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Nació en Francisco I. Madero, Dgo. El peor de los pecados es su primer libro de cuentos.Ha recibido el Premio Estatal de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre” en los años 2000 y 2015 y el Premio Estatal de Periodismo de Coahuila, 2016 y 2017. Escribe cuento y ensayo. Es colaboradora regular del periódico El Siglo de Torreón. Su entrevista con Elena Poniatowska fue traducida al griego y publicada en la revista Koralli de Atenas. Ha publicado en diversas revistas nacionales y libros colectivos. Perteneció al taller literario de Saúl Rosales; es médica egresada de la Facultad de Medicina de Torreón, UA de C. y estudió la Maestría en Apreciación y Creación Literaria en Casa Lamm en la Ciudad de México.

sábado, 11 de mayo de 2013

LA ENFERMEDAD DEL DEPORTE


 

Alguna vez me comporté como si fuera fanática de futbol. Íbamos, unas amigas y yo, caminando por un centro comercial. Ese día también andaba por ahí el futbolista Rodrigo “Pony” Ruiz, en ese tiempo jugador del equipo Santos Laguna. Decidí pedirle un autógrafo para llevárselo a mi hijo, ya que él admiraba al deportista de manera casi escandalosa. Mientras buscaba en mi bolso, una pluma y un papel, nos fuimos alejando del “Pony”. Tuve que correr lo más rápido posible para no perderlo. Corrí. Y dos metros antes de alcanzar el objetivo hice tremenda derrapada que me provocó un sentimiento de ridiculez interminable, además porque el jugador soltó un sonriente “no se caiga señora”. Se burló de mí. Poco faltó para que desistiera de la firma con dedicatoria. Después, regresé a oír la risa de mis amigas y mientras ellas movian la panza, yo guardaba el papel garabateado por el futbolista.
No me interesa el deporte per se ni quién gana o pierde. Sí me asomo un poco a las Olimpiadas, al Mundial de Futbol y he ido al Estadio porque me intrigan los juegos como espectáculo de masas, pero también por todo lo que se maneja alrededor de lo que, finalmente, es un negocio. En especial, me sorprende saber de lo que son capaces los atletas con tal de lograr un triunfo. Confirmo que aquello de Mens sana in corpore sano (mente sana en cuerpo sano) es cada vez más difícil de encontrar. Aunque la mayoría de las personas cree que practicar una disciplina deportiva es sinónimo de salud, no siempre es verdad.
Desde la muerte de Filípides, al recorrer 40 Km. (ahora 42 en el maratón) para dar la noticia de que los griegos habían vencido a los persas en la batalla de Maratón (490 a. C.) muchos han muerto a consecuencia de su actividad deportiva ya que el entrenamiento de alta competitividad con frecuencia acaba por traer graves perjuicios en la salud.
No es raro que los boxeadores padezcan algún tipo de parkinsonismo, ello debido a la gran cantidad de golpes que su cabeza recibe. Viene a la memoria el boxeador más famoso de todos los tiempos: Cassius Clay, rebautizado como Muhammad Alí. Recordemos a la velocista Florence Griffith-Joyner que murió de una arritmia cardiaca a los 39 años de edad. Y hace dos meses la medallista olímpica mexicana, Soraya Jiménez, falleció de un infarto a los 34 años. La muerte súbita de muchos atletas está relacionada con problemas cardíacos que se disparan por el uso indiscriminado de antiinflamatorios. Cabe mencionar que los futbolistas generalmente terminan con procesos degenerativos tempranos en rodillas. El codo del tenista, el hombro del pitcher, las hernia lumbares de los levantadores de pesas; existe una larga lista de padecimientos que trae el deporte de competencia.
A las enfermedades naturales provocadas por el exceso de ejercicio, hay que agregar las inducidas por el consumo de esteroides anabólicos como el clembuterol y otras que aumentan la masa muscular. Las personas que toman estos estimulantes no se dan cuenta que el corazón también es un músculo y que se puede hipertrofiar, alterando su funcionamiento.
Un caso muy obvio en el uso de derivados de testosterona lo observamos cuando vemos a las mujeres dedicadas a la halterofilia. Ellas, sin excepción, padecen de acné, efecto secundario de estos esteroides. La mayoría de los deportistas de competencias usan fármacos no permitidos, qué el antidoping salga positivo o no, depende de la pericia del médico quien sabe los tiempos de eliminación de tal o cual droga, así, suspende oportunamente su administración,  evitando que el competidor dé positivo al dopaje.
Lance Armstrong, declaró que sin sustancias prohibidas jamás hubiera ganado tantas veces el Tour de France, ¿por qué? Porque todos los ciclistas recurren a ellas. El plus no lo dio el dopaje sino el talento personal, la estrategia y la disciplina en el entrenamiento. Pero al parecer ni el mismo Armstrong lo siente así.
La maquinaria deportiva de alto rendimiento mueve muchas pasiones y sobre todo, dinero; es un fenómeno social donde ya no es tan fácil la fórmula de “mente sana en cuerpo sano”. 

