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Nació en Francisco I. Madero, Dgo. El peor de los pecados es su primer libro de cuentos.Ha recibido el Premio Estatal de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre” en los años 2000 y 2015 y el Premio Estatal de Periodismo de Coahuila, 2016 y 2017. Escribe cuento y ensayo. Es colaboradora regular del periódico El Siglo de Torreón. Su entrevista con Elena Poniatowska fue traducida al griego y publicada en la revista Koralli de Atenas. Ha publicado en diversas revistas nacionales y libros colectivos. Perteneció al taller literario de Saúl Rosales; es médica egresada de la Facultad de Medicina de Torreón, UA de C. y estudió la Maestría en Apreciación y Creación Literaria en Casa Lamm en la Ciudad de México.

sábado, 22 de octubre de 2016

ADIVINANZAS LITERARIAS

Resultado de imagen para las cuatro manzanas que cambiaron el mundo
Las adivinanzas eran juegos de niños. Antaño repetíamos oraciones, rimadas y simples, como la del aguacate: “Agua pasa por mi casa, cate de mi corazón. El que no lo adivine, será un burro cabezón”; la del agujero: “Qué es, qué es, que entre más le quitas más grande es?; la del humano: “¿Qué animal nace en cuatro patas, crece en dos patas y envejece en tres patas?”. O la de la abeja: “Mi picadura es dañina, mi cuerpo insignificante, pero el néctar que yo doy, te lo comerás al instante”. Supongo que ahora, con la tecnología, los niños resuelven acertijos menos inocentes, diferentes a los de mi generación.
Algunos autores acuden a las adivinanzas literarias como recurso creativo y las incluyen en su obra narrativa. Desde luego, son diferentes a los juegos infantiles y son más elaboradas. Y ya que a mí me parece un ejercicio divertido, escribí dos adivinanzas que a continuación les expongo. Al final están las respuestas. Por si acaso.
1.- En el principio fue la prohibición, porque todos equivocaron la lectura e ignoraron que nunca se habló de mí. Aunque puedo reconocer que, a pesar de la gran presencia que tengo en la ciudad norteamericana del terror, en ciertas circunstancias sí debo de ser prohibida, porque soy capaz de provocar la perdición de toda mi parentela. Reconózcanme, soy hermosa y brillante. Me visto para la ocasión en diferentes tonos, entre ellos el verde y, sobre todo, el carmesí, que es el color favorito de quienes me poseen; con éste aparezco en fotografías y pinturas, donde para recordar que me puedo corromper, no pocas veces, me acompaña un verme. He sido importante en la historia de la humanidad, he estado presente en la ciencia, la medicina, la tecnología, la religión y la literatura. En ciencia, por ejemplo, un tal señor señor Isaac me obligó a trabajar en estado de gravidez; en literatura han dicho que he envenenado a más de una joven; en religión me culpan, falsamente, de todos los males que aquejan a la humanidad. En la vida moderna, las mujeres que odian comer sólo me aman a mí. Tecnológicamente, represento el envenenado mordisco al estatus de la high society. Y en el mismo nivel, soy la referencia de los jóvenes holgazanes que aseguran que no necesitan la universidad para ser millonario. De naturaleza saludable y aunque me atragante, soy la única parte anatómica que, en ocasiones, descubre que una Eva en realidad es un Adán. Vivo y muero en cualquier confitería o me puedo evaporar para que mi espíritu se transfigure en champaña para los pobres.
2.- Soy el mal de la era modera. Soy invisible, pero pueden ver mis consecuencias. No se sabe si yo escojo a mi víctima o ella me escoge a mí. No es que sea fea pero todos concuerdan en calificarme de desagradable, por eso comprendo que nadie me quiera. Aunque, el desprecio del mundo no obsta para que yo acompañe a millones de seres humanos todos los días, en todas sus actividades. Me instalo en sus gargantas hasta provocarles la sensación de ahogamiento; cuando toco su corazón lo desboco hasta que sienten que pueden morir en ese instante de un ataque cardiaco; en el estómago me puedo transformar en grandes cantidades de ácido, a tal grado que he perforado esta víscera y a muchos he llevado al quirófano por ésta causa; soy capaz de enlentecer el movimiento peristáltico hasta llegar a inflarles los intestinos, de tal forma que creen que pueden reventar. Sin embargo, es el cerebro donde nazco, y es muy fácil saber que estoy con alguien porque cuando me llevan consigo las personas siempre tienen prisa. Por ejemplo: se enojan, gritan y maldicen, en el momento en que cambia el semáforo a verde y el coche de adelante no avanza; comen rápido y si tienen que hacer fila se desesperan volteando a todos lados o saltando en todas redes sociales de su teléfono celular. Me han querido matar con yoga u otros métodos de terapia sicológica, pero sólo me hago la muerta un rato y vuelvo aparecer en el cualquier órgano corporal. Otro recurso que usan para tratar de eliminarme son las píldoras o gotas dormilonas. Aunque ha habido quienes logran alejarme y en ellas aparezco únicamente cuando es necesario protegerlas de los peligros reales de la vida.

