas hubieron llegado, cuando él fue al socorro, apretándolas entre los dos dedos, y con tono algo gangoso dijo:
—Paréceme, Sancho, que tienes mucho miedo.
—Sí tengo —respondió Sancho—, mas ¿en qué lo echa de ver vuestra merced ahora más que nunca?
—En que ahora más que nunca hueles, y no a ámbar —respondió don Quijote.”
        Don Quijote se queja de la excesiva confianza en la que entrado con Sancho: “Retírate tres o cuatro allá, amigo —dijo don Quijote (todo esto sin quitarse los dedos de las narices)—, y desde aquí adelante ten más cuenta con tu persona y con lo que debes a la mía; que la mucha conversación que tengo contigo ha engendrado este menosprecio.”
        Lo más sorprendente de estos párrafos es que en ningún momento se usan palabras vulgares, si no que el juego es a través de un ingenio en las palabras.       

sábado, 30 de agosto de 2014

DON QUIJOTE EN CUATRO LETRAS

El mundial de futbol (Brasil, 2014) se vivió entre camisetas de sudor y lluvia; botines multicolores y directores técnicos vestidos con elegancia; entrenadores estoicos, ante el triunfo o la derrota. Ellos, frente a los otros, los descompuestos, los trágicos y grotescos que ante el gol que fue y el que no, agonizaban. Se vieron árbitros de pasión sospechosa y una porra mexicana que imponía su grito de guerra en cuatro letras: ¡puto! La turba lanzaba conjuros con los brazos extendidos y temblorosos. Trataban de intimidar al enemigo, pero sólo consiguieron divertirlo. Ni discriminadores ni vetados ni nada. Únicamente animadores de fiesta. El grito de guerra se volvió una moda inocente. No intentaba la segregación homosexual sino el exorcismo del gol. Ahora se ha prohibido en los estadios de futbol.
Quizá, Gabriel García Márquez, al titular su novela Memorias de mis putas tristes, hizo que la palabra puta/o, ya no escandalice. Este vocablo tiene muchos usos, además del de homosexual. Aunque el más común (en femenino) es para llamarle a la mujer que, cobrando o no, tiene relaciones sexuales con varios hombres. También es sinónimo de cobarde. Y cuando su terminación es en "azo" se refiere a un golpe fuerte: "Lo agarraron a…” o, “me di un…", dicen. Asimismo, no sólo es adjetivo, también se trasfigura en verbo cuando su terminación es, …teo, …teas, …tean… Yo, tú, el/ellas…putean. Otra, es para manifestar enojo en grado superlativo, para ello se le antepone un em y se finaliza en gerundio ado/a: Estoy muy emputado. Es auxiliar para expresar lo estupendo o lo pésimo; en la alegría o el rechazo. Aunque, no sólo las personas o estados de ánimo pueden bautizarse así, los objetos también. 
En El ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes (1547-1616) usa este vocablo 32 veces, aunque sólo cinco en masculino. En la primera parte dice dos veces puto, en el sentido de “astuto, molesto, fastidioso”, (según el ensayo de Jorge E. Barona Díaz El lenguaje florido del Quijote). Allí se repite en doce ocasiones el término puta; ya sea solo o acompañado de "hijo de" o con la contracción hideputa. En la segunda parte de El Quijote son quince veces en femenino y tres en masculino. Más de la mitad es en boca de Sancho. Llama la atención que sólo en una ocasión lo dice una mujer. Lo que refleja la conducta de las mujeres de la época. Citaré algunos ejemplos:
La primera mención, de esta palabra, se hace en el capítulo dieciséis (1ª. parte). Viene del dueño de una venta donde se hospedaron don Quijote y Sancho. La criada tiene miedo de su amo y se esconde en la cama de Sancho. Su patrón, al buscarla, grita: “¿Adónde estas, puta? A buen seguro que son [tus] cosas éstas.”
En el capítulo veintidós (1ª. parte) donde se narra la ocasión en que don Quijote libera a los presos. Uno de los criminales, Ginesillo, tiene una discusión con don Quijote y éste le habla así: “…don hijo de puta, don Ginesillo de Paropillo, o como os llamáis, que habéis de ir vos solo, rabo entre piernas, con toda la cadera a cuestas.” Jorge E. Barona Díaz, asegura que es la única vez que don Quijote no usa la contracción hideputa.
En el capítulo 37 (1ª. parte) donde se habla de las aventuras de la princesa Micomicona. Sancho habla: “…porque quiero que sepa vuestra merced, si es que no lo sabe, que el gigante muerto es un cuero horadado, y la sangre, seis arrobas de vino tinto que encerraba en su vientre; y la cabeza cortada es la puta que me parió, y llévelo todo Satanás.” Aquí la frase: "la puta que me parió" tiene el sentido de decir que la herida en la cabeza puedo haber sido por cualquier cosa; algo sin importancia.
En el capítulo trece (2ª. parte) un personaje, el del Bosque, habla de esta palabra cómo alabanza: "¡Oh hideputa, puto, y qué bien que lo ha hecho!” Y después, cuando Sancho dialoga, con otro escudero, sobre su familia y su hija a la que, asegura, prepara para condesa, el otro se burla de él. Sancho enojado responde: “–Ni ella es puta, ni lo fue su madre, ni lo será ninguna de las dos, Dios quiriendo, mientras yo viviere.” Sancho asegura el honor de sus mujeres porque si no, el deshonrado es él.
En el capítulo diez (2ª. parte) que trata de las dificultades que pasa Sancho para llevarle un recado, de su enamorado, a Dulcinea. Allí, Don Quijote dice: “—No os fiéis en eso, Sancho, porque la gente manchega es tan colérica como honrada y no consiente cosquillas de nadie. (…) —¡Oxte, puto! ¡Allá darás, rayo!”. "Oxte puto" es como decir, cúchala, vete, fuera de aquí, atrás, lárgate... puto.
En el capítulo 31 (2ª. parte) aquí la única mujer que lo menciona. Llegan, don Quijote y Sancho, a un castillo. Sancho, preocupado porque su asno necesita comida, se la solicita a una mujer que se niega a dársela; Sancho la ofende diciéndole madura, a lo que ella responde: “—Hijo de puta— (…), si soy vieja o no, a Dios daré cuenta, que no a vos, bellaco, harto de ajos.” "Harto de ajos" se refiere a la persona malcriada o con poca educación. Una imagen muy repetida de Sancho.

