Mi foto
Nació en Francisco I. Madero, Dgo. El peor de los pecados es su primer libro de cuentos.Ha recibido el Premio Estatal de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre” en los años 2000 y 2015 y el Premio Estatal de Periodismo de Coahuila, 2016 y 2017. Escribe cuento y ensayo. Es colaboradora regular del periódico El Siglo de Torreón. Su entrevista con Elena Poniatowska fue traducida al griego y publicada en la revista Koralli de Atenas. Ha publicado en diversas revistas nacionales y libros colectivos. Perteneció al taller literario de Saúl Rosales; es médica egresada de la Facultad de Medicina de Torreón, UA de C. y estudió la Maestría en Apreciación y Creación Literaria en Casa Lamm en la Ciudad de México.

domingo, 4 de diciembre de 2016

ADIVINANZAS LITERARIAS (II)


Resultado de imagen para sentido del humor
Sentido del humor
Resultado de imagen para cianuroEn una de mis colaboraciones anteriores escribí sobre las adivinanzas, en esa ocasión intenté recrear, abarcando lo más posible, la historia y simbolismo de la manzana y luego de la ansiedad. Y como dije en esa ocasión, las adivinanzas literarias me parecen un buen ejercicio por lo que continuaré, sólo por esta vez, con tres más. Aunque esta forma de escribir no deja de recordarme las preguntas que se hacen al jugar maratón, esa competencia de conocimientos que algunos jugamos en familia, sentados en los comedores de nuestras casas.
1.- A pesar de que soy un ejemplo de inteligencia, lo común es que las personas crean que mi naturaleza es la estupidez. Por eso hay quienes en mi nombre se ríen de tonterías y ofenden a
Resultado de imagen para ADN los otros de manera vulgar. Hay millones de personas que se divierten de esta forma; cuando, en realidad, mi naturaleza debe ser la ironía sí, pero con elegancia, de tal forma que requiera de un poco de inteligencia del interlocutor y que la risa se contagie como una forma de telepatía con una mirada sutil, con una palabra ambigua, con un gesto inesperado. No se necesitan palabras para hacerme presente, pues el máximo exponente de este sentido, que puede ser silencioso, se apellida Chaplin. Para que me recuerden: El que no tiene nada de mi le llaman amargado y el que tiene demasiado le nombran idiota.
2.- Puedo dar fin a cualquier sufrimiento. Me alojo en las semillas de muchos frutos como en el durazno, la manzana y las almendras. A dosis menores no causó nada pero con dosis mayores he matado a muchos, entre ellos a un poeta saltillense de apellido Acuña y al más grande asesino que ha dado Alemania. El escritor Gabriel García Márquez me usó para el inicio de su novela El amor en tiempos del cólera, por los que les comparto el primer párrafo: “Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados. El doctor Juvenal Urbino lo percibió desde que entró en la casa todavía en penumbras, adonde había acudido de urgencia a ocuparse de un caso que para él había dejado de ser urgente desde hacía muchos años. El refugiado antillano Jeremiah de Saint-Amour, inválido de guerra, fotógrafo de niños y su adversario de ajedrez más compasivo, se había puesto a salvo de los tormentos de la memoria con un sahumerio de…”
3.- Vengo de los confines de la creación, los científicos aseguran que antes de que todo ser vivo emergiera de los mares a la tierra, y en el mar mismo, primero fui yo. De allí que exista la certeza de que se creó el huevo y después la gallina y el huevo salió de mí. Aunque todas las religión contradigan este hecho. Puedo ser pulga o piojo; alguna vez fui mamut y dinosaurio. Estoy en algunos virus y en un sinfín de enfermedades transmisibles. El hombre existe por mí, igual que el perro, el árbol o cualquier ser vivo sobre la tierra. En mí, la historia y el futuro. Llevo en mi lenguaje las instrucciones para la vida, la salud, la enfermedad y la muerte. Incluso, aunque no está completamente demostrado, muchos creen que toda conducta la dicto yo. Fui descubierta en el año  de 1944, y en 1962  Wilkins, Watson y Crick recibieron el Premio Nobel de Medicina por la descripción de mi estructura que es de forma helicoidal, como si fuera una escalera de caracol. Soy el escultor de las formas vivas: establezco la anatomía y la fisiología. Soy misterio y  conocimiento. Me replico infinitamente y me mezclo para evolucionar a todas las especies del planeta sean animales, hongos, vegetales o protozoarios. Nunca miento pero me puedo equivocar, por lo que de vez en cuando cometo errores en la anatomía y fisiología, entonces hago que nazcan seres defectuosos. Y si me estudian a conciencia puedo predecir el futuro clínico de las personas.

