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Nació en Francisco I. Madero, Dgo. El peor de los pecados es su primer libro de cuentos.Ha recibido el Premio Estatal de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre” en los años 2000 y 2015 y el Premio Estatal de Periodismo de Coahuila, 2016 y 2017. Escribe cuento y ensayo. Es colaboradora regular del periódico El Siglo de Torreón. Su entrevista con Elena Poniatowska fue traducida al griego y publicada en la revista Koralli de Atenas. Ha publicado en diversas revistas nacionales y libros colectivos. Perteneció al taller literario de Saúl Rosales; es médica egresada de la Facultad de Medicina de Torreón, UA de C. y estudió la Maestría en Apreciación y Creación Literaria en Casa Lamm en la Ciudad de México.

sábado, 26 de octubre de 2013

YO TAMBIÉN LEO (la mente)

Yo leo la mente. Sé lo que pensaron al toparse con esta declaración. Lo sé. Pero no, no lo crean del todo. Sí estoy loca pero no tanto. Aunque mi clarividencia no va a llegar a niveles de poner un consultorio que anuncie: “Aquí se lee la mente” donde se sugiera al usuario olvidar la lectura del café, tarot, caracoles, mano, iris, pies, etcétera, y que invite a desnudar el cerebro de la esposa, esposo, suegra, hijo, o bien, que ofrezca a cada cual el descubrimiento de lo que su mente esconde. Claro, eso nunca va a suceder. Reconozco que soy ignorante de muchos tipos de lecturas, pero, aunque comercialmente nunca voy a explotar ese don, lo mío, lo mío, es decir, mi especialidad, es leer la mente.
         Por ejemplo, adivino que algunos de los que leyeron el título de este artículo pensaron que iba a hablar sobre la campaña de lectura de El Siglo de Torreón, y bueno, ya que no siempre me gusta decepcionar a las personas (ni a los animales), sí voy a hablar de eso. Es que, sin querer, me vi involucrada en esa campaña. Digo, no fue decisión mía pero lo hice con  mucho gusto. Llegaron a casa dos jovencitas (Miryam y Erika) preguntándome por qué o para qué leía. Parte del objetivo de la respuesta era la espontaneidad. Entonces me quedé pensando unos segundos y respondí: “Leo para tratar de entender la vida”, allí en mi respuesta iba implícito el porqué, porque en efecto, no entiendo la vida, al menos no muy bien. Y aunque di mi contestación en ese momento, la pregunta me acosó el resto del día, la noche y hasta la mañana siguiente (¡obsesiva!, sentenció el lector que todo lo juzga). En realidad, no me especificaron a qué tipo de lectura se referían, pero claro, no era necesario porque cuando se asegura que alguien es un “lector voraz” es lo mismo que decir que le atañe la literatura, que se involucra con la novela, poesía o cuento. Desde luego, atendiendo a mi respuesta, sí creo que leer ayuda a entender la vida, porque en las letras conocemos más sobre la conducta humana. Sin embargo, a veces pienso que lo único seguro es que la literatura sirve como método anticonceptivo. Está comprobado; siempre coincide que los países que más leen son los que menos nacimientos tienen. La explosión demográfica de un país aumenta cuando su población basa su criterio únicamente en lo que le dicta la televisión. Muy contrario al sentido del chiste estúpido de: “¿Qué, tus papás no tenían tele?”. (Acertaron. Me pasó más de una vez, aludiendo a que provengo de una familia exagerada en múltiples sentidos).
         México es un país lector, pero no de lo que  debería. Sí, todo mundo está gastándose los ojos en las redes sociales o en el teléfono celular. No sé si esté cuantificado el tiempo que perdemos involucrándonos en textos banales, en videos tontos o husmeando perfiles. Aunque también es cierto que se ojean periódicos, revistas, instructivos, música (los que pueden), recetas de cocina y libros didácticos. Lástima que la mayoría no toma en cuenta que acudir a la escritura de arte es igual que leer la mente. No hay mejor oportunidad de conocer las grandes testas que leyendo lo que escribieron.
         Estarán preguntándose, y, ¿dónde quedó la arrogancia de la sentencia inicial de “yo leo la mente”? Les digo, sí sé lo piensan los otros. La telepatía existe. Aunque no es exclusiva de mi persona. En realidad todos tenemos ese don, pero no nos fiamos de él, especialmente los jóvenes no creen en lo que comúnmente se llama intuición o sexto sentido que corresponden a lo que es leer la mente. Al pasar de los años es muy importante confiar en lo que creemos que los otros piensan porque cuando acertamos crece la autoestima. ¿De qué se trata eso de leer la mente? Se trata de saber interpretar los signos de una mueca,  palabra o acción. A todos nos ha pasado que al llegar a un lugar y sentimos cómo allí se llena de un pesado silencio y eso nos hace deducir que estaban hablando de nosotros. No, no es paranoia, eso sucede. O, a veces, vemos gestos de fastidio en la cara de enfrente y todavía se nos ocurre preguntar, ¿estás aburrido? ¿Por qué existen las “miradas que matan”?, porque a través de la mirada se lee el pensamiento. Entonces yo, tú, él, vosotros leéis la mente y todo lo que se le atraviese.

