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Nació en Francisco I. Madero, Dgo. El peor de los pecados es su primer libro de cuentos.Ha recibido el Premio Estatal de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre” en los años 2000 y 2015 y el Premio Estatal de Periodismo de Coahuila, 2016 y 2017. Escribe cuento y ensayo. Es colaboradora regular del periódico El Siglo de Torreón. Su entrevista con Elena Poniatowska fue traducida al griego y publicada en la revista Koralli de Atenas. Ha publicado en diversas revistas nacionales y libros colectivos. Perteneció al taller literario de Saúl Rosales; es médica egresada de la Facultad de Medicina de Torreón, UA de C. y estudió la Maestría en Apreciación y Creación Literaria en Casa Lamm en la Ciudad de México.

sábado, 14 de septiembre de 2013

LIDIA ACEVEDO, ME CONTESTA



Lidia Acevedo, escritora lagunera, aceptó contestarme las siguientes preguntas:

--¿Cuál es tu apreciación sobre el nivel de la literatura regional?

La literatura es un parámetro del nivel cultural de un grupo social; Paulo Freiré investigó sobre cuánto y en qué contexto las personas son más susceptibles de ser condicionadas a actuar de cierta manera, a través de los medios de comunicación. No obstante, dijo que: “en una sociedad teledirigida los que despiertan primero son los intelectuales, entonces dejan de hablar de sus amores frustrados y miran a su alrededor”. En tanto la obra siga respondiendo a la reiteración de elementos que no aportan una salida a la desculturización, se convierte en viciada y anecdótica, evidenciando el nivel en que se encuentra. En cuanto a la literatura de la Región, basta leer lo que se produce para notar que aún giramos alrededor de la autocomplacencia.

--¿Qué paradigmas o prejuicios crees que hay necesidad de romper en cuanto a la escritura se refiere?

El ejercicio literario precisa de una vocación clara y alejada del protagonismo. El escritor serio establece –antes que nada-, una relación de respeto con la palabra, que es su materia prima, sin la elaboración de currículos vacíos tendientes a la consecución de puestos en las instituciones culturales, o al regodeo banal de cerebros cuya obra insustancial busca ser amparada por la sombra efímera de las modas, creando un andamiaje que sucumbe a lo protervo del material con que es armado. “ … cualquier artista que busca la admiración particular es, en tanto que la busca, menos artista. El deseo de salir al foro, del aplauso, nada tiene que ver con el Arte serio. Al artista serio, le puede gustar salir al foro y puede ser, fuera de su arte, cualquier clase de imbécil, pero no hay conexión entre ambas cosas…” Ezra Pöund El Arte de la Poesía p.73.

--¿Por qué crees que, en general, se señala la diferencia entre la literatura hecha por hombres y la que hacen las mujeres?

Hay diferencias claras en la biología, como en otros renglones; se escribe desde el color de piel, la etnia, el estatus social, el nivel académico… etc. La experiencia vital redunda en estos rubros, pero ninguno de ellos determina la calidad de la obra. La literatura es producto del pensamiento y éste –a pesar de las circunstancias en que se cree- carece de sexo.

--¿De qué manera han contribuido las mujeres a la creación de estereotipos?

Los estereotipos son creados por una clase dominante que se beneficia de ellos y tanto hombres como mujeres suelen dejarse engañar por la utilidad que su desempeño les representa. Actuar en el rango que supone uno u otro, corrompe la literatura. En relación a lo escrito por los estereotipados “machos”, Pound opina que. … “es una necedad creer que la vulgaridad y la falta de calidad tienen el mérito de ser novedades; siempre existieron, y no tienen ningún interés por sí mismas…”

En La rebelión de las masas, Ortega y Gaset dice que comunicarse es una operación más ilusoria de lo que se piensa; eso nos remite al Arte malo, el estereotipado, el que sirve para propósitos particulares.

“…Si un artista falsifica su informe acerca de la naturaleza del hombre, de su propia naturaleza, de la naturaleza de su ideal de lo perfecto, de la naturaleza de su ideal de esto o lo otro, de Dios, -si Dios existe-, de la fuerza vital, de la naturaleza del bien y del mal -si el bien y el mal existen- de la intensidad con la que cree o no en esto, eso o lo otro, del grado en que sufre o se alegra. Si el artista falsifica su informe acerca de estos asuntos, o sobre cualquier otro asunto con el fin de ajustarse al gusto de su época, a los requisitos de un soberano, a las conveniencias de un código ético preestablecido, ese artista miente.