Respuestas: 1=La manzana. 2=La ansiedad.

martes, 11 de octubre de 2016

A DOÑA OLGA DE JUAMBELZ Y HORCASITAS

Querida Olga:
Perdona que sea hasta ahora cuando hago caso a tu insistencia de que te llamara Olga y te hablara de tú, así, sin complementos. Como si no fueras única desde tu historia, desde tu apellido “de Juambelz y Horcasitas”; como si tu presencia no se impusiera ante los otros, como si tu nombre no significara “aquella que es invulnerable" o "aquella que es inmortal". Te obedezco ahora cuando comienzo a escribir esta carta, un día después de tu partida. Por fin pude liberarme de la tiranía de ese atavismo.
         Hace 16 años acudí a ti, yo vivía días de confusión y tristeza, fue entonces que me abriste las páginas de tu periódico y eso me sanó. Quizá no supiste lo importante que eras para mí; trasformaste la percepción que tenía de mí misma. Valorabas mi capacidad mejor que yo, alentándome con un: “tú puedes hacer esto, tú puedes hacer aquello, no permitas que… Escribe un libro, yo te lo publicó”. Y así fue.Exactamente un mes antes de tu partida había pasado la tarde contigo y te hice una pregunta a propósito de que yo percibía tu mirada, a veces azul, a veces verde, a veces color miel… te pregunté sobre cuál era el verdadero color de tus ojos y contestaste: “De todos los colores, a veces hasta rojos”, y te reíste. Cada vez que te visitaba llevaba una lap top conmigo, para que oyéramos música y viéramos videos, porque hay alegrías que nunca nos abandonan y la música es una de ellas. Sabiendo tus aficiones veíamos videos de ballet, escuchábamos valses y especialmente te veía contenta con los boleros, una vez cantaste quedito, eso de “Me importas tú y tú y solamente tú”, de la canción “Piel canela” con Los Panchos. Otra ocasión se me ocurrió llevar un libro de Jaime Sabines, en ese tiempo estábamos armando la selección de los textos para tu libro Más allá de una mirada, y allí había un artículo sobre Sabines, por eso me tomé la libertad de leerte el poema “Los amorosos”; iba a la mitad de los versos, cuando me interrumpiste para decirme: “creo que me aburre, repite mucho”. Entonces me di cuenta que la contaminación de la publicidad ya no te afectaba, que tu criterio era más puro y espontáneo. Luego, gracias a ti pude apreciar que era cierto, el chiapaneco era muy repetitivo. Sabines no es Borges. Sabines es un instante, Borges es la eternidad.