sábado, 12 de octubre de 2013

DESEOS SEXUALES

Con frecuencia me sorprende la avalancha de anuncios sexuales a los que estamos expuestos. Pareciera que, para muchos, las relaciones sexuales fueran algo que está de moda. Olvidan que, aunque existen seres vivos que se reproducen asexualmente, y a pesar de la clonación y la probeta, casi todos somos producto de un acto sexual entre un hombre y una mujer. Desde luego, la finalidad de tanta alharaca erótica nada tiene que ver con la reproducción animal sino con los usos recreacionales del apareamiento.
Viajamos al DF, todos. Dos hijos y dos papás. Los cuatro subimos a un pequeño taxi y nos compactamos como pudimos. Antes, el chofer había abierto la cajuela para guardar lo comprado. Nos mostró un fastidio reflejado en la boca y la nariz. Quizá ese era el momento de buscar otro vehículo. Pero estábamos muy cansados. No dijimos nada. Enfilamos a la dirección predicha. El chofer prendió el radio y oímos un programa donde alguien llamaba a una especie de “línea caliente”. A nuestros oídos entraba la voz de una mujer que fingía tener sexo. Ya saben, la poca creatividad de estos casos: “Te cumpliré todas tus fantasías. Papito… y demás frases y gemidos asociados al placer libidinoso. Lo mismo de siempre. Así estuvo durante un rato hasta que ella pareció alcanzar la cumbre del Everest. El caso es que iba con mi familia y allí se respiraban aires un tanto incomodos. A pesar de que todos, en ese apretujadero, éramos adultos, y, supongo, de mente abierta. Aun así, pensé en decirle al taxista “porno”, que apagará a esa señora pujona, falsamente ronca y melosa. Estuve imaginando la exigencia que le haría al chofer: enojada, indignada, amable, muy amable, indiferente… En fin, de todas las formas posibles. Pero yo estaba agotada y sentía que aquel descarado me iba a responder violentamente. Dijéraselo como se lo dijera. ¿Qué tal que nos baja del coche y se queda con nuestras cosas, y si nos asalta? “No hay que juzgar a las personas por su apariencia”, recordé eso. La verdad, el hombre tenía una pinta de maleante que en momentos me asustaba. Tal vez no era dañino, pero lo parecía.  Opté por hacer mutis. Igual que los demás. Mientras, mi hija volteaba a verme alzando unas cejas que me decían: “¿Qué pasa, mamá?”, respondí con el mismo gesto. En mi imaginación seguí reclamadora hasta que llegamos a donde teníamos que llegar. Nada sucedió.
La situación anterior me hizo recordar aquella frase de Aldos Huxley de su novela Un mundo feliz, que dice “A medida que la libertad política y económica disminuye, la libertad sexual tiende, en compensación, a aumentar.” Es verdad, ahora hay más libertad sexual y más acceso a la pornografía. En la ternura de mi despertar hormonal, sabía que mis contemporáneos mandaban a la revisteria, al más avejentado de sus amigos adolescentes para que comprara “literatura de una sola mano”. Sí, se cooperaban entre varios y hojeaban el Pimienta o el Penthouse o no sé cuáles otras. Antes se compraba esa fantasía y los jóvenes experimentaban cierta culpa y la sensación de estar haciendo algo inmoral o ilegal, ahora ese recato se perdió; la pornografía se encuentra sin costo en Internet y en cualquier lado. Ojalá, Huxley, tuviera razón cuando escribe: “En colaboración con la libertad de soñar despiertos bajo la influencia de los narcóticos, del cine y de la radio, la libertad sexual ayudará a reconciliar a sus súbditos con la servidumbre que es su destino.” Ojalá que todos nos reconciliáramos, pero, como veo el panorama… soy pesimista.
Considero que tanta publicidad sexual da origen a otras manifestaciones perversas que han dañado mucho a nuestra sociedad, y esto se ha reflejado principalmente en la trata de personas. Son excesivos los estímulos para las hormonas sexuales, porque además, los viejos que carecen de estas hormonas, las compran en la farmacia para satisfacer sus deseos sexuales.
La pornografía no me asusta, no obstante, para mí, es una resonancia interminable de egos frustrados. Claro, respeto toda expresión erótica, siempre y cuando se trate de adultos libres y conscientes a los que no se les imponga nada.

