Mi foto
Nació en Francisco I. Madero, Dgo. El peor de los pecados es su primer libro de cuentos.Ha recibido el Premio Estatal de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre” en los años 2000 y 2015 y el Premio Estatal de Periodismo de Coahuila, 2016 y 2017. Escribe cuento y ensayo. Es colaboradora regular del periódico El Siglo de Torreón. Su entrevista con Elena Poniatowska fue traducida al griego y publicada en la revista Koralli de Atenas. Ha publicado en diversas revistas nacionales y libros colectivos. Perteneció al taller literario de Saúl Rosales; es médica egresada de la Facultad de Medicina de Torreón, UA de C. y estudió la Maestría en Apreciación y Creación Literaria en Casa Lamm en la Ciudad de México.
Mostrando entradas con la etiqueta Entrevistas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Entrevistas. Mostrar todas las entradas

lunes, 31 de agosto de 2015

PONIATOWSKA: DE PRINCESA AZUL A PRINCESA ROJA


Elena Poniatowska con Váis.

Mujer de seis nombres y de más de cuarenta libros escritos; ganadora de docenas de premios y del máximo de la literatura en español: el Premio Cervantes 2013. La generosa, la sonriente, la que vive en una casa tapizada de libros. Una “Quijota” sin la razón extraviada; ella, Hélène Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores, hija del príncipe polaco Jean E. Poniatowski y de Paula, la mexicana que le dio el mejor apellido posible: Amor.
Elena Poniatowska Amor, nació en París, Francia, y a los diez años de edad llegó a México. Huía, junto con su familia, de la segunda Guerra Mundial. Una escritora que, siendo princesa, le importó más la aristocracia intelectual de sus dos gatos por eso les dio los títulos de: Monsi y Váis, en honor a su amigo Carlos Monsiváis. Prefirió ser “La Princesa roja” que ser una princesa azul.
Poniatowska es una escritora y periodista de izquierda, sabe mirar hacia abajo, hacía los pobres. Y para contrastar, se casó con alguien que miraba hacia arriba, que tenía los ojos pegados al cielo: el astrónomo mexicano Guillermo Haro (1913-1988). Tiene tres hijos: Emmanuel, Felipe y Paula.
Llegué puntual a la cita en su casa de Chimalistac, en el D.F. Era un tibio lunes y yo iba en plan de preguntarlo todo.Martina, la ayudante de Poniatowska, me abrió la puerta y entré a un jardín de jacarandas y bugambilias. Vi a Shadow acostado en una banca; el perro negro de raza labrador que tiene ojos de bondad. Después, Martina, me sentó en la sala ante un: “Ahorita baja la señora”. La autora de Las palabras del árbol, vino conmigo y fue muy amable. Conversamos bajo la supervisión de Monsi y de Vais que se paseaban por nuestro regazo o por nuestros hombros. Pregunté:
Elena Poniatowska con Monsi

