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Nació en Francisco I. Madero, Dgo. El peor de los pecados es su primer libro de cuentos.Ha recibido el Premio Estatal de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre” en los años 2000 y 2015 y el Premio Estatal de Periodismo de Coahuila, 2016 y 2017. Escribe cuento y ensayo. Es colaboradora regular del periódico El Siglo de Torreón. Su entrevista con Elena Poniatowska fue traducida al griego y publicada en la revista Koralli de Atenas. Ha publicado en diversas revistas nacionales y libros colectivos. Perteneció al taller literario de Saúl Rosales; es médica egresada de la Facultad de Medicina de Torreón, UA de C. y estudió la Maestría en Apreciación y Creación Literaria en Casa Lamm en la Ciudad de México.

sábado, 31 de marzo de 2012

PLAGIOS BENDITOS


Y creo Dios al hombre. A imagen y semejanza los creo; Varón y hembra los creo. Génesis 1:27.

“A imagen y semejanza…” dice la Biblia. Está dicho en el libro sagrado de judíos y cristianos: los humanos somos copia. Fuimos bendecidos por el plagio. Pero si el Altísimo no es parte de sus reflexiones, baje la cabeza al micromundo genético: somos la calca de 23 cromosomas de cada uno de los padres, copias híbridas, hechas de mezclas de DNA ancestral. De manera que pareciera que lo único original en esta creación es el “pecado original”. La piratería es necesaria para existir, aunque de cualquier manera: “polvo eres y en polvo te convertirás”.
Al nacer se manifiestan algunos instintos (otros se desbordan en la adolescencia). No hay necesidad de que el bebé aprenda a succionar, él automáticamente lo hará al acercarlo el seno materno o a la mamila. Tampoco se le enseña a llorar cuando se siente incómodo. Así que, el corte del cordón umbilical inaugura el cerebro vacío de lenguaje hablado y luego comienza a llenarse. Entonces, la boca tiende a emitir los primero balbuceos guturales, luego vienen los monosílabos y los bisílabos repetitivos como papá y mamá... Así, todo el aprendizaje oral de la primera infancia surge a través de la imitación; somos plagiarios necesariamente. Al principio el cerebro atrapa todo lo que puede, de esa manera se atiborra de ideas ajenas y sensaciones propias. Luego, se dedica a discriminar opiniones y a quedarse con otras a las que da un “toque personal”. Después, aparecen las ideas de derechos reservados.
Lo anterior lo recordé por el escandalo que se dio, hace màs dos meses, con el encargado de cultura de la UNAM, Sealtiel Alatriste. El catedrático tuvo que renunciar al cargo y al premio “Xavier Villaurrutia” al descubrirsele que presentó, como de él, párrafos de otros autores. Bajo ese detonante surgieron listas de escritores que habían recurrido al mismo artilugio para hacer brillar su obra.
Todos tomamos ideas de otros, consciente o inconscientemente, porque “no hay nada nuevo bajo el sol”. La originalidad literaria brota en los que saben retorcer mejor el colmillo para refrescar el pensamiento. Sin embargo, copiar textualmente sin usar comillas o no aclarar quien es el autor, además de plagio, es como un suicidio intelectual. El copión ingenuamente da por hecho que nadie se dará cuenta del robo y no se esforzará por acomodar con novedad las palabras.
Actualmente todo (desde un reloj hasta un titulo profesional) es plagiable, no sólo por los chinos o los tepiteños, sino por cualquiera de nosotros, ¿ha hecho algún CD pirata de música o bajado un libro de Internet? También, el habla cotidiana esta saturada de frases a las que no sé le da crédito al autor (sería absurda y difícil la comunicación) estos son los plagios autorizados, son los llamados lugares comunes. E igualmente el uso de los dichos o refranes son anónimos. Lugares comunes y refranes se imponen porque en el momento de su nacimiento que se oyeron describieron con fuerza y claridad irrefutable un hecho, por ello se vuelven parte del lenguaje popular. Ejemplos son interminables, las frases de los políticos son “botón de muestra” para ellos es indispensable la repetición, quien no este de acuerdo puede decir: “Lo niego categóricamente” o “Lo condeno enérgicamente”.
Otros tipos de plagio no sólo no se censuran sino que se alaban. No hace mucho se publicitó la presencia de una Gioconda madrileña que lejos ser un hecho criticable es un orgullo para el Museo del Prado. Cualquier famosa escultura o pintura replicada de manera perfecta es motivo de satisfacción. Otros ejemplos, existen títulos grandes obras que se repiten: La Caverna de Platón o La Caverna de Saramago; El arte de amar de Ovidio o El Arte de amar de Erick Fromm; Metamorfosis de Ovidio o Metamorfosis de Kafka, hay infinidad de iguales, sin que se consideren plagios.
Por eso, como diría el arriero: “No hay que plagiar primero. Pero hay que saber plagiar”.