lunes, 30 de septiembre de 2013

TRABAJADORAS DEL HOGAR


La limpieza del hogar es uno de los trabajos más pesados y monótonos. Quitar polvo, lavar ropa (y aceptar que es irremediable la pérdida constante de calcetines), sacar montones de pelusa de los rincones y de debajo de las camas, preguntándose, ¿cómo demonios fabricamos tanta pelusa?, lavar platos, limpiar ventanas, pisos y sentir alivio cuando el camión de la basura retira las bolsas que se dejan en la banqueta de casa. Alguien tiene que hacer ese trabajo para que el mundo funcione.
A las mujeres que ayudan a otras mujeres en el trabajo casero se le ha les ha llamado de muchas formas: Sirvientas, asistentas, fámulas, criadas, mozas, muchachas, “chachas”, “maids” y otro nombre felino. Ellas, las trabajadoras domésticas, logran que los hogares de la clase media y alta funcionen bien. De éstas señoras se cuentan historias de acoso sexual y maltrato. Son de “quedada” o de “salida” si ellas “no se hallan” se van y con ellas se llevan la historia íntima de la familia y la pasean por todos los lugares a donde llegan. Indiferentes, interesadas o con cariño de madre, sobre sus historias se hacen chistes y telenovelas en las que son representadas por una chica hermosa que se enamora del joven de la casa, el cual es un papanatas que no la valora hasta que esta se transforma en una rica empresaria. Así de irracional y cursi es nuestra televisión mexicana.
La mayoría de las asistentes del hogar cargan una vida de abandono por parte del padre de sus hijos, otras trabajan: “sólo quiero ayudarle a mi viejo con el gasto”. En México, su escolaridad es baja, sólo el 68% ha terminado la educación primaria y 4.3 % son analfabetas. Entran a trabajar sin contrato, sin prestaciones, ganan un promedio de 150 pesos diarios. Por desgracia a veces no consiguen trabajo si ya son mayores o tienen sobrepeso.
Ellas son siempre plática de otras mujeres, generalmente hablan como si fueran un objeto de propiedad, “mi muchacha”, dicen. Comentan de lo buena que le salió una y de lo mal hecha de la otra, de la que se fue sin decir adiós o de la que pide aumento con la amenaza de que se va y la otra, una más, que se llevó la ropa interior o el juego completo de cubiertos de fiesta.
De las mujeres mexicanas casi dos millones se dedica a esta actividad, que constituye el 11% de la fuerza laboral económica de la mujer. Hay empleadora que con frecuencia subestima su inteligencia, creen que por no haber estudiado no pueden ser deductivas o perceptivas o que tienen un concepto pobre de la vida, pero hay muchas historias de mujeres, como la de la indígena guatemalteca Rigoberta Menchú, premio Nobel de la Paz en 1992, que siendo sirvienta casi toda su vida, luchó por los derechos de los indios. Cuentan que su antigua patrona se desmayó cuando la vio en televisión recibiendo el premio Nobel.
Las trabajadoras domésticas son uno de los grupos al que menos se respetan sus derechos laborales que vienen estipulados en la Ley Federal del Trabajo, abarcan desde el artículo 331 hasta 343, tienen derecho a una jornada de 8 horas diarias, salario mínimo que puede ser reducido si recibe techo y comida, un día libre, los patrones deberán pagar gastos médicos en caso de enfermedad y pagar hasta un mes de salario si la trabajadora está incapacitada y en caso de muerte los empleadores deberán hacerse cargo de los gastos del funeral, esto si no se cubrió con la cuota del Seguro Social. La ley no contempla la jubilación ni ahorro para el retiro.
Ahora que han aumentado las empresas maquiladoras y más mujeres prefieren ser obreras, actualmente es más difícil encontrar quien ayude en las tareas del hogar, esto ha servido para que el trato hacia ellas sea más cordial y a veces afectivo.

sábado, 14 de septiembre de 2013

LIDIA ACEVEDO, ME CONTESTA



Lidia Acevedo, escritora lagunera, aceptó contestarme las siguientes preguntas:

--¿Cuál es tu apreciación sobre el nivel de la literatura regional?