Las últimas veces que te visité, al despedirme te aseguraba que pronto regresaría: “Ya no voy a estar”, me decías. No pude vislumbrar la cercanía de tu muerte. Escribo muerte y me parece una palabra inexacta para decir que dejaste este mundo: te fuiste poco a poco y nunca nos abandonaras del todo. Tu cuerpo se fue de manera pausada, sin grandes sobresaltos. Seguramente, amando como amabas a tu familia, no querías mortificar demasiado a tus hijos y a tus nietos… A pesar de todo, la muerte no fue injusta contigo porque después de una intensa y larga vida, tu descanso era justo.
         No solo quedaran los recuerdos, vivirás en lo que dejaste, quedará la revista Siglo Nuevo, que con tanta pasión fundaste, y la permanencia de El Siglo de Torreón, gracias a que persuadiste a tu padre, don Antonio, de que no lo vendiera. En mi memoria quedara tu imagen: regia, hermosa, inteligente... Te recordaré platicando sobre lo impresionada que estabas de tu viaje a las islas Galápagos, sobre tus peripecias juveniles: tu afición por la natación o por la danza clásica, misma que dejaste porque te dijeron que eras demasiado alta para eso. Te recordaré feminista, sí, pero desde la concepción de la diferencia entre el hombre y la mujer, no desde la igualdad. El feminismo visto desde tus elegantes ojos. Por eso entendí la razón de que tu columna “Por Pasillos de Palacio” firmada con el seudónimo de la “Güera Rodríguez”, fuera tan exitosa, porque allí escribías desde la convicción de la mujer que lucha para lograr la verdadera emancipación. En ese espacio de domingo disparaste todas tus armas contra el machismo.
         Una semana después de que te vi por última vez, viajé a la ciudad de México, allá visité a Elena Poniatowska, quien siempre preguntaba: “¿Cómo está Olga?”, esa vez recordé cuando me platicaste que le habías regalado una, muy buena, crema facial y que Dña. Elena se la untaba en los pies. Se lo conté a ella y sonriente me contestó: “No lo recuerdo, pero seguro que así pasó. Los pies también importan”. Me gustaba reunirlas conmigo en las pláticas que he tenido con ambas por separado.
         Guardaré con cariño tus consejos, tus comentarios sobre mis textos, recontaré las veces que compartimos el vino y la mesa, pero sobre todo, las tardes que tuve oportunidad de visitarte en tu casa. Fui muy afortunada al conocerte.
En estas líneas para ti, traigo un párrafo de tu texto “Seis décadas de una mujer” que está contenido en tu libro Más allá de una mirada: “En el mar del tiempo soy una roca golpeada por olas siempre nuevas. Una roca que no se mueve ni se desgasta. Y repentinamente la marea me arrastra; me arrastrará hasta que me hunda en la muerte. Mi vida se precipita y no obstante este momento transcurre con lentitud, hora a hora, minuto a minuto (…) ‘Es dura la tarea de morir cuando, a pesar de todo, se ama tanto la vida´”.
Me despido con un largo abrazo y un hasta luego. 