Si miente por voluntad deliberada de mentir, si miente por cobardía, descuido o por cualquier negligencia, miente de todos modos y se le debe castigar o despreciar de acuerdo a la magnitud de su delito”. Pound. El Arte… P. 68.

--¿Cómo crees que se puede estimular la lectura desde la administración pública?

Añadiendo espacios de lectura a la currícula escolar; otros países las tienen y no son optativas.

lunes, 9 de septiembre de 2013

HACERSE VIEJO


Vivir con la suavidad en la que duerme un recién nacido, o con la dulzura de la leche materna, o vivir violentamente desgarrándose las entrañas. Hacerlo lento y caer al vacío mientras se suspira la imposibilidad. Vivir enamorados y obligar a otro a nos ame; volverlo loco. Después buscar a alguien para hacerlo vomitar de dolor y disfrutar de su odio. Sorprender. Vivir primero con el corazón y luego rehacerlo todo con el cerebro. Con un buen cerebro, si acaso se tiene uno de ésos. Entonces, ser maestros de la manipulación, luego, claro está, morir.
Hace unos días me encontraba en una pequeña cafetería de un hospital local. Fui a desayunar en soledad. Pedí un café y dos gorditas, una de deshebrada y otra de picadillo, como se dice aquí, “en maíz”. Mis ojos se habían pegado a la ventana y observaba los diagonales rayos del sol y un verde jardín. Mientras me servían los alimentos, apoyé la cabeza inclinada sobre mi mano derecha en la barbilla. Pensaba en lo difícil que se me habían hecho las últimas semanas debido a la separación de mis dos hijos que se habían ido a estudiar fuera de la ciudad. Sentía que me afectaba incluso para escribir. Una testa negada a abrirse. Un cerebro seco con envejecimiento prematuro. Aunque ni tan prematuro ni tan envejecido. En eso estaba.
A la mesa que se encontraba a mis espaldas, llegaron dos jóvenes mujeres. Nunca las vi, solamente las escuché. Una de ellas hablaba sobre un tema por demás común: una madre metiche y manipuladora. En este caso se trataba de una suegra entrometida. La muchacha comenzó a quejarse de que la mencionada les llamaba por teléfono, no una vez sino varias veces al día, pero que los telefonazos que más le enfurecían a la recién casada, eran los que pretendían saber sobre qué habían comido. Decía la joven que, en el colmo de la imprudencia, frecuentemente la “madre abnegada” llegaba sin avisar a su casa y les traía comida preparada por ella: “Es que mijo está acostumbrado a alimentarse bien, no come cualquier cosa. Le hice las enchiladas qué tanto le gustan. Pobrecito, no quiero que siga malpasándose”. Al parecer eso de que el pimpollo se malpasara era una de las ideas que más le retorcían el hígado a la nuera, “¿qué no ve la vieja todo lo que ha engordado en tres meses de casados?”, ­--Seguía espetando la de la catarsis. “Yo que tú aprovecharía para decirle que, ya que sales cansada del trabajo y no te da tiempo para cocinar, sería mejor que todos los días coman con ella. Ya veras que a la primera semana querrá que se vayan. No seas mensa” –Aconsejaba la amiga. Así siguieron con los “vieja metiche” “qué se compre una vida” “pero qué relación tan enferma la de esa mujer” “lo voy a mandar con un psicólogo para que le diga que se corte el cordón umbilical” “si las cosas siguen así, voy a correrlo y que se vaya con su mamita y su maldita comida”. Después de mucho desahogo oí un silencio y luego, la moqueada. Se fueron. Me dieron ganas de levantarme y decirle: “no es tan grave, hablando se solucionan las cosas”, pero me sentí patética, yo sería todavía más metiche que la suegra. Juro que no tenía intenciones de oír esa historia llego a mis oídos sin querer, desgraciadamente me hizo llegar a una conclusión que les diré unas líneas abajo.
La vida continua y uno intenta conocerse; ser mejor. Pero, como bien dijo no sé quién, “sólo perdiendo lo que tienes, vas a saber quién eres”. Así, el primer día en que mi hijo se instaló en otra ciudad, lo llamé y lo primero que le pregunté fue: “¿qué comiste, mijo?”. Al terminar la frase me invadieron juntos, miedo y escalofrío. Llegué a la terrible conclusión de que la verdadera vejez comienza, no con los olvidos, no con el rechinar de rodillas, no con la caída de todas las protuberancias del cuerpo sino cuando te come la obsesión por saber qué alimentos se zamparon los hijos fuera de casa. No quiero envejecer tan rápido, por eso, jamás he vuelto al interrogatorio culinario. He renunciado a esa manipulación materna tan absurda y dañina.

