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Nació en Francisco I. Madero, Dgo. El peor de los pecados es su primer libro de cuentos.Ha recibido el Premio Estatal de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre” en los años 2000 y 2015 y el Premio Estatal de Periodismo de Coahuila, 2016 y 2017. Escribe cuento y ensayo. Es colaboradora regular del periódico El Siglo de Torreón. Su entrevista con Elena Poniatowska fue traducida al griego y publicada en la revista Koralli de Atenas. Ha publicado en diversas revistas nacionales y libros colectivos. Perteneció al taller literario de Saúl Rosales; es médica egresada de la Facultad de Medicina de Torreón, UA de C. y estudió la Maestría en Apreciación y Creación Literaria en Casa Lamm en la Ciudad de México.

domingo, 5 de septiembre de 2010

CINCO LÍDERES LAGUNEROS


La revista Líderes Mexicanos, en su edición del mes de julio publica (como cada año) la lista de las 300 personalidades más influyentes del país. De este modo se determina que todo lo que digan o decidan estas personas moldeará el pensamiento, estado de ánimo, estado de salud, forma de vestir y el ingreso per cápita de los mexicanos. Es decir, pareciera que estamos enteramente en sus manos. Las categorías se dividen en Ciencia, Cultura, Deportes, Empresarios, Espectáculos, Líderes de Opinión, Medios, Poder Ejecutivo, Poder Legislativo, Poder Judicial, Organizaciones Civiles, Política y Profesionales. Desde luego en lo que respecta al Poder Ejecutivo se encuentran todos los gobernadores de los estados, el jefe del Distrito Federal y el Presidente de la República, de manera que en este apartado no hay mucha dificultad en determinar a los líderes. Agregan allí a la esposa del Presidente y a los Secretarios que más vemos en la televisión. En cambio la sección de política es encabezada por Elba Esther Gordillo, seguida de los presidentes de los partidos y remata con dos nombres que hacen política; uno abiertamente, que es Andrés Manuel López Obrador y el otro, siempre detrás de alguien, Carlos Salinas de Gortari. La lista más grande la encabezan por supuesto los empresarios como los Slim, el padre, los dos hijos y el sobrino, además de los Azcárraga, Salinas Pliego, Bailleres, Chico Pardo, Garza Sada y una larga lista. Allí destacan también los nombres de tres empresarios laguneros: Carlos Herrera, de Chilchota; Ricardo Martín Bringas, de Soriana, y Eduardo Tricio Haro, de Lala. Otros dos nacidos en Torreón considerados como líderes mexicanos son Carmen Salinas en el apartado de Espectáculos y Juan Francisco Ealy Ortiz en Medios como Presidente y Director General del periódico El Universal.
Llama la atención que algunos personajes sean considerados como gente que marca las tendencias como es el caso de la agrupación Los tigres del norte. Creo que debe ser porque desde 1968 iniciaron el retrato de la historia del narcotráfico con aquella canción de “Contrabando y Traición”. También vemos en esta edición a aquéllos que han hecho del chisme su profesión como Paty Chapoy, Juan José Origel y Maxinne Woodside; supongo que en el arte de torcerle el hígado a otros nadie puede superarlos.
En la sección de Cultura la mayoría de los líderes son escritores: Carlos Fuentes, Héctor Aguilar Camín, José Emilio Pacheco, Sabina Berman, Jorge Volpi, Juan Villoro. Igualmente destacan dos artistas dedicados a la música, como el director de orquesta, Juan Carlos Lomónaco, y el tenor Rolando Villazón. ¿Dónde quedó el tenor Ramón Vargas? Desde luego es curioso (aunque comprensible) que a una agrupación musical no la coloquen en cultura sino en espectáculos como es el caso de Los tigres del norte.
Con esta larga lista de las personas más influyentes de nuestro país se concluye claramente que los hombres siguen siendo los que manejan el poder, ya que de 300, solamente 32 son mujeres. Además de quedar la sensación de que esos 300 líderes no son suficientes para opacar a otros líderes que aparentemente son ilegales, pero que pueden comprar conciencias, olvidos y derramar dolor, mucho dolor. Por eso digo al inicio del artículo “pareciera” que estamos en manos de los 300 líderes mexicanos. Sí, eso parece, pero no es verdad. En realidad nos moldean la vida más otros hechos que ver, cada verano o Semana Santa en el noticiero de Joaquín López-Doriga (también líder), la repetición de la "gran" noticia de que la familia fulana juntó sus ahorros, rentó un camión y se fue a Acapulco y que tuvo sus 5 minutos de fama aireando las lonjas por cadena nacional. Si un noticiero recurre a ese tipo de noticias todo comienza a oler muy podrido. Todo se vuelve sospechoso.