 ─ ¿Cómo visualiza el periodismo actual en México?
 ─ Yo toda la vida he trabajado con periódicos contestaríos, de combate, como son La Jornada y Proceso. Siempre he escrito artículos contestatarios. Los visualizo como órganos de indignación y de protesta.
 ─ ¿Cree que el periodismo en México va bien encaminado, cree que realmente está ayudando a la sociedad?
─ Bueno, el periodismo en el que yo creo sí. El otro, pues, simplemente sigue haciendo lo mismo, son un negocio más de personas que defienden sus intereses económicos.
 ─ ¿Cómo cree que el periodista debe protegerse para no ser noticia, ya sea por despido (por censura) o, peor aún, por asesinato?
 ─ Sí, acaban de asesinar a Rubén Espinoza junto con cuatro mujeres, por lo cual todos estamos muy indignados. México es el país en donde más se mata a periodistas. Es una cantidad enorme la de periodistas que mueren por hacer su trabajo. Lo que tiene que hacer el gobierno es darle garantías. Esa es la única forma. Y desde luego, lo primero sería que no viviéramos en un Estado corrupto. Porque la protección de los periodistas sólo se da en un Estado democrático que acepta la crítica, algo que, obviamente, no sucede en México. Porque los periódicos que critican siempre están sujetos a muchas represalias.
 ─ ¿Cree que no hemos avanzado en cuanto a la libertad de expresión?
 ─ Bueno, si se matan cada vez más periodistas, eso habla muy mal de la libertad de expresión.
─ ¿Se ha olvidado el 2 de octubre?
No, se habla mucho del 2 de octubre. Los políticos hablan mucho de eso porque “lo que no fue en su año no fue en su daño”. En cambio no dicen nada de Ayotzinapa, no hablan de los 43 normalistas asesinados. Se agarran del pasado para no hablar del presente.
 ─ ¿Cómo pasó de ser una princesa de sangre azul a ser “La Princesa roja”. Cómo es que se sintió solidaria con la izquierda?
─ Yo creo que al ser periodista puede hacer muchísimos reportajes sobre la vida de la gente y entrar a muchos sitios de los que no hubiera entrado de no ser periodista. Así puede tener conciencia de muchos hechos y una capacidad de indignación que sigo cultivando.
 ─ ¿En un inicio tuvo que ver la señora Josefina Bórquez?
─ Sí, es la protagonista de mi novela Hasta no verte Jesús mío. Ella era una mujer que estuvo en la Revolución. Era una soldadera que me contó su vida.
 ─ ¿Su trabajo con el antropólogo Oscar Lewis la influyó para sentirse cercana a los pobres?
No, yo trabajé un mes con Oscar Lewis, pero no influyó en mí porque eso fue antes de que yo escribiera. Pero de todos modos sí leí sus libros Los hijos de Sánchez y uno que se llama Pedro Martínez que era un campesino de Tepoztlán que se vino a vivir al Distrito Federal cerca de la cárcel de Lecumberri.
 ─ En su novela La piel del cielo, usted denuncia lo difícil que es el desarrollo científico en los países latinoamericanos. ¿Tuvo que ver con el trabajo de su esposo?
─ La piel del cielo es una novela de ficción pero cuando salió publicada todo mundo me preguntaba que si era por mi esposo, pero no es así y por eso mismo hice una biografía de Guillermo Haro, bien documentada que se llama El Universo o nada y que la publicó Editorial Planeta. Una de las cosas más valiosas que él hizo fue impulsar la ciencia mexicana y enviar a muchísimos jóvenes a universidades norteamericanas y europeas.
Por eso pienso que debería de haber más presupuesto para la ciencia, en lugar de que los políticos se enriquecieran. No hay ninguna razón para que un político salga de su puesto siendo millonario.
 ─ ¿Cómo ve el estado actual de la literatura mexicana?
─ Creo, en principio, que México es muy inferior a su pasado, no sólo en la literatura sino en el arte en general. Ya no hay un Diego Rivera, un José un Clemente Orozco, un David Alfaro Siqueiros, un Juan Rulfo, una Frida Khalo, un Carlos Fuentes, un Octavio Paz, un Jaime Sabines, un Carlos Monsiváis… Desde luego, entre los jóvenes de ahora puede surgir gente muy valiosa. Nada más que tenemos que esperar.
 ─ ¿De la literatura hecha por mujeres, cuál le gusta más?
─ Me parecen muy importantes Rosario Castellanos y Elena Garro y desde luego la mejor de todos y más grande poeta del continente americano: sor Juana Inés de la Cruz.
─ ¿Qué me puede decir del taller literario que usted dirigía?
─ Sí, duró mucho más de lo pensábamos, duro años y años. Fue hace más de 30 años en la casa de Alicia Trueba. Ella, construyó su casa en función del taller, incluso con un pequeño escenario porque le gustaba mucho la actuación. Algunas de las que acudían al taller ganaron premios importantes, estuvieron allí: Rosa Nissan, Guadalupe Loaeza, Silvia Molina, también Olga de Juambelz, la directora de El Siglo de Torreón. Olga es encantadora. Ella es una mujer con mucha seguridad, muy “echada para delante”;  hermosa y elegantísima. Su padre, Dn. Antonio, estaba fascinado de tener esa hija. La escuchaba con verdadero embeleso, estaba orgulloso de su belleza, de su alegría, de su inteligencia. Lo pude ver porque Dn. Antonio me invitó a comer dos veces a su casa, cuando fui a Torreón. Comimos con su esposa y con él y estaba encantado con Olga. Ella siente mucho orgullo por su periódico.
 ─ ¿Cuál es su mayor satisfacción y qué es lo que más le preocupa?
Mi mayor satisfacción es el premio Cervantes, que es considerado el Nobel en español. Ha sido una gran alegría. También me da mucha satisfacción mi relación con la gente, recibo muchísimo cariño. Lo que más me preocupa es seguir manteniendo mi salud, porque sin salud no puedo trabajar. Me cuido mal.
Después seguimos platicando un poco más y tomamos té.

México, D.F. a 17 de agosto 2015

lunes, 6 de octubre de 2014

BERLIOZ Y LA FUERZA DE LA MÚSICA

Esta entrevista fue reconocida con el Premio Estatal de Periodismo Cutural de Coahuila, 2015

Compartí con el maestro Sergio Berlioz, las sensaciones que me provocaron: su poema sinfónico, Toledo, la ciudad de las generaciones que trata sobre la expulsión de los judíos de España y su quinta sinfonía, La luz de mayo, que refleja la lucha intelectual que envolvió la batalla de Puebla. Es interesante conocer la intención primigenia del creador de estas obras, ya que nadie sabe qué vida va a tener una obra de arte o en qué se va a convertir. Por ejemplo, ¿De qué manera, Rossini, podría haber imaginado que la obertura de su ópera Guillermo Tell, iba a ser reconocida como la música de El Llanero Solitario?


Pariente indirecto del músico francés Héctor Berlioz, hijo de padre francés y madre judía; el mexicano Sergio Berlioz es musicólogo, compositor y director de orquesta. Es autor de cincuenta y nueve obras musicales y vino a Torreón, el 11 de septiembre al TIM, a ofrecer la conferencia "La palabra contenida de la canción a la ópera". Sergio Berlioz nos hace sentir el pulso de la historia a través de la música:

