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Nació en Francisco I. Madero, Dgo. El peor de los pecados es su primer libro de cuentos.Ha recibido el Premio Estatal de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre” en los años 2000 y 2015 y el Premio Estatal de Periodismo de Coahuila, 2016 y 2017. Escribe cuento y ensayo. Es colaboradora regular del periódico El Siglo de Torreón. Su entrevista con Elena Poniatowska fue traducida al griego y publicada en la revista Koralli de Atenas. Ha publicado en diversas revistas nacionales y libros colectivos. Perteneció al taller literario de Saúl Rosales; es médica egresada de la Facultad de Medicina de Torreón, UA de C. y estudió la Maestría en Apreciación y Creación Literaria en Casa Lamm en la Ciudad de México.
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viernes, 15 de enero de 2010

Enfermedades propias de los mùsicos


Estudiar las enfermedades y causas de muerte de los artistas, y en especial de los músicos, es una tarea bastante atractiva. Las muertes de Mozart y Beethoven (sólo por citar los más analizados desde el punto de vista médico) ofrecen grandes retos clínicos. De Mozart se dice que murió envenenado, de sífilis, de neumonía, fiebre reumática, derrame cerebral, escarlatina, o simple cansancio. De Beethoven también existen muchas versiones: sífilis, tuberculosis, enfermedad de Paget, alcoholismo y saturnismo. Y es que en aquellos tiempos no existían los recursos diagnósticos ni el tratamiento efectivo para la prolongación de la vida. Por esa razón me di a la tarea de hacer un breve un recorrido por la patología y muerte de los grandes músicos. Hay que recordar que en la actualidad la esperanza de vida del ser humano promedio se ha incrementado, por lo que cada vez encontramos a personas más longevas. Y gracias a los avances médicos; padecimientos que antes eran mortales, ahora tienen una fácil solución. Por ejemplo, ahora sería difícil pensar que Jean Baptiste Lully (Italia 1632 - Francia 1687) muriera por el golpe que se dio en el pie con el bastón de conductor (antes de que se usara la batuta). Al parecer Lully era un paciente diabético, por lo que fue fácil que el pie se le infectara de gangrena, misma que se diseminó en todo su cuerpo hasta provocarle la muerte.
En el ensayo decidí iniciar con una breve reseña de los padecimientos que causa el propio ejercicio del músico. El texto completo será publicado posteriormente. Éste es sólo un fragmento.

Se podría decir que, actualmente, “los músicos mueren por intoxicación crónica de años”. Según el libro Genio y locura, de Phillippe Brenot, son éstos los artistas más longevos y los que tienen el índice menor de suicidio. Los artistas que más se suicidan son los escritores. A pesar de que existe una amplia lista de enfermedades propias del músico ejecutante (más que del compositor), no es la patología provocada por el oficio la que causa su muerte, aunque en algunos casos es motivo suficiente para que el artista quede incapacitado en el ejercicio de su profesión. Por ejemplo, la lesión que sufrió Robert Schumann (1810 - 1856) por haber sometido a estiramiento exagerado su dedo anular, porque creía que así sus falanges crecerían y de esa manera mejoraría su calidad interpretativa en el piano. En consecuencia sus músculos y ligamentos se lastimaron, tanto, que ya no pudo tocar más el piano. Aunque existe la versión de que la lesión fue a causa de la sífilis que padeció desde su juventud. Sin embargo no fue la sífilis la que le provocó la muerte, sino que se suicidó a la edad de 46 años.
Hay una extensa lista de enfermedades que surgen del propio acto de ejecutar algún instrumento. Así, encontramos el nódulo en las cuerdas vocales o “nódulo del cantante”; el enfisema de los ejecutantes de instrumentos de viento. Igual sucede con los músculos de la boca en los intérpretes de instrumentos de viento que pierden tonicidad por fatiga; las lesiones en codo y muñeca de los violinistas (osteoartritis vibratoria); las contracturas musculares y deformaciones de columna del pianista; los llamados “calambres de músico”, que corresponden a una fatiga muscular de espalda de tal magnitud, que les impide el movimiento. Y qué decir del desarrollo de várices en las piernas de los directores (son los únicos que trabajan de pie), etc. En general, se puede decir que las afecciones propias del músico ejecutante alteran su calidad de vida, pero no la duración de ésta.
Pero ya que nadie está exento de padecer enfermedades y morir a causa de las mismas; hay grandes músicos que han tenido un deceso prematuro, aunque en la revisión de las enfermedades de 129 músicos, se puede constatar que tienen un promedio de vida mayor al resto de las personas, y es posible concluir que las causas de muertes son predominantemente enfermedades cardiovasculares y cancerígenas.

