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Nació en Francisco I. Madero, Dgo. El peor de los pecados es su primer libro de cuentos.Ha recibido el Premio Estatal de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre” en los años 2000 y 2015 y el Premio Estatal de Periodismo de Coahuila, 2016 y 2017. Escribe cuento y ensayo. Es colaboradora regular del periódico El Siglo de Torreón. Su entrevista con Elena Poniatowska fue traducida al griego y publicada en la revista Koralli de Atenas. Ha publicado en diversas revistas nacionales y libros colectivos. Perteneció al taller literario de Saúl Rosales; es médica egresada de la Facultad de Medicina de Torreón, UA de C. y estudió la Maestría en Apreciación y Creación Literaria en Casa Lamm en la Ciudad de México.

miércoles, 18 de junio de 2014

JAIME MUÑOZ: CATADOR DE LIBROS


Cierto temorcillo me alcanza cada vez que escribo sobre autores laguneros. La timidez viene porque sé que los aludidos serán prontos receptores de mis apreciaciones. Temo pues, a no expresarme correctamente, y a que mi mirada sobre su obra no sea clara. Así me sucedió al hablar de Saúl Rosales, de Magda Madero y de Vicente Rodríguez. Sin embargo, igual que con ellos hago a un lado la quisquilla para traer ahora a este espacio Tientos y Mediciones (Breve paseo por la reseña bibliográfica) el más reciente libro de Jaime Muñoz Vargas (Gómez Palacio, Dgo. 1964). Donde el autor, buen catador, prueba una treintena de libros a los que les sintetiza el aroma, el sabor, la cosecha y la robustez. Nos dice si se trata de productos secos o demasiado espumosos. Recomienda su consumo y da su veredicto sobre el grado de añejamiento que estos escritores toleraran. Nos deja claro que hay que leer algunos litros de tinta para refinar el gusto y reconocer el buen buqué.

            El escritor Jaime Muñoz Vargas es maestro (Universidad Iberoamericana), periodista y editor. Ha publicado El principio del terror (novela), Juegos de amor y malquerencia (novela), Pálpito de la sierra Tarahumara (poesía), El augurio de la lumbre (cuento) y Miscelánea de productos textuales (periodismo cultural). Ha ganado el premio nacional de narrativa joven y el premio nacional de novela Jorge Ibargüengoitia. Poco a poco está dejando la localidad, pues algunos de sus textos pasean ahora por Argentina y España.

            Esta vez, Muñoz Vargas reseña dos libros que se encuentran en extremos ideológicos, por ejemplo: en  “Arcángeles”  nos habla de los arcángeles de Paco Ignacio Taibo II, los rojos, los de izquierda, de los que Muñoz asegura fueron: “hombres que se aferraron a una astilla en medio del océano y la defendieron hasta el último buche de oxigeno. En estos días que corren uno se siente fracasado si no tiene dos tarjetas de crédito…” Luego hace una reflexión que retrata muy bien nuestro tiempo: “nosotros todos los días reímos con la desvergonzada farsa de la Excelencia, el Éxito, la Optimización, la Filosofía de la Eficiencia y de toda la selva de maravillas que solo tapan la luz y matan de indigencia mental y física, al género humano”. Más adelante nos lleva a la derecha con Vargas Llosa en “Lenguaje de la pasión” del que el lagunero opina: “Vargas Llosa sólo parece encontrar la felicidad del hombre en el mercado y la sociedad abiertos, y de la socialdemocracia para abajo, a todo lo considera peligrosa enfermedad. No faltan aquí, eran de esperarse, puyazos al endemoniado Castro”. El catador parece no estar de acuerdo con las doctrinas de Vargas Llosa, sin embargo no le regatea el reconocimiento a su talento  y lo marca con sello de garantía de “una prosa que raya en lo perfecto”.