sábado, 18 de febrero de 2012

AUTORRETRATO CASTELLANIZADO

Tomo el Autorretrato de Rosario Castellanos como plantilla para escribir mi autorretrato. Sé que casi no se parece al original porque me ha sido negada la poesía.
Digo entonces, también: Yo soy una señora, y que dicho tratamiento para mí ha sido fácil de conseguir; se me proporcionó de forma muy natural. En mí, como en Rosario, es cierto que el título de señora es más útil que aquél que me extendió la universidad donde está impreso mi nombre sobre piel de cerdo. Allí, una fotografía en la que casi no reconozco a la joven que aparece. Así, pues, luzco mi trofeo y repito: yo soy una señora, dos veces bien gorda, según lo dictaban, no los astros, sino los períodos gestacionales. No me he enterado de cuánto he encanecido porque mi pelo es castaño claro número 6.13 y lo venden en el departamento de perfumería. Ni muy bonita ni muy fea. Igual, mi apariencia ha cambiado con el tiempo, las alegrías y las tristezas se han quedado en mi rostro. No obstante, en mi cuerpo no se quiere quedar el ejercicio que hago, en cambio, la comida se empecina y lucho contra ella. Soy de estatura más o menos breve lo que casi logro resolver con un par de zapatos de tacón.
Castellanos asegura que ella era mediocre, y no le dolía decirlo porque mentía. ¿Yo?, mejor me quedo callada. Pero no me topo con mis enemigos y no charlo con hombres que toman wiski en las rocas y hablan de política y literatura.
¿Amigas? humm, a veces, raras veces. En las dosis precisas, suficientes para que a la fecha sean todo terreno. En general no uso tanto los espejos sólo lo estrictamente necesario. Soy esposa de Eduardo y madre de otro Eduardo y de una Carolina, los tres son enseñanza siempre y hasta ahora, no se han erigido jueces crueles ni verdugos y eso a veces me hace sospechar de mi capacidad. No me exigen demasiado. Mientras tanto, los amo.
Escribo, no cómo quisiera, pero escribo. Vivo como casi todo mundo, con vecinos con los que apenas convivo con un saludo amable. Desde mi ventana de recámara alcanzo a ver a un Cristo que se hace pequeño con sus brazos abiertos que no han conseguido proteger mi ciudad. Tengo una palmera, hogar de palomas torcaza que me place observar.
Escucho música obligada por los albañiles que siempre andan rondando cerca de donde vivo y me imponen cumbias, rancheras y norteñas. Igualmente en otro horario escucho los sonidos de mi gusto. No voy a exposiciones de pintura pero sí a muchas presentaciones de libros y a las de la Camerata. Soy asidua al cine, donde tomo café engañando como descafeinado; dejo que mientan y esa noche duermo hasta la madrugada.
No me gustan las fiestas ruidosas ni tumultuarias. Prefiero la escases de compañía y a bajos decibeles. Disfruto estar en mi biblioteca rodeada de muertos (y algunos vivos) que me gritan sentencias inteligentes mientras que yo imagino tonterías.
A veces sufro. Sin embargo, creo que mi naturaleza es más bien alegre y río fácilmente, sobre todo si la gracia es inesperada y no está tan gastada. Lloro poco, lo indispensable para el desahogo, porque desde que cumplí “cierta edad” mis ojos dejaron de verse tiernos con las lágrimas; envejecen 30 años con las lágrimas. Lloro por dolores concretos nunca porque se me haya quemado el arroz o haya perdido el recibo del predial. El llanto no es en mi un mecanismo descompuesto.
Me gusta caminar por las calles y respirar profundo en espera de una ciudad mejor, pero no sé bien a bien cómo puedo cooperar.
*Esta que vez aquí, de rostro parecido más a un pajarillo que a cualquier otro animal (porque todos nos parecemos a algún animal), de piel un poco rubicunda (antes blanca) de cabello castaño, frente casi lisa y desembarazada, de ojos siempre curiosos y de nariz recta y pequeña; pretende escribir bien, solamente eso, escribir bien. Intenta decir a los demás lo que es y no lo que no es.
*El último párrafo no es castellizanizado, quiso cervantinizarse. Pido disculpas, sé que nadie ha aprendido a Cervantinizar ni siquiera los grandes cervantinizadores.