1.- El sentido del humor. 2.- Cianuro. 3.- ADN: Ácido desoxirribonucleico, molécula que contienen los genes.

lunes, 21 de noviembre de 2016

DOLORES DÍAZ RIVERA


El próximo diciembre se va a cumplir un año que mi querida amiga Dolores se fue a vivir a Monterrey. Ya hace diez años que, periódicamente, nos reunimos un grupo de amigas y compartimos la mesa y platicamos de literatura o de política, entre otras cosas.  A este grupo lo denominamos “Las cinco en punto” porque la hora de nuestra cita siempre es a las cinco de la tarde. Allí hemos estado Magda Madero, Silvia López, Yolanda Natera, Graciela Guzmán, Rosa Gámez, Lidia Acevedo,  Dolores Díaz Rivera y yo. Graciela se fue a su natal León, Gto. y Dolores, como dije, vive ahora en Monterrey, de manera que nuestro grupo se ha reducido y extrañamos a las que no están porque nos enriquecían con sus reflexiones.
         Dolores es un ejemplo para mí, pues lleva sus más de ochenta años con una gracia extraordinaria. Habla con alegría de su vida, tanto que uno piensa que ella siempre ha sido feliz. Aunque sabemos las historias tristísimas que ha vivido. A Dolores la encontré una mañana de sábado en el taller de Saúl Rosales. Recuerdo cuánto me sorprendió su vitalidad y la animación con la se refería a sus nietos, a sus hijos, a su esposo... Posee una gran capacidad para compartir anécdotas de forma divertida. Otro de los rasgos  sobresaliente de la personalidad de mi amiga es su entusiasmo por aprender. Posee la humildad que se necesita para dejar de ignorar, eso le permite aceptar con gusto las críticas. Y le admiro por ello. Dolores es una amiga entrañable y la quiero, con ella he reído mucho y aprendido, entre otras cosas, a ser optimista.
En una de esas tardes compartidas Dolores nos platicó sobre una  sirvienta que padecía un mal congénito y que trabajaba con una de sus hijas. La muchacha había nacido con ambos pies maltrechos. Se trataba pues de lo que en medicina se conoce como “pie equino varo”. Así que, por extraño que parezca, la mujer cojeaba de ambos pies. Aquella mujer de andar atropellado era una persona en extremo bondadosa, motivo natural por el conquistó el cariño de la familia. Ante ésta situación, un amigo de ellos que era traumatólogo, se ofreció a operar a la muchacha, proponiéndoles el pago de la cirugía en abonos. En esa ocasión Dolores cuestionó a su hija: “¿Para qué quieres curarla? ¿Quieres que te lo agradezca toda la vida o quieres hacerle un bien? Si esperas agradecimiento ¡olvídalo! no le pagues la operación”. Después de un rato de meditarlo, su hija le contestó: “Quiero que se opere para hacerle un bien”. De manera que el cirujano le arregló los pies a aquella buena mujer. Pero después de enderezados los pasos, la sirvienta cambio. Es decir su actitud se torció; se volvió hombreriega y mal portada.  Luego, Dolores se preguntaba asombrada ¿cómo era posible que aquella persona teniendo los pies descompuestos fuera tan buena y con los pies enderezados se haya vuelto tan rebelde? A pesar de ello su hija se quedó satisfecha. Aprendió, gracias a la advertencia de su madre que el agradecimiento no es algo que se deba esperar. ¿Será que de todos modos no podemos escapar del destino?, tal vez ésta mujer le correspondía forzosamente tener algo chueco, aunque fuera el genio. De cualquier manera anduvo en malos pasos.
Dolores va recogiendo anécdotas y muchas de ellas las convierte en cuentos como  los que ha recopilado en sus libros: Atardecer brillante, Polvo en el laberinto, Sombras otoñales Ecos del tiempo y Amaneceres. Su primer libro fue La felicidad es ahora, que es una novela predominantemente autobiográfica donde narra la vida con el padre de sus hijos y su separación de él. También escribió las novelas Los socios y Caminos Borrosos.