domingo, 4 de octubre de 2009

Una tarde con Liszt


Aquí, el video de la obra más conocida de Franz Liszt: "Rapsodia húngara no.2" https://www.youtube.com/watch?v=VT2llVyPmHg con dos grandes intérpretes; Tom y Jerry. Enseguida, una pintura entrañable: "Una tarde con Liszt", después una descripción subjetiva de dicha obra

En las primeras páginas del libro Classical composers de Peter Gammond, se encuentra la imagen de una pintura excepcional titulada "Una tarde con Liszt". En 1840 el pintor Josef Danhauser captó con fidelidad una escena que para quien ama el arte, resulta entrañable. La National Gallery de Berlín, en Alemania, alberga esta obra en la que aparecen reunidos importantes artistas del siglo XIX.
En las tardes parisinas, el pianista y compositor húngaro Franz Liszt invitaba a sus amigos a su casa. En el retrato, el autor de las Rapsodias húngaras ofrece a sus acompañantes un recital de piano. Aunque más bien pareciera estar tocando sólo para Beethoven, representado allí en un busto colocado frente a él. La actitud de Liszt parece de veneración: “Yo he recibido el beso de Beethoven”, dijo alguna vez, y era cierto, pues un día el autor de La Quinta Sinfonía fue invitado a escuchar tocar a un niño pianista llamado Franz Liszt. Fue aquella vez que el maestro cabeza de león emocionado besó la frente del pequeño artista (recordemos que Beethoven comenzó a perder la audición en forma progresiva a los 30 años de edad).
A espaldas de Liszt, sentados, vemos al escritor francés Alejandro Dumas, aunque también se cree que podría ser el escritor Alfred De Musset. Dumas es autor de El conde de Monte Cristo, Los tres mosqueteros y Veinte años después. Entonces es verdad que: “no es lo mismo los tres mosqueteros que veinte años después”, no es lo mismo, pero es la continuación escrita sólo un año más tarde. Este mosquetero fue padre de otro narrador del mismo nombre: Alejandro Dumas hijo, autor de La dama de las camelias, novela que se convirtió en ópera gracias a Verdi con La Traviata. Allí se habla de una joven muy hermosa, de muy ligera moral y tuberculosa. Se trata de Margarita Gautier, la que se adornaba con camelias blancas veinticinco días del mes y con camelias rojas los cinco días restantes. En el libro no lo dice, pero seguro que era una manera elegante de prevenir a sus novios: “Que nadie me moleste porque estoy en mis días”.
Sentada también, encontramos a la novelista francesa Aurore Dupin, mejor conocida como George Sand, la mujer que llevaba bien puestos los pantalones –de hecho, la primera que los usó–; amante de Frédéric Chopin (muerto de tuberculosis), de Alejandro Dumas y de Alfred De Musset, entre otros. De allí que surja la duda de quién es el que está cerca de ella en el retrato: De Musset o Dumas. Alfred De Musset fue un escritor francés que murió de sífilis. En medicina es conocido porque lleva su nombre el “Signo de De Musset” que se presenta en personas con sífilis terciaria y que consiste en un movimiento constante de la cabeza, como diciendo sí, y corresponde a una lesión ―insuficiencia― aórtica.