La literatura es un parámetro del nivel cultural de un grupo social; Paulo Freiré investigó sobre cuánto y en qué contexto las personas son más susceptibles de ser condicionadas a actuar de cierta manera, a través de los medios de comunicación. No obstante, dijo que: “en una sociedad teledirigida los que despiertan primero son los intelectuales, entonces dejan de hablar de sus amores frustrados y miran a su alrededor”. En tanto la obra siga respondiendo a la reiteración de elementos que no aportan una salida a la desculturización, se convierte en viciada y anecdótica, evidenciando el nivel en que se encuentra. En cuanto a la literatura de la Región, basta leer lo que se produce para notar que aún giramos alrededor de la autocomplacencia.

--¿Qué paradigmas o prejuicios crees que hay necesidad de romper en cuanto a la escritura se refiere?

El ejercicio literario precisa de una vocación clara y alejada del protagonismo. El escritor serio establece –antes que nada-, una relación de respeto con la palabra, que es su materia prima, sin la elaboración de currículos vacíos tendientes a la consecución de puestos en las instituciones culturales, o al regodeo banal de cerebros cuya obra insustancial busca ser amparada por la sombra efímera de las modas, creando un andamiaje que sucumbe a lo protervo del material con que es armado. “ … cualquier artista que busca la admiración particular es, en tanto que la busca, menos artista. El deseo de salir al foro, del aplauso, nada tiene que ver con el Arte serio. Al artista serio, le puede gustar salir al foro y puede ser, fuera de su arte, cualquier clase de imbécil, pero no hay conexión entre ambas cosas…” Ezra Pöund El Arte de la Poesía p.73.

--¿Por qué crees que, en general, se señala la diferencia entre la literatura hecha por hombres y la que hacen las mujeres?

Hay diferencias claras en la biología, como en otros renglones; se escribe desde el color de piel, la etnia, el estatus social, el nivel académico… etc. La experiencia vital redunda en estos rubros, pero ninguno de ellos determina la calidad de la obra. La literatura es producto del pensamiento y éste –a pesar de las circunstancias en que se cree- carece de sexo.

--¿De qué manera han contribuido las mujeres a la creación de estereotipos?

Los estereotipos son creados por una clase dominante que se beneficia de ellos y tanto hombres como mujeres suelen dejarse engañar por la utilidad que su desempeño les representa. Actuar en el rango que supone uno u otro, corrompe la literatura. En relación a lo escrito por los estereotipados “machos”, Pound opina que. … “es una necedad creer que la vulgaridad y la falta de calidad tienen el mérito de ser novedades; siempre existieron, y no tienen ningún interés por sí mismas…”

En La rebelión de las masas, Ortega y Gaset dice que comunicarse es una operación más ilusoria de lo que se piensa; eso nos remite al Arte malo, el estereotipado, el que sirve para propósitos particulares.

“…Si un artista falsifica su informe acerca de la naturaleza del hombre, de su propia naturaleza, de la naturaleza de su ideal de lo perfecto, de la naturaleza de su ideal de esto o lo otro, de Dios, -si Dios existe-, de la fuerza vital, de la naturaleza del bien y del mal -si el bien y el mal existen- de la intensidad con la que cree o no en esto, eso o lo otro, del grado en que sufre o se alegra. Si el artista falsifica su informe acerca de estos asuntos, o sobre cualquier otro asunto con el fin de ajustarse al gusto de su época, a los requisitos de un soberano, a las conveniencias de un código ético preestablecido, ese artista miente.

Si miente por voluntad deliberada de mentir, si miente por cobardía, descuido o por cualquier negligencia, miente de todos modos y se le debe castigar o despreciar de acuerdo a la magnitud de su delito”. Pound. El Arte… P. 68.