            En éste menú hay, especialmente, dos sugerencias que desee salir a comprar. La primera se trata de Tierra Santa, poesía de Alda Merini, italiana que vivió veinte años en un manicomio: “la opresión de una alma que se niega a las ataduras…” La otra es Segundo diario mínimo. “Humor ecológico” le llama Muñoz, ecológico por Eco, Umberto Eco, otro italiano, el de El nombre de la rosa. Se antojan muy divertidos los textos periodísticos de Eco.

            Tientos y mediciones es un libro de portada azul nostalgia, (bueno, la nostalgia la da la viñeta de una vieja máquina de escribir Smit&Corona hecha por Gerardo Suzán). Es un texto de abordaje fácil, donde se muestra una prosa madura, sin aspavientos. Al leerlo se tiene la convicción de que el autor está libre de duda, pues avienta la primera palabra ―y la última― en forma muy segura, toma los vocablos sin prejuicios, no importa si son gastados o desconocidos. Un ejemplo: la frase “llenar el boquete”. Boquete, palabra ordinaria, pero que sirve para evadir el lugar común de “llenar el vacío”. Después puede recurrir a léxico poco conocido como cuando dice: “alguien ripostará” donde se intuye que el significado de ripostar es responder, reclamar, o cuando expresa: “guardan en la faltriquera” se entiende que guardan en la bolsa o en cualquier escondite, no importa. Así que, no se crea que Tientos y mediciones es una lectura que necesite el diccionario a lado, de ningún modo. Las ideas vienen claras. El uso de palabras poco gastadas sólo le dan brillo a la prosa.

            Tientos y mediciones fue concebido para fines didácticos, pero ese objetivo fue rebasado, pues como dijo Vicente Rodríguez: “En este libro Jaime Muñoz mató seis pájaros de un tiro, o mejor dicho de un tiraje”. La primera aportación  es sin duda la enseñanza. Paso a paso el autor nos muestra el mejor camino a seguir para escribir una reseña bibliográfica. El muestrario incluye treinta obras que van desde la filosofía de Savater hasta el futbol de Maradona. Camina entre la poesía de Guillén o los cuentos de Borges. Seguro es que la literatura de Jaime Muñoz aguantará el añejamiento.

Tientos y mediciones. Breve paseo por la reseña literaria, Jaime Muñoz Vargas, UIA/Icocult/Gobierno de Coahuila. Torreón, 2004. 181 pp.

