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Nació en Francisco I. Madero, Dgo. El peor de los pecados es su primer libro de cuentos.Ha recibido el Premio Estatal de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre” en los años 2000 y 2015 y el Premio Estatal de Periodismo de Coahuila, 2016 y 2017. Escribe cuento y ensayo. Es colaboradora regular del periódico El Siglo de Torreón. Su entrevista con Elena Poniatowska fue traducida al griego y publicada en la revista Koralli de Atenas. Ha publicado en diversas revistas nacionales y libros colectivos. Perteneció al taller literario de Saúl Rosales; es médica egresada de la Facultad de Medicina de Torreón, UA de C. y estudió la Maestría en Apreciación y Creación Literaria en Casa Lamm en la Ciudad de México.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Domingo de 5 kilómetros


En Torreón, además del maratón Lala, casi cada domingo hay competencias para correr 5, 10 ó 21 kilómetros. Hace algunas semanas se realizó una carrera de 5 kms. organizada por la Cruz Roja, a la que nombraron “Corre por ayudar”. Eduardo, mi esposo, quien participa frecuentemente en dichas competencias, me animó a tomar parte de ésta. Acepté a pesar de que desde hace un año preferí ejercitarme con caminata, misma que, aunque sea rápida, evita lesiones. Así, cinco días a la semana recorro 8 kilómetros.
La competencia daría inicio a las ocho de la mañana de aquel domingo. Comencé el proceso de preparación poniéndome la camiseta extragrande con el número 332, misma que no me gustó porque llegaba casi hasta mis rodillas; sentí que me ridiculizaba y maniataba la “velocidad”. Luego me puse una pantalonera; hice un fuerte nudo en las agujetas de mis tenis (no fuera ser que tuviera que suspender el recorrido porque se desataran), una cachucha que detuviera un poco el sol y bloqueador solar en crema, evitando aplicarlo en la frente ya que arden los ojos al escurrirse con el sudor. Completé el disfraz de corredora con unos lentes oscuros. Desde luego, nunca contemplé la posibilidad de llamarme competidora; era una participante que sólo quería probar su condición física. No llevé cronómetro, pero confié en que los organizadores tendrían un registro de los tiempos, únicamente para saber, pero no fue así.
Delante de la Cruz Roja estaba la muchedumbre que se veía contenta. Los corredores hacían ejercicios de calentamiento y se lanzaban vítores unos a otros. Allí había familias completas, grupos de amigos, algunos perros acompañando a sus dueños; sí, unos perrillos de razas pequeñas que hicieron que pensara: “a mí ningún perro me va a ganar”. Eso porque los vi chiquitines, ya que si hubiera visto a un galgo ni pienso nada. Seguía molestándome la camisetota, por lo que le hice un nudo a un lado para achicarla. Sin embargo seguí sintiéndome un tanto risible.
Dieron el disparo de salida e inicié el recorrido a paso rápido. En el camino había mucha gente aplaudiendo y gritando: “Vamos, vamos. Échenle ganas”. Me extrañó que una señora agradeciera emocionada: “Gracias, gracias, gracias”. No entendí porqué. Otra mujer repetía incesante: “Ánimo, ánimo. Rompan su propio récord”. Cómo le iba a explicar que yo no podía romper nada porque era la primera vez que participaba.
En el primer kilómetro todo era bueno: las piernas respondían, los pulmones y corazón también, pero al terminar de dar la vuelta al Bosque en los dos y medio kilómetros comencé a sentir un sofoco mayúsculo. Por más que intentaba inspiraciones profundas y sostenidas, terminaba en respiraciones entrecortadas. Luego recordé que hacía mucho tiempo que no experimentaba esa sensación de cansancio extremo que casi siempre llega con una invasión contradictoria que desea desobedecer a los sistemas corporales; sucede algo que en momentos parece imposible: el cuerpo vuelve a tomar una segunda fuerza y soporta más de lo uno creía. Así me pasó que a la mitad quise poner “pausa”, pero resistí hasta que, después de la fuente del Pensador de la Alameda, a la derecha, viniendo de la avenida Morelos, divisé la meta, y entusiasmada por terminar, aceleré mis tenis lo más posible. Arribé a la línea final, en donde un grupo de personas oía el “Mambo namber faiv”. En seguida fui a donde entregaban una bolsa a la que llaman “kit de recuperación”, que contenía una gran medalla color oro, un jugo de naranja, un “pauereid” y agua. No sé cuál fue mi propio récord, pero sé que lo que más temía ni siquiera estuvo cerca: me daba terror el imaginar que la ambulancia de la Cruz Roja fuera detrás de mí por ser la última en terminar el recorrido. Igualmente ningún perro me rebasó. Se me olvidó la talla extragrande y el ahogo. Me senté en el cordón del camellón, muy satisfecha y colorada, a tomar una botella de agua y a esperar que Eduardo me encontrara.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Jóvenes músicos bromeando

