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Nació en Francisco I. Madero, Dgo. El peor de los pecados es su primer libro de cuentos.Ha recibido el Premio Estatal de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre” en los años 2000 y 2015 y el Premio Estatal de Periodismo de Coahuila, 2016 y 2017. Escribe cuento y ensayo. Es colaboradora regular del periódico El Siglo de Torreón. Su entrevista con Elena Poniatowska fue traducida al griego y publicada en la revista Koralli de Atenas. Ha publicado en diversas revistas nacionales y libros colectivos. Perteneció al taller literario de Saúl Rosales; es médica egresada de la Facultad de Medicina de Torreón, UA de C. y estudió la Maestría en Apreciación y Creación Literaria en Casa Lamm en la Ciudad de México.

sábado, 2 de marzo de 2013

La vergüenza

Prefiero que la cara me arda, a que se me caiga de vergüenza, o mejor aún, nunca sentir que me muero por esta causa. Prefiero sentir una vergüenza ajena que una propia. Sé que hay ocasiones en que los hijos avergüenzan a los padres y viceversa y que algunos la sienten por su origen o su condición socioeconómica o porque se creen feos o poco listos. Aunque siempre es bueno tener una medida de este sentimiento en el cuerpo, un poco está bien, tampoco hay que exagerar. De manera que si se tiene algo de vergüenza la vida camina, más o menos, en armonía con los demás, ya que cuando se pierde por completo las cosas suceden como suceden y todos pasamos muchas vergüenzas. Aunque siempre se puede alegar esa tontería de “vergüenza es robar y que te vean”, no obstante que todo mundo se dio cuenta de que robó y que él nada sintió y nomás dijo: ”Yo ya me voy al extranjero a estudiar idiomas”.
Se ha perdido por completo la vergüenza, no hay rastros de ella. Nadie sabe a dónde se fue, si está desaparecida, si la mataron o la secuestraron, la mutilaron o la dejaron hecha una ídem. A pesar de eso algunos se avergüenzan de ser laguneros por lo que otros hacen y por lo que yo he dejado de hacer. Se han vivido grandes vergüenzas, eso sí. Sin embargo, algunos ni la conocen y hablan tan cínicos de sus mentiras. Son como ésos que andan desnudos exhibiendo sus vergüenzas como si éstas fueran orgullos: son unos sinvergüenzas, descarados (o sea que no tienen cara, se les cayó desde antes. Desdenantes, pues).
Así como la envidia es verde igual que la bilis y la tristeza es azul parecida al cielo; la vergüenza es roja como la sangre en los cachetes cuando ésta se sube a la cara, es una cubierta hecha de manos que son máscara, es una cara que se cae y es un parpado agachado en la mirada; es unos hombros acongojados y un arrastrar de pies. La vergüenza es un temblor de piernas y manos, un corazón acelerado, una voz despedazada y es también, una mentira para  que crean que soy lo que no soy.              Pero, lo que en este lugar es vergonzoso en África es vivir en libertad y un eructo es fiesta en los países Árabes. Y si para vergüenzas no se saca siempre existe la posibilidad de convertirse en aquél que todo le importa poco.
            Ahora les ha dado por llamar vergonzante a lo vergonzoso, con el sufijo ante, es decir, él que hace una acción como el caminante, danzante triunfante, migrante… queda claro que se refiere a las personas o cosas que hacen un acto cualquiera. En este caso sería aplicado a los individuos, pese a eso no lo usan para la gente sino para la misma acción, así aseguran: “es vergonzante la manera de robar al erario público”, por poner un ejemplo. No les queda claro que la manera de robar es vergonzosa, produce vergüenza y que el vergonzante es el ratero porque comete la acción de avergonzar.
La definición de diccionario dice que la vergüenza es­ un “sentimiento ocasionado por alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante”. Es algo más, es el filtro que impide que me vean los colmillos de mi animalidad, es la máscara de la vida que es el carnaval permanente. Que igualmente se toma como sinónimo de pena o la canción de Silvio Rodríguez que se llama “La vergüenza” y que canta así: “Tengo una mesa/ que me alimenta,/ que a veces tiene/ hasta de fiesta./ Mas si tuviera/ sólo una araña/ burlona en mi despensa,/ tendría la vergüenza./ ¿A qué más? (…) Tengo luz fría/ y lavamanos,/ cables, botones/ casi humanos./ Pero si fuera,/ ay, mi paisaje/ sólo de ruinas intensas,/ tendría la vergüenza…”
Casi lo dije al inicio de este texto: la vergüenza es uno de los sentimientos que da soporte a las relaciones humanas. Para vivir en sociedad hay que tener cierta medida de ésta, ni mucha ni poca, la necesaria. Pues la vergüenza en exceso hace que los individuos sean superficiales o que no se puedan relacionar con los demás. Quienes poseen demasiada le dan valor a lo que no lo tiene y los que no tienen nada de vergüenza menosprecian lo que para la mayoría es valioso.