        

sábado, 8 de octubre de 2016

LA RISA Y SU CRUELDAD




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Evolutivamente, la risa humana fue anterior al lenguaje. Es decir, primero emitimos sonidos guturales de aceptación o de rechazo. La risa (y la sonrisa) se trasformó en una forma de manifestar complacencia. Pero la risa ha ido cambiando y ya no es sólo un impulso espontáneo sino que, ahora, las personas buscan formas de carcajearse, para ridiculizar a los demás; la risa también es un acto de crueldad.
En la Biblia, la risa no es una expresión aceptable: en el Génesis, por ejemplo, Dios le quita el habla a Abraham porque se rió cuando le comunicó que sería padre a los cien años de edad, junto con su mujer Sara, de noventa. La noticia les causó risa: Dios hace que Sara dé a luz a Isaac, nombre que significa “aquel que hará reír”. Igualmente, en el libro Eclesiastés, la risa es censurada, allí se encuentran frases como: “Dije de la risa: Es locura”; “Mejor es la tristeza que la risa. Porque cuando el rostro está triste el corazón puede estar contento”. Sin embargo, ni cristianos ni judíos se toman en serio eso de que la risa es mejor que la tristeza. Y en nuestro caso, los mexicanos somos capaces de reírnos casi de todo.  
La risa necesita ser compartida de lo contrario se vuelve contra el emisor, le trastoca el cerebro y lo vuelve loco: “El que sólo se ríe de sus maldades se acuerda” sentencia el refrán, y es que la risa necesita tener eco. La risa cuando es multitudinaria es potente y modifica las formas de sentir. Pero puede ser peligrosa, porque como dice George Bataille: “en la risa se pierde la conciencia”. Lo cierto es que la risa es un medio de catarsis para una nación como la nuestra, con muchos problemas de desigualdad social y violencia. Es a través de la risa, sobre todo, que el mexicano protesta.
.        En esto de reírse de los demás, la creatividad popular es asombrosa. A tal grado que lo chistoso se vuelve patético, por eso, como se ha escrito tantas veces, los mexicanos vivimos en constante tragicomedia. Cito un ejemplo, (quizá baladí): el caso de Nicolás Alvarado, que fue “linchado”, a través de las redes sociales, por atreverse descalificar la música de Juan Gabriel con su artículo “No me gusta “Juanga” (lo que le viene guango)”. La presión fue tal, que el hombre terminó renunciando como director de TV UNAM.  Desde luego, al escritor le faltó delicadeza e hizo enojar a los fanáticos, a pesar de que en su texto reconoce al “Divo de Juárez” como un personaje con un valor icónico similar al de la virgen de Guadalupe y Octavio Paz, y allí, también, admite ser clasista: “Mi rechazo al trabajo de Juan Gabriel es, pues, clasista: me irritan sus lentejuelas no por jotas sino por nacas”. Su error fue que en esa misma locución no resistió la tentación de hacer gracioso su desagrado por Juanga: “no por jotas sino por nacas”, dice.  Los intolerantes no admitieron el rechazo a su ídolo. Es curioso, los fanáticos se indignan si alguien dice que no le gusta Juan Gabriel, pero ellos mismos no respetan su memoria; pues, irónicamente, no han cesado de ridiculizarlo con vulgares memes, caricaturas y chistes.
Por su parte, el escritor Yuri Vargas, contradijo el artículo “No me gusta Juanga” con el texto: “Lo que se ve no se pregunta” haciendo una defensa puntual de lo que es la música de Juan Gabriel. No obstante, Vargas también se equivoca en la descalificación a Nicolás Alvarado, cuando lo llama ignorante, argumentando que la frase “prosodia torturada”, no se aplica a las letras versificas del cantautor, él afirma que: “la prosodia es el reino de la prosa”, cuando en realidad la prosodia no se refiere a la prosa, sino a la correcta pronunciación y acentuación de las palabras y esto abarca el verso y la prosa.

Me parece peligrosa la extraña libertad de expresión de las redes sociales, llenas de chistes y de maldad. No entiendo porque alguien se vuelve despreciable sólo porque no tiene los gustos de la mayoría. A mí me gustan algunas canciones de Juan Gabriel, así como cierta música folklórica (entre otras) pero prefiero evitar, en lo posible, la llamada “música grupera”, ¿eso significará que soy ignorante de la cultura popular o que “me sentí superior a cualquiera” al expresarlo? O, simplemente no me gusta, y ya. 