sábado, 7 de junio de 2014

PARTICULARIDADES DE LOS BESOS EN LA FRENTE

La palabra beso tiene un sinónimo: ósculo, un término de sonoridad oscura, como de esnobismo intelectual. Aunque, hay besos de colores: rojo pasión, negro pornográfico, rosa cursi, púrpura religión o blanco cuento de hadas... El beso es uno de los sucesos más expresados en el arte, ya sea en escultura, literatura, música o pintura; es presentado, generalmente, como un acto de amor, tanto, que lo hay que resucitan princesas o que a los sapos vuelven príncipes. Sin embargo, también hay besos aventados, que no dejan huella, unos más que dejan huella en la camisa, (para marcar el territorio)  y otros, igual, que son pura traición, como los de la mafia italiana y su “beso de la muerte”, uno de despedida, que es una referencia de aquel beso, él que fue vendido por 30 monedas de plata, él que Judas le dio a Cristo. La señal que entregó al cordero para el sacrificio. El cordero de Dios que quita el pecado del mundo mediante la crucifixión.
            El beso sucede entre algunos animales y entre humanos; es un saludo de ocasión o el inicio de una relación sexual. Se da en cualquier parte del cuerpo. Se reparte entre desconocidos, amigos, familiares o amantes; para la mascota o para el fetiche de juguete, de religión o de sexo; en los pies, en las mejillas, en los ojos, en la boca. En las manos con obediencia y en la oreja con provocación. Todos los bordes y abismos del cuerpo son posibles besaderos. Sentir los labios sobre la piel puede desencadenar sensaciones extraordinarias. Asimismo, es una vía de transmisión de enfermedades como la mononucleosis (enfermedad del beso) herpes y virus gripales, etc.
El beso en la frente, se concibe como una muestra de respeto, cariño y protección. Pero no siempre es así, especialmente si se trata de parejas sexuales. Entonces llega el tiempo en que la frente y los labios se unen y decir beso es decir boca, que igual sugiere comida, sexo, palabra y pensamiento. Decir frente es reparar en una región de la cara que está limitada por las sienes, las cejas y la parte superior de la cabeza o inserción del pelo. La frente puede estar en alto o marchita o tener una extensión de dos dedos, cuando la inteligencia está ausente. Es también palabra y pnsamiento. La frente, también, alberga el símbolo de la infidelidad. Ésta es la región de los cuernos. Los cuernos, ésos, los del buey. El buey, una bestia nacida toro. Un macho castrado transformado en el eunuco que no se reproduce: nace, trabaja y muere. El buey es la imposibilidad, la no trascendencia. Porque con la castración se despoja de la agresión necesaria para mantener la dignidad. El buey arrastra el arado sin protestar, es un ser indefenso ante la humillación. No obstante, el buey primigenio está en extinción porque lo sustituyó el tractor para arar la tierra. En cambio, (en México) apareció el güey, que en referencia al buey, el hombre güey o la mujer güey, es sinónimo de tonto, del que no tiene importancia, del que es engañado con facilidad. Aunque, los jóvenes de ahora lo han modificado y le llaman también wey, goey, huey, gue… Lo usan en lugar de los nombres propios y no les parece ofensivo.
A la mujer y al hombre engañados los hacen güeyes, los hacen tontos. Por eso la persona infiel llega a casa y saluda a su pareja con un beso en la frente. Aleja sus labios de los sentidos del gusto y del olfato porque intenta ocultar los lugares por dónde vagaron sus placeres. En ese momento el beso en la frente se trasforma en redención de la culpa y al mismo tiempo simboliza el culto al cuerno. Nos trae las reminiscencias del cuerno del buey al que le quitaron su defensa y el derecho a protestar. El buey que acepta los golpes, porque para eso le fue modificada su naturaleza. Así, muchos humanos sufren de una castración emocional: no hay testículos, no hay ovarios. No circulan por su sangre las hormonas para protestar. Por eso, con un beso en la frente, el infiel y el engañado (uno que lo da y el otro que lo acepta), hacen una reverencia al cuerno, al buey, al güey.

sábado, 24 de mayo de 2014

DERECHOS DE ESCRITOR

 
Los derechos del escritor se derivan de los derechos del lector que fueron determinados  por el francés Daniel Pennac. Este autor establece que el leyente tiene derecho: A no leer, a saltarse páginas, a no acabar el libro, a releer, a la satisfacción inmediata y exclusiva de las propias sensaciones, a la identificación, a leer en cualquier lugar, a hojear, a leer en voz alta, y, a callar. En base a lo anterior, se pueden deducir algunos de los derechos del escritor: 

1º.- El escritor tendrá derecho a escribir cuanta tontería o payasada se le antoje. Igualmente tendrá derecho a referirse a temas sexuales sin que esto sea objeto de censura. El lector juzgará si lo que lee puede ser llamado erotismo, pornografía o simple vulgaridad. Lo anterior se aplica también a las expresiones escatológicas o malarrazonientas. De tal forma que no hay restricción para peladez o porquería alguna.

2º.- Tendrá derecho a usar, cuantas veces desee, frases que no sean de su autoría, siempre y cuando aluda al autor. De lo contrario deberá aceptar con estoicismo el calificativo de “El tonto que todo lo plagia”.