martes, 26 de febrero de 2013

Aquì, mi texto "La vida infinita de José Gorostiza" publicado en la revista Siglo Nuevo
 

sábado, 16 de febrero de 2013

TORREÓN SITIADO

Hace poco me encontré con está frase: “En este momento hay una balacera en Torreón. No importa a qué hora leas esto”. Y precisamente, mientras escribo este texto, a las diez y media de la mañana de un martes airado, al oriente de la ciudad, se oyen balazos y sirenas. Así es nuestra vida comarcana y parece que todos, mientras no sintamos el fuego en carne viva, nos estamos acostumbrando. Ya son cinco años de balaceras frecuentes y por lo tanto, de muertes violentas al ascenso.
            Aunque nadie lo ha bautizado así, a veces pareciera que estamos en estado de sitio, desde luego es un título muy delicado y ya que éste se denomina cuando una situación es considerada como un estado de guerra pero que es declarado formalmente por el Presidente y avalado por el congreso de un país: “El estado de sitio representa un concepto equivalente al estado de guerra, y por ello se dan a las fuerzas armadas facultades preponderantes para los actos de represión. Durante el 'estado de sitio' quedan en suspenso las garantías constitucionales…”. En México, y principalmente en Torreón, no se ha dicho que estemos en un estado de sitio pero tenemos razones para estarlo. Hemos perdido las garantías constitucionales, la impunidad es lo que impera. Y aunque se trata de una guerra entre bandos de narcotráfico estamos francamente afectados. Ya todo es posible.
            La palabra sitiar tiene dos conceptos de diccionario, una: “Cercar, asediar una plaza o una fortaleza para apoderarse de ella” y la otra “Cercar a uno cerrándole todas las salidas para atraparle u obligarle a ceder”. Nosotros vivimos ambas, pero a la vez los habitantes comunes también tratamos de ponernos a salvo de quienes están haciendo la guerra. Sin embargo lo que el ciudadano ordinario hace resulta ser inocente frente a una problemática tan compleja. Por ejemplo, el hecho de cerrar algunos accesos a las colonias. ¿Qué es lo que se pretende con esta medida? ¿Detener a los ladrones de casas y coches, o a los secuestradores y a los asesinos? Es muy difícil que una barda los detenga, pues hay otros caminos que pueden seguir. En las colonias cerradas esto generalmente funciona pero en las que son abiertas no. Creo que es imposible, además en consecuencia se altera aún más el problema de tráfico vehicular. Cerrar calles parece no ser la solución.
            Será que somos tan ingenuos que pensamos que los maleantes se encuentran únicamente en las colonias populares. Los jefes viven mejor que los empleados y buscan habitar zonas de mayor confort y que tengan un poco (sólo un poco) menos baches. Recordemos que más de una vez se han dado tiroteos en casas de delincuentes que viven en las colonias residenciales. Entonces, para qué las bardas en las calles, si nuestro vecino puede ser un criminal. Agreguemos a eso que los mismas accesos clausurados complican el transporte de las autoridades en casos de emergencia y lo mismo sucede con las urgencias médicas porque hay que hacer recorridos más largos. Obstruir calles está muy lejos de solucionar el problema de inseguridad, en cambio aumenta la agresividad en la convivencia. Se reconoce como un acto desesperado pero no por ser desesperado significa que sea efectivo. Imaginen que todas las colonias decidan cerrar calles, el caos que representa para los habitantes de las mismas y para lo que necesitan pasar por allí.
            No cabe duda que Torreón está viviendo uno de sus peores momentos de inseguridad. Hace días observaba cómo muchos cruceros de la ciudad cuentan con cámaras de vigilancia, pero me percate que son muy pocas las que afocan a la calle, la mayoría están dirigidas al cielo. Tal vez buscan contar las  nubes, los pajaritos, pretenden descubrir un nuevo planeta o gravar de noche cuando caiga una estrella fugaz. Otra medida inútil.
            La mayoría (priista o no) esperaba un cambio en la guerra contra el narcotráfico al entrar el nuevo gobierno peñista, pero aquí en Torreón, lejos de mejorar cada día empeora.