sábado, 27 de abril de 2013

LAGUNA DE EROS Y DÍLER

Eros Díler: ‘un libro chido’

Nazul Aramayo (Torreón, Coah, 1985) ha escrito Eros díler, una novela corta que habla sobre las adicciones de La Laguna: del futbol que hace campeones a todos, por lo que se beben la última gota de cerveza del desierto, mientras, se rolan la marihuana. El sexo en la calle Morelos o en una cantina de prostitutas a doscientos o de travestis a cuatrocientos, más lo del hotel. Todo eso se hace al son de cumbia.
 Eros díler. Eros del dios griego del sexo y díler, del distribuidor de droga al menudeo. Un texto escrito en primera persona, con un narrador que recurre a la autoficción para tramar la historia de Cleti y Yoselyn. Una pareja de jóvenes que viven en una tierra sudorosa. Torreón y sus alrededores son otro personaje --cacarizo y apestoso--, que da soporte a la estructura de la novela.
La portada revela justo lo que ocurrirá al abrir el libro: un fondo tapizado de hojas de marihuana, una caguama como monumento (la caguama y la gente acostumbran sudar, unas por frío y los otros por calor. El objeto se humaniza y el hombre se vuelve objeto). También, en la imagen, un joven con la virgen de Guadalupe enredada en la frente. Allí mismo un vocho verde que sostiene a una mujer desnuda con múltiples tatuajes en los que caben: el diablo, la marihuana, el Sagrado Corazón de Jesús y la serpiente que, después sabremos, la incitará a suspender el embarazo no deseado con pastillas para las úlceras gástricas. Así, los personajes llevaran en su piel la oscuridad, la luz y la liberación del espíritu que viajará con boletos de hierba, piedra y polvo de segunda clase, porque en Torreón no se vende droga de calidad. Cleti recuerda que alguna vez probó soda colombiana “…casi sin cortar, casi pura, casi el paraíso”. La droga se vende por todos lados y en las colonias populares la imagen de la virgen de Guadalupe aparece para indicar el camino a los devotos y para proteger a los vendedores de la policía. Todo, una farsa.
Cleti, el personaje principal, estudió Comunicación pero es poeta y ganó una beca del gobierno. Dice que ya no se preocupará por el dinero. Trabaja de dependiente en una tienda que vende camisetas, sábanas para la yesca, pipas para la piedra (o crack) y dosificadores de soda. Donde las sábanas son papel para hacer cigarros de yesca que es la marihuana. Todo eso en el profundo viaje de las adicciones porque al protagonista no se le gusta estar con los pies sobre la tierra, necesita elevarse, sacer la magia de su interior, por eso igualmente recurre al peyote para desprenderse de sí mismo y tener sexo con su Yoselyn quien vomita con aquel cactus. Alguna vez le promete llevarla a Oaxaca para que pruebe los hongos. Él, busca el infinito y la policía lo sabe por eso lo encarcela. Él paga el arresto con una noche llena de excremento y con una mentada de madre al despedirse de los que allí seguirán.
            Actualmente los escritores jóvenes recurren mucho a la narrativa en primera persona, utilizan un lenguaje nacido del instinto, sin pretensiones éticas, pero si con deseos de crear una estética realista con la crudeza necesaria. Plasman el idioma de los jóvenes. Por eso es extraño ver que muchos reseñistas dicen sobre esta literatura que utilizan un “lenguaje fresco”, no sé porqué. Se trata de frases obscenas o lo que para la mayoría sería un habla vulgar. Ello no significa que un texto pierda valor. Claro que no, ya que muestra genuinamente la manera en que los personajes se comunican. Sin embargo, algunos lectores pueden sentirse saturado al leer novelas como Eros diler, por la repetición abusiva de ciertos vocablos como “morrita”, quizá la voz más clonada en la obra. Además, la referencia exagerada a los genitales masculinos; ya sea porque le vale… o manda a alguien a que recorra ese territorio. Lo deseable sería evitar la pobreza en el vocabulario. Aunque Aramayo diversificación el léxico en algunos pasajes de la novela ya que el protagonista es poeta.
             Eros díler, un retrato actual de nuestro espacio.
            Aramayo, Nazul. Eros díler, Editorial Jus, Direcciòn Municipal de Cultura. Torreòn. 2012.