viernes, 23 de agosto de 2013

100 % SEDA

Cada uno de los diferentes tipos de insectos tiene una razón de ser, aunque la mayoría de las veces la desconocemos. Nuestra relación con los insectos se mueve entre aborrecer a las cucarachas o maravillarnos con las mariposas. Pensando en esos invertebrados; se compra un matamoscas, un repelente y un insecticida casa y jardín. De plano se fumiga, o bien se da el chanclazo o periodicazo. En otra vía, se mira con serenidad una mariposa posada en una rosa y nos parece imposible imaginar cómo cada año la Monarca vuele desde Canadá a Michoacán. También, habrá que cuidarse del mosquito Anófeles, por aquello del paludismo, o del mosquito del dengue o de la mosca Tse-tse por ¾si las moscas¾ aquello de la enfermedad del sueño. Recordemos los tiempos de La Conquista Española: el piojo era al tifus, lo que la pulga era a la peste. Vectores de enfermedades contagiosas. Así, entre roncha, comezón y sueño... fiebre horror asco y maravilla. No les hemos dado a los insectos el crédito que se merecen. Ya que han ayudado a ganar guerras y a promover la riqueza de diferentes sociedades. Ahí tenemos a la misteriosa abeja dándonos la miel. Y qué decir del gusano de seda (transformado luego en bella mariposa) que durante años nutrió la economía de China, Japón y  algunos países europeos.
El gusano de seda, en peligro de extinción, (la seda actualmente casi toda es sintética) le sirvió de pretexto al escritor italiano Alessandro Baricco (Turín, 1959) para escribir la novela Seda (1996) que cuenta dos historias ¾o tal vez más¾: la del comercio del gusano de seda y la historia de un intenso amor. Donde la frase “intenso amor” no significa amor físico; pasión no significa sexo. Relato que explica cómo el gusano de seda, sostuvo, en gran parte, la economía francesa en la segunda mitad del siglo XIX. El gusanillo que deja un valiosísimo capullo al sufrir la metamorfosis en mariposa. Capullo que las manos vuelven hilo. Hilo que es transformado en preciosas prendas de vestir, símbolo de riqueza y elegancia. La prosa, el amor y la seda con las mismas características: delicadeza, suavidad, brillo y sensualidad. Amor y seda se entregan desde la mirada. Ambos resbalan con facilidad. Un amor etéreo que influencia a quienes saben de él.
Hervé Jouncour, el protagonista, es francés y no tiene hijos. Tiene a Hélene; su mujer, a la que ama. Tiene un amigo llamado Baldabiou, él que decide su destino ¾el de Hervé¾ de comprador y vendedor de gusanos seda. A Hervé siempre le fue bien. Pero el día que él dispuso su camino por sí mismo le fue mal. Y amó a otra mujer. Intensamente. Con la mirada. He aquí la mirada como acto erótico. La pasión que lo llevó a África. África ¾dice¾ es un continente cansado. El deseo que lo llevó al fin del mundo que era China, país del que asegura era invisible. Allí: “La vida que bulle en voz baja, que se mueve con lentitud astuta”. Eran los tiempos en que Gustave Flaubert escribía Salombó (1861) y Louis Pasteur investigaba la pebrina. Pebrina, la enfermedad que afecta a los gusanos de seda y que trajo una epidemia que casi hunde la industria francesa de la seda.   
“Esta no es una novela. Y tampoco un cuento. Esta es una historia. Empieza con un hombre que atraviesa el mundo, y termina con un lago, que está allí, en un día de viento. El hombre se llama Hervé Joncour. El lago no se sabe”. Nos dice Baricco sobre su obra.  Una narración situada en el siglo XIX pero divisada desde el siglo XX. 
Generalmente cuando leo un libro intento desentrañar las influencias que el autor ha recibido de otros escritores y con Baricco no pude precisarlos. Este pequeño libro de ciento veinticinco páginas expresa los sentimientos de un amor mudo; un sentimiento hablado visualmente: “mil veces buscó los ojos de ella, y mil veces ella encontró los suyos. Era una especie de danza triste, secreta e impotente”. La prosa de Baricco es poética y en ocasiones humorística, tiene un ritmo rápido y melodioso.
Alessandro Baricco es licenciado en filosofía y músico de jazz, ha escrito las novelas:  Tierras de cristal, Océano mar, Sin sangre, Homero Iliada. Una obra de teatro Novecento.  Los ensayos: Rossini el genio en fuga, Next, El alma de Hegel y las vacas de Wisconsin. En los últimos años Baricco se ha revelado como un fenómeno en ventas de su novela Seda y ha sido traducida del italiano a diecisiete idiomas.