sábado, 24 de septiembre de 2016

ANALGESIA


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El hombre angustiado

Eran los últimos respiros de la noche. El anuncio del amanecer lo hacía el canto de las torcazas. Un día más es lo mismo que decir un día menos: El movimiento perpetuo de la vida. Mi mente regresa de la inconsciencia con la mirada abierta; preguntas sobre el dolor y la muerte me golpean, al recordar los gráficos de “Después de tu muerte” de Ramin Nazer. Pensé: “la muerte nos iguala a todos y el dolor nos diferencia”. El momento de la línea perpetua en mi corazón, llegará. Por fortuna no sé cuándo. Así, contamos los días que ya tienen número desde la eternidad. El misterio está en lo que sigue, si es que hay un paso más después del umbral de luz. Qué pasará con mi pequeña alma vagabunda: entrará en otro cuerpo humano, será un fantasma asustaniños, viajará por el espacio sideral, se convertirá en rata, caballo, gato, perro, manzana o nopal.  Acaso arderé en los infiernos ambientados con humos de azufre. O tal vez,  en una esperanza idílica, obtendré la gloría y estaré en un lugar lleno de colores pastel; ¿encontraré en el cielo la felicidad sinfín que ahora se me antoja estéril? ¿Despertaré del sueño que es la vida? O, ¿el gnomo que me sueña dejará el mundo de Morfeo? La duda viene entre tantas teorías que llegan a decirme otras locuras, como que es posible que yo sólo sea un programa de computadora. Entonces pienso en quienes amo y en el recuerdo que les quedará: Mi necedad ya no será defecto, mi risa se trasformará en tristeza y mi locura será ejemplo de lucidez. Ellos sabrán cuánto los he amado y cuánto amo este tiempo y este espacio.
De manera que, entre la vida y la muerte, siempre está el dolor. Sin dolor no existimos. El dolor es obligado y necesario. Un dolor avisa que saldremos del vientre materno y aseguran que éste, es el más intenso que un ser humano puede sentir, parecido a los que se sufren con los cálculos renales, la angina de pecho o el infarto al miocardio. Dolores físicos que anuncian sobre lo que no funciona bien. Entonces, en general, haciendo a un lado el masoquista, buscamos la analgesia, tratamos de quitar el dolor, o al menos, atenuarlo.
Por eso me intriga la somatización de la tristeza: cuando el dolor del alma se sale por el cuerpo. Desde luego, de alguna u otra forma, todos lo padecemos, porque es imposible separar el cuerpo de la mente. Eso únicamente se logra volviéndose difunto. Así, vemos que el estrés y la tristeza producen gastritis, colon irritable, ataques al corazón, etcétera. Por ello, existen personas que sufren y se vuelven hipocondriacas y al menor rechazo les duele la cabeza o no pueden respirar. Sin embargo, hay una condición extraña, y es cuando, inconsciente o conscientemente, se desea que la congoja se vuelva algo corporal. De allí que encontremos a pacientes que simulan dolores intensos que ceden con la aplicación de un placebo. Y es que, en general, las personas creen que el dolor físico es algo imposible de comprobar. Es decir, si yo digo que tengo una neuralgia aguda e intensa, todos me deben de creer y no hay forma de que comprueben que miento. Pero, en algunos casos, sí hay forma de demostrar la mentira. Por ejemplo, una mujer que llega a urgencias de un hospital con un grito adolorido y  que al momento de tomarle los signos vitales no tiene baja en la presión arterial, ni taquicardia y su piel esta inmutable (sin sudoración ni palidez), entonces, para el médico es difícil de creer que esa manifestación sea algo grave. Desde luego,  nadie, por fiel al rencor que sea, creerá que a través de una actuación con contorsiones y gemidos, se puede producir la muerte. E igualmente, nadie debe juzgar a quien le desaparecen las molestias con una inyección de solución salina. Habrá que entender que el sufrimiento real sigue allí, que no escapa tan fácil y que la creatividad teatral se dispara con el sufrimiento.

La analgesia puede venir en una aspirina, en un abrazo y de forma definitiva en el polvo en el que nos convertiremos. Bueno, eso espero.