sábado, 13 de abril de 2013

PEDERASTIA, LIBROS E IGLESIA

En la literatura hay varias novelas  donde el tema es la pederastia, desde luego en éstas no se menciona la palabra ni siquiera están escritos para que el lector tenga conciencia que son historias donde el amor se usa como arma para legitimar el daño a un menor de edad. Aunque, el arte per se no tiene moral, pero es imposible que el lector no tenga un juicio moral sobre la conducta de los personajes.
            Sin duda, Muerte en Venecia del alemán Thomas Mann es una de las novelas más fascinantes que he leído. Allì, el protagonista Gustav von Aschenibach, un homosexual en la sexta década de la vida, decide irse a Venecia, a pasar una depresión emocional, allí, se enamora de Tadzio un hermoso adolescente polaco. La novela resulta entrañable por las descripciones de paisajes venecianos y por los diálogos internos y tormentosos del protagonista, quien se pasa todo el tiempo observando al adonis al que sólo logra dirigirle un saludo. Jamás se atreve a acercársele. Este libro es un homenaje a Platón, a la sensualidad y a la belleza en todos sentidos.
            Otra obra de pederastia es Memoria de mis putas tristes del colombiano Gabriel García Márquez, en la que a un viejo decide: “El año de mis noventa años quise regalarme una noche de amor con una adolescente virgen.” Según la novela este viejillo que se las da chico superpoderoso, se enamora de la niña. Sin embargo, a lo más que llega es a dormir con ella sin llegar a tener sexo. La diferencia de los protagonistas en Muerte en Venecia y Memoria de mis putas tristes, es, además de la orientación sexual, que en la primera el hombre se siente patético y acabado a la mediana edad, en cambio el personaje de García Márquez se siente lleno de vigor y optimista. Me cae mejor el personaje de Mann porque no es superfluo, en cambio el carcamán del de Macondo es bastante pretensioso.
            Quizá una de las obras más conocida donde el protagonista se enamora de una menor de edad sea Lolita del ruso Vladimir Nabokov. La narración en este caso es totalmente diferente: un hombre cincuentón Humbert,  se enamora de su hijastra adolescente, con la que consume su amor una vez muerta la madre de ésta. Sin embargo, aquí la jovencita es descrita como muy amalditada por lo que se pasa la vida burlándose, aprovechándose y haciendo sufrir a su enamorado, al que abandona para casarse con un joven.
            En México, y en la vida real, hemos tenido a  pederastas “ilustres” como  el empresario, ahora preso, Succar Kuri y el fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel. Ahora tras la renuncia del Papa Benedicto XVI han surgido diferentes versiones del porqué de su retiro. Algunos aseguran que fue después de que se dio un golpe en la cabeza en su viaje a México, otros que era porque se sentía simplemente cansado y otros más que tenía que ver con información que le fue robada por su mayordomo. La verdad nunca la sabremos. Lo cierto es que ya vimos que la salud de un Papa no es impedimento para que ejerza su mandato, recordemos las condiciones físicas lamentables en las que hacia sus apariciones Juan Pablo II.
            De cualquier manera, la renuncia del Papa Benedicto XVI vuelve a mover las historias de pederastia que se han encubierto desde el Vaticano. El mismo día de la renuncia del Papa el abogado Jeff Andreson, de Estados Unidos, que lleva los casos de cientos de víctimas de pederastia, por parte de sacerdotes católicos, amenazó con demandar a Joseph Raztinger ante cortes de EU y La Haya por violación a derechos humanos. Y se asegura también que: “Expertos internacionales han afirmado que la renuncia de Benedicto XVI es producto de los abusos sexuales de sacerdotes católicos en todo el mundo, incluyendo a mexicanos, y también por casos de corrupción financiera dentro del propio Vaticano.” Como se ha publicado  en el periódico El Informador de Guadalajara, Jal. Desde luego no sabremos cuánto procedan tales demandas pero lo cierto que la iglesia católica no termina con el lado oscuro de los abusos sexuales hacía los niños.
Uno de los peores crímenes en contra de los niños es el abuso sexual.