Con frecuencia hablo con ella por teléfono y me platica sobre sus nuevas actividades, sus nuevas amigas y de las clases de filosofía que está tomando y que le han hecho pensar en cosas que antes nunca se le habían ocurrido, a lo que ella misma se dice muy comprensiva: “Bueno, yo nunca había estudiado filosofía”. Espero que no pase mucho tiempo en que volvamos a reunirnos acompañadas de nuestra querida Dolores Díaz Rivera.

sábado, 5 de noviembre de 2016

LAS DECEPCIONES DEL NOBEL


Resultado de imagen para Bob Dylan

En diversas ocasiones, mi esposo, Eduardo Serna Zetina, ha ofrecido una conferencia sobre los premios Nobel. Él, después de asistir al congreso europeo de cardiología (en septiembre de 2010) en Estocolmo, Suecia, y de haber ido al museo Nobel, regresó del viaje con un renovado interés por la historia de Alfred Nobel y los galardones que, en ciencia, literatura y paz son el máximo reconocimiento a lo que un ser humano puede aspirar. Durante meses lo vi estudiando, en sus tiempos libres, sobre la Academia del Nobel y los personajes que han ganado el premio. En su exposición, Eduardo, tiene un apartado que tituló: “Las decepciones del Nobel”. Enseguida expongo algunos datos relevantes sobre el tema.
         La academia encargada de elegir los premios Nobel, no está exenta de errores, pues quienes deciden son humanos y Errare humanum est. Existen varios ejemplos de sus equivocaciones. En medicina: En 1949, le otorgaron el Nobel al neuro-psiquiatra portugués Egas Moniz, "por su descubrimiento del valor terapéutico de la lobotomía frontal en determinadas psicosis", cuando en realidad ese procedimiento sólo servía para provocar que la persona se volviera un vegetal: sin habla, con retraso mental y con poco movimiento. Otro fue el caso del austriaco Julius Wagner, (Nobel, 1927), por el tratamiento con malaria para la demencia paralítica provocada por sífilis, que luego se demostró que servía sólo para agregarles otra enfermedad a los pacientes. Otro más, el danés Johannes Fibiger (Nobel, 1926) por el descubrimiento de que el parásito spiroptera carcinoma era causante del cáncer en ratones y por ende en humanos. Después se demostró que esto era falso.
         Dentro de los más controvertidos está el premio Nobel de la Paz, (que es el único que otorgan los noruegos y no los suecos) ya que la Academia Noruega llegó a aceptar nominaciones de grandes asesinos como Hitler, Mussolini y Stalin. Y se los han otorgado a terroristas como Yaser Arafat. También lo han recibido personajes que no han hecho nada en pro de la paz, como el presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, que en 2009, el mismo año que arribó a la presidencia, fue galardonado “por la esperanza en un futuro mejor”. Aunque sabemos que cualquier premio se entrega por el pasado de una persona no por su futuro. Otra muestra es el caso de la joven paquistaní Malala, que a los 17 años obtuvo el Nobel. ¿Cuántos años pudo haber trabajado por la paz esta niña? En contraparte, hay que recordar que el hindú Mahatma Ghandi, ícono del pacifismo y quien logró la independencia de su país frente a Inglaterra, fue nominado en cinco ocasiones, pero jamás recibió esta presea. Hay que agregarle al premio Nobel de la Paz de este año, Juan Manuel Santos, colombiano que tampoco ha logrado nada de paz.
Muchos piensan que hay un río subterráneo de intereses económicos y políticos que son los que mueven las decisiones de los académicos: para algunos el Nobel de literatura para Gabriel García Márquez, en 1982, fue una estrategia para limpiar la imagen de una nación en crisis que el mundo asociaba, principalmente, al nombre del narcotraficante Pablo Escobar. Sin embargo, son pocos los que ponen en duda la calidad literaria del colombiano. El año pasado se cuestionó el Nobel de la rusa Svetlana Alexievich, a quien le otorgaron el Nobel principalmente por su trabajo periodístico, no literario. Sorpresivamente, este año han premiado al estadounidense, de origen judío, Bob Dylan, famoso por su música, es pues un escritor atípico para este galardón. He leído poemas (canciones) de Bob Dylan y, aunque me gustan algunos, están muy lejos de deslumbrarme y tengo la certeza de que no tiene la erudición de Jorge Luis Borges, James Joyce, Marcel Proust, Mark Twain, Henrik Ibsen o León Tolstoi, todos ellos nominados para el Nobel de literatura y a los que la Academia Sueca consideró indignos de recibirlo. Sucedió igual que con el Nobel de Física que les fue negado a dos grandes genios: Thomas Alva Edison y Nikola Tesla.