3º.- Aunque la creencia popular establece que todo aquél que exprese sus opiniones en un medio de comunicación deberá denunciar los atropellos de los que ejercen el poder, esto no será de carácter obligatorio. Pues si alguien decide investigar y denunciar bajezas de los poderosos lo hará bajo su riesgo, sin respaldo de nada ni nadie. Dejando en claro que las leyes no lo protegerán en caso de narcopersecución o políticopersecución. En el entendido de que si llegara a suceder el homicidio del escribiente, se recordará que los responsables difícilmente recibirán castigo.  

4º.- En razón al artículo anterior, de igual forma el que escribe tendrá derecho a halagar o a ser lambiscón con quien lo desee, aun yendo en contra de sus propias convicciones, sin que esto sea causa alguna de desobediencia a la legalidad.

5º.- Tomando en cuenta los innumerables libros que se han escrito por personas con escasos conocimientos de cualquier tema, y a pesar de lo establecido a través de los siglos; el escritor tiene derecho a no leer, e incluso, a no escribir aunque su nombre aparezca en la portada como autor, como pasa con frecuencia. De igual manera, debido a que existen precedentes, un escritor puede escribir más libros de los que ha leído.

6º.- Respecto al uso del lenguaje rebuscado, para fingir erudición, el escritor tiene derecho a utilizarlo a costa de tener pocos lectores. Lo ideal sería que cambiara las palabras pretensiosas por otras más cálidas y sencillas. Sin que ello sea en detrimento del idioma ni en pobreza intelectual ni en el uso limitado de las palabras.

7º.- Aunque parezca necedad, tomando en cuenta el primer punto de los derechos aquí descritos, se asienta que el que escribe podrá hacerlo en cualquier lugar y material que le sea posible, desde servilletas, cartoncillos, libretas, pantallas de computadoras, hojas, hasta paredes de baños y calles. Estas dos últimas cuidándose de que no haya otra persona que lo detenga. Este derecho se extiende a la libertad de abandonar cualquier proyecto llámese poema, cuento, ensayo… no importando en qué fase de desarrollo se encuentre. 

8º.- Al igual que el lector, el escritor tendrá derecho a la satisfacción inmediata y exclusiva de las propias sensaciones sin que necesariamente le importen los demás.

9º.- Si el que escribe pretende infringir fuerza o ironía a sus frases, pero no lo logra por carecer de palabras y formas eficaces en su repertorio, entonces podrá utilizar, indiscriminadamente, las mayúsculas, las comillas y los signos de admiración. A pesar de que está descrito que dichos signos tienen una aplicación razonable y específica, se tendrá presente que si se exagera en el uso de éstos los contenidos simularán ser impetuosos.

         Se aclara que el poner en práctica las sugerencias arriba mencionados no es garantía absolutamente de nada. 