sábado, 3 de agosto de 2013

VICENTE ALFONSO, CUENTA

Contar las nochesVicente Alfonso (Torreón, Coah.1977) es un escritor consciente de todas las herramientas que puede usar en el armado de sus historias. De él sea ha dicho, a propósito del Premio Nacional de Narrativa Joven María Luisa Puga que ganó en 2009 con su libro Contar las noches: “Vicente Alfonso conoce muy bien las reglas del juego y las maneja de la mejor forma, inquietando permanentemente a los lectores, no permitiéndoles que se les vaya de las manos: el famoso ‘descontón’ del que habló Julio Cortázar. Luego, las historias que cuenta, truculentas como son en su mayoría, despliegan los mecanismos que impiden que los asuntos sean conocidos desde el principio, y eso les da tensión que llega hasta el final, como debe ser […] Vicente Alfonso pisa muy fuerte”.

Cada vez que leo un libro de este lagunero, mi bola de cristal me dice que es un autor que se quedará entre los vivos. Y es que su novela, con dos reediciones, Partitura para mujer muerta, (Literatura Mondadori, 2008) Premio Nacional de Novela Policiaca, su libro de cuentos Síndrome de Esquilo (Ficticia, 2007), La Laguna de Tinta (UA de C. colección escritores Coahuilenses, 2006) y Contar las noches, su más reciente publicación, todas son obras muy bien logradas y el manejo del lenguaje y lo sorpresivo de los finales las hacen muy atractivas.
Contar las noches, un título que, inevitablemente, recuerda el libro más emblemático del arte de contar: Las mil y una noches, la obra donde Scherezada cada noche tiene que inventar historias porque de lo contrario amanecerá muerta. Crear historias para sobrevivir. Así, con la pasión y el conocimiento del autor se advierte la construcción de las narraciones de este volumen.
 Contar las noches es un libro que alberga quince cuentos en los que desde el primero, Vicente Alfonso, cautiva por el buen manejo de la intriga. Llamó mi atención, especialmente, la diversidad de los recursos narrativos. El autor de Partitura para mujer muerta, acude a todas las formas de narradores: al omnisciente, a la primera persona (espectador y personaje) y a la segunda persona. Pero no lo hace de manera simple. Por ejemplo, en el primer relato, “Perder en lotería” habla de una mujer rica, jugadora y engañada por el marido y por su amiga, allí, utiliza la primera persona pero inicialmente esconde que el personaje que está contando es también protagonista, y que es, además, parte decisiva de la trama. La torcedura que le da a la narración sorprende al lector, porque el escritor muestra todos elementos pero el lector es engañado. Aunque uno bien puede sentirse complacido porque fue engañado con gran destreza.
En “Latitud 32” escrito en segunda persona, percibí cierta influencia de Carlos Fuentes y de su novela Aura, no sólo por el estilo sino también porque en momentos la ambientación de “Latitud 32” trae él de aquélla novela. En ambos (cuento y novela) se describe una posible realidad paralela. Desde luego, las historias son diferentes.
En el cuento que da título al libro “Contar las noches” un narrador omnisciente escribe sobre un borracho deseoso de confundir a una teibolera con la mujer que lo dejó. Dan unidad al libro: asesinos que se dejaron llevar por las conjeturas, dos historias donde el café es la bebida conductora; dos de gemelos y los juegos a los que la vida recurre para usar las ventajas y desventajas que pueden vivir los que nacen de a dos (el autor tiene un gemelo, Antonio Rodríguez, quien también es escritor).
La literatura de este autor se disfruta mucho; él ha dejado de pertenecer a La Laguna y ha desplegado sus hojas más allá  de nuestra región.  Vicente Alfonso, cuenta.
Vicente Alfonso. Contar las noches, Universidad Autónoma de la Ciudad de México, México, 2011; 92 pp.  2012. Premio Nacional de Narrativa Joven María Luisa Puga 2009.