─¿Se puede considerar una ironía histórica el hecho de que los tres más grandes músicos estadounidenses (Leonard Bernstein, Aaron Copland y George Gershwin) sean judíos de origen ruso?
─Si los tres hubieran nacido donde nacieron sus padres estaríamos hablando de compositores rusos. Esa es una demostración de que no solamente el elemento genético lleva al entendimiento de un pueblo, sino que el lugar de nacimiento y el entorno son importantes. Para ser creador, en cualquiera de las manifestaciones, hay que ser fiel a la esencia, fiel a donde uno viene. No aparentar lo que no se es. Hay que estar en paz con los orígenes. En el caso de estos tres compositores, son judíos, nacidos en Estados Unidos, de padres rusos. Y que su música suene como suena, es precisamente por eso. Para bien y para mal. Si estos músicos hubieran llegado a una cultura formada, donde ya hubiera una reflexión y un arte perfectamente bien articulado, por ejemplo, Alemania, allí nunca hubieran dejado de ser extranjeros. Pero los tres llegan a un lugar en formación, que está creando su tradición, entonces ellos ayudan a definir lo que es ese lugar. Rhapsody in Blue de Gershwin, West Side Story de Bernstein y Salón México de Copland, no dejan de ser obras de compositores judíos/rusos que están enseñando cuál es el camino de la música, no es la música la que les enseña a ellos. No se trata de una ironía, es el reflejo de lo que es América.
─¿Necesariamente la biografía de un músico es su obra?
─Eso se ha cuestionado mucho. Las obras de arte son, hasta cierto punto, autómatas y autónomas. Son independientes de quién la creó. Pero uno no debe de estar preocupado por la vida del creador para entender la obra. No significa que si conozco bien la vida de Beethoven, necesariamente, me va hacer comprender mejor su obra. A veces la biografía del compositor es una sucesión de anécdotas que no explica su arte. Obviamente, es un reflejo autobiográfico en donde están las preferencias estéticas, gustos, ambiciones, obsesiones… Cada compositor está en su música.
─En el caso de su poema sinfónico: Toledo, la ciudad de las generaciones, éste no es autobiográfico pero tiene que ver con la historia de sus ancestros.
─ Sí, es mi pueblo, mi familia. Pero en ese caso yo escogí eso y Toledo… sonará independientemente de mí. Es un poema sinfónico que habla sobre la expulsión de los judíos de España. Yo, como compositor que también es judío, tengo un referente histórico. Yo mismo me quedo asombrado. Esa es una obra que me rebasa. Las obras se van armando por sus propias necesidades expresivas. Existen por sí mismas.
─¿Lo mismo se aplica para su obra  La luz de mayo?
Mi Quinta sinfonía fue un encargo del Gobierno del Estado de Puebla; fue un reto para mí, porque no suelo aceptar obras con temática previa, pero eso me obligó a meterme más en uno de los momentos más emblemáticos de la historia nacional y pude, primero, comprender su importancia capital y después encontrar el camino para hacer viable una obra musical con recursos musicales. En este caso el palpitar del corazón de Juárez recibiendo la noticia del arribo de los franceses a territorio nacional fue el motivante del primer movimiento, el segundo es la célebre carta de Víctor Hugo a los mexicanos, cantado por un tenor, después vino el tercer movimiento donde se arma el pueblo para la batalla y finalmente el cuarto movimiento con el final del poema al Cinco de mayo de Guillermo Prieto "Álzate,oh patria" con el coro a plena voz y que concluye con la frase de Zaragoza: "¡Los libres no conocen rivales!"
─¿Tomando en cuenta la vida de Richard Wagner, ¿existe, por parte de los judíos, un rechazo a su obra?
─En Israel hay un enorme conflicto para hacer Wagner, pero no solamente allí, yo cada vez que dirijo Wagner, entro en ese conflicto. Es como si despertará a un dragón dormido. Actualmente estoy leyendo un libro de él, traducido al español, que se llama La música y los judíos. Yo no había podido leerlo porque mi alemán no es tan sofisticado como para leer algo tan denso como Wagner. Amo la música de Wagner, pero sé que era un hombre antisemita. Hay varias caricaturas de personajes judíos en su obra, eso lo hace antipático y si uno ve su biografía se da cuenta de que él era un ser detestable. Su libro es atroz, contiene un delirante y profundo antisemitismo. Él dice que los judíos siempre serán extranjeros, les niega el derecho a la ciudadanía y asegura que nunca podrán comprender la música de su entorno. Sin embargo, allí están los ejemplos de su pregunta, Gershwin, Copland y Bernstein, si ellos hubieran llegado como hijos de rusos a Alemania, los cuestionarían. En cambio llegaron a Estados Unidos y se adaptaron. Wagner apuesta a que un judío jamás se adaptaría. Eso está mal, porque es mentira.