sábado, 10 de mayo de 2014

AMARILLO NO ME PONGO

Tengo una afición especial por los sábados. Me gustan. Generalmente, esos días la paso bien. En uno de ésos, por la noche, me disponía a dormir pero mi vecino decidió otra cosa e impuso su música. Sus fiestas son frecuentes pero no siempre me molestan. A veces, sus reuniones son ambientadas con canciones que  me recuerdan mi adolescencia. Lo malo es cuando son reuniones de los hijos, sus sonidos no me recuerdan nada y son demasiado estridentes. Entonces, respiro profundo y trato de leer. Aunque, debo reconocer que hay música joven que me ha sorprendido. Por ejemplo, una vez escuché un rap. A mí no me gusta el rap. Pero bueno, cuando uno está en estado de sopor piensa que quizá el rap sea a la música popular lo que el recitativo es a la ópera. Así conocí las letras raperas de un grupo que se llama Calle 13. No sabía de quién se trataba y no lo supe en su momento sino el día siguiente cuándo busqué en Internet la letra de “John el esquizofrénico”. Me pareció extraordinaria la forma de describir esta alteración mental: “Mi nombre es John Alejandro y soy esquizofrénico/ no soy nada de atractivo mucho menos fotogénico/ mi mejor amigo es un payaso que me aconseja/ tiene ojos de rana y vive dentro de mi oreja/ y habla mucho y a veces se molesta/ y cuando le pregunto cosas casi nunca me contesta (…) la gente piensa que yo estoy enfermo/ porque corro por la ciudad con mi cuaderno/ hablando con los perros…” Habla de sus mentiras solo por jugar y de que colecciona gente muerta… son rimas que me parecen inteligentes.
            La noche a la que me refiero, al inicio del texto, fue con música norteña. La primera canción que escuché, decía: “Estos eran dos amigos que venían de Mapimí/ que por no venirse de oquis/ robaron Guanacevi/ Ellos traiban dos caballos uno oscuro y el otro jovero/ en el oscuro cargan ropa y en jovero dinero”.  Este es un tema que llegué escuchar cuando era niña; la frase “de oquis” incluida allí, siempre me ha parecido curiosa. En otra de las estrofas, dice: “Martín le dice a José/ no te pongas amarillo/ vamos a robar el tren que viene de Bermejillo”, a lo que José contesta: “Amarillo no me pongo/ amarillo es mi color/ he robado trenes grandes y máquinas de vapor…” La canción es de Los cadetes de Linares. En ese insomnio llamó mi atención aquello de “amarillo no me pongo, amarillo es mi color”. Debo aclarar que mi estado mental no era del todo lúcido y que somnolienta como estaba, pensaba en el significado de la piel amarilla. Desde luego, no era una referencia real al amarillo, pues no era una ictericia por algún trastorno de hígado, páncreas o bazo. En esa historia se hablaba de la palidez por un estado de alerta. Aletargada, regresé hasta mis clases de fisiología. Concluí que José tenía mucho miedo y que por eso estaba pálido y que la acción adrenérgica (reacción simpática) provocaba que la sangre se concentrara en los músculos: se estaba preparando para pelear o para huir. Tenía una reacción de defensa para preservar la vida. Y que si la situación era muy violenta, después surgiría un mecanismo compensatorio (reacción parasimpática) de liberación de sustancias que ordenaban revertir ese estado de alerta y era cuando, posterior a un intenso estado de estrés, venia un periodo de relajamiento, incluso de los esfínteres, por eso en muchos casos las personas (o animales) se orinan o defecan después del tener miedo.
Entonces, si una persona está en la fase de palidez resulta muy peligrosa porque pretende salvarse y para ello puede matar. En cambio, si vemos a una persona enrojecida, aunque sea por enojo, no hay de qué preocuparse, únicamente lanzará gritos. Si bien, José, el ladrón que venía de Mapimí, negó tener miedo diciendo que amarillo era su color, en realidad, se estaba preparándose para pelear o para huir. Este relato cuenta que huyó y lo atribuye a las oraciones de su madre, pero, fisiológicamente hablando, fue porque tuvo una reacción bioquímica de acuerdo a la ocasión. De manera que si mis vecinos siguen desvelándome, tal vez un día de estos me ponga roja (amarilla no, porque querré matarlos) y vaya a reclamarles.