sábado, 20 de julio de 2013

VIENTOS SEPARTISTAS EN LA LAGUNA

Después de recorrer el país Vasco, el escritor francés, Víctor Hugo, dijo: “Un vasco no es francés ni español, es vasco”. Luego de leer ese pensamiento consideré que era válido aplicarlo también para decir: “Un lagunero no es duranguense ni coahuilense, es lagunero”; por supuesto, estamos muy lejos de vivir circunstancias parecidas para que la frase calce de manera exacta.

Conocemos algunas historias separatistas, principalmente las que nos llegan de España, en donde los catalanes salen a las calles exigiendo constituir otro país. Y la más conocida, la del país Vasco; un territorio que es en parte francés y en parte español. En la región vasca se tiene un idioma propio (euskera), se consideran una raza con una idiosincrasia diferente. Especialmente los vascos han llegado a situaciones extremistas que se han manifestado en la asociación terrorista conocida como ETA (Euskadi Ta Askatasuna que significa en español, País Vasco y Libertad). Muchos han muerto a causa de los actos terroristas perpetrados por ETA. Quizá los vascos y catalanes tengan razón en desear ser otro país, pues tienen rasgos, ideología y un idioma diferentes, además una estructura comercial que genera impuestos de lo que en gran parte van a parar al gobierno español o francés, según sea el caso.
         Aquí, en La Laguna, la situación es diferente. Excepto por algunos modismos regionales y ciertas costumbres, no somos demasiado diferentes al resto de los dos estados de los que formamos parte. Quizá la sangre vasca que aún late en la Comarca Lagunera nos infunda ciertos despertares ideológicos. Desde luego, no somos tan ambiciosos como para querer formar el país de La Laguna, queremos ser El Estado de La Laguna (ELLA) un hecho que contempla su posibilidad en el artículo 73 de nuestra Constitución. Las últimas veces que en México ocurrió esto fue el 2 de septiembre de 1974 cuando el presidente Luis  Echeverría envío al Congreso de la Unión una iniciativa de ley para que Quintana Roo y Baja California Sur, fueran elevados a la categoría de Estados.
         De manera que, en teoría, es posible que la Comarca Lagunera se vuelva Estado, pues es un territorio definido. Pero no sé qué tan factible sea que pueda ser realidad. Mucho se ha hablado de que el presidente Enrique Peña Nieto, tiene demasiados compromisos con el pasado y  actual gobernador de Coahuila, lo mismo sucede en el caso del de Durango. Ambos gobernadores priistas fueron muy significativos en ayudar al triunfo presidencial. Desafortunadamente no veo al presidente Peña Nieto, presentando esta iniciativa en el Congreso.
         Quisiéramos que la firma de 500 mil laguneros moviera la conciencia de otros, para que así se diera la oportunidad de una nueva administración de recursos, aflojando los yugos de las actuales capitales de Durango y Coahuila. Porque ya no queremos pagar deudas que no se invirtieron en La Laguna y deseamos que los recursos federales que nos corresponden lleguen íntegros a nuestras ciudades. Aunque también tenemos que reconocer que los gobiernos municipales han hecho lo propio para que nuestras ciudades se vean abandonadas, con saqueos de monumentos, llenas de baches, con pésimo alumbrado público y obras mal construidas o inconclusas. Eso, sin hablar de la inseguridad.
         Me gusta la idea de ELLA. Me entusiasma decirles a mis amigos y familiares: “llenen las hojas, fírmenle, pónganle la calve de su identificación”. Me alegra que haya una apasionada organización para este proyecto. Aunque mi participación sea de soslayo. Sin embargo, tengo que reconocer que no soy muy optimista en cuanto a lograr el objetivo. De cualquier manera me parece trascendente que se esté trabajando pacíficamente, exponiendo argumentos bien cimentados. Es esperanzador saber que muchas personas coincidimos en los deseos de cambio de nuestra región. Claro que hay otros que menosprecian el esfuerzo o no están de acuerdo con formar el estado de La Laguna. Pero creo que siempre será importante manifestar el desacuerdo ante lo que no consideramos justo, ¿de qué otra manera se crea conciencia, si no es expresando las ideas?