¿Qué tan importante es la aportación de los judíos a la música de concierto?
Existe una producción de música vernácula en el pasado, pero la participación, en la gran música de concierto, fue a partir del siglo XIX. Un ejemplo es Felix Mendelssohn. Él y su familia se convirtieron al cristianismo, se hicieron protestantes luteranos. Lo hicieron para poder adaptarse. Incluso cambiaron su apellido a Mendelssohn-Bartholdy, para diferenciarse de los judíos que se mantenían en su fe. Mendelssohn es nieto de unos de los grandes pensadores judíos: Moses Mendelssohn que es quien establece la ilustración judía o haskalá. Él logra que los judíos tengan carreras liberales. Cuatro de los seis hijos de Moses se volvieron cristianos.
            Después de Mendelssohn, el más notable compositor judío fue sin duda Gustav Mahler. Mahler hace el papel de Noé y su arca bíblica con la música: aglutina todos los recursos musicales posibles de su época y hace de ella, como lo diría al gran compositor finlandés Jean Sibelius, "Mi música busca crear mundos habitados con todos los recursos técnicos posibles". Después de éste compositor austriaco, la lista de notables compositores de origen judío es extensa y muy representativa del siglo XX y de los que va del XXI, desde Schönberg hasta Plillip Glass, pasando por los autores norteamericanos ya expuestos, el suizo Ernst Bloch y su emblemática rapsodia hebráica "Shlomó" (Salomón) y en nuestro medio nacional Daniel Katán y Samuel Zimann.
─Respecto a la interpretación, en los compositores actuales es posible saber cómo desean que su obra sea interpretada, ya que pueden dirigirla, pero compositores del pasado, ¿se sabe cómo querían que se oyera su música?
─Eso es una lotería. Hay varias formas de interpretar la música del pasado. Yo creo que hoy hacemos mejor música, tenemos más información y mejores intérpretes. El nivel técnico que han alcanzado las orquestas haría que Mozart se quedará pasmado ante el rigor y cuidado que lo hacen. O quizá, se habría desencantado y hubiera dicho: “Las orquestas del año 1700 eran más imperfectas pero eran más cálidas”. No sabemos, hay muchas posibilidades.
─En el libro Cómo escuchar música de Aaron Copland dice que “para una brillante ejecución por parte de los músicos, también se requiere de una brillante audición”, ¿está usted de acuerdo con él?
─Absolutamente. Lo complemento con algo que dice Alejo Carpentier en su ensayo sobre la novela latinoamericana: “para que haya novela tiene que haber novelística”. Para que Carlos Fuentes escribiera, como lo hizo, tuvo que haber, desde tiempos de Sor Juana, una novelística que permitiera que alguien dedicara horas y horas para leer La región más trasparente, Tierra Nostra, Cristóbal no nato… Si una sociedad llega a permitir que alguien escriba 800 páginas que se publiquen, que se lean y reconozcan, se debe a que existe una novelística.
Cuándo Ramón Shade y la música van a tener todo lo que se merecen; cuando el público necesite la música. Por eso hay que generar una necesidad musical; la Camerata es la máxima joya de la corona de Torreón y es el máximo proyecto de un hombre valiente. Lo digo bien claro: Ramón Shade es un hombre que ha apostado a esta ciudad y creado una orquesta con un sonido particular, con una serie de cualidades sonoras que lo hacen distintivo. Conozco a Shade desde hace 30 años pero hace varios años que no lo veía, lo que me parece muy favorable para lo que estoy diciendo. No es para alagar a un amigo, lo digo con el estímulo de la distancia, que me ayuda a comprender que lo que él está haciendo es importante. Eso tiene que ser recompensado con un público preparado, que esté dispuesto a escuchar y descubrir todas las propuestas que el director y sus invitados traen a esta ciudad.
En su conferencia, usted dijo que: "El canto es la prolongación de la palabra", de acuerdo a este concepto, ¿los pájaros cantan?
─No. El único ser que canta con la intención, el cuidado y el placer de hacerlo es el ser humano, porque tienen las condiciones neuronales para ello. Los pájaros no cantan, se comunican, miden distancia. Si me pregunta, ¿el arte existe en la naturaleza? La respuesta es categórica: No. El arte es un acto de voluntad, de inteligencia. A mayor arte mayor inteligencia. Son muy inteligentes Tchaikovsky, Wagner, Bach… muestran su inteligencia al crear algo que no existía. Los pájaros son para el músico lo que el paisaje es para el pintor. Son materia prima. El sonido de un pájaro puede ser muy bonito: lo toma un compositor, lo elabora y se lo da a una flauta. El pájaro no hace música. Ahora, si los pericos nos imitan y quieren tener una conversación con nosotros, pues eso se lo dejamos al ornitólogo, no al músico.
La luz de mayo, Quinta sinfonía de Sergio Berlioz                                        