martes, 5 de febrero de 2013

Por què escribo

Era tan pequeña cuando oí por primera vez la frase: “una imagen vale más que mil palabras”, ¿tenían que ser más de mil?, ¿por qué no menos de ochocientas?, quién se puso a contar las palabras que caben en una imagen, porque yo puedo escribir y demostrar que una imagen puede valer una sola palabra y el lector puede poner la imagen que diga una palabra:
Escribir lento lento lento y convertirme en un ________ pero no baboso ni con la casa encima. O rápido rápido y sentir que soy un ________el más veloz de todos los animales sobre la tierra, tan de África, tan manchado, tan felino. Y puedo narrar desde la altura viendo hacia abajo creyendo que soy un_______  de cuenta, aunque no sé de cuál cuenta. Teclear arrastrando el cuerpo como _______un quemador, muy peludo, como las cejas de Frida Khalo. O garabatear lo peor posible porque me estoy volviendo _________ sin ser vaca ni inglesa ni dar leche.
Y qué, yo estoy escribiendo y a punto de decir que no lo haré más, únicamente porque Aldous Huxley dijo que cuesta el mismo trabajo escribir un mal libro que un buen libro, que ambos nacen con idéntica sinceridad del alma de su autor. Yo no sé si Huxley tenía razón, porque en mi hay certeza de que los malos artículos periodísticos me hacen trabajar mucho más que los buenos, si es que los logro. De verdad,  no me cuesta lo mismo hacer un texto al que califico como tonto que uno que al que consideré más o menos. A mí los contenidos absurdos me hacen trabajar más, porque bien sé que lo que se me ocurre es eso, una ocurrencia y siempre hay culpa por ello. El que escribe se esmera en disfrazar las palabras y no siempre se obtiene buenos resultados. Entonces comienza una especie de prurito frontal, acompañado de una sensación de que se está rozando la charlatanería.
Ahora que veo que hay demasiados escritores y pocos lectores, me intriga,  porque es un mundo donde las imágenes le han ganado a las palabras, ¿por qué hay tantas personas que queremos llamarnos escritores, si no hay nos quién lea? Han surgido literatos por todos lados: blogueros, tuiteros, feisbuqueros y hay que decir que en muchos de ellos hay un ingenio sorprendente. Además, para escribir no se necesita nada. El talento es necesario sólo si se escribe bien, de otro modo nada importa. Finalmente todo se puede ir al bote de basura. Porque quien escribe, si es que está consciente, no está seguro si lo que redacta es bueno o es tan sólo porquería.
Me intriga saber qué es lo que nos mueve a plasmar las ideas en la pantalla, antes papel. Será verdad que lo único que motiva a las personas a escribir es creerse inteligente y la necesidad de reconocimiento. Puede ser verdad todo eso, pero lo seguro es que surge como un impulso irracional y en contra del sentido común, pues a quién se le ocurre dedicarse a un oficio del que pocos pueden vivir.
Ahora y para distraer mi confusión, vienen las estas palabras de Vargas Llosa donde habla sobre el arte: “La creación -no solamente la literaria, sino la creación en general- exigen la participación de la totalidad humana. Cuando uno escribe, como cuando pinta o esculpe o compone, lo hace con todo su ser, lo hace con su conocimiento. Desde luego, lo hace también con sus sentimientos, con sus pasiones, sus instintos, lo hace con sus demonios, con sus obsesiones (…) Se puede decir, tal vez, que hay algunos géneros en los que la intuición, la emoción y los sentimientos tienen una función más determinante que en otros.” Se escribe pues, con todo lo que se tiene y con todo lo que se carece.
Por eso, yo desearía que una de mis palabras dijera más de dos imágenes, ésa sería la ventaja de la escritura, decir perro y que cada quien traiga él que quiera, hablar de un hombre o mujer hermosos y que aparezcan desnudos. Cosas así quiero, palabras mágicas de una mente frustrada porque el mundo de las imágenes le quita todo a la palabra. Eso ha hecho la televisión. Por eso, a veces pienso: para qué escribir.