Estas son algunas muestras de las 32 veces que Cervantes utiliza, en Don Quijote, la palabra puto/a; Ahora, grito de guerra futbolera, ¿o no?.


sábado, 18 de enero de 2014

DON QUIJOTE Y LOS GOBIERNOS BARATARIOS


Don Quijote prometió a Sancho Panza hacerlo gobernador de la ínsula Barataria. El nombre Baratario en El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, se explica porque el lugar se llamaba Baratario, “... ya por lo barato con que se le había dado el gobierno”, narra  Cervantes. Aunque el régimen "panzista", es en realidad una broma cruel, ello no obsta para que el caballero y su escudero se lo tomen muy en serio. Los capítulos XLII y XLIII (de la segunda parte de la novela) están dedicados a las reglas a las que deberían ceñirse los buenos gobernantes.
En el corto periodo gubernamental de Sancho, éste se comporta con mucha propiedad y hasta con inteligencia: “Todos los que conocían a Sancho Panza se admiraban, oyéndole hablar tan elegantemente, y no sabían a qué atribuirlo, sino a que los oficios y cargos graves, o adoban o entorpecen los entendimientos” Luego, Sancho habla sobre su ínsula: “Diez días la goberné a pedir de boca; en ellos perdí el sosiego, y aprendí a despreciar todos los gobiernos del mundo; salí huyendo della, caí en una cueva, donde me tuve por muerto, de la cual salí vivo por milagro”, dice Panza, para quien diez días de mandato fueron suficiente para aprender: “a despreciar todos los gobiernos del mundo”, a pesar del deseo que tenía de “probar a qué sabe eso de ser gobernador”. Sin duda ya “ha mucho tiempo” de la mala reputación de los políticos.
         En el trance de aquel mandato, don Quijote aprovecha para dar toda clase de consejos a su acompañante para así logre convertirse en un gran gobernador. Por ejemplo:
Sobre el vestir: “No andes, Sancho, desceñido y flojo, que el vestido descompuesto da indicios de ánimo desmazalado, si ya la descompostura y flojedad no cae debajo de socarronería, como se juzgó en la de Julio César.” (…) “No sería que sería bien, que un jurisperito se vistiese como soldado, ni un soldado como un sacerdote”.
         Sobre la fe: “Primeramente, ¡oh, hijo!, has de temer a Dios; porque en el temerle está la sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada.”
Sobre las dificultades del “conócete a ti mismo”: “Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte, como la rana que quiso igualarse con el buey; que si esto haces, vendrá a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideración de haber guardado puercos en tu tierra”.
Sobre la humildad: “Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje, y no te desprecies de decir que vienes de labradores; porque viendo que no te corres, ninguno se pondrá a correrte; y préciate más de ser humilde virtuoso, que pecador soberbio. Innumerables son aquellos que de baja estirpe nacidos han subido a la suma dignidad pontificia o imperatoria; y de esta verdad te pudiera traer tantos ejemplos, que te cansaran”.
Sobre la virtud: “Mira, Sancho, si tomas por medio a la virtud y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que los tienen príncipes y señores; porque la sangre se hereda, y la virtud se aquista, y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale”.
Sobre las apariencias que engañan: “Nunca te guíes por la ley del encaje, que suele tener mucha cabida, con los ignorantes que presumen de agudos”.
Sobre las buenas formas: “Al que has de castigar con obras, no trates mal con palabras, pues le basta al desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones”.
Sobre las esposas: “Si trujeres a tu mujer contigo (porque no es bien que los que asisten a gobiernos de mucho tiempo estén sin las propias), enséñala, doctrínala y desbástala de su natural rudeza, porque todo lo que suele adquirir un gobernador discreto suele perder y derramar una mujer rústica y tonta.”
Cómo éstos, muchos. Les vendría muy bien a nuestras autoridades leer los consejos para gobernar de El Quijote, para que dejaran de ser gobiernos baratarios o baratos. Aunque lo barato les venga, no en el sentido de lo que cuestan sino en el sentido de lo que valen frente a los problemas de sus gobernados.

sábado, 25 de mayo de 2013

CON POCA SAL EN LA MOLLERA

Es muy frecuente que autoridades, de todos los niveles, propongan soluciones que no resuelven nada. Los gobernantes dicen no al razonamiento y dan cabida a las ocurrencias. Así, muchas estrategias vienen de los que son “de muy poca sal en la mollera” como diría don Quijote. Este es el caso de los legisladores del Distrito Federal que han decido retirar los saleros de las mesas de los restaurantes. Desean prevenir la hipertensión arterial y no encontraron otra forma, sino ésta, absurda y sin probabilidades de éxito. Definitivamente, estamos salados, y cuando no, alguien nos echa la sal.