lunes, 28 de abril de 2014

TORREÓN SEXUAL



Alguna vez escribí un artículo que titulé: “La profesión más antigua del mundo”, en aquella ocasión alguien me dijo que el nombre era incorrecto “¿No es ninguna profesión. Acaso tienen qué hacer maestrías o doctorados para ejercer ese oficio?” Refuté diciendo que, en general, se le nombra profesional a la persona que cobra dinero por realizar una actividad, a diferencia del que no recibe paga, que es el amateur o aficionado. Lo que sí creo, es que no sabemos muy bien, qué tan antigua sea como profesión, pues desconocemos cuántos siglos hace que las relaciones sexuales se comenzaron a utilizar como un servicio de compra-venta. Aunque al parecer surgió a la par de la institucionalización de la familia, ya que muchas mujeres se vieron en la necesidad de buscar el sustento a los hijos que no tenían un padre que los reconociera como tal. 
            Caminando por las calles de Torreón uno puede darse cuenta del gran comercio sexual que existe. Ya sea la prostitución de burdel o de calle: en cantinas como en “El tropicosas”  o calles como la Morelos o al final de la  Ramón Méndez, rumbo al aeropuerto. En Torreón existen muchos prostíbulos, como en otras ciudades, pero éstos se establecen como cantinas, tabledance, salas de masajes o estéticas.
            Es de llamar la atención que en muchos Estados de la Unión Americana, se anuncien, sin el menor recato, clínicas donde se practican abortos, pero contradictoriamente se cuidan mucho de disimular los lugares de prostitución. En Texas, por ejemplo, el aborto es legal pero la prostitución no. En Estados Unidos son pocos los Estados donde el comercio sexual es totalmente legal (por ejemplo, Las Vegas, la ciudad del pecado). Es extraño que las leyes, surgidas de la moral de la población, sean tan desequilibradas. En México no estamos muy avanzado que digamos.   
Aquí en Coahuila la prostitución (entre adultos, por supuesto) está permitida siempre y cuando se ejerza en los zonas dispuestas  para ello. ¿Establecimientos creados exprofeso? he aquí la vaguedad. Recordemos que en la administración de Carlos Román Cepeda, en el año de 1997, fue demolida la zona roja de nuestra ciudad, y a cambio se construyó el parque deportivo Los Fundadores. El cierre de la zona de Tolerancia no disminuyó la solicitud de este servicio, a pesar de que algunas personas dejaron de ejercer la llamada “profesión más antiguo del mundo”. No obstante, el resto buscó acomodo en una calle, en una esquina, y si su físico y edad se lo permitieron en un lugar establecido.
Hace cuarenta años la prostitución era un servicio casi exclusivo de mujeres para hombres, se podría decir que se comerciaba con el sexo socialmente permitido. Sin embargo, desde hace años los jóvenes homosexuales también han entrado abiertamente a este mercado. Igualmente existen hombres heterosexuales que son contratados por mujeres, y mujeres que contratan mujeres.  Pero está claro que las mujeres como consumidoras de este servicio y quien se los presta, todavía no salen a las calles, sino que está presente a través de los medios de comunicación como periódicos e Internet. 
Al parecer el cierre de la zona de tolerancia trajo beneficios inmediatos, pero no a largo plazo, ya que el negocio de la prostitución cada día va en aumento y en consecuencia el control sanitario se complica más. El conflicto real de la renta de cuerpos no es que caminen o no por las calles, lo grave, es el problema de salud pública que existe en torno a ello. Las personas que se prostituyen arrojan estadísticas alarmantes sobre la salud pública. Es un fenómeno social triste, especialmente, por la proliferación de enfermedades asociadas a este oficio, como: drogadicción, alcoholismo, sífilis, herpes, gonorrea y Sida, entre otras. La Secretaría de Salud no es capaz de tener el control de todas las personas que se dedican a esta actividad porque es prácticamente imposible, ello no justifica que halla tanto descontrol.
Por desgracia, la prostitución no va desaparecer por la “buena conciencia” de nuestros gobernantes, pues no está en sus manos inhibir la sexualidad de los demás. La forma más efectiva para disminuir la patología asociada a esta actividad es difundiendo las formas de prevención y terminando con la corrupción. Sí, que realmente se exijan las cartillas de salud y que no se acepten “mordidas” de quien no cumple con los requisitos para ejercer la prostitución.