lunes, 30 de agosto de 2010

Aquí la reseña de Gregorio Muñóz sobre El peor de los pecados

Muchas gracias a Gregorio Muñoz por sus palabras sobre mi libro. El autor es también arquitecto y fotógrafo. Esta reseña se publicó en la revista Siglo Nuevo el sábado 10 de julio de 2010.
El pecado de Angélica
Gregorio Muñoz

“Vos hicisteis al hombre, pero no a su pecado”
Agustín de Hipona
La colección de cuentos de Angélica López Gándara de reciente publicación es más que una confesión. Al recorrer los íntimos laberintos que componen su obra descubrimos una voz que surge de la reflexión sobre lo cotidiano, los conflictos existenciales y la memoria.
Ella misma revela el origen de su sugestivo título remitiéndose a un poema de Borges. Aventura además una clave para una posible interpretación cuando afirma: “Todos vivimos en prosa”. Ciertamente, nuestra existencia no es la de los juglares, ni de los poetas, sino de los seres de palabras fluidas, de la oralidad pura.
Es de igual forma un testimonio de su afición por coleccionar vocablos para desenmascarar la veleidosa condición de las palabras, de su caducidad, de su vigencia, de su corruptible materialidad. También de su obstinación por recuperar un pasado que se muestra como la vuelta al origen después de la expulsión del edén. El retorno a una tierra que solo existe ya en lo imaginario.
El pecado de Angélica no es la falta contra la razón, la verdad o la justicia. Tampoco en el sentido de la hamartia griega y la falta de tino. Menos aún la acepción antigua que se refiere al olvido. Muy lejos de la trasgresión voluntaria es como ella misma lo confiesa sin esperar absolución alguna, la felicidad no lograda. Ese fallido acto que vulnera la existencia humana: la omisión.
Trae la expiación encarnada en los personajes de sus historias. En la soledad de la edad senil; en el aislamiento de la vida urbana; en el abandono de los desposeídos; en la infidelidad y los celos; en el hartazgo de la rutina diaria y las pequeñas desgracias personales; en el vacío nocturno del andén de una terminal de autobuses; en el agotamiento de la jornada diaria como umbral de una noche en blanco.
Una revelación salpicada de musicalidad de personajes en los que la ironía relaciona a Farinelli con la castración de un canino; a la madre de un poeta con Mozart; a Salieri con la mediocridad; a Verdi con la soledad de un inmigrante; a Tschaikovski con la esquiva memoria y a la cumbia con el transporte público.
De igual forma es un mapa de sus rutas literarias: Daudet y el carácter vivencial del texto; Herman Hesse y los demonios internos, la infidelidad y el sicoanálisis; Dickens y la solitaria y reflexiva cocción de un pavo navideño; José Emilio Pacheco con Comala y Telcel; Saúl Rosales con la divinidad y la magia; el Kamasutra, con el pudor y la ciencia ficción; Poe con el insomnio.
Su convicción de mujer contemporánea se refleja en esos mínimos episodios que surgen entre la hora del desayuno y la cena; entre la escuela primaria y el despertar de la vida adolecente; en las aulas de la facultad y los amores primeros; en los vericuetos de la vida profesional entre diagnósticos y ensayos. Las cavilaciones de la vida diaria elevadas a las alturas del lenguaje como un diálogo consigo misma.
No es difícil así imaginar a la autora oculta tras la construcción de cada uno de los cuentos de la colección que hoy pone en nuestras manos. Soledad, tristeza, cuitas. Reflejos de la vida diaria salpicados de humor. Relatos de espacios generosos que nos llevan por calles infinitas, por campanario fatales, por los reductos del crimen de las azoteas.
Angélica con sus treintaiocho relatos reunido bajo el título “El peor de los pecados” nos redime del olvido y del silencio. Nos rescata de la soledad y la ignominia. Es una confesión que al tiempo de hacernos partícipes del crimen de escribir, nos exorciza y nos absuelve en el acto purificante de la lectura.
Desde mi perspectiva de lector los recorro con avidez deseando que más que el final de un viaje, sean solamente un alto en el camino de una marcha larga y fecunda.
Correo electrónico: gregoriomunozcampos@hotmail.com

