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Nació en Francisco I. Madero, Dgo. El peor de los pecados es su primer libro de cuentos.Ha recibido el Premio Estatal de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre” en los años 2000 y 2015 y el Premio Estatal de Periodismo de Coahuila, 2016 y 2017. Escribe cuento y ensayo. Es colaboradora regular del periódico El Siglo de Torreón. Su entrevista con Elena Poniatowska fue traducida al griego y publicada en la revista Koralli de Atenas. Ha publicado en diversas revistas nacionales y libros colectivos. Perteneció al taller literario de Saúl Rosales; es médica egresada de la Facultad de Medicina de Torreón, UA de C. y estudió la Maestría en Apreciación y Creación Literaria en Casa Lamm en la Ciudad de México.

sábado, 14 de marzo de 2015

EL PARTO DE LOS CERROS DE ESTRADA RETES

“Hace mucho, en tiempos muy remotos los montes daban señales de parir, y los hombres esperaban ese parto con mucho miedo y asombro porque no sabían qué clase de monstruo iban a expulsar. Al fin, resultó que el temible fruto de los montes era un inofensivo ratón, lo cual causó carcajadas de los hombres.” Esta fábula de Esopo, cuyo nombre es “El parto de los montes” nos conduce al libro: El parto de los cerros. La moraleja de la fábula dice que los sucesos que se anuncian con mucho escándalo frecuentemente resultan poco importantes. Señalo esto porque la novela del Dr. José Alberto Estrada Retes, es justo lo contrario: nació de manera silenciosa, sin embargo, se trata de un libro con muchas cualidades; tiene una estructura sólida y mantiene una trama con argumentos bien logrados, es un documento que retrata de manera fiel algunos sectores de nuestra sociedad de finales del siglo XX.
En 15 capítulos y 189 páginas y a través de a un narrador omnisciente, el autor cuenta una conmovedora historia, escrita con un lenguaje sencillo que abarca los coloquialismos laguneros. Describe al Torreón de amaneceres de fuego y atardeceres de multicolor nostalgia. Torreón, el de ayer y el de hoy, envuelto en pobreza y suciedad. Allí, mujeres que, endurecidas por el sufrimiento, no saben llorar, como Gloria la de mirada boba, madre de Ruth. Ruth, de 13 años, con dolores de parto para dar a luz a Abel. La niña sola en un jacal de desgracias, cohabitando con la ruindad, el hambre y la inocencia. Inocencia que, a pesar de su cuerpo violentado, no alcanzó a perder. Ahogada, la sangre la fue abandonando con lentitud. Una mancha negra, en el viejo colchón, sello para siempre el deshonor. Parió a su hijo-hermano que fue salvado por su tío-hermano. A ella la salvó la muerte.
El pequeño Abel, recién nacido y moribundo, llegó al hospital Infantil. Y este es el pretexto del autor para adentrarnos a la vida hospitalaria; las carencias de un hospital pobre que atiende a los pobres, donde: “se trabaja con ingenio y con las uñas”. A través de aquel bebé, resultado del incesto, se desprende la sordidez de los protagonistas moradores de una choza del cerro de las Noas, cerca del Cristo del: “Que ya no creen en él”. Así, encontramos a Ezequiel, el borracho que abusa sexualmente de su hija. El que vive de la limosna y que al extender la mano se trasfigura en buen actor para recibir la compasión; fabricante de lástima que logra conseguir dinero para comprar mezcal, o alcohol de farmacia, si no alcanza para más. Acudimos al delirio etílico y reconocemos la corrupción del miserable.
En contrapartida, el autor nos presenta a la Lic. Marcela Burciaga, ignorante y frívola. La corrupción del funcionario gubernamental representada por una mujer preocupada más por el shopping en San Antonio, que por resolver problemas. Compradora compulsiva, compulsiva, igual que su risa, para que no descubran que no entendió el chiste. El escritor la describe como: “…los caballos de tiro a los que se les cubren los ojos de los lados para que sólo vean al frente”. Una tonta que en pos de defender la familia no entiende que de ésta, a veces, hay que huir, porque sus lazos están ensangrentados. El parto de los cerros expone los grandes problemas que, aquí en Torreón, tienen las parejas para adoptar.
El Lagartijo, hermano de la niña muerta, es un personaje entrañable, que, a manera del filósofo cínico Diógenes, camina siempre con su perro y vive en un agujero: “tratando de que el sueño le distraiga el hambre”. Con él, paseamos por la plaza de Armas con una agua celis; por los comics ( Kaliman o Memín Pinguín) por el juego de rondanas o el taconazo; muestra la forma de subirse al tren de mosca; trae una resortera, pasea entre pinabetes y con chiquillos que inhalan thiner, para olvidar el olvido y el desamor. Niño que trabaja de liebrero en el mercado Alianza, cargando las bolsas del mandado de las señoras ricas, o de las monjas: “que son más generosas con sus rezos que con las propinas”. “El parto de los cerros es una novela que retrata aspectos de nuestra ciudad que muchos prefieren ignorar.

*Estrada Retes, José Alberto. El parto de los cerros, PR-Ediciones. Madrid 2013, pp 189.