sábado, 19 de enero de 2013

LA DROGA CONTRA LA GUERRA

Reviso los textos que he escrito sobre la guerra contra las drogas y me doy cuenta que entre más me informo y oigo más balazos y sirenas, he ido trasformando mi opinión. Así, de estar en contra de la legalización cambié a la convicción de que descriminalizar, tanto las sustancias como los individuos, es la única forma de solucionar la violencia que sucede en torno a la problemática del narcotráfico.


Cada vez son más las personas que se manifiestan a favor de la legalización de las drogas. La razón es de sentido común: mueren más personas por la lucha contra el narcotráfico que por el consumo de drogas ilegales. Esta claro que el remedio es peor que la enfermedad. Un tratamiento iatrogénico que, sin embargo, los gobiernos insisten en aplicarlo.
Hace algunos años, en La Laguna, los padres se preocupaban porque sus hijos no cayeran en adicciones, ahora alarma más que un joven, estando en la calle sea muerto por una bala. En la actualidad los muchachos son más vulnerables a morir violentamente y lejos de disminuir el consumo de drogas ha aumentado. El riesgo de ambos peligros es mayor. No obstante, las adicciones generalmente tienen la posibilidad de ser tratadas con éxito. En cambio, la herida por arma de fuego, con más frecuencia, mata a la primera exposición.
Es engañoso que la ley diga que vender y consumir drogas está prohibido, es cierto, no se encuentran en los estantes como los cigarros y el alcohol, pero sabemos que se venden en cualquier lado.
Las sustancias sicoactivas tienen muchos usos en anestesiología y siquiatría. Las drogas funcionan como los cuchillos: son utensilios necesarios para cocinar o, en forma de bisturí, para hacer cirugías, pero igualmente son un arma con la que se puede herir o matar. Es lo mismo con las drogas sicoactivas bien usadas dan beneficios, pero su mal uso trae efectos secundarios graves e incluso fatales. Recordemos que casi todas las drogas son naturales, entonces es absurdo atacar a una planta como si fuera un ente diabólico: todos los estudios indican que la marihuana es una de las drogas menos dañinas, incluso que el alcohol y el tabaco. A la marihuana se le ha llamado “la droga contra la guerra” o la del “amor y paz”, porque disminuye la agresividad ya que baja los niveles de testosterona (de allí sus efectos secundarias de ginecomastia y esterilidad). El marihuano no quiere pelear; quiere comer y hablar porque la cannabis es un potente estimulante del apetito (orexigénico) y provoca verborrea.
Existe una moral absurda por parte de las autoridades que dicen querer evitar una juventud drogadicta, pero acaso no es inmoral permitir que se les secuestre y mate. Paradójicamente las calles están llenas de vendedores de estupefacientes, ya que, como bien se ha dicho: “Si las autoridades no son capaces de evitar las drogas en una cárcel, menos lo va poder hacer en las calles”.
Los narcos cuestan mucho dinero al Estado no sólo porque se utilizan marinos, ejército, policías estatales y federales para capturarlos, sino porque se gasta construyendo más cárceles donde se les mantiene y protege. Al enfocarse los gobiernos en la guerra contra las drogas dejan de usar recursos para educación, salud y otros servicios. Toda su atención se centra en capturar cabecillas de cárteles, y a medida que esto ocurre favorecen la corrupción y que los delincuentes menores no sean castigados, no se aplica la ley y en consecuencia viene el estado fallido y surgen los brotes de anarquía.
Más de 60 mil muertos no le indicaron al expresidente Felipe Calderón que el camino era equivocado: se descabeza un cártel y a éste le brotan otras cabezas más sanguinarias. Ojalá pronto quienes gobiernan se den cuenta que la guerra contra el narcotráfico no funciona y que lo mejor sería la legalización de la marihuana y la despenalización de las otras drogas. Al dejar de ser criminal, vendedor y consumidor, el tráfico de armas cesará y las muertes disminuirán. Se podrán encauzar los recursos a los otros rezagos que padecemos.