Enseguida vemos a Víctor Hugo, de pie, con libro en mano y mirada perdida; sí, aquél de Los miserables, la novela en la que se conoce a Jean Valjean ―el hombre cuerdo más generoso que he leído―, una obra muy conmovedora. Recordemos: Víctor Hugo envió en 1867 una carta al presidente Benito Juárez donde le solicitaba que no ejecutara a Maximiliano de Habsburgo. El literato escribió en su petición: “…a esos verdugos obedecidos por la muerte, a esos emperadores que con tanta facilidad hacen cortar la cabeza de un hombre, ¡demuéstreles cómo se perdona la cabeza de un emperador! Por encima de todos los códigos monárquicos chorreados de sangre, abra usted la ley de luz, y, a la mitad de la más sagrada de las páginas del libro supremo, que se vea el dedo de la República posarse sobre este mandamiento de Dios: No matarás”. Pero en ese tiempo las cartas tardaban meses en llegar a su destino –lástima, no existía el correo electrónico– y la solicitud llegó después del fusilamiento del esposo de Carlota.
De pie también aparecen dos italianos: el flaco y caprichoso Paganini, quien aparece abrazado por el gordo y operístico Rossini. Niccolo Paganini, el músico que exaltó la individualidad y el exhibicionismo en las interpretaciones. Un gran artista del que decían tenía pacto con el diablo, virtuoso compositor y violinista –también buen guitarrista–. Su aspecto era poco agraciado, tenía cara de pocos dientes y cuerpo hecho de casi puros huesos, no obstante, las mujeres se perdían por él y en él. Su más famosa obra es La Campanella concebida para violín y transcrita por Liszt al piano.
Gioacchino Rossini pasó a la historia como un genio flojo y tragón, un hedonista. Aún así, Rossini escribió en trece días El barbero de Sevilla, una de las óperas más representadas en el mundo: ¡Fígaro, Fígaro, Fígaro…! Curiosamente en esos trece días Rossini no se rasuró. Este goloso compositor era un hombre de asombrosa memoria, a los quince años prometió a una soprano, amiga suya, la partitura de un aria. Para conseguirla acudió al jefe de la compañía, quien también era el tenor principal de esa ópera y le negó la copia, fue entonces con el bibliotecario y la negativa se repitió. Entonces decidió asistir al teatro y de oído transcribió la partitura para piano de la pieza que quería su amiga. El tenor pensó que el bibliotecario lo había traicionado, pero el joven músico desmintió esta hipótesis afirmando que si le dieran oportunidad de ir tres veces a la ópera, copiaría toda la obra.
Por último, sentada en el piso apreciamos a la esposa de Liszt, Maria d’Agoult, quien fuera madre de Cósima, la futura esposa de Wagner –el amargoso y genial músico que sería a su vez yerno de Liszt–. Allí, en la pintura Una tarde con Liszt, encontramos grandes genios reunidos, todos ellos darían mucho de que hablar en su época, y aún después de ella.