sábado, 30 de marzo de 2013

POSTALES EXILIADAS DE CARMEN ÁVILA

Una versiòn corta de este texto aparece hoy en la revista Siglo Nuevo

Fue una grata sorpresa encontrarme con el libro Postales del exilio, de Carmen Ávila, ganador del Premio Nacional de poesía “Enriqueta Ochoa”  2010. La autora estudió Comercio Internacional, Maestría en Administración Publica  y Políticas Publicas en el ITESM, realizó cursos en la Universidad de Harvard y la Universidad Carlos IV en Praga. La mayoría de las personas creería que alguien que se encamino en estos temas  no tendría la sensibilidad para ser poeta, pero los estereotipos sólo nos señalan las prisiones que escogemos, porque si los que se dedican a los quehaceres políticos fueran capaces de reconocer el dolor del otro, viviríamos en un mundo mejor. Así pues, nos hacen falta más poetas. Por eso celebro que la literatura haya escogido a Carmen Ávila, como ella misma lo dice, para que nos lleve a pasear con su poesía a través de  ciudades donde sus sentidos han estallado en el asombro y la nostalgia.
         Sí, tomando las hojas de Postales del exilio, podemos visitar muchas ciudades. La primera parada es París e irremediablemente el río Sena que ante los ojos de la saltillense se presentan como “la baba de un animal rabioso” o vemos el puente de saint Lazare de donde alguien saltará a su muerte y no le importará arruinar el día de los demás que aún desean seguir cumpliendo años. Y es que sabemos que los puentes están allí como un deseo hacia el infinito, como una tentación para que abandonemos las ataduras del tiempo y el espacio.
La poeta me llevo al museo D’ Orsay para ver Desayuno sobre la hierba, del pintor impresionista Eduard Manet, ése, al que muchas veces he confundirlo con el otro, con Claude Monet, pero no, ella pinta con palabras a Manet con la mujer desnuda cerca de dos hombre bien vestidos y yo prefiero el antojo de ver a dos mujeres arropadas junto a un hombre desnudo, mientras la anfitriona me recuerda las malas copias que hizo Picasso de Desayuno sobre hierba, concluyendo que “una obra de arte no es lo que uno termina / sino la eterna y absoluta continuación/ que otros se empeñan en arruinar”. Por esos espacios supe que la escritora tiene una amiga, que es como una pantera negra de piel hermosa;  platica cómo las panteras no están hechas para el hielo, que añoran el sol africano y el pescado fresco. Carmen Ávila encuentra la belleza del sufrimiento cuando le dice adiós a París. Acepta que el humano “hasta de la memoria/ hace una máquina de tortura”. Siempre seremos nuestros propios verdugos.
Después, en la página treinta la encontré en Berlín, Alemania llena de nieve y entre la blancura la descubrí tomada de la mano de un hombre del que dijo que en ese momento no estaba unida a él por la tibieza de su mano “sino por el placer inigualable/ de sentir/ cómo cruje el hielo bajo las plantas.” En esos días en que la noche llega al mediodía, se pueden ver saltar los ciervos, y sentir miedo del negro arriba y del blanco abajo. Allí, en Alemania, deseo que la máquina del tiempo existiera, aquélla de la que Einstein habló como una posibilidad y si no, cuando menos asegurarse una reencarnación para volver a ser niña.
En Brujas, Bélgica describe cuentos de hadas invertidos y un texto en prosa en donde: “Había una vez, en  un reino lejano, alguien que no fue feliz para siempre”. Un cuento donde una bruja de pelo color bermellón y ojos añiles  no fue llevada a la hoguera como Juana de Arco pero que realizó una sola magia: quitarle el hambre a la viajera. Viajera que en esos párrafos aclara que en realidad Brugge significa puente y no bruja, pero de cualquier manera en Brujas, Bélgica  habrá que buscar una buena escoba para volar.
Así, fui recorriendo otras ciudades tomada de las palabras de Postales del exilio llegué a Praga, Republica Checa y la metamorfosis me envolvió y ante los versos de la autora también fui el escarabajo Gregorio Samsa con sus múltiples capas de queratina y me creí muerta por un manzanazo. Kafka sigue en Praga y Carmen Ávila lo comprobó.
En Praga escribió los versos: “Al hombre que perdió mi arete”:
Caí en tus labios/ fui marioneta a la que le cortaron los hilos/ de tus ojos brotaron girasoles/ y un ángel milagroso te contó un secreto todo ese tiempo/ La luna se había comido el universo entero/ la noche fue/ un pájaro más/ en el silencio/ Praga era más gótica y más oscura que de costumbre/ mi arete de cobre se desplomó mientras me abrazabas. (Después en la noche de Copenhague/ otra igual de oscura y fría/ donde el sol acababa de explotar/ perdiste mi arete de plata/ te dije que si algún día nos separábamos/ te recordaría como el hombre que perdía mis aretes/ sólo por eso lo encontraste/ brillando impávido en los adoquines/)