sábado, 20 de septiembre de 2014

ROBAR UN LIBRO NO ES ROBAR

Ir a la entrevista con el escritor cubano Manuel Pereira en El Siglo de Torreón

El sábado 16 de agosto, en el DF, Manuel Pereira -escritor cubano, naturalizado español en 1993- me concedió una entrevista. Creí que iba preparada: había leído su blog, entrevistas y sus libros: El Ornitorrinco y otros ensayos donde aprecié su erudición; su novela, Un viejo viaje, en la que vi el dolor y la confusión de un hombre antes del exilio y Mataperros, cuentos inspirados en su niñez, llenos de nostalgia, sin embargo, al momento de la entrevista sentí que no sabía nada. Discípulo de José Lezama Lima, amigo de Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Alejo Carpentier y Eliseo Alberto, entre otros, Manuel Pereira es, además, un hombre amable y generoso.
Al llegar a su departamento situado en “Mixcoac, patria chica de Octavio Paz”, como me dijo al preguntarle su dirección, me sentía privilegiada de conocer a un autor del que había apreciado las huellas intelectuales de “Diez mil años de literatura” (título de una entrevista que él le hizo a García Márquez). E igualmente, me emocionaba palpar las huellas físicas de su amistad con grandes escritores: fotografías, cartas, autógrafos… En especial, me entusiasmaba ver la edición de Rayuela que contenía dos dedicatorias. La primera, la fantasía de una autodedicatoria en la que Pereira imitaba la firma de Cortázar: “Al joven novelista Manuel Pereira” (La Habana, 1969) y la dedicatoria real, la del propio Julio Cortázar, que dice: “Esta dedicatoria invalida la de la página siguiente, salvo que mantiene la amistad y le agrega el gran afecto de Julio”. (La Habana,1980).
Guiada por la calidez de Patricia, su esposa (mexicana) llegué a su departamento, nos sentamos en la sala y comenzamos la entrevista.
-Maestro Pereira, en su literatura hay mucho de su ideología política. ¿Qué representa para usted?
Para mí la literatura es una especie de sacerdocio, es casi una religión. Pero me interesan los temas sociales, así que la ideología política resulta de la lucha de clases, como la describió Marx. Es una lucha permanente y constante a lo largo de la historia, en todos los países, sin excepción. Yo viví eso entre los diez y los doce años, desde las posiciones de Castro. A esa edad no sabes nada, te ponen en el disparadero, te suben a un camión y te dan una ametralladora, o un uniforme de alfabetizador, y te dicen lo que debes de hacer.
-¿Qué cosas buenas trajo la Revolución Cubana?
-Hubo un buen nivel de instrucción pública durante muchos años. Pero eso ya no existe. Porque toda esa relativa bonanza se debía al subsidio soviético. Se debía a una ayuda descomunal de muchos miles de millones de dólares, no al resultado de la productividad nacional.
-¿También China subsidió a Cuba?
-No. Aunque un poco, al principio. Pero como a Fidel le gusta mucho injuriar; insultó a Mao y se acabó. Así que fue la Unión Soviética la que, durante treinta años, enviaba barcos con armas, trigo, combustible, maquinaria, ropa… Por eso fue posible establecer un sistema educacional bastante sólido y que, comparado con América Latina, era muy superior. Recuerda, hay tres niveles: primero está la instrucción pública, luego viene la cultura y, después, la erudición. En Cuba era buena la instrucción y había cierto nivel cultural, allí había un Instituto del Libro, una Casa de las Américas y una serie de instituciones oficiales que publicaban libros buenos, de García Márquez, Carpentier, Carlos Fuentes. Pero Borges no, él estaba censurado. Igual que Vargas Llosa. La Biblia y Freud, también censurados. Eso es cultura a medias, o sea cultureta censurada, y no propicia el verdadero mejoramiento humano del que hablaba Martí. Por supuesto, así no se llega a la erudición. El camino de la erudición es durísimo, hay que ir escalón por escalón, como los aztecas escalando la pirámide del sol para alcanzar la cima; llegas con la lengua de fuera. Para llegar a la erudición no hay ascensores.
La buena instrucción de Cuba se ha evaporado de unos quince años para acá. Cuando uno entra a un chat cubano y ve tantas faltas de ortografía, se da cuenta de eso. El nivel que se alcanzó en los 80 se ha perdido. Ahora no hay papel para publicar libros, antes los tirajes eran de 50 mil ejemplares y los precios eran regalados. La gente leía. El país está en crisis, Raúl Castro lo dice públicamente. No lo tengo que decir yo.
-Leí que, de niño, usted robó el libro de Julio Verne Aventuras de un niño irlandés, que por esta razón lo llevaron a la jefatura de policía y que para liberarlo, su papá inventó una frase que le adjudicó a Martí, ¿cuál fue la frase?
-Él dijo dos frases en ese discurso frente a los policías de Batista. Allí en las oficinas de la cárcel donde, curiosamente, mucho antes estuvo preso Martí. Me robé el libro cuando tenía nueve años, en la librería más grande de Cuba: “La moderna poesía”. Lo vi y me gustó la portada. Luego me lo metí debajo de la camisa. Estaba junto con otro niño que también estaba robando en otra tienda enfrente. Los dos salimos corriendo. A mí me atraparon a la vuelta de la esquina. Me jalaron de la oreja y me llevaron a la policía. Estaba asustado. Desde el vestíbulo podía ver a los presos tras los barrotes. Me preguntaron mi nombre y, como me llamo igual que mi papá, enseguida fueron por él, se encontraba a doscientos metros en un bar. Mi papá hacía sándwiches y algunos de sus clientes eran policías. Ya en la jefatura habló con el librero que quería dinero porque el libro que se había estropeado al caer al suelo sucio durante mi carrera. Pero de pronto mi papá se subió en una silla y empezó a soltar un discurso. Él era medio analfabeto, escribía con muchas faltas de ortografía, pero tenía el don de palabra, era del sindicato gastronómico, era un luchador social y estuvo preso un par de veces. Esa es mi parte de izquierda. Tengo también mi zona de derecha, la heredada de mi madre aristocrática. Yo soy el compendio de los dos. En el discurso mi padre cito a Martí: “Para ser libres se necesita ser cultos”, esa frase ha regido toda mi existencia hasta hoy. Él siguió con su perorata y agregó: “Y Martí dijo, que robar un libro, no es robar”. Esa frase no la dijo Martí, la inventó mi papá. Papá pagó el libro y me enamoré de la obra de Julio Verne. Mi madre se avergonzó mucho y me fue comprando poco a poco todos los libros de Verne. Entonces me convertí en un lector voraz.