sábado, 4 de febrero de 2012

EL OVARIO TAMBIÉN ES HUEVO

Busque un lápiz o pluma para que usted, estimado lector, termine de escribir este artículo. No juzgue por la apariencia. Lo que a continuación expreso no es un leperario. No lo es. Y si se convierte en maledicencia no dependerá de mí. Al final del texto se exponen las respuestas que propongo para este juego de palabras.
Desde tiempos inmemoriales se sabe que parte de los genitales masculinos son almacén de las semillas reproductivas, por lo que a esa región pudenda les dio por llamarle simplemente __ __ __ __ __ __(1) o testículos y desde entonces, ya que son órganos externos del cuerpo, se percataron de que venían dos en cada __ __ __ __ __ __ __ (2). En cambio, en aquellos tiempos cavernarios, los ovarios, al ser órganos internos, fueron siempre un misterio. Fue hasta el siglo XVI cuando Vesalio acertó y le dio en la __ __ __ __ __ (3) al gran Galeno (siglo II), porque en esos tiempos se dio a conocer la verdadera anatomía humana, ya que Andrés Vesalio, considerado el padre de la anatomía moderna, sí hacía disecciones en humanos mientras que Galeno sólo disecaba cerdos y changos.
El órgano reproductor masculino del que forman parte fundamental las gónadas tienen forma de __ __ __ __ __ __(4). Sabemos que la palabra con la que se refiere vulgarmente a estos órganos es utilizada de muchas maneras en el lenguaje mexicano. Así se habla de aquéllos a los que esa zona sureña les pesa demasiado y se les puede gritar: ¡__ __ __ __ __ __ __ __!(5). Estaremos de acuerdo en que algunas personas escribirán el calificativo que lleva “g” o “h” y que los muy jóvenes utilizarán la misma palabra pero con “w”. Otros, asegurarán que se le subieron por alguna mala impresión y que los sintieron en la garganta. Otros más, dirán que por la inflación algunas cosas cuestan uno y la mitad de otro. Luego alegarán; que si los míos, que si por los míos, que si los tuyos o los de aquél... Y siempre, siempre habrá hombres que creen que tiene muchos, más que todos; pero cuando no quieren hacer nada dicen que están en la __ __ __ __ __ __ __ __ __(6) y se quedarán acostados, así, indefensos, pareciendo que les faltan, cuando en realidad la tasación cabría ser en kilogramos. Podrían decirse verdades completas como que todo lo que se hace de manera necia es a producto de __ __ __ __ __ __(7) o ave o cualquier ovíparo. Aunque en realidad todos venimos del huevo, aún los mamíferos. Desde luego, en este punto, aun creyendo en Dios considero que fue primero el huevo y después la gallina.
Todo esto es porque me he dado cuenta que hombres y mujeres nos hemos creído la historia de que somos diferentes en nuestra conducta por causas ligadas a la propia naturaleza biológica de cada sexo, cuando en realidad, si hablamos de conducta, lo mismo que aplica en hombre aplica en __ __ __ __ __(8) . Excepto, claro, la maternidad. Y es que las mujeres ahora se expresan de manera malsonante gritando que están hasta los ovarios, aludiendo precisamente a la forma que tienen estos de __ __ __ __ __ (9) igual que los testículos. Ovario viene del latín ovum: huevo. Sí, se habla demasiado sobre los altibajos en el humor femenino por causa de las alteraciones en las concentraciones de estrógenos en la sangre, pero si igualmente se divulgaran las variaciones en la testosterona y las actitudes y decisiones que adoptan los hombres en relaciona a ello, todos seriamos mejor comprendidos y ya no se utilizarían las secreciones glandulares para ofender a las mujeres. De cualquier manera, y a pesar de que en la actualidad se conozca la anatomía y fisiología, los ovarios seguirán siendo un misterio para los hombres.
Por cierto, la palabra __ __ __ __ __ __(10) que sí forma parte de un buen leperario proviene del náhuatl tanatli que significa canasta de palma.
Respuestas: 1.- Testis 2.- Escroto. 3.- Testa. 4.- Ovoide 5.- Inútiles 6.- Comodidad 7.- Reptil 8.-Todos 9.- huevo 10.-Tenate o tanate.