El caminar de la autora sobre ciudades de países como Estados Unidos, México Suiza, Israel, Polonia, Japón, China, Croacia, Italia y otros más donde pudo lanzar monedas a un río o una fuente para pedir deseos incumplidos.

         Postales del exilio en un poemario que cuenta historias completas y que contiene voces en francés, alemán e inglés y que cuando se trata de citas dentro del texto en español son traducidas. También, aunque es un libro en su mayoría en verso, encontramos dos textos en prosa uno es “Sobre los cuentos de hadas” y al final su “Biobibliografia” en esta última podemos apreciar la tenacidad de la autora y su fortaleza al enfrentarse sola a tierras ajenas y a trabajos extraordinarios como el que desempeño en Tailandia en un templo iluminado y donde descubre que vive, según el calendario budista, cuatrocientos años adelante. Asimismo nos habla del privilegio que ha tenido al codearse con premios Nobel y de besar a García Márquez y Saramago, de ir a unas islas del pacifico y encontrar personas que bailan sentadas y que tienen los dientes rojos.  
Encuentro en esta obra expresiones metafóricas y de mucha sensualidad, mas no me refiero a la sensualidad en su acepción erótica o sexual, sino a la sensualidad que se refiere a las imágenes fabricadas a través de los sentidos. Gran parte de este libro está escrito con un lenguaje directo, sobrio, que corteja la crónica de viaje, en donde la autora comparte su fascinación por el mundo, aunque siempre perfumada de nostalgia.
Este texto lo leí el día 15 de febrero de este año en el teatro Isauro Martínez en la presentaciòn del libro. 
 Carmen Ávila. Postales del Exilio. Editorial JUS- Direcciòn Municipal de Cultura. Torreón 2012