domingo, 22 de agosto de 2010

LA HABITACIÓN DE VIRGINIA


El rostro de la escritora inglesa Virginia Woolf (1882-1941) recuerda al del irlandés Oscar Wilde (1854-1900). Dos grandes escritores de facies alargada, aires de aristócratas, mirada desdeñosa de párpados caídos y vestimenta elegante. Los dos casados, pero que igualmente mantuvieron relaciones amorosas con personas de su mismo sexo.
Virginia Woolf publicó en 1929 La habitación propia, escrito a partir de una serie de conferencias que la autora dictó a propósito de “La mujer y la novela”. Al inicio de la lectura se tiene la impresión de que se trata de una novela pero conforme caminan las palabras se va encontrando el ensayo. Entonces se puede decir que se trata de un “ensayo novelado”. Inicia con una descripción de su entorno y reflexiona sobre cómo surge el proceso creativo. Así, señala que en la imaginación se pescan pensamientos y que en ocasiones hay que regresarlos al estanque para dejarlos crecer y madurar. Expresa que a veces no es posible pescar nada aunque se presente la belleza del mundo con sus dos filos: “uno de risa y otro de angustia partiéndonos el corazón en dos”.
Una habitación propia es un texto que a primera vista nos lleva a la reflexión sobre las mujeres que escriben. Habla de la necesidad de las escritoras de poseer precisamente un espacio propio, libertad y dinero, pues asegura que: “hay que tener quinientas libras al año y una habitación con cerradura para poder escribir novelas y poemas”. Se pregunta sobre el efecto que ejerce la pobreza sobre la escritura; considera que es necesario el dinero para lograr el estado mental del proceso creativo: “es notable el cambio de humor que unos ingresos fijos traen consigo”. Sin embargo sabemos de muchos que han creado en la pobreza. Pero ella insiste en que: “No se puede pensar bien, amar bien, dormir bien, si no se ha cenado bien”.
Virginia Woolf repasa la historia y encuentra que los libros hechos por mujeres, hasta antes del siglo XX, son escasos. Y eso es porque las mujeres han estado cocinando, zurciendo calcetines, y lavando los calzones de los grandes hombres. De ahí que no hayan tenido tiempo para crear.
Lo más valioso del libro Una habitación propia no es porque represente un pequeño reembolso por la herida de género que ha provocado el mundo misógino, no, sino por el hecho de poder apreciar y disfrutar un pensamiento inteligente como el de Virginia Woolf. La conclusión que logro al terminar de leer este ensayo es que el escritor(a) está obligado a imaginar, sí, pero también está obligado a la sensatez. Que el inventor de historias se percate de la necesidad de alejarse de sí mismo. Con esta lectura me queda claro que aquel narrador que ha reconocido sus propias carencias, frustraciones, debilidades, fobias o filias, y que logró manejarlas con la mayor conciencia posible ha hecho obras valiosas. De lo contrario en la página solamente quedarán los arrebatos de un ser impulsivo. Y quizá alguien podrá tener sólo “un cuarto compartido” y a pesar de ello plasmar su imaginación.
La vida de Virginia Woolf terminó flotando en el frenesí de la locura. Antes de morir escribió una carta para su esposo Leonard Woolf: el hombre que la protegió y la amo más allá del sexo. Con fecha de un 28 de marzo de 1941 le dijo:
Querido:
Estoy segura de que, de nuevo, me vuelvo loca. Creo que no puedo superar otra de aquellas terribles temporadas. No voy a curarme en esta ocasión. He empezado a oír voces y no me puedo concentrar. Por lo tanto, estoy haciendo lo que me parece mejor. Tú me has dado la mayor felicidad posible. Has sido en todo momento lo que uno puede ser. No creo que dos personas hayan sido más felices hasta el momento que sobrevino esta terrible enfermedad. No puedo luchar por más tiempo...
Se hundió en el río Ouse. A la edad de 59 años la artista decidió el momento de perder su cuerpo. Por fortuna nos quedaron sus brillantes novelas, ensayos, cuentos, biografías y su diario.