sábado, 21 de enero de 2012

INTELIGENCIA Y TELENOVELA




La inteligencia es la capacidad de entender, asimilar y elaborar información para utilizarla en resolver problemas. “La palabra inteligencia proviene del latín, intellegentia, que a su vez proviene de intellegere, término compuesto de inter 'entre' y legere 'leer, escoger', por lo que, etimológicamente, inteligente es quien sabe escoger. La inteligencia permite elegir las mejores opciones para resolver una cuestión”. Por eso el unir las palabras inteligencia y telenovela es un oxímoron, es decir, una contradicción. No es necesario sentarse a ver todo un capítulo de telenovela, basta con ojear los anuncios de éstas para darse cuenta que la inteligencia no es el móvil de las “comedias” o “culebrones”. Desde luego la palabra “comedia”, usada en el centro de nuestro país es más apropiada. Aunque también es adecuada la palabra “culebrón” como llaman a las telenovelas los españoles, porque proviene de lo que representan las serpientes, desde el Génesis; la maldad, la intriga, lo que se arrastra.
. No veo telenovelas. Pero hace años vi algunas. Las que se han quedado en mi memoria son: “El vuelo del águila” y “Mirada de mujer”, la primera fue una producción de Televisa, que además de historia nos regalaba la música de Daniel Catán, el compositor mexicano más conocido en el extranjero. La última que vi fue “Mirada de mujer” que emitió televisión Azteca. Los protagonistas principales eran Angélica Aragón, Ari Telch y Fernando Luján. Se trataba de la historia de un matrimonio insatisfecho en donde ambos andaban en busca de cambiar su vida. Aquí, lo sobresaliente y novedoso era que la protagonista; una mujer madura se enamoraba de un hombre más joven que ella. Me gustaban los diálogos frescos y la forma tan natural de actuar de los personajes. El guionista de la telenovela fue el extraordinario escritor cubano Eliseo Alberto, quien falleció en julio del año pasado. El mismo Eliseo nos lo dijo en un taller de “Carpintería literaria” que impartió en junio del 2004 en el Icocult, aquí en Torreón. De manera que había motivos para que la historia fuera buena si participaba en ella un escritor tan sobresaliente como él.
Sé que las telenovelas mexicanas se han traducido a muchos idiomas. Pero creo que no nos damos cuenta que en esos países tienen éxito porque el público que las ve las considera historias cómicas que caricaturizan la realidad. Los televidentes de otras naciones no imaginan que una mujer sea tan perversa como para intentar matar a una sirvienta, tonta pero bonita, porque está enamorada del mismo hombre que ella. Por supuesto el galán en discordia será siempre un macho guapo e idiota. El problema en México es que el televidente ordinario cree que ese hecho es lo común; que los patrones se enamoran de las sirvientas y que los ebrios no se acuerdan con quien pasaron la noche.
En el libro La increíble hazaña de ser mexicano el escritor y periodista Heriberto Yépez reflexiona sobre los programas de la televisión: “Telenovelas basadas en valores cursis; personajes burdos que intentan imitar (en pastiche de otros pastiches) el habla de las clases bajas; programas que glorifican el sentimentalismo que nos atribuimos como mexicanos; cómicos imitando a cómicos del pasado, forzando la risa, entrenando a millones que se rían de un humor ya agotado, pues ya contó el albur todos sus chistes posibles, ya los repitió incansablemente , reprodujo todas sus combinaciones y practicó todos sus juegos de palabras”.
La televisión mexicana, que no desea educar sino entretener, se dedica a maleducar, a distorsionar la realidad, y a manipular las creencias religiosas. De manera, que en general, las historias de telenovela están ligados a la estupidez.
Quizá todos llevemos una telenovela dentro y por eso queremos vivir llenos de compasión, cursilería, florecitas artificiales y con la esperanza de que todos los problemas se resolverán porque sí, sin mover un dedo, sólo la boca; por la gracia del rezo al Espíritu Santo o a la Virgencita.