sábado, 16 de marzo de 2013

CON LAS PATAS



Camino descalza por mi casa. Disfruto andar con los pies desvestidos porque es buena la sensación de frescura que emana del piso. Quiero que se me refresque la mente o el corazón, “o pescas un resfriado” diría como mamá. Pero no crean que me siento una Carmelita y que formo parte de aquella orden monjil a la que perteneció sor Juana Inés de la Cruz, antes de irse con las Jerónimas. Aclaro, sin que sea necesario, que estoy a años luz de ser una monja descalza.
Veo mis pies porque ante mi yo, tengo que bajar la mirada para conocerme. Observo unos pies del número veintitrés y medio, pero no sé, si con los que ando, estarán bien puestos sobre la tierra. Aunque muchas veces no quisieron tanta realidad y pretendieron tener alas, como el dios griego llamado Hermes, que en romano se dice Mercurio y en el mundo de la moda, corbata. Al verlos me doy cuenta que, hace mucho tiempo, a mis extremidades inferiores no se les ha ocurrido tener alas, esa es la razón por lo que estoy cabizbaja.
Reconozco mis cimientos móviles con sus cinco dedos cada uno, con el gordo, el chiquito y los tres hermanos parecidos y siento alegría de no tener polidactilia. Qué suerte que no me nacieron seis o más dedos juntos. Deambulan ese par, al polo sur de mi anatomía, con sus veintiséis huesos, de los cuales me gusta más el astrágalo porque suena bien el nombre y forma parte del talón junto con el calcáneo. Veo a los que me sostienen, cubiertos de piel y músculos el tarso, el metatarso y las falanges; me llevan a donde les ordeno. Hasta ahora siempre me han obedecido. Les correspondo con un masaje de vez en cuando, aseo diario junto con el resto que los acompaña y una repasada quincenal con el cortaúñas. Desde luego, nunca les he hecho ni les haré nada de lo que llaman reflexología, en la que aseguran que tocando un punto del pie se podría curar una parte específica del cuerpo. Creo en la reflexología sólo si es el arte de reflexionar, no de reflejar.
Reflexiono. Es cierto, a las patas de los humanos se les llama pies. Gracias a la evolución tenemos dos de éstas. Claro, a veces uno mete las cuatro y se justifica diciendo que es por tener muy mala pata, cuando la superstición dicta que necesita una de conejo. Aunque, debo confesar que cojeo de la misma pata que mis amigas, por eso nos llevamos bien. También me he fijado que, ni ellas ni yo, tenemos juanetes, o lo que los traumatólogos llaman hallux valgus. Eso sí, a todas nos han salido patas de gallo, en eso estamos empatadas. Habrá que dejar claro que ninguna es “pateperro” permanente, sólo a veces, como el gato que se sale y que regresa hasta la madrugada y que su dueña le dice que, si sigue con eso, lo pondrá de patitas en la calle; que no le busque tres pies al problema.
Recuerdo haber oído que a los hombres que tienen el pie plano, o que padecen una discapacidad anatómica, aquí en México, al intentar el Servicio Militar, le inscriben en su Cartilla: “No apto para la Patria”. No obstante, no lo sé a ciencia cierta, pero oí que hace años decía “Inútil a la Patria” y pensé en lo mal que debería estar un país en donde el gobierno valora más a un individuo por su capacidad para correr que por sus reacciones cerebrales. Sin embargo nada es de extrañar cuando el deporte que más pasión provoca es el que se juega, precisamente, con los pies.
Hay patilludos que aseguran que una mujer descalza resulta ser muy sensual, pero son puras patochadas, no creo que dependa de eso. Aunque la Cenicienta parecía que sus pies eran lo más atractivo, por ahí andaba el príncipe midiendo la zapatilla de cristal. Imagínense semejante método de identificación.
Para terminar, les aseguro que este texto no está hecho con las patas. Mas no faltará quien diga que miento.