--¿Cómo crees que se puede estimular la lectura desde la administración pública?

Añadiendo espacios de lectura a la currícula escolar; otros países las tienen y no son optativas.

lunes, 9 de septiembre de 2013

HACERSE VIEJO


Vivir con la suavidad en la que duerme un recién nacido, o con la dulzura de la leche materna, o vivir violentamente desgarrándose las entrañas. Hacerlo lento y caer al vacío mientras se suspira la imposibilidad. Vivir enamorados y obligar a otro a nos ame; volverlo loco. Después buscar a alguien para hacerlo vomitar de dolor y disfrutar de su odio. Sorprender. Vivir primero con el corazón y luego rehacerlo todo con el cerebro. Con un buen cerebro, si acaso se tiene uno de ésos. Entonces, ser maestros de la manipulación, luego, claro está, morir.
Hace unos días me encontraba en una pequeña cafetería de un hospital local. Fui a desayunar en soledad. Pedí un café y dos gorditas, una de deshebrada y otra de picadillo, como se dice aquí, “en maíz”. Mis ojos se habían pegado a la ventana y observaba los diagonales rayos del sol y un verde jardín. Mientras me servían los alimentos, apoyé la cabeza inclinada sobre mi mano derecha en la barbilla. Pensaba en lo difícil que se me habían hecho las últimas semanas debido a la separación de mis dos hijos que se habían ido a estudiar fuera de la ciudad. Sentía que me afectaba incluso para escribir. Una testa negada a abrirse. Un cerebro seco con envejecimiento prematuro. Aunque ni tan prematuro ni tan envejecido. En eso estaba.
A la mesa que se encontraba a mis espaldas, llegaron dos jóvenes mujeres. Nunca las vi, solamente las escuché. Una de ellas hablaba sobre un tema por demás común: una madre metiche y manipuladora. En este caso se trataba de una suegra entrometida. La muchacha comenzó a quejarse de que la mencionada les llamaba por teléfono, no una vez sino varias veces al día, pero que los telefonazos que más le enfurecían a la recién casada, eran los que pretendían saber sobre qué habían comido. Decía la joven que, en el colmo de la imprudencia, frecuentemente la “madre abnegada” llegaba sin avisar a su casa y les traía comida preparada por ella: “Es que mijo está acostumbrado a alimentarse bien, no come cualquier cosa. Le hice las enchiladas qué tanto le gustan. Pobrecito, no quiero que siga malpasándose”. Al parecer eso de que el pimpollo se malpasara era una de las ideas que más le retorcían el hígado a la nuera, “¿qué no ve la vieja todo lo que ha engordado en tres meses de casados?”, ­--Seguía espetando la de la catarsis. “Yo que tú aprovecharía para decirle que, ya que sales cansada del trabajo y no te da tiempo para cocinar, sería mejor que todos los días coman con ella. Ya veras que a la primera semana querrá que se vayan. No seas mensa” –Aconsejaba la amiga. Así siguieron con los “vieja metiche” “qué se compre una vida” “pero qué relación tan enferma la de esa mujer” “lo voy a mandar con un psicólogo para que le diga que se corte el cordón umbilical” “si las cosas siguen así, voy a correrlo y que se vaya con su mamita y su maldita comida”. Después de mucho desahogo oí un silencio y luego, la moqueada. Se fueron. Me dieron ganas de levantarme y decirle: “no es tan grave, hablando se solucionan las cosas”, pero me sentí patética, yo sería todavía más metiche que la suegra. Juro que no tenía intenciones de oír esa historia llego a mis oídos sin querer, desgraciadamente me hizo llegar a una conclusión que les diré unas líneas abajo.
La vida continua y uno intenta conocerse; ser mejor. Pero, como bien dijo no sé quién, “sólo perdiendo lo que tienes, vas a saber quién eres”. Así, el primer día en que mi hijo se instaló en otra ciudad, lo llamé y lo primero que le pregunté fue: “¿qué comiste, mijo?”. Al terminar la frase me invadieron juntos, miedo y escalofrío. Llegué a la terrible conclusión de que la verdadera vejez comienza, no con los olvidos, no con el rechinar de rodillas, no con la caída de todas las protuberancias del cuerpo sino cuando te come la obsesión por saber qué alimentos se zamparon los hijos fuera de casa. No quiero envejecer tan rápido, por eso, jamás he vuelto al interrogatorio culinario. He renunciado a esa manipulación materna tan absurda y dañina.