lunes, 14 de abril de 2014

El ORGULLO NACIONAL



Me sorprendió ver cómo los comentaristas mexicanos de espectáculos mostraron un orgullo desbordado cuando se anunciaron los premios Oscar de Lupita Nyong'o y Alfonso Cuarón. Los comunicadores se exaltaron hasta el ridículo. Desde luego, uno puede sentir cierta alegría por un mexicano que recibe reconocimiento internacional, pero, de eso, a llenarse de lágrimas y mocos, hay un gran camino de histeria. Además, considerar a Lupita Nyong’o mexicana es un absurdo, pues su nacimiento en nuestro país fue un mero accidente; sólo vivió aquí un año (algunas páginas de Internet dicen que fueron tres años). Técnicamente es mexicana, pero, sus orígenes y cultura son diferentes a los nuestros. Independientemente de que sea keniana y mexicana, por qué tanto escándalo. Tampoco es que deba disgustar, pero, ¿por qué necesitamos que otros nos presten sus triunfos? Eso es una postura miserable.
Arthur Schopenhauer, en su libro Aforismos sobre el arte de vivir, habla sobre el orgullo: “La forma más barata de orgullo es, no obstante, el orgullo nacional. Pues denota en su portador la carencia de cualidades individuales de las que éste se pudiera sentir orgulloso, ya que, de otro modo, no estaría recurriendo a algo que comparte con millones de personas”. De acuerdo a ello, muchos de los que se emocionan por lo triunfos ajenos seguramente también sienten vergüenza por la mala entraña de los delincuentes de nuestro país. Pero si yo no hice nada para que Cuaròn ganara un Oscar, tampoco moví un dedo para que el Chapo Guzmán fuera el delincuente más buscado en el mundo, por lo tanto, ni me enorgullezco del primero ni me avergüenzo por el segundo. No obstante, me gusta lo que logro Cuaròn. La alegría desbordada mostrada por la colectividad mexicana ante los triunfos ajenos habla mucho del fracaso individual.
Por supuesto, es inevitable el orgullo y la vergüenza por lo que son los otros con lo que compartimos un origen territorial y cultural, pero que la conducta y el estado de ánimo sea dictado por la derrota o el fracaso de los demás, es patético. El ejemplo más común es el de los fanáticos del futbol; algunos seguidores han llegado al extremo de morir si su equipo pierde. Recordemos lo que sucedió en el año de 1950 en la tragedia del estadio Maracaná en Río de Janeiro, Brasil. Se jugaba la final de la Copa Mundial entre Uruguay y Brasil, ganando Uruguay 2-1. Por ello hubo múltiples suicidios por parte de los brasileiros.
Sabemos que la Patria no da mucho para que podamos sentirnos orgullosos y sí da para vergüenzas. Gracias a los criminales que han modificado nuestra forma de vivir y de morir, podríamos decir que es una vergüenza ser mexicano. Sin embargo, habríamos de negarnos a sentir vergüenza por lo que hacen los demás. Antaño un 15 de septiembre podíamos asistir a la plaza principal de nuestra ciudad y gritar exaltados ¡Viva México! Sentir el arrebato de los colores y la música, creernos libres, sólo por eso. Jugábamos a que éramos independientes. Ahora no podemos jugar sin sentir temor.
Aunque la vanagloria mexicana nunca se ha proclamado para todos, pues también es frecuente que muchas personas se avergüenzan de su origen; el lugar, los rasgos físicos y el medio sociocultural al que pertenecemos son motivo de apocamiento a pesar de que no dependen de nuestra decisión. Así pues, por qué he de sentirme avergonzada de que el país donde nací este lleno de corrupción y criminalidad. La mayoría de los mexicanos nada tenemos que ver con eso, más que como víctimas de éstos. Sin embargo, ante el extranjero es difícil ser juzgado como individuo. Se nos juzga como mexicanos: si viajamos al extranjero seremos más revisados que un europeo. Porque en los aeropuertos, al latinoamericano, en general, se le asocia a droga en los intestinos o en los dobles fondos de maletas, como al árabe se le asocia al terrorismo por culpa de Bin Laden. Bin Laden nos afectó a todos los viajeros y gracias a él se nos ve desnudos en la revisión de los aeropuertos internacionales.Supongo pues, que la conducta de cada uno de nosotros ante lo vergonzoso o grandioso que han hecho los otros mexicanos tendrá que ver con la mesura; ya sea en la admiración o la reprobación de los actos. No con arrebatos neuróticos.