sábado, 2 de marzo de 2013

La vergüenza

Prefiero que la cara me arda, a que se me caiga de vergüenza, o mejor aún, nunca sentir que me muero por esta causa. Prefiero sentir una vergüenza ajena que una propia. Sé que hay ocasiones en que los hijos avergüenzan a los padres y viceversa y que algunos la sienten por su origen o su condición socioeconómica o porque se creen feos o poco listos. Aunque siempre es bueno tener una medida de este sentimiento en el cuerpo, un poco está bien, tampoco hay que exagerar. De manera que si se tiene algo de vergüenza la vida camina, más o menos, en armonía con los demás, ya que cuando se pierde por completo las cosas suceden como suceden y todos pasamos muchas vergüenzas. Aunque siempre se puede alegar esa tontería de “vergüenza es robar y que te vean”, no obstante que todo mundo se dio cuenta de que robó y que él nada sintió y nomás dijo: ”Yo ya me voy al extranjero a estudiar idiomas”.
Se ha perdido por completo la vergüenza, no hay rastros de ella. Nadie sabe a dónde se fue, si está desaparecida, si la mataron o la secuestraron, la mutilaron o la dejaron hecha una ídem. A pesar de eso algunos se avergüenzan de ser laguneros por lo que otros hacen y por lo que yo he dejado de hacer. Se han vivido grandes vergüenzas, eso sí. Sin embargo, algunos ni la conocen y hablan tan cínicos de sus mentiras. Son como ésos que andan desnudos exhibiendo sus vergüenzas como si éstas fueran orgullos: son unos sinvergüenzas, descarados (o sea que no tienen cara, se les cayó desde antes. Desdenantes, pues).
Así como la envidia es verde igual que la bilis y la tristeza es azul parecida al cielo; la vergüenza es roja como la sangre en los cachetes cuando ésta se sube a la cara, es una cubierta hecha de manos que son máscara, es una cara que se cae y es un parpado agachado en la mirada; es unos hombros acongojados y un arrastrar de pies. La vergüenza es un temblor de piernas y manos, un corazón acelerado, una voz despedazada y es también, una mentira para  que crean que soy lo que no soy.              Pero, lo que en este lugar es vergonzoso en África es vivir en libertad y un eructo es fiesta en los países Árabes. Y si para vergüenzas no se saca siempre existe la posibilidad de convertirse en aquél que todo le importa poco.
            Ahora les ha dado por llamar vergonzante a lo vergonzoso, con el sufijo ante, es decir, él que hace una acción como el caminante, danzante triunfante, migrante… queda claro que se refiere a las personas o cosas que hacen un acto cualquiera. En este caso sería aplicado a los individuos, pese a eso no lo usan para la gente sino para la misma acción, así aseguran: “es vergonzante la manera de robar al erario público”, por poner un ejemplo. No les queda claro que la manera de robar es vergonzosa, produce vergüenza y que el vergonzante es el ratero porque comete la acción de avergonzar.
La definición de diccionario dice que la vergüenza es­ un “sentimiento ocasionado por alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante”. Es algo más, es el filtro que impide que me vean los colmillos de mi animalidad, es la máscara de la vida que es el carnaval permanente. Que igualmente se toma como sinónimo de pena o la canción de Silvio Rodríguez que se llama “La vergüenza” y que canta así: “Tengo una mesa/ que me alimenta,/ que a veces tiene/ hasta de fiesta./ Mas si tuviera/ sólo una araña/ burlona en mi despensa,/ tendría la vergüenza./ ¿A qué más? (…) Tengo luz fría/ y lavamanos,/ cables, botones/ casi humanos./ Pero si fuera,/ ay, mi paisaje/ sólo de ruinas intensas,/ tendría la vergüenza…”
Casi lo dije al inicio de este texto: la vergüenza es uno de los sentimientos que da soporte a las relaciones humanas. Para vivir en sociedad hay que tener cierta medida de ésta, ni mucha ni poca, la necesaria. Pues la vergüenza en exceso hace que los individuos sean superficiales o que no se puedan relacionar con los demás. Quienes poseen demasiada le dan valor a lo que no lo tiene y los que no tienen nada de vergüenza menosprecian lo que para la mayoría es valioso.

martes, 26 de febrero de 2013

Aquì, mi texto "La vida infinita de José Gorostiza" publicado en la revista Siglo Nuevo