lunes, 24 de agosto de 2009

Literatura y enfermedad


Quizá la locura que describe Miguel de Cervantes en El ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, encuentre nombre en la siquiatría como una sicosis paranoide en la que predominaban las alucinaciones visuales y auditivas. Una sicosis que logra contagiar a su escudero Sancho Panza. Algunos dicen que todo médico debería leer la máxima obra de Cervantes para estudiar medicina. Así, si queremos saber los remedios en los tiempos de los caballeros andantes, con don Quijote seremos testigos de que las heridas eran curadas con romero, sal y vendas engrasadas. Sabremos que las sangrías (con sanguijuelas o con la incisión en una vena) eran remedio para casi cualquier enfermedad, y al decir “eran remedio”, me refiero a que se usaban de medicina, pero que sólo daban alivio a unas cuantas enfermedades como son la hipertensión y la policitemia. Igualmente en esta novela se puede apreciar cómo se describe la muerte por insolación cuando el autor refiere al joven Antonio muerto de amor, cuando en realidad de tanto llorar se deshidrató ayudado por quedarse tirado en el llano bajo el ardiente sol.
Podemos aprender sobre el escorbuto y el cólera en la novela El amor en tiempos del cólera, y allí mismo ser testigos de las medicinas usadas por el doctor Juvenal Urbino: Bromuro de potasio para levantar el ánimo; gotas de cornezuelo de centeno para los vahídos y belladona para el buen dormir. Y si queremos saber todo sobre la tuberculosis, existen dos tratados sobre ella, la primera y más extensa: La montaña mágica, del alemán Thomas Mann, y la segunda, La Dama de las camelias, de Alejandro Dumas, aunque allí el hilo conductor no es la enfermedad, pero sí encontramos una buena representación de la patología y el tratamiento que en esos tiempos se centraba principalmente en estar en lugares ventilados y muy soleados, ya que el bacilo de Koch, causante de tuberculosis, es sensible al sol.
En fin, la medicina es un tema recurrente en la literatura. Y ya que están de moda las epidemias y que infinidad de artículos periodísticos han mencionado La peste, novela del argelino Albert Camus (1913-1960), me sentí motivada a leerla. En ella pude constatar que para estudiar la peste bubónica no hay mejor libro que éste (a pesar de que esta novela, según su biógrafa, Paloma Blanco, es una alegoría de la invasión alemana a Argelia). La historia se desarrolla en los años 40 del siglo pasado en Orán, Argelia. La narración da inicio con la muerte de miles de ratas por el mal que les fue transmitido por la pulga que aloja la bacteria Yersinia pestis, causante de la peste bubónica y pulmonar. Después de que mueren las ratas comienzan a morir los humanos, llegando a fallecer hasta noventa en un día. Al principio los entierran en ataúdes, después en fosas comunes y, como nada es suficiente, otros van a los hornos crematorios. Igualmente muestra el desarrollo de la enfermedad, la descripción de signos y síntomas como la fiebre, la aparición de los ganglios inflamados o bubas, y cómo éstos son operados. Desde luego la epidemia de peste bubónica o peste negra nada tiene que ver con nuestra epidemia de influenza humana. Sin embargo, Camus describe cómo la comunidad se divide ante un hecho así: los indiferentes que no se enteran que existe la epidemia, los abusones que hacen negocio de la tragedia, los alegres que desafían la enfermedad, las autoridades y las reuniones que tienen para decidirse o no a llamar a la peste por su nombre, la economía mermada y el aumento en los negocios ilícitos. La peste presenta, sobre todo, la lucha y el dolor del doctor Rieux por combatir la epidemia y el sufrimiento de la separación de los que se aman. Hay un pasaje muy conmovedor, y es donde el padre Paneloux y el doctor Rieux son testigos de la agonía y muerte de un niño. El padre intenta convencer al ateo doctor de la existencia de Dios, pero al no lograrlo simplemente le dice que los dos trabajan para la misma causa: la salvación del hombre, a lo que el doctor le contesta: “La salvación del hombre es una frase demasiado grande para mí. Yo no voy tan lejos. Es salud lo que me interesa, su salud ante todo”. lopgan@yahoo.com