sábado, 10 de septiembre de 2016

HACERLE AL CUENTO



“No vas a creer lo que me acaba de suceder. En serio, te tengo que contar. ¿Tienes tiempo ahora o te llamo más tarde? Bueno, te platico mientras manejo rumbo a la casa ¡Ah, ese maldito carro se me cerró! ¡Fíjate baboso!... Ya. Siéntate, porque esto está bárbaro. Estoy segura de que si alguien me lo hubiera platicado no lo hubiera creído: Nos acaban de asaltar en la peluquería. Sí, sí, estoy bien. Fue sólo el susto. No, no me robó. No puedo llevarse nada el asaltante. Sí, en la peluquería de Rubén, la que está por la Saltillo 400.  Rubén, me estaba lavando el pelo, mientras que a una rubia le iban a poner el tinte, a otra muchacha le hacían las uñas y otras dos señoras estaban sentadas, esperando. De repente entró un tipo, jovencillo, como de 22 ó 23 años, apuntándonos con una pistola. Luego luego se veía que estaba drogado. Muy nervioso nos ordenó que nos tiráramos al piso y que le entregáramos las carteras y los celulares. Hasta ahí, se podía decir que se trataba de un asalto normal. Si no fuera porque antes de que el asaltante dijera algo, yo ya me había tirado al suelo y mi pelo había escurrido agua y espuma de champú por eso la rubia, de minifalda ella, se resbaló; cayó con las piernas abiertas y mi cara quedó justo en medio de sus pies calzados con tacones de 15 centímetros. Y, ¿qué crees? ¡La tonta no traía calzones! Creí que se me aparecía la virgen. ¿Lo puedes creer? Ay, por favor, ¿qué quieres? Una no manda en su imaginación. Pero es que eso no se hace. ¡No se puede andar por la vida sin calzones! Aunque tengo que reconocer que fue gracias a la descalzonada que el ratero no pudo llevarse nada, porque al momento de caerse, la mujer gritó tan fuerte que el asaltante se descontroló. Entonces, Rubén aprovechó, lo agarró por la espalda y le arrebató la pistola. Luego uno de sus trabajadores le ayudó y lo amarraron con los cables de las secadoras. Llamaron a la policía. Los policías nos interrogaron a cada una de las clientas, dizque porque entre nosotras podría haber una compli… ¡Dios mío! ¡Ay, no, no, no! ¡Atropellé a un ciclista!  Luego te marco.
         ¿Qué intenté escribir en el párrafo anterior? ¿Una anécdota, un relato, un chisme o un microcuento? Según el libro Así se escribe un cuento del escritor argentino Mempo Giardinelli, toda historia corta podría ser un cuento. Y así es, la vida está llena de cuentos, y aunque la estructura actual de este género literario es mucho más compleja no significa que las primeras historias que se contaron no entren en esta definición.
         Así que los primeros cuentos que surgieron fueron orales y de alguna u otra manera, cotidianamente, todos contamos historias que, independientemente de si son fantasías o no, la forma que tenemos de decirlas es la del cuento. Incluso un chisme tiene esa forma: crea intriga, plantea un problema, tiene un clímax, un desenlace y un final. Aunque, idealmente, en el cuento el final debe ser inesperado y los chismes, por lo general, terminan de forma predecible. Desde luego, no significa que una persona chismosa sea buena para escribir cuentos, al contrario; es frecuente que cuando alguien narra oralmente la historia que escribió, ésta puede resultar interesante al oído pero decepcionar al momento de leerla.
         Así se escribe un cuento es un libro que está dividida en dos partes en la primera expone todas las posibilidades de la naturaleza del cuento, su historia, los primero escritores de este género como Luciano Samosata “(griego nacido en Siria, bajo el poder romano en el año 125 y muerto en 192)” grandes escritores modernos, como Borges, Cortázar, Rulfo, Fuentes, entre muchos otros. La segunda parte se trata de entrevistas a sobresalientes cuentistas. Giardinelli,  dice que el cuento es una mirada a lo ordinario y es allí donde radica su atractivo, no es necesario narrar nada fuera de lo cotidiano sino tener la habilidad de seducir al lector con simplezas.

         El libro de Giardinelli puede ayudar a escribir un cuento, pero sin duda la mejor escuela está en leer y releer a los buenos cuentistas.