-Usted mantuvo una relación epistolar con Marguerite Yourcenar, ¿qué influencias femeninas ha habido en su literatura?
-Cuando conocí –literariamente- a Marguerite Yourcenar yo ya estaba formado. Mi influencia literaria es Lezama Lima. No significa que yo escriba como él, él fue mi guía en la selva de los libros, digamos. Después está Alejo Carpentier, Cortázar y García Márquez. Tengo la influencia de estos cuatro hombres porque los traté mucho, llegamos a ser amigos.
Yo establecí una relación epistolar con Marguerite Yourcenar, pero no llegué a conocerla. Ella fue una revelación para mí, un fogonazo, un resplandor. Porque yo no había leído a ninguna mujer que me convenciera, hasta que me topé con su obra. Estoy hablando de narrativa, porque poetisas hay muchas y muy buenas, desde Safo de Lesbos para acá. Cortázar fue el primero que me habló de Yourcenar. Luego leí a Selma Lagerlöf y a Karen Blixen, otras dos escritoras poderosísimas, a las que añadiré a la mexicana Nellie Campobello. Estas escritoras que te digo son la fuente viva de su propia obra. A Marguerite le escribí y tuvo la amabilidad de contestarme. Yo digo que tuvimos un amor epistolar -aunque era mucho mayor que yo-, pero murió antes de que pudiera conocerla. Esa mujer era y es genial. Ella no era una mujer que escribía para las mujeres, ella escribía para los dioses. La literatura no tiene sexo, no se divide en masculina o femenina, sino en buena o mala. Ella no es una influencia literaria en mí, pero sí lo fue en la escala de la erudición, ésa fue la lección que recibí de Marguerite Yourcenar.
 Por otra parte, las influencias femeninas más importantes son mi madre y mi abuela. Mi madre no era literata, era costurera, pero sí leía mucho, cada noche antes de quedarse dormida. Yo la veía dando puntadas, con mucha seriedad, muy concentrada, en su Singer. En cierta forma yo hago costuras cuando escribo, doy pespuntes y hago dobladillos, bordados. Hago cosas que aprendí con ella, viéndola. Mi madre me enseñó el arte y la belleza. Ella tenía las paredes de la casa llenas de reproducciones de pinturas de Renoir con mujeres desnudas o semidesnudas. Mi madre era una esteta sin saber que lo era. Todo en ella era refinamiento.
La otra mujer de gran influjo en mi vida fue mi abuela, que era una aldeana española analfabeta que emigró a Cuba en 1926. Era maga, bruja, (“meiga” en gallego) pues hablaba a solas con el fuego de sus fogones y, de niña, saltaba las hogueras en la Calle de los Pulpos, allá en Galicia, en las noches de San Juan. Ella me transmitía la magia ligada a la cocina gallega, los potajes, los calderos, las fabadas, los cuentos de fantasmas y de hombres lobo deambulando por los bosques de Galicia. Eso encendió mi imaginación cuando yo era un niño, pues pasé gran parte de la infancia con ella.
Así que las dos mujeres que más influyeron en mí no son escritoras, pero sí eran entidades poéticas y mágicas: hadas o musas.
-¿Dios tiene algo que ver con la experiencia humana?
-Yo soy gnóstico. Aclaro, no agnóstico. Busco llegar a Dios a través del conocimiento. Aunque los gnósticos no decimos Dios sino Pleroma. Yo fui ateo un tiempo. En Cuba era obligatorio. Los gnósticos pensamos que el mundo está regido por el Demiurgo, un dios subalterno. Lezama, Borges, Youcenar eran gnósticos. Muchos grandes escritores han sido gnósticos. Yo no digo que sea el conocimiento el único camino para llegar a Dios, pero es el que yo escogí. Porque hay quien tiene fe ciega y va a la Villa de rodillas y con una piedra en la cabeza, ellos son felices; hay que respetarlos. Pero ése no es mi sendero. Mi sendero es la gnosis. 

-Por último, Maestro, ¿cuántos idiomas habla?
-Francés, italiano, gallego, portugués, ruso, aunque el ruso se me olvida, lo hablo sólo si estoy en Rusia, sobre todo si hay mujeres, entonces me vienen las palabras (risas). Leo el inglés sin problemas, hablarlo es harina de otro costal, necesito práctica.
Después, me mostró fotografías y la dedicatoria de Cortázar en su ejemplar de Rayuela. Vi el “paramecio” que aparece como leitmotiv en su novela Un viejo viaje y que no es otra cosa que la medida del pie de su madre que él llevaba a sus viajes para comprarle zapatos. La plantilla de papel tiene unas inscripciones: “número 37, negro, medio tacón o sin tacón, más estrecho que esto no lo resisto”. Luego, nos despedimos con la promesa de volvernos a encontrar.

sábado, 14 de septiembre de 2013

LIDIA ACEVEDO, ME CONTESTA



Lidia Acevedo, escritora lagunera, aceptó contestarme las siguientes preguntas:

--¿Cuál es tu apreciación sobre el nivel de la literatura regional?

La literatura es un parámetro del nivel cultural de un grupo social; Paulo Freiré investigó sobre cuánto y en qué contexto las personas son más susceptibles de ser condicionadas a actuar de cierta manera, a través de los medios de comunicación. No obstante, dijo que: “en una sociedad teledirigida los que despiertan primero son los intelectuales, entonces dejan de hablar de sus amores frustrados y miran a su alrededor”. En tanto la obra siga respondiendo a la reiteración de elementos que no aportan una salida a la desculturización, se convierte en viciada y anecdótica, evidenciando el nivel en que se encuentra. En cuanto a la literatura de la Región, basta leer lo que se produce para notar que aún giramos alrededor de la autocomplacencia.

--¿Qué paradigmas o prejuicios crees que hay necesidad de romper en cuanto a la escritura se refiere?

El ejercicio literario precisa de una vocación clara y alejada del protagonismo. El escritor serio establece –antes que nada-, una relación de respeto con la palabra, que es su materia prima, sin la elaboración de currículos vacíos tendientes a la consecución de puestos en las instituciones culturales, o al regodeo banal de cerebros cuya obra insustancial busca ser amparada por la sombra efímera de las modas, creando un andamiaje que sucumbe a lo protervo del material con que es armado. “ … cualquier artista que busca la admiración particular es, en tanto que la busca, menos artista. El deseo de salir al foro, del aplauso, nada tiene que ver con el Arte serio. Al artista serio, le puede gustar salir al foro y puede ser, fuera de su arte, cualquier clase de imbécil, pero no hay conexión entre ambas cosas…” Ezra Pöund El Arte de la Poesía p.73.

--¿Por qué crees que, en general, se señala la diferencia entre la literatura hecha por hombres y la que hacen las mujeres?