El divertido video, que se presenta a continuación, es un intento por tocar el "Concierto No. 1 para violin y orquesta" de Mendelssohn. Allí: Ithzak Perlman, judío estadounidense reconocido como el mejor violinista del mundo. Zubin Metha pianista y director de origen hindú. Daniel Baremboim argentino nacionalizado israelí; pianista y director. Jacqueline du Pré; violonchelista inglesa, una de las mejores del siglo XX quien murió de esclerosis múltiple a la edad de 42 años en 1987.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

La señorita Chelo Prieto


Hace algunos años el maestro Carlos prieto, al igual que el día de hoy, que nos presenta su libro Por la China milenaria, nos trajo el Libro Las aventuras de un violonchelo y un concierto junto a la Camerata de Coahuila. Con ese motivo escribí el siguiente texto:

Un escritor virtuoso del violonchelo. El violonchelo de Carlos Prieto viaja como un pasajero más. "En Estados Unidos su boleto de avión se registra con el nombre de miss Chelo Prieto, aquí en México es la señorita Chelo Prieto”. Cuando oí esa frase pensé: “Quizá no es señorita, hay que recordar la decena de amantes que ha tenido. Miles de personas han sido testigos de que los que le han amado, la han abrazan y tocado con gran pasión. Algunos de sus dueños ha vivido hazañas increíbles para poseerla. Claro, la Señorita Prieto se conserva como si fuera una jovencita, sigue guardando la misma cintura desde 172o; sus medidas y apariencia permanecen casi inmutables desde entonces. Y pensar que su actual compañero al principio se desilusionó pues creyó que padecía sordera, anemia y que le faltaba brillo. “Chelo Prieto no es mi hija ni mi esposa, es el nombre con el que suele viajar el Piatti. El violonchelo es un instrumento precioso pero, para los viajes se vuelve bastante incómodo”. Expresa el músico y escritor Carlos Prieto en su libro Las aventuras de un violonchelo. El maestro Prieto es hijo de padres españoles nacido en México; un hombre que con su arte enaltece el nombre de nuestro país. Al leer en el libro la frase: “Todos los grandes artistas son almas atormentadas” pierde certeza. Aquí, el maestro Prieto olvida sus disgustos, sus angustias y escribe en forma divertida: “es mejor reírse de las cosas", dice. Ríe con indulgencia cuando narra que al llegar al aeropuerto de Manaus, Brasil, Edison Quintana (el pianista que lo acompaña) y él, se dieron cuenta de que nadie los esperaba. Mientras, observaban a una atractiva rubia que también parecía buscar a alguien. Ella se acercó a ellos dirigiéndose al pianista "¿Conoce a Carlos Prieto?" "Claro, aquí está", contestó el maestro Quintana. Luego el maestro Prieto le preguntó a la mujer que si no los había visto con el violonchelo, a lo que ella contestó: "¿cómo quiere que lo reconozca si en Brasil hay muchos violonchelistas?". Surgieron otras respuestas parecidas y el maestro Prieto concluyó “... me di cuenta que la lógica no era el fuerte de la bella Grace”.
 Las aventuras de un violonchelo, habla de la historia de la laudería, de la historia particular del Piatti y de las aventuras que han vivido juntos su actual acompañante y él. El Piatti, violonchelo fabricado en Cremona, Italia en el año 1720 por Antonio Stradivarius. El maestro Prieto recrea espléndidamente 280 años de vida del Piatti. Otra anécdota sucedió en el aeropuerto de Barajas en Madrid: Un taxista no quiso que llevara dentro del coche el violonchelo, a pesar de que estaba lloviendo, el chofer alegó: “ni que fuera un estradevarius”. El maestro, su esposa y el Piatti simplemente tomaron otro taxi. Y què decir de la señora que arrojó al suelo al famoso instrumento, lo mandó al hospital y ni siquiera pidió disculpas. En la Jolla, California dos guapas jovencitas se acercaron al maestro para preguntarle si era nuevo el violonchelo. A lo que él contestó que no. Las jóvenes desilusionadas dijeron “¿así que es de segunda mano?”, El maestro les dijo “ni siquiera, es como de décima mano” y ellas se fueron compadeciendo al maestro, creyeron que se veía forzado a utilizar un instrumento muy usado.
Uno de los dueños del Piatti fue Francesco Mendelssohn quien vivió una aventura muy singular: el sobrino del famoso compositor Félix Mendelssohn, vivía en Alemania. Durante la segunda guerra mundial él deseaba sacar al Piatti de allí, pero los alemanes no permitían la salida de objetos antiguos. Mendelhsson ideó la forma de sacarlo. Compró una bicicleta y un chelo maltratado, el más feo y barato que encontró, lo envolvió en una lona y se dispuso a pasar la frontera rumbo a Suiza. Los policías al ver un hombre con un violonchelo a la espalda, lo detuvieron y examinaron. Repitió la hazaña varias veces y las primeras ocasiones lo inspeccionaban, pero al ver que se trataba de un instrumento sin valor se cansaron de revisar, después sólo lo saludaban. Hasta que un día ese instrumento sin valor fue sustituido por el Piatti y así salió de Alemania.
 Cuando el maestro Prieto acudió a probar el famoso violonchelo para comprarlo estaba escéptico, estas fueron sus palabras: “Estoy verdaderamente desilusionado, éste violonchelo no suena, está anémico, sordo, y opaco. ¿Así suena el famoso Piatti?, se preguntaba. Después de limpiarlo y de algunas mínimas reparaciones del laudero, y sobre todo después de tocarlo mucho, ahora posee un sonido extraordinario. “El violonchelo rojo” llamado así en su paso por Inglaterra e Irlanda o “El Piatti” por que perteneció al chelista Alfredo Piatti, y por su actual dueño, ahora se le conoce como “Chelo Prieto”. El Piatti, qué coincidencia tan musical pues “piatti” en italiano significa bemoles, y si que ha tenido bemoles la historia de este instrumento. Viajando por la India, Estados Unidos, Europa, Rusia, Latinoamérica.
El virtuoso Carlos Prieto y su piatti (bemoles) con el Piatti. Me enteré que el autor de Las aventuras de un violonchelo -que ya se tradujo al Portugués y pronto se traducirá al inglés- iba a presentarse en el primer concierto de la temporada de la Camerata, entonces pensé en hacerle algunas preguntas sobre su libro. Carlos Prieto es un hombre alto, muy elegante, blanco, de ojos azules que sonríe constantemente. Fue muy cordial al contestarme. Ya que en su libro menciona que Gabriel García Márquez disfruta especialmente de la 1ª. Suite de Bach, tanto que cuando la escucha le es imposible escribir una letra, de allí, surgió mi curiosidad sobre si tenía la costumbre de escuchar música al escribir: “Si la pongo pero no la escucho, es tanto lo que me concentro en la escritura que me olvido de la música”. El maestro Carlos Prieto transcribió la última obra de Shostakovich, originalmente para violín y viola, transformando la parte de viola a violonchelo, y menciona en su libro que había enderezado algunas notas de un compositor poco experimentado, sin embargo él aclara que nunca ha escrito una obra musical. Habló del más importante proyecto musical del país: “El conservatorio de las Rosas” en Morelia, la escuela de música más antigua del Continente. Mencionó que este año se graduaron 22 músicos. En esta escuela los niños entran desde preescolar. Allí se realiza un concurso iberoamericano de chelo que contrariamente al deseo del maestro lleva su nombre. Al final de la entrevista le solicité al maestro que me enseñara al Piatti y accedió de muy buena gana. Abrió el estuche negro, quitó las cintas que sujetan al instrumentó y me presentó a Chelo Prieto, al Piatti, al Violonchelo Rojo, el que ha estado cerca de dos premios Nobel: Albert Einstein y Gabriel García Márquez. Saludé al famoso violonchelo pasando tímidamente mis dedos por su fina madera. Indagué sobre la etiqueta, “La etiqueta no es importante”, me dijo, mientras me señalaba cómo verla.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Memorias tristes o, ¿ el amor no tiene edad?