sábado, 7 de enero de 2012

MÉXICO HEMOFÍLICO


¿Ha usted probado la sangre? Quizá algún día que le acomodaron un moquetón en la boca, cuando en primaria o secundaria le dijeron: “Me las vas a pagar” y las pagó, o porque en el restaurante pidió un filete a un cuarto de cocimiento. Tal vez en la caída de su primer diente o en la extracción de una muela, o peor, por una tos o un vomito hemoptoico (hemorrágico) o cualquier otra circunstancia hemática. Pero, ¿a qué sabe la sangre?: Tiene un sabor a fierro (hierro) y se aprecia más bien dulce que salada. Además, tiene un hermoso color rojo brillante. La sangre no es un fluido cualquiera, es un tejido vital. Gracias a ese fluido viscoso todos los órganos y tejidos del cuerpo animal reciben oxígeno y nutrientes; por él crecemos, nos reproducimos y allí está escrito genéticamente nuestro pasado e igualmente se puede leer a través del genoma el futuro clínico de cada cuerpo. De los donadores es lo que más se regala porque es el tejido que más se trasplanta (transfunde) de un individuo a otro. Sabemos que el humano posee en promedio cinco litros y que hay cinco tipos que son O, A, B y AB y que además pueden ser RH positivo o negativo. La sangre puede hacer que una persona renazca o que enferme gravemente. Es el alimento de algunos parásitos, insectos y murciélagos, y en las novelas lo es de los vampiros. En México, alimenta la mente de muchos. La sangre es vida, y es muerte.
En este año 2012 habrá elecciones presidenciales en nuestro país, pero cualquiera que resulte ganador se verá rebasado por un México adolescente rebelde, egoísta, salvaje y hemofílico. Sí, hemofílico y no me refiero a la hemofilia, esa enfermedad hereditaria que padecían los reyes que, al casarse entre miembros de la misma familia, se transmitían un defecto genético que altera la coagulación. Entonces, si digo México hemofílico me refiero al origen de la palabra, hemo: sangre; filia: amor. Hablo de la fascinación que tiene el mexicano por la violencia, por la sangre.
El mexicano está tan obsesionado con la sangre que cuando ésta se sale de cauce y evoca la muerte, se emociona. El mexicano grita en las luchas, desde las gradas de los vestigios del circo romano: “¡Queremos ver sangre!”. Se excita cuando en las funciones de boxeo las narices chatas de los contrincantes empiezan a sacar el rojo, el mole –dicen-- Y qué decir de los toros, en donde los hombres con aires presuntuosos gritan ¡olé! (después de aspirar fuertemente el humo del puro) al ver el brillo de la sangre que coagula en el lomo del animal.
Hemos sido salvajes y sanguinarios desde nuestro pasado indígena y desde los ancestros de la conquista. Somos una clase de vampiro que trasmuta generación tras generación. Por ello México seguirá siendo un joven vampiro sanguinario e inmaduro al que curiosamente no le afecta la luz del día. El mexicano ama la sangre. Dice que le asusta y miente. Le gusta verla en la televisión. En las películas nacionales disfruta doblemente porque en ellas se retrata al macho hecho de sangre fría. Hay ironía, hay burla y el espectador ríe. Se carcajea con cualquier película en la que la sangre escurra. Allí están El infierno, o Miss bala, donde el público ríe mientras engulle palomitas y come sangre con los ojos.
Cuando observábamos en televisión la captura de maleantes vemos que, más o menos, por cada diez delincuentes hombres, hay una mujer. De ese modo todo pensamos que la violencia y la hemofilia se relacionan más con la testosterona que con los estrógenos. Pero, curiosamente en los estudios que existen, la violencia que recae sobre los menores de edad se descubre ejercida por las madres ¿Dónde se inició el círculo? Así, la mujer y el hombre pueden ser igual de hemofílicos, es sólo que ellas todavía lo hacen en la vida privada y el hombre ejerce la violencia dentro y fuera de casa. Sin embargo cada vez más saldrán del clóset las mujeres asesinas o narcotraficantes.
Tantos litros regados de este líquido vital y, ¿para qué?