Hay diferencias claras en la biología, como en otros renglones; se escribe desde el color de piel, la etnia, el estatus social, el nivel académico… etc. La experiencia vital redunda en estos rubros, pero ninguno de ellos determina la calidad de la obra. La literatura es producto del pensamiento y éste –a pesar de las circunstancias en que se cree- carece de sexo.

--¿De qué manera han contribuido las mujeres a la creación de estereotipos?

Los estereotipos son creados por una clase dominante que se beneficia de ellos y tanto hombres como mujeres suelen dejarse engañar por la utilidad que su desempeño les representa. Actuar en el rango que supone uno u otro, corrompe la literatura. En relación a lo escrito por los estereotipados “machos”, Pound opina que. … “es una necedad creer que la vulgaridad y la falta de calidad tienen el mérito de ser novedades; siempre existieron, y no tienen ningún interés por sí mismas…”

En La rebelión de las masas, Ortega y Gaset dice que comunicarse es una operación más ilusoria de lo que se piensa; eso nos remite al Arte malo, el estereotipado, el que sirve para propósitos particulares.

“…Si un artista falsifica su informe acerca de la naturaleza del hombre, de su propia naturaleza, de la naturaleza de su ideal de lo perfecto, de la naturaleza de su ideal de esto o lo otro, de Dios, -si Dios existe-, de la fuerza vital, de la naturaleza del bien y del mal -si el bien y el mal existen- de la intensidad con la que cree o no en esto, eso o lo otro, del grado en que sufre o se alegra. Si el artista falsifica su informe acerca de estos asuntos, o sobre cualquier otro asunto con el fin de ajustarse al gusto de su época, a los requisitos de un soberano, a las conveniencias de un código ético preestablecido, ese artista miente.

Si miente por voluntad deliberada de mentir, si miente por cobardía, descuido o por cualquier negligencia, miente de todos modos y se le debe castigar o despreciar de acuerdo a la magnitud de su delito”. Pound. El Arte… P. 68.

--¿Cómo crees que se puede estimular la lectura desde la administración pública?

Añadiendo espacios de lectura a la currícula escolar; otros países las tienen y no son optativas.

sábado, 22 de agosto de 2009

Magda Madero descubre a Arno y los ojos de Rea


Magda Madero es narradora y poeta. Su formación en filosofía le permite tener reflexiones profundas y diversas sobre un mismo hecho; hablar con ella es una invitación al aprendizaje. Sé de sus desvelos literarios, por eso, segura de que resultaría interesante, le pedí que me contestara algunas preguntas sobre su más reciente novela.

¿Cómo nació el nombre de tu novela?
El título Arno y los ojos de Rea, no es un título producto del azar, sino uno en extremo pensado. Tardé algún tiempo en dar con él. Una novela debe caber en su título; éste es el título donde cabe la mía. Arno y Rea son los elementos estructurantes que le dan unidad. Arno, que es el personaje principal, es un escritor; Rea, en cambio, es una pordiosera. El primero tiene nombre de río; la segunda, de diosa. En la revista Acequias, en el último ejemplar del año 2008, aparece parte del primer capítulo donde Arno lee sus cuartillas mientras se plantea el problema de la unidad en su novela. Rea le va a ayudar a conseguirlo. Decidí tomar prestado de la antigüedad clásica el nombre de Rea, aquella deidad griega esposa de Cronos y madre de Zeus, entre otros dioses del Olimpo, porque, al igual que Gea, su madre, simbolizaba la tierra; la diosa tierra que hemos vuelto pordiosera. Así la veo yo. Pero muy aparte de esta alegoría, la Rea de mi novela no tiene más poder que el de sus hermosos ojos verdes: bastará que éstos coincidan con los de ciertos personajes, para que de allí surja algo.


¿A quién tomaste como narrador?
El tema de los narradores en literatura es complicado. El narrador, la más de las veces surge de las mismas palabras. Se trata de una persona gramatical no siempre identificable a menos que se manifieste como un narrador personaje desde un yo gramatical evidente. En teoría, hay una gran variedad de narradores. Mi novela tiene un enfoque narrativo múltiple, pero el narrador que se encuentra en la punta de la estructura es Arno, un narrador y personaje principal que juega a no serlo al narrarse desde la tercera persona, pero sin dejar, por momentos, de manifestar su yo. Arno renuncia a la omnisciencia que podría tener como “autor” del material donde él mismo es un personaje. Este narrador va a dejar que sean los mismos personajes los que se manifiesten a través de sus acciones, y cederá al lector la tarea de inferir sus motivaciones. Los demás personajes, Rea incluida, existen a través de él pero con total autonomía, de tal manera que, cada historia dentro de la novela, cuenta con un determinado tipo de narrador.

¿Cómo describirías la estructura de tu novela y cuánto tiempo te llevó terminarla?Tal vez la estructura sea cubista por la fragmentación, y lineal por la cronología. Una novela de 481 páginas como la mía lleva tiempo. El material que la conforma tiene distintas fechas de nacimiento: quince o más años el más antiguo. Escribirla no fue difícil; lo difícil fue estructurarla, darle unidad. Una cosa es construir un relato, la forma más sencilla de narrar (sucesión de episodios definidos por múltiples “luegos” conectados por una sola voz donde una cosa ocurre después de otra al enlazar los cabos sueltos); y otra, construir una trama, que es un organismo de orden superior con múltiples espacios y voces como sucede en un concierto. La trama es la parte más artística de una obra literaria.