viernes, 23 de agosto de 2013

100 % SEDA

Cada uno de los diferentes tipos de insectos tiene una razón de ser, aunque la mayoría de las veces la desconocemos. Nuestra relación con los insectos se mueve entre aborrecer a las cucarachas o maravillarnos con las mariposas. Pensando en esos invertebrados; se compra un matamoscas, un repelente y un insecticida casa y jardín. De plano se fumiga, o bien se da el chanclazo o periodicazo. En otra vía, se mira con serenidad una mariposa posada en una rosa y nos parece imposible imaginar cómo cada año la Monarca vuele desde Canadá a Michoacán. También, habrá que cuidarse del mosquito Anófeles, por aquello del paludismo, o del mosquito del dengue o de la mosca Tse-tse por ¾si las moscas¾ aquello de la enfermedad del sueño. Recordemos los tiempos de La Conquista Española: el piojo era al tifus, lo que la pulga era a la peste. Vectores de enfermedades contagiosas. Así, entre roncha, comezón y sueño... fiebre horror asco y maravilla. No les hemos dado a los insectos el crédito que se merecen. Ya que han ayudado a ganar guerras y a promover la riqueza de diferentes sociedades. Ahí tenemos a la misteriosa abeja dándonos la miel. Y qué decir del gusano de seda (transformado luego en bella mariposa) que durante años nutrió la economía de China, Japón y  algunos países europeos.
El gusano de seda, en peligro de extinción, (la seda actualmente casi toda es sintética) le sirvió de pretexto al escritor italiano Alessandro Baricco (Turín, 1959) para escribir la novela Seda (1996) que cuenta dos historias ¾o tal vez más¾: la del comercio del gusano de seda y la historia de un intenso amor. Donde la frase “intenso amor” no significa amor físico; pasión no significa sexo. Relato que explica cómo el gusano de seda, sostuvo, en gran parte, la economía francesa en la segunda mitad del siglo XIX. El gusanillo que deja un valiosísimo capullo al sufrir la metamorfosis en mariposa. Capullo que las manos vuelven hilo. Hilo que es transformado en preciosas prendas de vestir, símbolo de riqueza y elegancia. La prosa, el amor y la seda con las mismas características: delicadeza, suavidad, brillo y sensualidad. Amor y seda se entregan desde la mirada. Ambos resbalan con facilidad. Un amor etéreo que influencia a quienes saben de él.
Hervé Jouncour, el protagonista, es francés y no tiene hijos. Tiene a Hélene; su mujer, a la que ama. Tiene un amigo llamado Baldabiou, él que decide su destino ¾el de Hervé¾ de comprador y vendedor de gusanos seda. A Hervé siempre le fue bien. Pero el día que él dispuso su camino por sí mismo le fue mal. Y amó a otra mujer. Intensamente. Con la mirada. He aquí la mirada como acto erótico. La pasión que lo llevó a África. África ¾dice¾ es un continente cansado. El deseo que lo llevó al fin del mundo que era China, país del que asegura era invisible. Allí: “La vida que bulle en voz baja, que se mueve con lentitud astuta”. Eran los tiempos en que Gustave Flaubert escribía Salombó (1861) y Louis Pasteur investigaba la pebrina. Pebrina, la enfermedad que afecta a los gusanos de seda y que trajo una epidemia que casi hunde la industria francesa de la seda.   
“Esta no es una novela. Y tampoco un cuento. Esta es una historia. Empieza con un hombre que atraviesa el mundo, y termina con un lago, que está allí, en un día de viento. El hombre se llama Hervé Joncour. El lago no se sabe”. Nos dice Baricco sobre su obra.  Una narración situada en el siglo XIX pero divisada desde el siglo XX. 
Generalmente cuando leo un libro intento desentrañar las influencias que el autor ha recibido de otros escritores y con Baricco no pude precisarlos. Este pequeño libro de ciento veinticinco páginas expresa los sentimientos de un amor mudo; un sentimiento hablado visualmente: “mil veces buscó los ojos de ella, y mil veces ella encontró los suyos. Era una especie de danza triste, secreta e impotente”. La prosa de Baricco es poética y en ocasiones humorística, tiene un ritmo rápido y melodioso.
Alessandro Baricco es licenciado en filosofía y músico de jazz, ha escrito las novelas:  Tierras de cristal, Océano mar, Sin sangre, Homero Iliada. Una obra de teatro Novecento.  Los ensayos: Rossini el genio en fuga, Next, El alma de Hegel y las vacas de Wisconsin. En los últimos años Baricco se ha revelado como un fenómeno en ventas de su novela Seda y ha sido traducida del italiano a diecisiete idiomas.