martes, 18 de agosto de 2009

Beethoven: El enfermo prodigioso

Resultado de imagen de Beethoven"Ludwig van Beethoven (Bonn,1770-Viena,1827) es uno de los personajes, clínicamente, más estudiados. Su vida despierta una nutrida pasión entre sus admiradores. Ello se debe, no sólo a lo grandioso de su música sino, también, a sus múltiples afecciones físicas, y de éstas, sobresale su sordera que comenzó a padecer a los 26 años, quedando completamente sordo a los 35; una ironía.
Pretendiendo desentrañar su personalidad con historias médicas, a pesar de que nada es más complicado que explicar la naturaleza de un genio, se ha recurrido a los cuadernos de conversación, ya que él hacía que su interlocutor escribiera en un cuaderno su pregunta para de esa manera poder responder. Además, la investigación médica se ha basado en las cartas enviadas a sus amigos y en las notas de los médicos que lo trataron. Se estudiaron también sus restos y existe el reporte de su autopsia. A lo último que se ha recurrido es al análisis de su cuero cabelludo. Los padecimientos que se le han diagnosticado a Beethoven son: Sífilis, tuberculosis, enfermedad de Paget, alcoholismo y saturnismo
Es común encontrar discrepancias entre las biografías de Beethoven. Algunos biógrafos aseguran que Ludwin era célibe, pero en el libro Beethoven escrito por Max Steinitzer dice que esto es imposible y lo expresa así: “eso no va de acuerdo con el temperamento de nuestro artista. Lo único que podríamos asegurar es que Beethoven, como todos los hombres de gustos superiores y cultivados, entendía que la vida amorosa incumbe sólo a los involucrados”. En cambio, en La vida de Beethoven de Romain Rolland, éste afirma que su vida era virginal y trae a la palabra el adiós inexplicable a su amada Teresa de Brunswik. Steinitzer. Contradice a otros autores cuando se toca el tema del alcoholismo pues él considera que el genio de Bonn, no era alcohólico, mientras que Rolland afirma que padecía de cirrosis hepática a causa del alcohol, y dice que fue esta misma afección la que le provocaba ascitis (acumulación de agua en la cavidad abdominal), motivo por el que requirió de varias punciones para drenaje del líquido. Sin embargo, ambos autores coinciden en que al Maestro no le importaba su higiene personal: Steinitzer; “Un hombre como Beethoven dominado por su gigantesco afán de creación, no podía pensar, evidentemente, en llevar una vida rigurosamente ordenada desde el punto de vista higiénico”, e igualmente el escritor Rolland presenta una descripción que reafirma esta idea; “Los cabellos negrísimos sumamente espesos y erizados por doquiera, cabellos en que el peine parecía no haber entrado nunca, por ello tenía el apodo de "Cabeza de Medusa”. Recordemos que esa cabeza fue la primera que renunció a las pelucas.
Hombre solitario, iracundo. Grosero hasta con su admirado Goethe. Pero del que también existen pruebas de su gran generosidad. Ludwig van Beethoven genio de la música clásica el que después de quedar sordo no dejó de componer grandes obras. Y quien ha motivado también la escritura de un libro llamado El cabello de Beethoven de Russel Martin (autor de novelas históricas y científicas). Martin describe cómo a la muerte del compositor le fueron arrancados trozos de cabello de su cabeza para guardarlos como recuerdo y que algunos de estos mechones contenían fragmentos de cuero cabelludo. En 1994 en una subasta de la casa Sotheby´s una de estas muestras fue comprada por dos estadounidenses admiradores de este músico. Este nuevo libro biográfico nos muestra otra posible enfermedad del compositor. Allí, se testifica el hallazgo, por medio de un análisis bioquímico, de altas concentraciones de plomo, por lo que aseguran padecía de saturnismo. De acuerdo con los actuales estudios del cabello de Beethoven se descartan la sífilis. En el siglo XIX el tratamiento de esta enfermedad era a base de Mercurio, elemento que no se encontró en la pieza estudiada. Recordemos que en la época de Beethoven era muy frecuente este mal venéreo y como dije su tratamiento era el mercurio, por esa razón se acuño el dicho: “Pasas una noche con Venus y toda tu vida con Mercurio”. El diagnostico de una probable neurosífilis causante de su sordera se apoya en la autopsia, sin embargo, no se puede establecer una historia de sífilis durante su vida. Otro padecimiento que surge con la autopsia es la enfermedad de Paget que es una degeneración de los huesos y que, hipotéticamente, pudo ser la causa de su sordera ya que afecta en forma paulatina los huesecillos del oído medio (estructuras anatómicas encargadas en parte de la transmisión del sonido).
Otra de las enfermedades, que se cree padeció, es la tuberculosis, patología que llevó a la muerte a su madre. En los apuntes médicos del libro de Romaind Roland menciona un diagnóstico de “otitis tuberculosa” (inflamación del oído a causa de la tuberculosis).Han sido muchas las enfermedades a través de la cuales se ha querido explicar la terrible sordera del compositor, sufrimiento que atestigua en 1801 en una carta que envía a su amigo; el médico Franz Wegeler, en donde le manifiesta la existencia de una sordera grave con la esperanza de que le aconseje: “En los tres últimos años mi oído está debilitándose más y más... Durante casi dos años he dejado de asistir a mis obligaciones sociales, porque me parece imposible decir a la gente: estoy sordo. Si tuviese otra profesión podría afrontar mi enfermedad, pero en la mía es un inconveniente terrible”.
Seguramente seguirán surgiendo teorías sobre sus enfermedades. Un ser que conquistó el dolor, como lo expone Rolland: “Un desventurado pobre, enfermo y solitario, el dolor hecho hombre y a quien el mundo le niega la alegría, crea la alegría por sí mismo para dársela al mundo; y la forja con su tristeza”. Entregó al mundo un destino musical glorioso a través del tormento de sí mismo; así vivió este excepcional hombre.