En el imperio romano, quinientos años antes de Cristo, se podía pagar con sal, misma que tenía un valor similar al oro, de allí surgió la palabra salario. Después, los químicos descubrieron que la sal no era otra cosa que un compuesto de dos elementos: cloruro y sodio (NaCl), que ahora es conocido usualmente como sal de mesa; un producto necesario para todas las funciones celulares del organismo animal. El cloruro de sodio también es utilizado como conservador de alimentos y es el causante de la salinidad del mar, de donde se extrae la mayor parte de este compuesto para consumo humano. Además, en la actualidad, es la mayor fuente de yodo, ya que hace aproximadamente 50 años se agregó este elemento a la sal comercial porque se descubrieron muchas comunidades en las que sus habitantes desarrollaban bocio, es decir, crecimiento de la glándula tiroides, en este caso por deficiencia de yodo, que se resolvió al yodar la sal. Así pues, es necesario ingerir este mineral, igual que las grasas, proteínas y carbohidratos. Desde luego, el problema de enfermedad resulta de la cantidad excesiva en el consumo de alimentos.
Siguiendo la estrategia de atacar el resultado de una mala práctica y no el origen, tratan a los habitantes de una ciudad como si fueran todos niños a los que hay que castigar, en lugar de educar a los que verdaderamente están en etapa infantil. Pues de acuerdo a la ley que prohibirá los saleros también se deberían quitar de todos los restaurantes, el sabroso tocino y todos los alimentos altos en grasa animal, ya que, sabemos, el colesterol es importante participante en la hipertensión arterial. ¿Y qué podríamos decir de las porciones grandes? Igualmente tendrían que castigar a todos los restaurantes de comida rápida que te sugieren engordar con eso de “por cinco pesos le doy papas y refresco grandes? Recordemos que la obesidad aumenta la presión arterial, favorece la aparición de diabetes y cáncer, eso sin contar los problemas articulares, entre muchos otros. De la misma forma, habría que impedir el consumo de alcohol en todas sus formas, porque no sólo es causante de muchas muertes por accidentes automovilísticos sino que es la principal fuente de cirrosis hepática. Además, el alcohol a grandes dosis produce hipertensión (aunque a dosis pequeñas baja la presión arterial). Ante todo, esto de quitar el salero de la mesa resulta ser una medida por demás incongruente.
Sería mejor quitar de los medios de comunicación, especialmente de las televisoras, los anuncios de tantos productos de mala calidad que promueven que seamos un país dependiente de fármacos autorrecetados. Allí tenemos a Lola Ayala, y otros más, sugiriendo que se debe tomar tal o cuál medicina. La ingesta de fármacos de manera desordenada, ocasiona no sólo que las personas fabriquen una orina costosa sino que provocan que su hígado y riñón trabajen horas extras para eliminar lo que el organismo no necesita. El uso indiscriminado de medicamentos igualmente favorece la disfunción del organismo.
La única solución viable, siempre, será la educación. Pero si nuestros maestros andan en marchas bloqueando la vialidad pública, la educación no será efectiva. Está claro que las autoridades mexicanas tratan a sus gobernados como “tontos a medio cocer”.

sábado, 4 de agosto de 2012

MANUAL QUIJOTIZADO PARA PERIODISTAS

Una versión más corta de esta reseña se publicó hoy en la revista Siglo Nuevo. Es el texto que leí el día 26 de junio en la biblioteca José García Letona en la presentación del nuevo libro del maestro Saúl Rosales