sábado, 5 de enero de 2013

NALGAMEN


Nalgatorio (Botero)
 El nalgamen o nalgatorio, se define, según el diccionario de la RAE, como el conjunto de ambas nalgas. Los simios y los humanos (más desarrollados en éstos últimos) poseemos un par de promontorio traseros que nos permiten la bipedestación. Sí, gracias a la inserción de los glúteos caminamos erectos. Allí los tres músculos (mayor, medio y menor) más potentes del cuerpo humano que sirven, además, para sentarnos.
            La concepción del nalgamen ha ido cambiando. Cada vez hay más personas que lo llaman correctamente: nalgas. Aunque en el habla cotidiana se usan otras formas como trasero, pompas, nachas, pompis, cabus, asentaderas, mondongo, fondillo, cachetes, tepalcuanas y culo, por mencionar algunos. También la utilidad social de esta región anatómica ha ido transformándose. Antes, desde el arribo a este mundo, comadronas y médicos recibían con una nalgada al recién alumbrado, provocándose así, el primer llanto. Esta práctica es obsoleta. Incluso ha disminuido su uso como correctivo, un par de nalgadas eran excelentes para reprender a un niño, actualmente la mayoría de los sicólogos considera que las nalgadas son en contra de los derechos humanos infantiles.  
            Asimismo, han sucedió ciertos hechos macabros en lo que estos cachetes han servido de alimento. Un ejemplo: en la novela Cándido de Voltaire le rebanan el pernil a la sirvienta de Cunegunda, el amor de Cándido; en un momento de crisis alimentaria unos rusos la obligan a cooperar con un poco de jamón, dejándola con una sola nalga.
Parecería una frivolidad hablar del nalgatorio, pero no lo crean, pues mucho se ha perdido o ganado por un buen par de éstas. Habrá que tener presente que una mirada furtiva o descarada al trasero resulta ser un acto, casi siempre, cargado de erotismo; Schopenhauer diría que cuando aquéllas son de grandes proporciones resultan más atractivas porque instintivamente los hombres ven en las mujeres estos símbolos de fertilidad. Ya que lo único realmente trascendente es la reproducción y por lo tanto la preservación de la especie, por ello, unos glúteos generosos inevitablemente llaman la atención. Sin embargo, a Schopenhauer se le olvido que también existe el amor homosexual, y en él, no existe el fin reproductivo.
            La publicidad ha dado demasiada importancia a las nalgas (sobre todo a las femeninas) tanto que cientos de mujeres se someten a cirugías para colocarse implantes o inyectarse grasa para agrandarlas. En muchos casos el deseo de expandirlas ha tenido graves consecuencias (incluso fatales) porque a muchos charlatanes les ha dado por inyectar aceites que resultan tóxicos. Allí está el caso de la cantante Alejandra Guzmán. Actualmente los traseros más famosos son los de Jennifer López y Kim Kardashian. En México el cabus más o menos popular fue el de la bailarina Lyn May.
Así, las gemelas divididas por la hendidura interglútea pueden ser bellas y se hablará de calipigio (del griego kalós:bello y pygé: nalga) que se utiliza en referencia a aquellos que tienen nalgas atractivas; si son enormes y desproporcionadas, la persona tendrá esteatopigia (del griego stear, steatos: grasa, y pygē: nalga), hecho frecuente en mujeres de raza negra; los que tienen una fijación por el nalgamen son pigofilos, de pigofilia (del griego pigo pygé: nalga y filia: amor). Las hay pues, caídas, paradas, bonitas, feas, planas (de Aspirina o Mejoral). Asimismo, oímos que al mentiroso le dicen que es puro “pájaro nalgón” y si se ofrecen en repetición “nalga pronta” se bautizará. Es importante dejar claro que, tratándose del nalgamen, es asunto de cada quien ofrecer la parte o el todo en prenda de amor, con fines recreativos, o bien, en catafixia.
Cuando la redondez del pyge es de concurso la circunferencia será de 90 centímetros y creerán que es un cuerpo perfecto con medidas 90-60-90. La región más visitada por los medicamentos intramusculares tiene sus tensiones, como las de aquél que lleva la culpa en esa región y deambula con un caminar apretadito.
Por último, no se habrá de exhibir partes tan nobles a los enemigos, que en otras latitudes represente una gran ofensa.