         Sé que no tiene importancia que me guste, o no, que este músico-poeta haya ganado el Nobel. Pero creo que será apreciado más con los oídos que con los ojos, y la lectura es la principal forma de apreciar la literatura. De cualquier manera, que Bob Dylan esté en la polémica hace que revaloremos nuestra propia percepción de la literatura y eso es parte de la pimienta de la vida.

sábado, 22 de octubre de 2016

ADIVINANZAS LITERARIAS

Resultado de imagen para las cuatro manzanas que cambiaron el mundo
Las adivinanzas eran juegos de niños. Antaño repetíamos oraciones, rimadas y simples, como la del aguacate: “Agua pasa por mi casa, cate de mi corazón. El que no lo adivine, será un burro cabezón”; la del agujero: “Qué es, qué es, que entre más le quitas más grande es?; la del humano: “¿Qué animal nace en cuatro patas, crece en dos patas y envejece en tres patas?”. O la de la abeja: “Mi picadura es dañina, mi cuerpo insignificante, pero el néctar que yo doy, te lo comerás al instante”. Supongo que ahora, con la tecnología, los niños resuelven acertijos menos inocentes, diferentes a los de mi generación.
Algunos autores acuden a las adivinanzas literarias como recurso creativo y las incluyen en su obra narrativa. Desde luego, son diferentes a los juegos infantiles y son más elaboradas. Y ya que a mí me parece un ejercicio divertido, escribí dos adivinanzas que a continuación les expongo. Al final están las respuestas. Por si acaso.
1.- En el principio fue la prohibición, porque todos equivocaron la lectura e ignoraron que nunca se habló de mí. Aunque puedo reconocer que, a pesar de la gran presencia que tengo en la ciudad norteamericana del terror, en ciertas circunstancias sí debo de ser prohibida, porque soy capaz de provocar la perdición de toda mi parentela. Reconózcanme, soy hermosa y brillante. Me visto para la ocasión en diferentes tonos, entre ellos el verde y, sobre todo, el carmesí, que es el color favorito de quienes me poseen; con éste aparezco en fotografías y pinturas, donde para recordar que me puedo corromper, no pocas veces, me acompaña un verme. He sido importante en la historia de la humanidad, he estado presente en la ciencia, la medicina, la tecnología, la religión y la literatura. En ciencia, por ejemplo, un tal señor señor Isaac me obligó a trabajar en estado de gravidez; en literatura han dicho que he envenenado a más de una joven; en religión me culpan, falsamente, de todos los males que aquejan a la humanidad. En la vida moderna, las mujeres que odian comer sólo me aman a mí. Tecnológicamente, represento el envenenado mordisco al estatus de la high society. Y en el mismo nivel, soy la referencia de los jóvenes holgazanes que aseguran que no necesitan la universidad para ser millonario. De naturaleza saludable y aunque me atragante, soy la única parte anatómica que, en ocasiones, descubre que una Eva en realidad es un Adán. Vivo y muero en cualquier confitería o me puedo evaporar para que mi espíritu se transfigure en champaña para los pobres.
2.- Soy el mal de la era modera. Soy invisible, pero pueden ver mis consecuencias. No se sabe si yo escojo a mi víctima o ella me escoge a mí. No es que sea fea pero todos concuerdan en calificarme de desagradable, por eso comprendo que nadie me quiera. Aunque, el desprecio del mundo no obsta para que yo acompañe a millones de seres humanos todos los días, en todas sus actividades. Me instalo en sus gargantas hasta provocarles la sensación de ahogamiento; cuando toco su corazón lo desboco hasta que sienten que pueden morir en ese instante de un ataque cardiaco; en el estómago me puedo transformar en grandes cantidades de ácido, a tal grado que he perforado esta víscera y a muchos he llevado al quirófano por ésta causa; soy capaz de enlentecer el movimiento peristáltico hasta llegar a inflarles los intestinos, de tal forma que creen que pueden reventar. Sin embargo, es el cerebro donde nazco, y es muy fácil saber que estoy con alguien porque cuando me llevan consigo las personas siempre tienen prisa. Por ejemplo: se enojan, gritan y maldicen, en el momento en que cambia el semáforo a verde y el coche de adelante no avanza; comen rápido y si tienen que hacer fila se desesperan volteando a todos lados o saltando en todas redes sociales de su teléfono celular. Me han querido matar con yoga u otros métodos de terapia sicológica, pero sólo me hago la muerta un rato y vuelvo aparecer en el cualquier órgano corporal. Otro recurso que usan para tratar de eliminarme son las píldoras o gotas dormilonas. Aunque ha habido quienes logran alejarme y en ellas aparezco únicamente cuando es necesario protegerlas de los peligros reales de la vida.