La novela de Gabriel García Márquez, Memoria de mis putas tristes, muy pronto será película. Aunque al parecer el proyecto se ha retrasado un poco debido a que la filmación se había planeado en la ciudad de Puebla y el permiso para realizarla fue suspendido por el propio Gobierno del Estado, pues no querían que a la ciudad se le siguiera asociando con la pederastia, ya que hace algún tiempo, gracias al libro Los demonios del edén, escrito por la periodista Lydia Cacho, se exhibió una red de pedofilia que involucraba al gobernador Mario Marín. Hay que recordar que Memoria de mis putas tristes es también una historia de pederastia contada con la maestría de García Márquez: un viejo a quien le gusta la música de Mozart, Chopin y Bach, entre otros, al cumplir sus 90 años se pone antojadizo y decide regalarse sexo con una joven virgen, por lo que acude a Rosa Cabarcas, la regenta de una casa de citas, quien es la que buscará tal regalo, mismo que no tarda en encontrar: Delgadina, una adolescente de 15 años. En cierto momento la tal Rosa le asegura al anciano que la chiquilla está enamorada de él: “Ay mi sabio triste (…) Esa pobre criatura está lela de amor por ti”. ¿Realmente puede resultar creíble una historia así? Yo creo que no, aunque esté muy bien escrita. La novela describe un acto de perversión sexual, pero además nadie puede creer que una quinceañera se enamore de un viejo de 90 años, un hombre con un cuerpo que seguramente emite ruidos involuntarios por todos lados y que sin duda tendrá dientes postizos, o tal vez toda la dentadura. Se me antoja más bien como para una historia de terror, en la que el carcamal tendría días con reumas que le impedirían levantarse y entonces se quitaría su gran dentadura y se la entregaría a la niña diciéndole: “lávame los dientes”, o quizá: “cámbiame el pañal, ya está muy pesado”. Y qué terrible sería para una quinceañera convivir con alguien con el no se puede compartir nada, que no puede bailar o reír a carcajadas porque se orina. Creo que es una estupidez la aseveración que le hace la regenta al nonagenario: “esa pobre criatura está lela por ti”, aunque hace muy bien en llamarle “pobre” y “lela”, ya que sólo a una “pobre niña lela” podría pasarle algo así. Y sí, realmente describe a Delgadina como una niña retrasada, muy diferente a la Lolita coqueta y malvada de la novela de Vladimir Nabokov, que llega a los linderos de la perversidad y en donde además Humbert, el pervertido, que en la novela se presenta como la víctima, no es de ningún modo un anciano, sino un hombre maduro y atractivo, no como el anciano que describe García Márquez que resulta bastante ridículo: “Volví a la cama con mis calzoncillos de besos estampados”. Además es predecible y muy simplón, él dice: “La verdad: la edad no es la que uno tiene sino la que uno siente”, vaya frase tan ramplona para un "sabio".
Para todo existen límites, y no digo que una mujer de 30 no se pueda enamorar de manera genuina de un señor de sesenta, y hasta puedo creer que el modelo brasileño de 23 años está enamorado de la cantante Madonna de 51, lo puedo creer, pero ¿amor con diferencia de 75 años? No sólo es pervertido, ilegal, inmoral; es también bastante antihigiénico. Asimismo hay que aclarar que en la novela lo que resulta triste son las memorias del anciano, no las prostitutas. La historia de un anciano lleno de soberbia. Por arrogante es que quiere darle a su cuerpo lo que éste ni siquera le pide.
Me extrañó que en las noticias los comunicadores se preguntaran a quién se le ocurrió que la filmación fuera en la ciudad de Puebla. ¿A quién? Pues a un buen publicista que desea ahorrar millones de pesos en propaganda, porque de esta manera se vuelve gratuita. El tema de la pederastia o pedofilia se trata en forma reiterada en los medios de comunicación. Allí están los casos más famosos: el del padre Marcial Maciel, el de Kamel Nacif, el de Roman Polanski, el del mismo Michael Jackson, que al parecer con su muerte desapareció. 