sábado, 6 de julio de 2013

EL EROTISMO DE LAWRENCE

Recientemente he terminado de leer La novela, El amante de Lady Chatterley (1928) último libro del escritor inglés, David Herbert Richards Lawrence, mejor conocido como D. H. Lawrence (1885-1930). Me he quedado pasmada por la forma que tiene el autor de crear personajes femeninos. Se trata de una novela escrita por un narrador omnisciente, ese dios que sabe lo de dentro y lo de fuera de sus personajes y que igualmente conoce su pasado, presente y futuro.
 Aunque en su tiempo Lawrence fue etiquetado como un escritor pornográfico, en El amante de lady Chatterley hace reflexiones de diversos temas como la revolución industrial, la guerra, las conductas entre las diferentes clases sociales; predice la evolución de la sociedad y  los roles futuros del hombre y la mujer. En el futuro de Lawrence, que es él que ahora vivimos, vemos a mujeres liberadas, observamos un tiempo donde la sexualidad y la amistad entre ambos sexos dejan de ser tabú. Lawrence sentencia a una humanidad que tendrá que convertirse en otra especie, porque “si seguimos así, todo mundo, intelectuales, artistas, gobierno, industrias y obreros, terminaran frenéticamente con el último sentimiento humano (…) la serpiente se devorará a sí misma”.
Sin embargo, lo más apasionante de la narración es precisamente la pasión que se da entre Connie (Lady Chatterley) y su amante Oliver Mellors, el guardabosque de la finca que comparte Lady Chatterley con su esposo, Clifford. Connie se había casado enamorada de sir Clifford. Él tiene que ir a luchar en la primera guerra mundial y regresa paralítico. Luego él se convierte en un escritor mediocre que logra cierto reconocimiento a través de su estatus social. Ella vive un amable sometimiento hasta que decide no servirle más. Su mismo esposo, al estar imposibilitado para la sexualidad, le sugiere que tenga un amante pasajero, sólo para que le dé el heredero que los Chatterley necesitan. Connie, se enamora del padre de su hijo.
        Este libro fue publicado primero en Francia e Italia y 30 años después en Inglaterra, ya que fue prohibido porque la sociedad inglesa lo consideró vulgar y escandaloso por el tema de los amantes y porque les lastimaban las descripciones detalladas de las relaciones sexuales y más aún, de los orgasmos. Vista con ojos actuales, se trata de la expresión sublime de un hombre y una mujer que se aman y que logran una verdadera comunión, a pesar de todo lo que los divide.
        Los cuadros de los momentos eróticos de la pareja, en ocasiones se vuelven juegos, en donde “sir John Thomas” y “lady Jane”, no son anatomías pudendas de los personajes sino dos individuos que viven pegados al ecuador de los cuerpos de los amantes. Los protagonistas satélites son voluntariosos, hablan entre sí, se ponen flores, se alegran y se entristecen.
        Esta historia me pareció entrañable. No obstante, me decepcionó la manera en que termina, ya que el autor deja abierto el final, aunque sugiere los acontecimientos futuros.  
         Realmente me intriga cuando un escritor explora la condición de ser mujer y la plasma de manera fidedigna. Me ha pasado, especialmente, con el noruego Henrik Ibsen con su obra de teatro Casa de muñecas (1879) donde, inicialmente, presenta al prototipo de mujer a la que le dan todo lo material, pero nada afectivo. A Nora sólo le falta tenerse a sí misma. Poca cosa. El autor recrea a la esposa perfecta, a la “alondra canora”, a “la ardillita manirrotita” que se entrega y con la entrega se aniquila. Aunque al final lo abandona todo e inicia una nueva vida lejos de su esposo e hijos.
Otros autores que han creado mujeres en sus páginas, como si ellos mismos tuvieran almas femeninas, son el francés Gustav Flaubert con Madame Bovary (1857) y el ruso León Tolstói con Ana Karenina (1877). Estas dos últimas novelas tuvieron su propio escandalo al tratarse también del tema de la infidelidad femenina, al igual que en El amante de Lady Chatterley. Pero, Emma Bovary y Ana Karenina deciden suicidarse, mientras que Connie Chatterley aprende a enfrentar la sociedad y sigue adelante.