Respuestas: 1=La manzana. 2=La ansiedad.

martes, 11 de octubre de 2016

A DOÑA OLGA DE JUAMBELZ Y HORCASITAS

Querida Olga:
Perdona que sea hasta ahora cuando hago caso a tu insistencia de que te llamara Olga y te hablara de tú, así, sin complementos. Como si no fueras única desde tu historia, desde tu apellido “de Juambelz y Horcasitas”; como si tu presencia no se impusiera ante los otros, como si tu nombre no significara “aquella que es invulnerable" o "aquella que es inmortal". Te obedezco ahora cuando comienzo a escribir esta carta, un día después de tu partida. Por fin pude liberarme de la tiranía de ese atavismo.
         Hace 16 años acudí a ti, yo vivía días de confusión y tristeza, fue entonces que me abriste las páginas de tu periódico y eso me sanó. Quizá no supiste lo importante que eras para mí; trasformaste la percepción que tenía de mí misma. Valorabas mi capacidad mejor que yo, alentándome con un: “tú puedes hacer esto, tú puedes hacer aquello, no permitas que… Escribe un libro, yo te lo publicó”. Y así fue.Exactamente un mes antes de tu partida había pasado la tarde contigo y te hice una pregunta a propósito de que yo percibía tu mirada, a veces azul, a veces verde, a veces color miel… te pregunté sobre cuál era el verdadero color de tus ojos y contestaste: “De todos los colores, a veces hasta rojos”, y te reíste. Cada vez que te visitaba llevaba una lap top conmigo, para que oyéramos música y viéramos videos, porque hay alegrías que nunca nos abandonan y la música es una de ellas. Sabiendo tus aficiones veíamos videos de ballet, escuchábamos valses y especialmente te veía contenta con los boleros, una vez cantaste quedito, eso de “Me importas tú y tú y solamente tú”, de la canción “Piel canela” con Los Panchos. Otra ocasión se me ocurrió llevar un libro de Jaime Sabines, en ese tiempo estábamos armando la selección de los textos para tu libro Más allá de una mirada, y allí había un artículo sobre Sabines, por eso me tomé la libertad de leerte el poema “Los amorosos”; iba a la mitad de los versos, cuando me interrumpiste para decirme: “creo que me aburre, repite mucho”. Entonces me di cuenta que la contaminación de la publicidad ya no te afectaba, que tu criterio era más puro y espontáneo. Luego, gracias a ti pude apreciar que era cierto, el chiapaneco era muy repetitivo. Sabines no es Borges. Sabines es un instante, Borges es la eternidad.