sábado, 27 de agosto de 2016

SOBRE LO NATURAL DE LOS MATRIMONIOS

                      
Resultado de imagen para matrimonios gayMis principios se limitan al respeto: que nadie dañe a terceros ni imponga el abuso como medio de relacionarse con otro. Creo que toda persona adulta es libre de casarse con quien desee. Quién soy yo para oponerme. Incluso de niña nunca me pareció aberrante que existieran mujeres y hombres que se casaran con seres intangibles o con instituciones. Me daban curiosidad, eso sí, los casamientos que iban en contra de la naturaleza sexual del humano; me intrigaban esas uniones que no tenían como finalidad la procreación, como los matrimonios de sacerdotes con la Iglesia y las monjas con Cristo. Era raro saber que estos esposos no podían tener relaciones sexuales entre ellos y que, de acuerdo a las leyes católicas, tenían prohibido tener hijos. Por ello resultaba sorprendente cuando  estos cónyuges, impulsados por la naturaleza de sus instintos sexuales, eran infieles y en incontables ocasiones terminaban siendo tíos o tutores de sus propios hijos. Eso, en el mejor de los panoramas, pues sabemos que la sexualidad sofocada, de manera fallida, de monjas y sacerdotes, ha desembocado en serias depravaciones.
         Tendemos a creer que las conductas mayoritarias son siempre las únicas aceptables y todo lo demás nos parece inapropiado. Las uniones heterosexuales tienen sus razones evolutivas y antropológicas, y entre ellas, (no para todos) está la de tener hijos, pero eso no impide que ya no sea la única forma de procrear. Sabemos que ahora existe la reproducción artificial y asexual. Y aunque la bioética está en contra de la clonación humana, es cierto que es posible y no sabemos si se está realizando en algún lugar.
Antes no existía tanta polémica en torno a los gays, se les discriminaba y punto. Además, cuando dos personas gays se enamoraban trataban de mantenerlo en secreto. Incluso ahora, muchos homosexuales van en contra de sus sentimientos y buscan parejas heterosexuales para sentirse aceptados por una sociedad que prefiere la hipocresía a la felicidad del otro.
Muchos dicen que los matrimonios entre personas del mismo sexo son antinaturales, ya que no pueden procrear hijos con sus parejas. Pero, actualmente podemos leer revistas de investigación científica seria, que aseguran que las preferencias sexuales no son una cuestión de elección o de voluntad, sino que existen factores genéticos y epigenéticos que influyen para que haya mujeres y hombres que se sientan atraídos por personas de su mismo sexo. Así que “el orgullo gay” es tan valioso como “el orgullo heterosexual”, es decir. no hay mérito o defecto en serlo; son circunstancias alejadas a la voluntad del individuo. Se trata pues, de una variedad biológica que, de alguna u otra manera, se ve influenciado por cuestiones ambientales. No hay nada contranatural en ello. (Se puede acudir investigadores como las del científico Robert Sapolsky, pero hay innumerables referencias en Internet).
Parte del rechazo a la comunidad gay se lo debemos a los periodistas homofóbicos. Un ejemplo: cuando un hombre homosexual es asesinado por su pareja; la noticia aparece en el periódico a ocho columnas y tiene ecos inusitados, en cambio cuando una mujer muere en manos de su esposo, escriben una nota pequeñísima en la esquina de la página. Nadie hace escándalo. Pareciera que consideraran normal que un hombre mate a su mujer. Les encanta publicitar la violencia homosexual de la misma manera que quieren acallar la violencia del heterosexual contra la mujer.

Después de que el presidente Peña Nieto, se manifestara a favor de los matrimonios igualitarios; se han levantado voces a favor y en contra. Uno de los argumentos en contra es asegurar que es un atentado contra la preservación de la especie. Aunque es seguro que no será la homosexualidad la que termine con la humanidad. Entre otras, alegan cuestiones semánticas como que la palabra matrimonio significa “calidad de madre” o “sólo una madre”, como si las palabras no evolucionaran y fueran cambiando su significado. Por eso se ha optado por el término uniones en lugar de matrimonios.