sábado, 25 de mayo de 2013

CON POCA SAL EN LA MOLLERA

Es muy frecuente que autoridades, de todos los niveles, propongan soluciones que no resuelven nada. Los gobernantes dicen no al razonamiento y dan cabida a las ocurrencias. Así, muchas estrategias vienen de los que son “de muy poca sal en la mollera” como diría don Quijote. Este es el caso de los legisladores del Distrito Federal que han decido retirar los saleros de las mesas de los restaurantes. Desean prevenir la hipertensión arterial y no encontraron otra forma, sino ésta, absurda y sin probabilidades de éxito. Definitivamente, estamos salados, y cuando no, alguien nos echa la sal.

En el imperio romano, quinientos años antes de Cristo, se podía pagar con sal, misma que tenía un valor similar al oro, de allí surgió la palabra salario. Después, los químicos descubrieron que la sal no era otra cosa que un compuesto de dos elementos: cloruro y sodio (NaCl), que ahora es conocido usualmente como sal de mesa; un producto necesario para todas las funciones celulares del organismo animal. El cloruro de sodio también es utilizado como conservador de alimentos y es el causante de la salinidad del mar, de donde se extrae la mayor parte de este compuesto para consumo humano. Además, en la actualidad, es la mayor fuente de yodo, ya que hace aproximadamente 50 años se agregó este elemento a la sal comercial porque se descubrieron muchas comunidades en las que sus habitantes desarrollaban bocio, es decir, crecimiento de la glándula tiroides, en este caso por deficiencia de yodo, que se resolvió al yodar la sal. Así pues, es necesario ingerir este mineral, igual que las grasas, proteínas y carbohidratos. Desde luego, el problema de enfermedad resulta de la cantidad excesiva en el consumo de alimentos.
Siguiendo la estrategia de atacar el resultado de una mala práctica y no el origen, tratan a los habitantes de una ciudad como si fueran todos niños a los que hay que castigar, en lugar de educar a los que verdaderamente están en etapa infantil. Pues de acuerdo a la ley que prohibirá los saleros también se deberían quitar de todos los restaurantes, el sabroso tocino y todos los alimentos altos en grasa animal, ya que, sabemos, el colesterol es importante participante en la hipertensión arterial. ¿Y qué podríamos decir de las porciones grandes? Igualmente tendrían que castigar a todos los restaurantes de comida rápida que te sugieren engordar con eso de “por cinco pesos le doy papas y refresco grandes? Recordemos que la obesidad aumenta la presión arterial, favorece la aparición de diabetes y cáncer, eso sin contar los problemas articulares, entre muchos otros. De la misma forma, habría que impedir el consumo de alcohol en todas sus formas, porque no sólo es causante de muchas muertes por accidentes automovilísticos sino que es la principal fuente de cirrosis hepática. Además, el alcohol a grandes dosis produce hipertensión (aunque a dosis pequeñas baja la presión arterial). Ante todo, esto de quitar el salero de la mesa resulta ser una medida por demás incongruente.
Sería mejor quitar de los medios de comunicación, especialmente de las televisoras, los anuncios de tantos productos de mala calidad que promueven que seamos un país dependiente de fármacos autorrecetados. Allí tenemos a Lola Ayala, y otros más, sugiriendo que se debe tomar tal o cuál medicina. La ingesta de fármacos de manera desordenada, ocasiona no sólo que las personas fabriquen una orina costosa sino que provocan que su hígado y riñón trabajen horas extras para eliminar lo que el organismo no necesita. El uso indiscriminado de medicamentos igualmente favorece la disfunción del organismo.
La única solución viable, siempre, será la educación. Pero si nuestros maestros andan en marchas bloqueando la vialidad pública, la educación no será efectiva. Está claro que las autoridades mexicanas tratan a sus gobernados como “tontos a medio cocer”.