lunes, 16 de agosto de 2010

RESEÑA DE FIDENCIO TREVIÑO SOBRE EL PEOR...

Agradezco mucho al escritor Fidencio Treviño Maldonado por sus palabras sobre mi libro en la revista Edúkte. Aquí el enlace. Página 13 http://www.sincensura.com.mx/pdf/edukt_39.pdf

domingo, 8 de agosto de 2010

REPARTIDORES DE DIOS



En el verano lagunero el cielo y el mundo se derriten. Le damos probaditas al infierno y cuando creemos que todo es azul el rojo nos golpea con fuerza. La Laguna en rojo. Rojo que no te quiero rojo, que no te quiero rojo coagulado.
En estos días de apariencia ordinaria; quisieron venderme a Dios. No era la primera vez que alguien intentaba convencerme de tal adquisición. Recuerdo ver en televisión a un extraño con acento portugués y perfecto español gritando: “Pare de sufrir”. Vienen a mis recuerdos los jóvenes en bicicleta con sus pantalones azul marino y sus camisas blanco Mormón. De aquéllos, se dice que siempre uno se llama Walter; del otro no me acuerdo cuál nombre lleva (porque no usan su verdadero nombre). La memoria también trae las pláticas de amigas sobre las asociaciones religiosas donde hacen sanaciones, los feligreses entran en trance y hablan en lenguas. Y ellas, las mujeres que van en pareja casa por casa caminando hacía la salvación: “Necesita conocer las sagradas escrituras, conviértase, hágase testigo de Jehová. Sálvese porque estamos viviendo los últimos tiempos”. Han tocado a mi puerta un sinfín de veces y siempre encuentran la negativa desde mi comodidad: un grito de no gracias, otro día será, estoy muy ocupada, disculpe pero no…
Sin embargo no habría yo de ser libre del ofrecimiento teológico. Llegué a casa después de una caminata y vi a dos mujeres con sombrilla allí en la puerta, con vestidos de colores opacos que les llegaban casi a los tobillos, con el pelo recogido y en las manos algunas revistas que gritaban en el titulo ¡Despertad! y La Atalaya. Y ahora, ¿qué les diría?: “Sí, también soy su hermana, creo en Dios, es sólo que si necesito una transfusión de sangre quiero que me la pongan, soy su hermana pero no me gusta esa ropa de vestidos largos, me gusta maquillarme y contradecirle a mi esposo cuando no estoy de acuerdo. Además eso de que estamos en los últimos tiempos no lo sé, pero tampoco lo recuerdo en el insomnio. Queridas Atalayas déjenme en paz con mis creencias llenas de dudas. Dudas eso sí. A mí nadie me ha vendido a Dios. Nací teniendo fe en Él. Supongo que se trata de algo como lo que expresó José Saramago cuando dijo que él era un “comunista hormonal”, así, yo soy una “creyente hormonal”. Entonces quise hacerme mensa y no llegar a mi casa pero el sol ya pegaba fuerte y pensé en escucharlas y darles por su lado. Les contesté que sí, que conocía la palabra de Dios. Que Jehová nos haría salvos, que es malo transfundirse sangre (cuando está contaminada), que hay que obedecer las sagradas escrituras y que estamos viviendo los últimos tiempos. Que en oración me he entregado a la voluntad de Dios, que me sé más o menos los mandamientos de la palabra de Dios: Amarás a Dios por sobre todas las cosas. No tomarás el nombre de Dios en vano. Santificarás las fiestas. Honrarás a tu padre y a tu madre. No matarás. No cometerás actos impuros. No hurtarás. No dirás falso testimonio ni mentiras. No consentirás pensamientos ni deseos impuros. No codiciarás los bienes ajenos. Y que me tenía que ir porque tenía mucho trabajo.
“Espere un poco”, me dijeron, y soltaron una retahíla de citas bíblicas de memoria que no las recuerdo con exactitud pero que se parecían a las que están en su página de Internet: “Para ser amigo de Dios, tiene que adquirir un buen conocimiento de la verdad bíblica (1 Timoteo 2:3, 4), poner fe en las cosas que ha aprendido (Hebreos 11:6), arrepentirse de sus pecados (Hechos 17:30, 31) y volverse de su proceder anterior en la vida. (Hechos 3:19) Luego su amor a Dios debería motivarlo a dedicarse a él. Eso quiere decir que, en privado, mediante una oración personal usted le dice a Dios que se entrega a él para hacer su voluntad. (Mateo 16:24).
En verdad me tengo que ir, disculpen, debo de ir a mi grupo de oración ─pequé mintiendo─ Extrañadas, me ofrecieron las revistas a 10 pesos cada una, les dije que no tenía dinero. Me las regalaron. Y pensé: “¡Aleluya! Sanseacabó”.