De der. a izq: Jaime Muñoz, Saùl Rosales y Angèlica Lòpez
El jueves 14 de este mes aparecieron dos notas en El Siglo de Torreón, ambas hablaban de los mismos personajes. La primera era el anuncio de la publicación del libro Don Quijote, periodistas y comunicadores del maestro Saúl Rosales. La otra se titulaba:“Dañan delincuentes escultura del Quijote”. Resultó ser una situación irónica, en una se homenajeaba la obra de Cervantes y en la otra se describía el intento de destrucción del símbolo que la representaba: Le amputaron una pata buena al rucio de Sancho,  la diestra, muy bien hecha y a punto de trote. Ahora podemos decir “búsquele tres patas al burro, que sí las tiene”. Por fortuna el antes cuadrúpedo aún puede sostenerse. Aunque estoy segura que si el burro pudiera alegaría lo que el maestro Rosales cita cuando Panza refuta a don Quijote ante estas palabras: “…ando por el mundo enderezando tuertos y desfaciendo agravios” a lo que Sancho contesta, o lo que ahora podría contestar, si pudiera, el burro cojo: “Pues a mí de derecho me habéis vuelto tuerto, dejándome una pierna quebrada, la cual no se verá derecha en todos los días de su vida; y el agravio que en mí habéis desecho ha sido dejarme agraviado de manera que me quedaré agraviado para siempre…” Seguramente la pata derecha, fue chuecamente vendida como fierro viejo, quizá en unos 100 pesos.
         A muchos indignó la mutilación del burro del Sr. Panza. Unos hablaban de la ignorancia de aquéllos que no sabían quién era don Quijote y don Sancho  adjudicándoles atributos como si éstos de sangre fueran. Otros resignados llegaron a la guasona conclusión de que este par, junto con sus equinos “andaban en algo”  y que seguramente “estaban involucrados” y ese fue el motivo por lo que el transporte de Sancho quedó con capacidades diferentes. Aunque nadie precisó a qué cártel pertenecían estos caballeros delincuentes.
         El libro Don Quijote, periodistas y comunicadores, es un ensayo dividido en pequeños subtemas, donde el autor, con su ingenio, va acoplando los mandatos cervantinos al ejercicio del comunicador o periodista. Una obra que elogia a Cervantes y que también es un reconocimiento a los periodistas. Y cuando indico reconocimiento, lo digo no sólo en el sentido de homenaje sino también en reconocerlos, en tanto que son personas con  defectos y cualidades. Los caballeros de la pluma o de la tecla, deberán ser idealistas, como el Caballero de la lanza; luchar por los desvalidos y menesterosos, se quejaran como el quejoso, quejo-te, don Quijote y darán voz al que carece de ésta. “ Y nosotros tendremos presente que algunos de éstos escribanos se convertirán en “Caballeros del chayote” como dice Saúl Rosales mientras explica: ”Chayote, palabra de origen náhuatl, en el ámbito de la prensa y los otros medios de comunicación masiva adquirió el significado de canonjía, soborno o prebenda; pago indebido, remuneración más o menos clandestina. Porque algunos periodistas usurpan la actitud de héroe trágico de don Quijote que, como caballero andante, se cree merecedor de canonjías o prebendas remuneradoras y compensadoras y hasta llega a exigirlas”.
        Aprecié este libro como un manual al que deberían acudir de manera indispensable todo aquél que se desarrolle en los medios de comunicación. Aunque el maestro Rosales aclara que en la época cervantina no existían los periódicos, en cambio sí lo que se conocía como “Hojas volantes”, hojas de una sola noticia que corresponden al rudimento que bajo efecto metamórfico se convirtieron en los actuales periódicos.