martes, 25 de diciembre de 2012

ENFERMEDAD Y LIBRE ALBEDRIO

Me topé con el libro Tú puedes sanar tu cuerpo de Louise L. Hay,  le di una vista rápida y me sorprendió. Contenía una lista de padecimientos, las causas emocionales que los provocaban y las oraciones que harían posible su sanación. Actualmente existe una tendencia a creer que todas las enfermedades son mentales. El origen del cáncer según ese libro es por “Una herida profunda, resentimiento largamente acumulado. Una pena secreta y acarrear odios”. Enseguida uno se pregunta qué odios podría guardar un bebé, al que le diagnostican leucemia, o cualquier otro niño nacido enfermo. ¿Acaso este libro nos está diciendo que las mujeres laguneras odiamos más que cualquiera de otro lugar de la Republica? pues es aquí donde se registra el más alto índice de mortalidad por cáncer de mama. Es absurdo creer en esas teorías como si fueran leyes. En La Laguna hay investigadores que han demostrado la relación del cáncer de mama con cuestiones ambientales. El proceso de enfermedad es mucho más complejo de lo que creemos.  
      En mi infancia jamás padecí de alergias, comía duraznos e higos de los árboles de casa, años después me volví alérgica a éstos. Pero curiosamente no a los que mi papá aún cultiva. Entonces, no es que tenga “Negación de mi propio poder¨” como dice Louise L. Hay, de las alergias sino que la fruta que compro en el supermercado está cultivada con insecticidas o fertilizantes artificiales a los que sí soy alérgica. Igual me pasa al comer camarones baratos que me dejan la cara de Chucky, en cambio los camarones grandes y caros los disfruto sin problema. Y no es que pretenda ser muy gourmet, simplemente es que los de pacotilla contienen un conservador que mi cuerpo detecta como intruso. Mi alergia no es porque sea cobarde, aunque no estoy exenta de serlo, pero no es la cobardía la que me saca ronchas y comezones
       Aunque sabemos que todas las enfermedades, de una u otra forma se modifican según las emociones, pues es verdad que la depresión disminuye la inmunidad, o bien, los dolores desaparecen con las alegrías y los orgasmos, por lo menos a ratitos. Pero decir que nosotros mismos somos los causantes de todas las enfermedades que padecemos es cruel y ególatra a la vez. El que se enferma se culpa y el sano se envanece. Aunque hay casos muy específicos donde sí hay una relación causa efecto. Los ejemplos más comunes son las adicciones donde pareciera que la persona busca su propia enfermedad, como pasa con el uso de drogas, alcohol, tabaco, exceso de comida o cualquier otro factor que someta al cuerpo a trabajos forzados para mantener el equilibrio u homeostasis. A pesar de ello las enfermedades provocadas por las adicciones no son del todo cuestión de voluntad. Es cierto que casi todas se iniciaron por un trastorno emocional, ya sea ansiedad, depresión, mal manejo de la ira o la frustración. Pero eso es sólo al principio, después es muy difícil sobreponerse porque las propias células exigen dichas sustancias. Ya no se trata de una simple emoción, sino de algo mucho más poderoso y complejo: la bioquímica celular.
En el libro El lenguaje del cuerpo de Francis Collins expone que la mayoría de las células de las que estamos constituidos no corresponden a nuestro DNA sino que estamos completamente invadidos de microrganismos (flora normal) que nos rebasan en número (celularmente hablando) y que viven de manera simbiótica en nuestro cuerpo; evitan que otras bacterias, virus u hongos que sí son dañinos se instalen en el organismo. Así impiden, dentro de lo posible, que enfermemos. Un ejemplo simple de la importancia de las bacterias “amigas” es cuando se da tratamiento con un antibiótico para cualquier infección, y a los diez o quince días aparecen hongos en los pies; el tratamiento arrasó con todas las bacterias, las buenas y las dañinas y los hongos se aprovecharon. L. Hay diría que el paciente, al alojar hongos, se rehúsa a dejar el pasado.
De cualquier manera, lo mejor es comer saludable, meditar y hacer ejercicio.  Continuaré con el mismo tema a la próxima. Twitter:@lopgan
ENFERMEDAD Y LIBRE ALBEDRÍO (II)