domingo, 25 de julio de 2010

VECINO VIGILANTE

Me he dado cuenta que en ocasiones me irrita escuchar a las personas cuando hablan de la violencia que estamos viviendo en la Comarca Lagunera y en todo país. Hay días en los que siento que me lastima y evito leer las notas rojas o le cambio al noticiero de la televisión. Mi mente, mis ojos, mis oídos están fatigados de ver y oír sobre tanta sangre. No sé por qué me sucede eso si yo misma no puedo evitar expresar opiniones sobre el tema. Algo pasa; tengo la sensación de que si soy la que trae a la plática dichos acontecimientos es como si me exorcizara o alejara de la inseguridad, en cambio, cuando es otro quien lo habla siento que me acerca más. Sin embargo hay momentos en que resulta inevitable que nuestros espacios de convivencia se llenen irremediablemente de queja y, sobre todo, de preocupación. Les contaré una anécdota sobre una cara más de la inseguridad: El robo a casa-habitación, que se ha vuelto cada vez más frecuente. Los crímenes más crueles hacen que se desaten otros que no por ser puramente materiales, son menos preocupantes. Es decir, el delincuente no organizado o medianamente organizado aprovecha que las autoridades son rebasadas por los secuestros y asesinatos, entonces, otro tipo de maleantes, en su laxa moral, se dedican a robar casa por casa. Las técnicas de detección de hogares vacíos comienzan por ir tocando a cada uno y verificar si no hay nadie. Lo hacen en repetidas ocasiones; preguntan si se desea que se haga algún trabajo o cualquier tontería. Sé de un hombre joven que anda pidiendo 20 pesos y que se enoja si no se le dan, pero al parecer su interés principal es saber si hay personas o no en la vivienda.
Cierta tarde iba a salir de mi casa para ir a la tienda, pero al asomarme a la calle vi que había muchos policías corriendo y hablando por radio. ”Algo pasó, algo está pasando o algo va a pasar”, me dije. Así, ¿a quién se le puede ocurrir salir de su casa? Esperé y en un rato más vino mi vecina a preguntarme si no había visto alguna camioneta o a alguien extraño en su casa (enfrente de la mía) porque le habían robado sus televisores, joyería y otras cosas. La casa estuvo sola de 4:30 a 6 de la tarde. A los ladrones no les importó que nuestra calle fuera una de las más transitadas de la colonia, ni les impidió que fuera pleno día. Sentí pena de no poder ser de ayuda, pues de haber coincidido en mi salida y percatarme del robo, habría llamado a la policía. No fui útil para mis vecinos. Además, cuando los robos son tan cercanos a nosotros, irremediablemente sentimos como una agresión anticipada. ¿Quién sigue? Sí, porque hace algunos meses también a mis vecinos de a lado les ocurrió lo mismo (aun teniendo un circuito de seguridad). Definitivamente todo eso hace que se esté en constante alerta y temor.
Tantos robos a casas han hecho que la convivencia con las personas que nos prestan servicios se haga de desconfianza porque surgen las conclusiones: ¿Quién fue? Y la respuesta natural es: alguien que sabía los horarios de salida de quienes viven allí o los albañiles o los que fueron a componer los aparatos de aire, el plomero, etcétera. Surgen muchos sospechosos.
Por eso tenemos que estar más en contacto con los vecinos. Sí, que nos ayudemos unos a otros para comunicarnos cuando veamos algo sospechoso. Aunque como me decía una amiga, es que mi vecino es ya en sí un sospechoso. Pero creo que la mayoría tenemos vecinos confiables. Aun así tengo esperanza en que los problemas de inseguridad que estamos viviendo se autolimiten como pasa con las ratas de campo: Cuando hay cosecha se reproducen sin medida, pero luego, al terminar la cosecha, se vuelven caníbales, se comen unas a otras y la sobrepoblación termina y así las ratas siguen viviendo, pero de una manera funcional para el ecosistema.