            A continuación, un dodecálogo que extraje del libro de Rosales. Èl a su vez se apoyó en las enseñanzas de don Quijote, por ello dice a los periodistas y comunicadores lo siguiente:
I.- El activismo de don Quijote no puede dejar de intervenir donde quiera que vea necesidad, igual que el periodista no puede guardar sus comentarios sobre la pobreza o los astronautas, la internet o la ecología, la música juvenil o la enajenación de los trabajadores. (…), es dilatado el campo en el que pueden cabalgar los caballeros del bien.
II.- Digno oficio que por su esencia requiere en el periodista mucho saber y mucha acción, mucha práctica, mucho trabajo, sobre todo si es como don Quijote, un caballero andante iluminado por el ideal del Bien.
III.- Don Quijote como patrono de aquellos periodistas que creen que es posible construir una Utopía (aunque sea por lo pronto nada más sus andamios) emplean su conocimiento y su capacidad de opinar.
IV.- Sé breve en tus razonamientos, que ninguno hay gustoso si es largo, dicta don Quijote a Sancho, agregando que: Nunca lo bueno fue mucho.
V.- El periodista puede ser –es– objeto de la adulación a causa de su potencial peso sobre la opinión pública y no falta periodista que use la adulación para conseguir privilegios. Siempre habrá que volver a la severidad de don Quijote y ante la adulación decir: que todavía ofenden los castos oídos los intentos lisonjeros.
VI.- Lo que afirma don Quijote de que grandes e inauditas cosas ven los caballeros andantes puede decirse de los periodistas andantes. El periodista, mira, vive o escucha lo inédito para darlo a conocer al receptor de los medios de comunicación masiva.
VII.- Para componer historias y libros de cualquier suerte que sean, es menester un gran juicio y un maduro entendimiento --otro adagio con rima, escuchado frecuentemente entre periodistas, el que escribe se exhibe.
VIII.- Los caballeros de la verdad. El periodista debe preocuparse por la verdad aunque: no todos pueden estar al toque de la piedra de la verdad. Es decir, no todos pueden pasar la prueba.
IX.- Al periodista: "...no le queda otro camino para mostrar que es caballero sino el de la virtud, siendo afable, bien criado, cortés y comedido y oficioso, no soberbio, no arrogante, no murmurador y, sobre todo, caritativo”. No son pocas las ocasiones en que destella el molesto relumbrón de la soberbia y la arrogancia de periodistas y comunicadores.
X.- Mucho o poco, los periodistas contribuyen a gestar y sustentar la fama de personas, hechos e ideas en tanto que con simultaneidad se despliega la de ellos.
XI.- El que se manifieste injusto, obviamente, no será un periodista quijotesco porque no cabalgara como don Quijote procurando el beneficio de los necesitados.
XII.- En cuanto a los Caballeros del Chayote, éstos deberán de  recordar que: los bienes recibidos echan una cadena moral. Don Quijote no la quiere porque con su extensión y con su peso le limita la libertad.
         Don Quijote, es pues un superhéroe y su superpoder estriba en la palabra, tiene un escudero y una segunda identidad en donde es conocido como Miguel de Cervantes Saavedra. Celebro este nuevo libro del maestro Saúl Rosales que nos muestra como llevar a la práctica las sabias enseñanzas cervantinas.