jueves, 3 de abril de 2014

LITERATURA OMNÍVORA



Cuando leo, con frecuencia pongo atención en lo que se come en los cuentos y novelas. Al igual que el vestido y el habla, el comer delata la geografía, época, educación, cultura y nivel socioeconómico de los personajes. Últimamente he revisado la comida de la que habla Miguel de Cervantes en su obra cumbre: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Desde la primera página encontramos sus costumbres culinarias: “Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda.” Podemos observar que la dieta de los personajes de El Quijote se basa principalmente en productos de origen animal; un cocido que contiene “más vaca que carnero” y luego, los famosos “duelos y quebrantos” que es una tipo tortilla de huevo a la que se le agregan sesos y riñones de cordero, además de tocino, cebolla picada y perejil. Allí dice que su comida de domingo es palomino y el único vegetal, como platillo principal, son las lentejas, alimento de los viernes.
En diversos pasajes de la novela del manchego, desfilan platillos basadas en leche, requesón, queso ovejuno, ollas podridas (estofado al que se le ponen todo tipo de carnes, especialmente de cerdo), gallinas francolines (un tipo de gallina africana) y tasajo. Hay: bellotas, avellanas, uvas, calabaza, fruta seca, manzana, berenjenas (“los moros son amigos de berenjenas”) que son otros de los vegetales a los que alude Cervantes.
Se puede destacar que, en general, las narraciones en las que se incluyen descripciones de copiosos banquetes siempre acuden a una dieta basada en productos de origen animal. Y es que los personajes literarios son retrato de la realidad: omnívoros. Además, al parecer la corriente más fuerte del veganismo o vegetarianismo puro (sin lácteos ni huevos), surgió apenas a mediados de la década de los 40 del siglo pasado. Esto se establece no sólo con la idea de tener una alimentación más sana sino que se trata de una actitud ecológica y de protección hacía los animales. De esa manera se pretende evitar el sufrimiento animal.
También sabemos que, según la Biblia, el alimento original del primer hombre fue un vegetal (el fruto que comió Adán, que por cierto, no dice que haya sido una manzana). Adán y Eva comían plantas antes de desobedecer a Dios, pues se alimentaban del Jardín del Edén. Igualmente científicos y zoólogos, como Desmond Morris, aseguran que de acuerdo a la evolución los primates ancestros del hombre eran herbívoros
Sin embargo, surge un hecho curioso: los animales mamíferos-carnívoros toda su vida tienen una dieta de origen animal y los mamíferos-herbívoros como las vacas cabras, caballos, jirafas, gacelas, elefantes, etc., tienen como primer alimento la leche materna, es decir, un producto de origen animal; el resto de su existencia son herbívoros. Pero, la cabra no es capaz de digerir un filete como el león tampoco digiere una ensalada. Nosotros que somos la punta de la cadena alimenticia podemos nutrirnos de plantas y animales. Nuestra anatomía y fisiología da para eso. Desde la dentadura hasta las secreciones de enzimas digestivas (salivales, estomacales, pancreáticas y biliares) nos permiten asimilar las grasas, proteínas y carbohidratos, cualquiera que sea su origen. Al parecer el cuerpo humano tiene mecanismos que le permiten adaptarse a cualquier dieta. Un ejemplo: los esquimales que rara vez comen frutas y verduras y por el contrario el hábito que muchas personas han adquirido al tener una dieta vegetariana. Aunque hay controversia en la alimentación puramente vegetariana en los niños.
No sabemos si la evolución vaya encaminada a cambiar la naturaleza omnívora del hombre y que dentro de muchos miles o millones de años volvamos al origen herbívoro. Pero, hasta ahora en la literatura no se habla de grandes manjares que tengan como platillo principal una vianda llena de lechuga, brócoli y hermosas rodajas de tomate.