martes, 13 de julio de 2010

HABLA DE LO QUE SABES

Una versión encogida de esta reseña salió publicada el sábado 10 de julio en la revista Siglo Nuevo. Aquí la versión completa
El libro Habla de lo que sabes, de Geney Beltrán Félix, es una imagen contemporánea plasmada en alta definición. Es la manifestación del artista que demuestra que la bajeza humana fragmenta las emociones y obnubila la conciencia, pero que puede ser útil como alimento para el arte.
Beltrán Félix nos presenta una obra de diez cuentos forrados con un retrato que avisa, para que sepamos, de lo que va a hablar. La primera visión del lector será un recordatorio a la intimidación: un cráneo descarnado, incompleto (pues le falta la mandíbula) trepanado por un clavo. Todo habrá de entrar al cerebro, aunque sea por la fuerza -grita la portada-. Así, desde el contacto externo inicia la invención de una atmósfera agresiva y en ocasiones sofocante. Igualmente, para dejar claro cuál será el manejo de su prosa, encontramos que la dedicatoria puede ser una advertencia: “Para Andrea y Osvaldo, que viven antes del futuro”, y desde allí suponemos que se trata de un escritor provocador que mueve al lector a la duda: ¿Cuándo o dónde viven? ¿Qué es lo que se encuentra antes del futuro? Tal vez el presente, pero expresarlo así sería una ocurrencia simple. En cambio el escritor prefiere la ruta de las ideas indirectas, del trayecto elaborado. Reta al espectador de sus historias creando imágenes delirantes que, sin embargo, las reconocemos como familiares, como cotidianas. Por ello se antoja contagiosa la angustia o la locura de los protagonistas.
Allí, en la ciudad o celda, deambula un contador al que le han sustituido todo y tenemos la sensación de haber visto un muerto que se quedó después de morir, porque el secuestro se ha de perpetuar más allá del último aliento. Un muerto que no puede huir porque le angustia el futuro insalvable de su hijo: “¿Es todo una trampa? Tal vez lo quieran secuestrar. Cree ver la imagen de su hijo en un crucero, lavando parabrisas a raíz de la muerte del padre asesinado al no haber tenido Ingrid dinero para el rescate. Traga saliva”. Pero la sobrevivencia a su propia muerte dura un día: “Al amanecer es ya sólo un cadáver, contraído el rostro en una mueca de fijos gestos asustados”.
“Keppel Croft” es un lugar en Canadá y es una mujer; es una “muchacha de aire detrás de la cortina”, es la imaginación necesaria para poder soportar el hastío de la rutina desgastada y exasperante de la ciudad, de su mujer y de “las aventuras anodinas de ambos”. Le sirve para soportar las calles con las fotografías de los políticos en los postes de “una ciudad que se niega a envejecer”. De manera que le es mejor –en vísperas de navidad– quedarse en casa y hacer el amor hasta que su sueño quede sepultado en la nieve, pese a que mirando a través de su ventana se imponga la frialdad de un escenario sin nieve.