sábado, 16 de octubre de 2010

SAÚL ROSALES: UN AÑO CON EL QUIJOTE


Hace unas semanas se llevó a cabo la presentación del libro Un año con el Quijote escrito por maestro Saúl Rosales; una edición de autor, con ilustraciones de Tabata Ayup. La presentación estuvo a cargo de los escritores Edgar Salinas y Jaime Muñoz. Edgar Salinas destacó los rasgos del diálogo en la obra de Cervantes y de cómo Rosales había hecho su propio diálogo con el Quijote. Jaime Muñoz habló de la amistad de 30 años que le une a Saúl Rosales y de la extensa cultura de éste. En la mesa también lo acompañaron, la Lic. Norma González Directora Municipal de Cultura y Carlos Velázquez encargado del área de literatura. Este acto, además de muy concurrido, fue bastante emotivo porque fuimos testigos del sentimiento que le produce al maestro Rosales la obra más representativa de nuestra lengua.
Un año con el Quijote es la reunión de treinta y cuatro textos que se publicaron en diferentes revistas (Siglo Nuevo, Estepa del Nazas y Mesas de adentro) durante el 2005, año en que se festejaron los 400 años de la publicación del libro de Miguel de Cervantes. Son aleccionadores los textos de Rosales, no sólo para los que han leído El Quijote sino que serán de utilidad para quienes nunca se han acercado a dicha obra ya que es una invitación para hacerlo. Pero, no únicamente hace alusión a las letras cervantinas también allí encontramos que el autor es conocedor de muchísima literatura de las que destaca La Celestina de Fernando de Rojas, por ello, reconoce que el manchego se inspiró bastante en La Celestina para forjar sus pasajes. Un ejemplo, son las reiteradas citas de refranes en ambos libros. También el nombre Melibea usado por Rojas que Cervantes insinúa en su protagonista bautizándola Dulcinea, una viene de la miel; melosa, Melibea y la otra de lo dulce; dulce, Dulcinea, que para el caso es lo mismo.
En Un año con el Quijote se hace hincapié en el sentido humorístico al que Cervantes recurre toda su novela: “Risa, risa, risa; alegría es lo que quiere Cervantes para el lector de Don Quijote de la Mancha. Sin embargo recordemos que el creador de don Quijote es un firme creyente de la idea de instruir divirtiendo…” Nos dice el autor. Alude al pronóstico acertado de la gran fama del Caballero de la triste figura: “andar ya en estampa en casi todas o las más naciones del mundo”. Así, Saúl Rosales nos hace ver la ironía en lo que sigue: “Treinta mil volúmenes se han impreso de mi historia y lleva camino de imprimirse treinta mil veces de millares, si el cielo no lo remedia”, y el cielo no lo remedió.
El maestro Rosales nos habla de las teorías sobre la fisonomía de Cervantes diciendo que probablemente sea la misma que la de su personaje, el "Caballero del Verde Gabán" diciendo que es la que más se aproxima al autorretrato proferido en sus Novelas ejemplares: “Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande ni pequeño; la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies. Éste digo, que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha (…)”. Otro tópico señalado en Un año con el Quijote es el agradecimiento.”El agradecido salda una deuda, mayor o menor, con el bien, con la bondad. No lo hace el desagradecido. El desagradecido entronizado en su egolatría y en su egoísmo cree que los beneficios que ha recibido son tributo obligado a su valiosa existencia”. Si que tiene razón.