En el artículo anterior hablé un poco sobre el libro de la estadounidense Louise L. Hay, quien sostiene la teoría de que, en el fondo de la inconciencia o la conciencia, todos somos causantes de nuestras enfermedades. Sin embargo, la autora no toma en cuenta que todos los padecimientos se desarrollan tanto por factores internos como externos al organismo. Y en algunos casos la influencia externa es muy fuerte. Pues nos exponemos a elementos frente a los que estamos indefensos; aquí mismo, en La Laguna, es bien sabido la gran contaminación de arsénico que encontramos en el agua y todos los problemas de salud que ello conlleva, no sólo el aumento en la incidencia de cáncer, también de insuficiencia renal y hepática, entre otras.


No tenemos tanta voluntad o albedrío como creemos, en cuanto a la salud se refiere. Otros factores son los genéticos que son una fuerza con la que hay que luchar constantemente. El ejemplo más común es el de los padres diabéticos, hipertensos o que padecieron cáncer y que heredan la predisposición de sufrir dichas enfermedades a los hijos. De manera que las personas deberán de tomar muchas precauciones para evitarla. Lo malo es que de los padres no sólo se heredan los genes sino también los malos hábitos alimenticios; si la comida que ingirió un niño fue alta en grasa y carbohidratos es seguro que de adulto añorará consumirlos, no sólo por nostalgia sino porque su organismo estará acostumbrado a tomar energía a partir de esos nutrientes. 


En el libro El lenguaje del cuerpo de Francis Collins, el científico estadounidense expone un experimento extraordinario en el que se observó que en un grupo de ratas de laboratorio, a las que alimentaron en exceso, no todas comían igual, sino que algunas parecían insaciables, y, por lo tanto, éstas resultaron con obesidad. Al estudiarlas individualmente encontraron que cada una de las ratas obesas poseía en su intestino una bacteria que las otras (las de peso normal) no alojaban. Luego, los científicos inocularon estas bacterias, aparentemente causantes del apetito voraz, a los roedores sin sobrepeso. Entonces, vieron que éstos comenzaron a comer más y en consecuencia se volvieron igual de gordos. De esta manera podría surgir la teoría de que la obesidad es tratable con un antibiótico específico. Sin embargo, estas investigaciones no se pueden establecer como definitivas o válidas, pues en humanos no sea ha comprobado este fenómeno. Pero ello explicaría el frecuente fracaso en el tratamiento de la obesidad. Todavía hay muchos secretos por descubrir sobre las bacterias que habitan nuestro cuerpo. Collins recuerda que no hace muchos años el tratamiento de la úlcera gástrica estaba encaminado solamente a disminuir el ácido generado por el estómago, por eso la terapéutica no resultaba efectiva. Hasta que se descubrió que la bacteria  Helicobacter pylori era la causante de la úlcera fue posible evitar los riesgos de perforación gástrica por úlcera. Actualmente el tratamiento del que se obtienen mejores resultados necesariamente incluye antibióticos.


   Desde luego (aunque suene a mojigatería) evitando los pecados capitales como la gula: que nos trae obesidad; la lujuria: que favorece las enfermedades de transmisión sexual; la ira: porque en la serenidad se mantiene mejor inmunidad, todo ello ayudará a que haya más armonía en el organismo. Aunque nos ataquen el clima, la contaminación, las epidemias y las hormonas o tóxicos que tomamos sin saber. 

Los libros de autoayuda como el de Tú puedes sanar tu cuerpo, entusiasman a los lectores porque creen que por fin, a voluntad, podrán tener una vida saludable, pero al final este tipo de literatura resulta ser sólo charlatanería, pues las personas centrarán sus expectativas de salud en el libre albedrío sin tomar en cuenta las dependencias orgánicas y sicológicas, la genética, el entorno y el tiempo vivido. Por ello muchas personas sufren doblemente: la enfermedad y la culpa por no ser capaces de evitarla, algo que en la mayoría de los casos absurdo.