En su primer libro de cuentos, Beltrán Félix nos lleva a visitar los lugares más sórdidos que existen y que se sitúan dentro de la mente humana. En su cuento “Anoche soñé que volaba”, escuchamos los pensamientos de Joaquín, él, que quiso no ser el naco que es y no haber dejado la prepa por güevón y burro y desmadroso. Joaquín maldiciendo a su hermana Celia y tocándola incestuosamente y vendiéndola por una pistola. Celia en la fascinación por el retrete. Muchacha drogada que en la inconsciencia acepta el ultraje. Ultraje que desde niña recibió. Joaquín, el cajerillo del Superama, viendo a la joven rica, superflua y hermosa que despierta en él el retorno a la caverna, al primitivismo. Porque mientras repite una vez más: “Encontró todo lo que buscaba” o “gracias, vuelva pronto”, se va transformando en asesino. Y convertido en homicida experimenta, por fin, el poder de la libertad. El crimen lo libera, por lo tanto lo engrandece. Sueña que vuela porque desde arriba todo se ve pequeño.
“En un mundo de extraños” o “departamento tomado” como diríamos con el irremediablemente recuerdo de Julio Cortázar. Nada es propio, nada es privado, todo es rentado y público. Lo único propio y privado será el dolor y la salida débil de gritar groserías y maldiciones. Habla de lo que sabes narra también la historia un esquizofrénico: Porfirio, el maestro que lee una novela de Navobokov y poemas de Browning, mientras ríe cuando “alguien lo espiaba y lo hostigaba a todas horas”. Y por eso quizá, sólo quizá, su amigo lo asesina casi con ternura.
Beltrán Félix presenta cuadros de mujeres humilladas y despreciadas por el abuelo, por el padre, por el hermano, por el júnior amante ocasional, o por el marido borracho. En “Hondonada” o la fragmentación del individuo, observamos cómo la percepción del otro cambia la percepción propia. El último cuento titulado “El cuerpo de Sicrano”, es la historia de un cartero novelista que hace entregas de sus textos a la joven que espera cartas y el regalo de un corazón para que se lo trasplanten. Es precisamente en esta historia donde el manejo regresivo de la cronología, el perfil sicológico de los personajes y las voces narrativas, nos hacen pensar que estamos ante la semilla a punto de germinar de un novelista.
En este libro de cuentos Geney Beltrán Félix, como decía en un inicio, se hace presente una especial capacidad para crear atmósferas. Toda la arquitectura del libro está hecha para que lo retratado haga sentir al lector que está involucrado; que es culpable.