miércoles, 28 de diciembre de 2011

JÉSSICA A LA KITSCH



El 1º de noviembre de 2011 dentro del 2º. Festival del Libro y la Lectura del Teatro Isauro Martínez, fue presentada la novela de Rosa Gámez Reyes-Retana: Jéssica a la kitsch. En la mesa estuvimos la escritora Lidia Acevedo, la autora y yo.
Jéssica a la kitsch es una obra concebida desde un narrador omnisciente que nos habla con un lenguaje sencillo, pero que en ocasiones se vuelve un poco técnico con el uso de palabras que comúnmente vienen de los médicos o sicológicos. Esto nos confirma la profesión de sicóloga de la autora. Jéssica a la kitsch es una historia contada en tiempo lineal, con una sola regresión temporal a través del recuerdo del personaje principal, pero siempre relatada en tercera persona. Se desarrolla en un ambiente de pueblo por lo que hay allí encontramos retratos de caminos pedregosos, de pozos de agua para la agricultura y en general, hallaremos la recreación de la vida de personas que están en pequeñas comunidades pero que se desenvuelven con holgura económica y que tienen cierto estatus social. Es una novela corta que mantiene la tensión en la trama principal. Infunde curiosidad al lector, por lo que se lee en una sentada.
El título del libro resultó ser un gran acierto porque muestra la mirada de la autora sobre la historia y de cómo fue concebida. Ello lo corrobora el prologuista de la novela, Jaime Torres Mendoza quien escribió: “Abordar un texto literario desde una de las estéticas de artificio, como lo es el kitsch, es una audacia que representa un riesgo; el más significativo, caer en el lugar común y quedarse atrapada allí”. Sin embargo. Asegura que la autora: “corre el riesgo de transitar por el melodrama, casi telenovelero, aun a sabiendas de que el precipicio está a la vista”. Pero aclara que “Era necesario plantearla así para encontrar en la obviedad exagerada la verdad del drama que viven los personajes con la auténtica conmoción que deja la tragedia”.
¿Por qué Jéssica se nos presenta a la kitsch? porque la protagonista pretende la felicidad y la belleza a través de la posesión y porque es kitsch viviendo en una época pasada; ella borda con esmero su vestido de novia y sufre al pensar que su futuro esposo se dará cuenta de que ha entregado su virginidad a otro. La joven es, en apariencia una mujer inocente, se dedica a las cosas que cree que son propias de su sexo, pero la narración nos muestra cómo la naturaleza sexual se impone aun en la más casta de las criaturas. “Jéssica sentía que desfallecía cada vez que su cuerpo experimentaba los ardores envolventes de la sexualidad…” apunta la autora. De manera que El manual de Carreño, aquél de las buenas maneras, citado en la novela, no alcanza para detener los impulsos del cuerpo.
Esta novela describe a la mujer que está desapareciendo de nuestra sociedad. Ya no existirá más una Jéssica que con ilusión borde un traje de China poblana hecho de chaquira, lentejuela y canutillo que estrenará un día de fiesta nacional. En la portada del libro ésta el dibujo de una mujer que no sabemos si intenta cubrirse el rostro o está mostrando sus uñas pintadas. Sin embargo, al leer el libro sabremos que ella guarda un secreto y que todo lo que siente, lo siente es un secreto. Primero hay que cubrir las apariencias y cumplir también con las obligaciones de esposa: “Roberto la abrazó, busco su cuerpo con vehemente pasión, la poseyó, pero ella, realmente no disfrutó de su apasionamiento y se dejó llevar como una autómata, desposeída de toda sensibilidad de toda simpatía entre ella y él, y respondió como un ser que cumple con una obligación, para no herir a su pareja, pero nada más”. Allí está la esposa que se conforma y el hombre de la casa hace planes sin tomar en cuenta a su mujer. Pero, el destino, en un momento inesperado, frustra cualquier plan.
Felicito a la escritora Rosa Gámez Reyes-Retana por esta nueva publicación, y le manifiesto mi admiración por su entusiasmo incansable.
Jéssica a la kitsch, Consejo Editorial del Estado de Coahuila, 2010. Rosa Gámez Reyes-Retana.