sábado, 3 de agosto de 2013

VICENTE ALFONSO, CUENTA

Contar las nochesVicente Alfonso (Torreón, Coah.1977) es un escritor consciente de todas las herramientas que puede usar en el armado de sus historias. De él sea ha dicho, a propósito del Premio Nacional de Narrativa Joven María Luisa Puga que ganó en 2009 con su libro Contar las noches: “Vicente Alfonso conoce muy bien las reglas del juego y las maneja de la mejor forma, inquietando permanentemente a los lectores, no permitiéndoles que se les vaya de las manos: el famoso ‘descontón’ del que habló Julio Cortázar. Luego, las historias que cuenta, truculentas como son en su mayoría, despliegan los mecanismos que impiden que los asuntos sean conocidos desde el principio, y eso les da tensión que llega hasta el final, como debe ser […] Vicente Alfonso pisa muy fuerte”.

Cada vez que leo un libro de este lagunero, mi bola de cristal me dice que es un autor que se quedará entre los vivos. Y es que su novela, con dos reediciones, Partitura para mujer muerta, (Literatura Mondadori, 2008) Premio Nacional de Novela Policiaca, su libro de cuentos Síndrome de Esquilo (Ficticia, 2007), La Laguna de Tinta (UA de C. colección escritores Coahuilenses, 2006) y Contar las noches, su más reciente publicación, todas son obras muy bien logradas y el manejo del lenguaje y lo sorpresivo de los finales las hacen muy atractivas.
Contar las noches, un título que, inevitablemente, recuerda el libro más emblemático del arte de contar: Las mil y una noches, la obra donde Scherezada cada noche tiene que inventar historias porque de lo contrario amanecerá muerta. Crear historias para sobrevivir. Así, con la pasión y el conocimiento del autor se advierte la construcción de las narraciones de este volumen.
 Contar las noches es un libro que alberga quince cuentos en los que desde el primero, Vicente Alfonso, cautiva por el buen manejo de la intriga. Llamó mi atención, especialmente, la diversidad de los recursos narrativos. El autor de Partitura para mujer muerta, acude a todas las formas de narradores: al omnisciente, a la primera persona (espectador y personaje) y a la segunda persona. Pero no lo hace de manera simple. Por ejemplo, en el primer relato, “Perder en lotería” habla de una mujer rica, jugadora y engañada por el marido y por su amiga, allí, utiliza la primera persona pero inicialmente esconde que el personaje que está contando es también protagonista, y que es, además, parte decisiva de la trama. La torcedura que le da a la narración sorprende al lector, porque el escritor muestra todos elementos pero el lector es engañado. Aunque uno bien puede sentirse complacido porque fue engañado con gran destreza.
En “Latitud 32” escrito en segunda persona, percibí cierta influencia de Carlos Fuentes y de su novela Aura, no sólo por el estilo sino también porque en momentos la ambientación de “Latitud 32” trae él de aquélla novela. En ambos (cuento y novela) se describe una posible realidad paralela. Desde luego, las historias son diferentes.
En el cuento que da título al libro “Contar las noches” un narrador omnisciente escribe sobre un borracho deseoso de confundir a una teibolera con la mujer que lo dejó. Dan unidad al libro: asesinos que se dejaron llevar por las conjeturas, dos historias donde el café es la bebida conductora; dos de gemelos y los juegos a los que la vida recurre para usar las ventajas y desventajas que pueden vivir los que nacen de a dos (el autor tiene un gemelo, Antonio Rodríguez, quien también es escritor).
La literatura de este autor se disfruta mucho; él ha dejado de pertenecer a La Laguna y ha desplegado sus hojas más allá  de nuestra región.  Vicente Alfonso, cuenta.
Vicente Alfonso. Contar las noches, Universidad Autónoma de la Ciudad de México, México, 2011; 92 pp.  2012. Premio Nacional de Narrativa Joven María Luisa Puga 2009.