Las últimas veces que te visité, al despedirme te aseguraba que pronto regresaría: “Ya no voy a estar”, me decías. No pude vislumbrar la cercanía de tu muerte. Escribo muerte y me parece una palabra inexacta para decir que dejaste este mundo: te fuiste poco a poco y nunca nos abandonaras del todo. Tu cuerpo se fue de manera pausada, sin grandes sobresaltos. Seguramente, amando como amabas a tu familia, no querías mortificar demasiado a tus hijos y a tus nietos… A pesar de todo, la muerte no fue injusta contigo porque después de una intensa y larga vida, tu descanso era justo.
         No solo quedaran los recuerdos, vivirás en lo que dejaste, quedará la revista Siglo Nuevo, que con tanta pasión fundaste, y la permanencia de El Siglo de Torreón, gracias a que persuadiste a tu padre, don Antonio, de que no lo vendiera. En mi memoria quedara tu imagen: regia, hermosa, inteligente... Te recordaré platicando sobre lo impresionada que estabas de tu viaje a las islas Galápagos, sobre tus peripecias juveniles: tu afición por la natación o por la danza clásica, misma que dejaste porque te dijeron que eras demasiado alta para eso. Te recordaré feminista, sí, pero desde la concepción de la diferencia entre el hombre y la mujer, no desde la igualdad. El feminismo visto desde tus elegantes ojos. Por eso entendí la razón de que tu columna “Por Pasillos de Palacio” firmada con el seudónimo de la “Güera Rodríguez”, fuera tan exitosa, porque allí escribías desde la convicción de la mujer que lucha para lograr la verdadera emancipación. En ese espacio de domingo disparaste todas tus armas contra el machismo.
         Una semana después de que te vi por última vez, viajé a la ciudad de México, allá visité a Elena Poniatowska, quien siempre preguntaba: “¿Cómo está Olga?”, esa vez recordé cuando me platicaste que le habías regalado una, muy buena, crema facial y que Dña. Elena se la untaba en los pies. Se lo conté a ella y sonriente me contestó: “No lo recuerdo, pero seguro que así pasó. Los pies también importan”. Me gustaba reunirlas conmigo en las pláticas que he tenido con ambas por separado.
         Guardaré con cariño tus consejos, tus comentarios sobre mis textos, recontaré las veces que compartimos el vino y la mesa, pero sobre todo, las tardes que tuve oportunidad de visitarte en tu casa. Fui muy afortunada al conocerte.
En estas líneas para ti, traigo un párrafo de tu texto “Seis décadas de una mujer” que está contenido en tu libro Más allá de una mirada: “En el mar del tiempo soy una roca golpeada por olas siempre nuevas. Una roca que no se mueve ni se desgasta. Y repentinamente la marea me arrastra; me arrastrará hasta que me hunda en la muerte. Mi vida se precipita y no obstante este momento transcurre con lentitud, hora a hora, minuto a minuto (…) ‘Es dura la tarea de morir cuando, a pesar de todo, se ama tanto la vida´”.
Me despido con un largo abrazo y un hasta luego. 