¿Qué dificultades y qué beneficios tiene ser tu propio editor?
La edición es la carta de presentación de un libro. En mi caso fue pesado porque es lo primero que edito. Hay que hacer trámites, gastar la vista para que la obra se vea pulcra; hay que crear páginas maestras, elegir fuentes y tamaños de letras, planear la cantidad de hojas, diseñar y hacer la portada y la cuarta de forros; súmale el costo de impresión, la promoción, la distribución, la venta. Contra todo esto, el único beneficio que te queda es la libertad de hacer con tu obra lo que quieras y tener la certeza de que nadie te va a cambiar una coma.
-------------------------------------------------------------------------------------------------
MADERO GAMEZ, Magdalena. Narradora, poeta y ensayista. Nació en Torreón, Coahuila. Estudió Filosofía en la Universidad de Monterrey (UDEM). Es autora de las novelas, Una taza sobre la mesa y, Arno y los ojos de Rea; de los poemarios Efémera y Sueños insomnes; del libro de cuentos Desafío de sombras. Su obra aparece también en los colectivos Condominio de poetas (poesía), Enseñanza superior (cuentos), Sueños de la Laguna. Ensayos de 12 autores, y Poema, analogía e iconicidad (ensayos). Más obra suya se encuentra en las revistas, Estepa del Nazas, Acequias y Siglo Nuevo. Su cuento “Isidora” obtuvo la mención de honor en el Premio Nacional de cuento “Agustín Monsreal” 1998. Radica en Torreón, Coahuila.
.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Jorge Valdés Díaz-Vélez y su laboratorio de letras

El poeta y diplomático lagunero Jorge Valdés Díaz-Vélez*, después de una larga estadía en Madrid, ha regresado a nuestro país para trabajar en los festejos del Bicentenario. Así, tomando como pretexto su retorno y utilizando el correo electrónico, me permití formularle cuatro preguntas a este poeta que ha superado los cercos no sólo regionales, sino nacionales. De esta manera fue posible asomarme un poco a su laboratorio de letras. Agradezco su tiempo y la transformación de mis dudas en testimonios lúcidos.


¿En qué momento te asumiste como poeta? ¿Recuerdas de qué hablaban tus primeros poemas?
Empecé a balbucear mis primeros versos en la adolescencia (se dice que antes de los veinte años se escriben versos y después de esa edad, poesía) con una fuerte influencia de García Lorca, León Felipe, Gorostiza y Baudelaire, entre muchos otros autores que me abrieron las primeras ventanas a la expresión poética.
En esa primera etapa me interesé por la experimentación del lenguaje y en la claridad expresiva, y fui desde entonces, como lo soy ahora, un ferviente lector de poesía. Los temas que entonces abordaba con un barroquismo desmesurado, iban desde la cotidianeidad hasta el universo de los afectos y la condición humana, preocupaciones de una etapa vital de nuestro desarrollo.

¿Alguna vez has renegado de tu condición de poeta?
Leer y escribir poesía contienen respeto y amor por este oficio. Ambas actividades requieren de concentración y disciplina a las que desde hace décadas me dedico, por convicción y vocación, robándole horas al sueño.

No recuerdo dónde leí acerca de un poeta que estaba descansando en su recámara y afuera había puesto un letrero que decía: “Silencio, poeta trabajando”. ¿El trabajo del poeta se basa en la contemplación?
El ejercicio creativo necesita de relativo aislamiento. Hay autores que, por el contrario, necesitan escribir en sitios ruidosos, como era el caso de José Hierro, a quien le gustaba trabajar en la mesa de una cafetería madrileña.
El autor de poesía no es un ser pasivo, ajeno a la realidad que le circunda y de la que forma parte. Por el contrario, es un ciudadano como cualquier otro, con sus angustias, sus alegrías e insatisfacciones, que trabaja en el laboratorio del lenguaje. En este inicio del Siglo XXI caracterizado por un flujo constante y abierto de información, no puede permanecer al margen de las cambiantes formas del exterior que diariamente internaliza para devolverlas al papel con el sentido crítico y autocrítico del hacedor.

Algunas personas consideran que la pobreza provee de sensibilidad extra al artista; ¿debe el poeta vivir en estrechez económica para escribir mejor?
Desde la marginalidad difícilmente puede accederse al núcleo de la creatividad. Ese pensamiento “romántico” ha dado paso a legiones de autores frustrados que muchas veces, a manera de excusa, han asociado el término pobreza con miserias intelectuales, falta de capacidad de asombro y de rigor de trabajo, y exceso de autocomplacencia.
La sensibilidad es un preciado don que debe refinarse mediante la lectura y la escritura. También a través del disfrute de otras manifestaciones del arte, de la participación al interior de una sociedad que ha frivolizado el término cultura para confundirlo con el de entretenimiento, y de la dignificación de una actividad que algunos han ahogado en la esterilidad de la denominada “bohemia” y otras actividades extraliterarias.
La poesía, por fortuna, se mantendrá por encima de esa imagen de extrema pobreza, de facilismos y actitudes banales que no han conseguido restarle valor.
_____________________________________________________________
*Jorge Valdés Díaz-Vélez (Torreón, Coah. 1955). Consejero Cultural en las embajadas de México en España, Cuba, Argentina, Costa Rica y Estados Unidos. Por su obra poética ha recibido el Premio Latinoamericano Plural (1985), el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes (1998) y el Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández-Comunidad Valenciana (2007). Ha publicado los libros: Voz temporal, Aguas territoriales, Cuerpo cierto, La puerta giratoria, Jardines sumergidos, Nostrum, Cámara negra, Alebrijes. Ha sido traducido al francés, italiano, portugués, rumano e inglés.
Más de Valdés Díaz-Velez: Una entrevista relizada por Gregorio Martínez Moctezuna (Azteca 21)