sábado, 13 de agosto de 2016

CUATRO RELATOS CORTOS


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REGRESO A LA INFANCIA: Mi infancia es una bicicleta, es un pan hecho en forma de cochinito, es leche ordeñada por mi abuela, es arroz rojo, es caldo de res, es puro puré de papa. Porque no me gusta lo demás. Es dulce de higo y durazno hecho por mi madre. Mi infancia fue de lluvia y sol y tierra, tierra, tierra. Fue de días de a veinte centavos y domingos de a tostón, y muchos días de “ahorita no hay”. Infancia  de padres cariñosos y muy regañones y un montón de hermanos peleoneros. Mi infancia es pregunta y una abuela siempre abrazable. Es un cerro con una cruz en la cima. Cruz que por las noches se encendía con focos rojos (rojos como mis tíos que estudiaban en el librito rojo de Mao). Esas luces que un día mis hermanos y yo robamos. Nos subimos a lo más alto del cerro y qué emoción; por la noche ya no se veía la cruz. Uno, dos, tres manazos. Para que aprendan a respetar lo ajeno.
Mi infancia es una vieja estación de tren con sonido de telégrafos --- -- ----- - -- y dos trenes de pasajeros (uno que viene y otro que va) y largas caminatas por la vía y un cinco con doña Josefa Ortiz de Domínguez bien planchada por las ruedas del tren. Es olor a tierra y hierba húmedas. Septiembre de luciérnagas y domingo de matinée. Mi niñez es la memoria de una chiquilla sentada en los escalones. A mirar el verano. ¿A qué más? Memoria de una mamá gritando: “¡Niña, no estés afuera. Qué no ves que hay robachicos y se llevan a las niñas bonitas!”. A lo que contestaba: “¡Ay mamá, pues ponme una máscara para que no me vean!” Y como no tenían máscara, mandaron hacer una reja, y luego otra y otra.
POR SI ACASO: A mediados del siglo pasado una adolescente vivía con su abuela en un pequeño pueblo. Una noche, cuando la abuela fue a la recámara de su nieta para darle las buenas noches y desearle que soñara con los angelitos, la chiquilla angustiada y llena de dudas le preguntó: “Abue, ¿es cierto que la virginidad se puede perder por montar a caballo o por andar en bicicleta?” En respuesta, la mujer sonrió mientras le acariciaba la frente. Cariñosamente le explicó: “Mi niña, esas cosas pueden o no ser ciertas, pero bajo ninguna circunstancia una mujer las debe poner en duda, al contrario siempre es bueno tenerlas presentes”. Claro, era el siglo pasado.
OSTEOPOROSIS: El poder del viejo tirano se había reducido a su mínima expresión. Ahora sólo ejercía poder sobre su esposa; una anciana que padecía una severa osteoporosis, razón por la cual cada día se hacía más pequeña. Una mañana la diminuta mujer hacía grandes esfuerzos para prepararle el desayuno al dictador limitado. Trataba de alcanzar la sartén en la estufa y buscaba el cielo para encontrar lo necesario en la alacena. El viejo, observándola y sin conmoverse por los afanes de su mujer, sentenció: “Tú nunca vas a morir. Al paso que vas simplemente vas a desaparecer” (refiriéndose a la fuga de centímetros óseos). La mujer, igual que siempre, no dijo nada. Y como ya se sabe que los tiranos tienen la capacidad de conocer certeramente lo que les sucederá a las personas que tienen bajo su control, la anciana continuó reduciéndose hasta que hubo un instante en que hizo ¡plop! Desapareció. Luego el viejo se volvió loco al verse en su infinita soledad e impotencia.
Sin el otro no hay poder. Se esfuma la víctima, se esfuma el tirano

LA COMEZÓN DEL SÉPTIMO AÑO: tienen bajo su control, la anciana continuó reduciéndose hasta que hubo un instante en que hizo ¡plop! Desapareció. Luego el viejo se volvió loco al verse en su infinita soledad. Sin el otro no hay poder. Se esfuma la víctima, se esfuma el tirano.: Un hombre maduro, casado y con hijos, conoció a otra mujer de la que se sintió enamorado desde la primera palabra. “¿Por qué no nos conocimos antes?”, se lamentó. En ese instante se escuchó un gran estruendo en el cielo: El tiempo involucionó siete años. Regresada la mocedad, aquél se casó con la mujer de la que se había sentido enamorado estando casado. Tuvo otra vida y otros hijos. Y al llegar a los siete años de matrimonio conoció a otra mujer de la que se sintió enamorado desde la primera palabra. Y se lamentó: “¿Por qué no nos conocimos antes?” Esa mujer era la misma que en la otra dimensión había sido su esposa. Por eso el tiempo, harto de los caprichos de los humanos, nunca vuelve atrás.