        

sábado, 8 de octubre de 2016

LA RISA Y SU CRUELDAD




Resultado de imagen para Juanga y Nicolás alvarado
Evolutivamente, la risa humana fue anterior al lenguaje. Es decir, primero emitimos sonidos guturales de aceptación o de rechazo. La risa (y la sonrisa) se trasformó en una forma de manifestar complacencia. Pero la risa ha ido cambiando y ya no es sólo un impulso espontáneo sino que, ahora, las personas buscan formas de carcajearse, para ridiculizar a los demás; la risa también es un acto de crueldad.
En la Biblia, la risa no es una expresión aceptable: en el Génesis, por ejemplo, Dios le quita el habla a Abraham porque se rió cuando le comunicó que sería padre a los cien años de edad, junto con su mujer Sara, de noventa. La noticia les causó risa: Dios hace que Sara dé a luz a Isaac, nombre que significa “aquel que hará reír”. Igualmente, en el libro Eclesiastés, la risa es censurada, allí se encuentran frases como: “Dije de la risa: Es locura”; “Mejor es la tristeza que la risa. Porque cuando el rostro está triste el corazón puede estar contento”. Sin embargo, ni cristianos ni judíos se toman en serio eso de que la risa es mejor que la tristeza. Y en nuestro caso, los mexicanos somos capaces de reírnos casi de todo.  
La risa necesita ser compartida de lo contrario se vuelve contra el emisor, le trastoca el cerebro y lo vuelve loco: “El que sólo se ríe de sus maldades se acuerda” sentencia el refrán, y es que la risa necesita tener eco. La risa cuando es multitudinaria es potente y modifica las formas de sentir. Pero puede ser peligrosa, porque como dice George Bataille: “en la risa se pierde la conciencia”. Lo cierto es que la risa es un medio de catarsis para una nación como la nuestra, con muchos problemas de desigualdad social y violencia. Es a través de la risa, sobre todo, que el mexicano protesta.
.        En esto de reírse de los demás, la creatividad popular es asombrosa. A tal grado que lo chistoso se vuelve patético, por eso, como se ha escrito tantas veces, los mexicanos vivimos en constante tragicomedia. Cito un ejemplo, (quizá baladí): el caso de Nicolás Alvarado, que fue “linchado”, a través de las redes sociales, por atreverse descalificar la música de Juan Gabriel con su artículo “No me gusta “Juanga” (lo que le viene guango)”. La presión fue tal, que el hombre terminó renunciando como director de TV UNAM.  Desde luego, al escritor le faltó delicadeza e hizo enojar a los fanáticos, a pesar de que en su texto reconoce al “Divo de Juárez” como un personaje con un valor icónico similar al de la virgen de Guadalupe y Octavio Paz, y allí, también, admite ser clasista: “Mi rechazo al trabajo de Juan Gabriel es, pues, clasista: me irritan sus lentejuelas no por jotas sino por nacas”. Su error fue que en esa misma locución no resistió la tentación de hacer gracioso su desagrado por Juanga: “no por jotas sino por nacas”, dice.  Los intolerantes no admitieron el rechazo a su ídolo. Es curioso, los fanáticos se indignan si alguien dice que no le gusta Juan Gabriel, pero ellos mismos no respetan su memoria; pues, irónicamente, no han cesado de ridiculizarlo con vulgares memes, caricaturas y chistes.
Por su parte, el escritor Yuri Vargas, contradijo el artículo “No me gusta Juanga” con el texto: “Lo que se ve no se pregunta” haciendo una defensa puntual de lo que es la música de Juan Gabriel. No obstante, Vargas también se equivoca en la descalificación a Nicolás Alvarado, cuando lo llama ignorante, argumentando que la frase “prosodia torturada”, no se aplica a las letras versificas del cantautor, él afirma que: “la prosodia es el reino de la prosa”, cuando en realidad la prosodia no se refiere a la prosa, sino a la correcta pronunciación y acentuación de las palabras y esto abarca el verso y la prosa.

Me parece peligrosa la extraña libertad de expresión de las redes sociales, llenas de chistes y de maldad. No entiendo porque alguien se vuelve despreciable sólo porque no tiene los gustos de la mayoría. A mí me gustan algunas canciones de Juan Gabriel, así como cierta música folklórica (entre otras) pero prefiero evitar, en lo posible, la llamada “música grupera”, ¿eso significará que soy ignorante de la cultura popular o que “me sentí superior a cualquiera” al expresarlo? O, simplemente no me gusta, y ya. 