sábado, 10 de diciembre de 2011

CARTA A UN LECTOR




Estimado Sr. Raúl Calzada Pedroza:
A veces recibo mensajes de los lectores, pero nunca uno como el suyo. La carta que me envió es especial porque las opiniones de quienes me leen siempre llegan a la computadora, en cambio la suya llegó en papel y tinta. Usted se tomó el tiempo y el trabajo de escribir a máquina una carta para llevarla a las oficinas de El Siglo de Torreón. (Tal vez uso una máquina de marca Lettera, Olivetty, Brother, o quizá una Remington). Me dio mucho gusto recibir sus palabras de esa manera. Me dice que es usted jubilado del Servicio Postal Mexicano; que trabajó de cartero durante treinta y dos años, ello me hizo pensar que usted sabe muy bien que recibir cartas es, generalmente, una cuestión de alegría. Imagino que más de una vez le tocó ver una sonrisa al entregar un sobre. Imagino que esos treinta y dos años pedaleó una bicicleta que cargaba cerca de los manubrios una gruesa valija de cuero, repleta de papeles con destinatario y remitente. Seguramente muchas veces entregó un sobre con sellos y estampillas a una señora que traía en sus manos una escoba porque recién había regado y limpiado la calle, o algunas veces vio salir corriendo a una mujer o a un niño en respuesta al sonido del silbato que, inconfundible, anunciaba noticias de familiares en la lejanía. Con seguridad, también, tuvo que alejar a patadas a uno que otro perro. He reflexionado sobre lo difícil, pero también divertido, que debió ser dedicarse a este oficio. Supongo que fue difícil por el peligro de ser atropellado y el sol de nuestra tierra, o por las veces que sintió la lluvia (de tierra o agua). Sin embargo, andar en bici trae cierta sensación de libertad y además pienso que de vez en cuando --y sin querer— podía leer en alguna tarjeta postal un “Te extraño” o “Un siempre tuyo” y observó en el sobre un beso pintado con lápiz labial rojo, muy rojo. Pero, todo aquello ya se fue. Los carteros de hoy ya no representan romance porque ahora casi sólo traen las cuentas por pagar y publicidad.
Su carta fue en respuesta a mi artículo de "El baile de los viejitos". Usted me cuenta que tiene setenta y cuatro años de edad y que baila todos los ritmos que toquen; eso es muy bueno para mantener la salud. He observado a los bailadores de la Plaza de Armas y nada más de verlos contagian su alegría. Le platico que hace unas semanas por causas ajenas (que no contrarias) a mi voluntad fui a un baile de jóvenes, digamos, entre 18 y 24 años de edad y pude darme cuenta que ellos tienen muy limitada su música, tanto, que me asombraba que la repetición incansable de dos notas provocara los más extraordinarios y variados movimientos. En el baile de los de la tercera edad es diferente, tocan todos los ritmos y bailan hombres con mujeres, aunque ocasionalmente se acompañan dos señoras. Los de la primera edad, en cambio, rara vez bailan en pareja, ellos lo hacen todos contra todos. Claro, bailar de dos en dos tiene su encanto, pero la juventud de hoy es más libre. Especialmente las mujeres ya no tienen que sufrir la humillación de depender de que alguno “las saque” a bailar, asimismo, los hombres no se exponen al rechazo, al menos en el baile. Lo malo de los de la primera edad es que bailan y toman alcohol al mismo tiempo, y además cantan canciones indescifrables para mí; es increíble su malabarismo y capacidad que tienen de poner atención a tantas cosas a la vez. Tal parece que necesitan saturar todos los sentidos. Los de la tercera edad, en cambio, toman su ritmo sobrios y relajados, unos sonrientes, otros con verdadera solemnidad.
Como le decía, me dio alegría recibir su carta y ya que no traía dirección a donde contestar, pues decidí hacerlo por este medio. Hace algunos domingos me di la vuelta a su baile y me dio mucho gusto ver que estaba muy concurrido y de que ese día (noche) no estaban cobrando. Creo que ya no lo hacen.
Bueno, señor Calzada, me despido en espera de que siga disfrutando esto de sacudirse los años con música.
Gracias por decir lo que me dice. Reciba un afectuoso saludo.
Angélica