sábado, 24 de septiembre de 2016

ANALGESIA


Resultado de imagen para pintura el hombre atormentado
El hombre angustiado

Eran los últimos respiros de la noche. El anuncio del amanecer lo hacía el canto de las torcazas. Un día más es lo mismo que decir un día menos: El movimiento perpetuo de la vida. Mi mente regresa de la inconsciencia con la mirada abierta; preguntas sobre el dolor y la muerte me golpean, al recordar los gráficos de “Después de tu muerte” de Ramin Nazer. Pensé: “la muerte nos iguala a todos y el dolor nos diferencia”. El momento de la línea perpetua en mi corazón, llegará. Por fortuna no sé cuándo. Así, contamos los días que ya tienen número desde la eternidad. El misterio está en lo que sigue, si es que hay un paso más después del umbral de luz. Qué pasará con mi pequeña alma vagabunda: entrará en otro cuerpo humano, será un fantasma asustaniños, viajará por el espacio sideral, se convertirá en rata, caballo, gato, perro, manzana o nopal.  Acaso arderé en los infiernos ambientados con humos de azufre. O tal vez,  en una esperanza idílica, obtendré la gloría y estaré en un lugar lleno de colores pastel; ¿encontraré en el cielo la felicidad sinfín que ahora se me antoja estéril? ¿Despertaré del sueño que es la vida? O, ¿el gnomo que me sueña dejará el mundo de Morfeo? La duda viene entre tantas teorías que llegan a decirme otras locuras, como que es posible que yo sólo sea un programa de computadora. Entonces pienso en quienes amo y en el recuerdo que les quedará: Mi necedad ya no será defecto, mi risa se trasformará en tristeza y mi locura será ejemplo de lucidez. Ellos sabrán cuánto los he amado y cuánto amo este tiempo y este espacio.
De manera que, entre la vida y la muerte, siempre está el dolor. Sin dolor no existimos. El dolor es obligado y necesario. Un dolor avisa que saldremos del vientre materno y aseguran que éste, es el más intenso que un ser humano puede sentir, parecido a los que se sufren con los cálculos renales, la angina de pecho o el infarto al miocardio. Dolores físicos que anuncian sobre lo que no funciona bien. Entonces, en general, haciendo a un lado el masoquista, buscamos la analgesia, tratamos de quitar el dolor, o al menos, atenuarlo.
Por eso me intriga la somatización de la tristeza: cuando el dolor del alma se sale por el cuerpo. Desde luego, de alguna u otra forma, todos lo padecemos, porque es imposible separar el cuerpo de la mente. Eso únicamente se logra volviéndose difunto. Así, vemos que el estrés y la tristeza producen gastritis, colon irritable, ataques al corazón, etcétera. Por ello, existen personas que sufren y se vuelven hipocondriacas y al menor rechazo les duele la cabeza o no pueden respirar. Sin embargo, hay una condición extraña, y es cuando, inconsciente o conscientemente, se desea que la congoja se vuelva algo corporal. De allí que encontremos a pacientes que simulan dolores intensos que ceden con la aplicación de un placebo. Y es que, en general, las personas creen que el dolor físico es algo imposible de comprobar. Es decir, si yo digo que tengo una neuralgia aguda e intensa, todos me deben de creer y no hay forma de que comprueben que miento. Pero, en algunos casos, sí hay forma de demostrar la mentira. Por ejemplo, una mujer que llega a urgencias de un hospital con un grito adolorido y  que al momento de tomarle los signos vitales no tiene baja en la presión arterial, ni taquicardia y su piel esta inmutable (sin sudoración ni palidez), entonces, para el médico es difícil de creer que esa manifestación sea algo grave. Desde luego,  nadie, por fiel al rencor que sea, creerá que a través de una actuación con contorsiones y gemidos, se puede producir la muerte. E igualmente, nadie debe juzgar a quien le desaparecen las molestias con una inyección de solución salina. Habrá que entender que el sufrimiento real sigue allí, que no escapa tan fácil y que la creatividad teatral se dispara con el sufrimiento.

La analgesia puede venir en una aspirina, en un abrazo y de forma definitiva en el polvo en el que nos convertiremos. Bueno, eso espero.