lunes, 16 de noviembre de 2009

Presentación de Arno y los ojos de Rea

Angélica López Gándara, Rosa Gámez, Magda Madero y Jaime Muñóz


El 1 de octubre fue presentada, en la biblioteca “José García de Letona”, la novela Arno y los ojos de Rea, escrita por Magda Madero Gámez. Las palabras de bienvenida para dicha obra vinieron de parte de Jaime Muñoz Vargas, Rosa Gámez Reyes Retana y yo.
La escritora Rosa Gámez consideró que Magdalena Madero G., en su novela Arno y los ojos de Rea, nos enfrenta a los problemas del oficio de escribir a través de Arno, el protagonista. Dijo asimismo que un universo dentro de otro se encuentran en esta obra de largo aliento que no se detiene ante nada. Elogió la construcción de atmósferas, pero también la edificación temporal que sustenta a Arno y los ojos de Rea, ya que ponderó el manejo del tiempo como la cualidad estilística más importante en una novela. Añadió que esta obra enaltece la literatura lagunera, pero también a la tan vapuleada literatura femenina, ya que está llena de conocimientos, emociones y fuertes vivencias que Magdalena Madero transmite con la sencilla transpiración del artista. Resaltó por último la edición del libro que estuvo a cargo de su autora.
El nacimiento de dicha novela es un hecho inédito en la región, como lo destacó Jaime Muñoz en su texto titulado “La montaña de Magda”: “Para empezar, lo evidente: Arno y los ojos de Rea, novela de Magda Madero que presentamos esta noche, es el emprendimiento narrativo de mayores dimensiones en la historia de la literatura lagunera. Tal vez me equivoco, pero entre todo lo que he visto publicado de autores nacidos a la vera del Nazas, nada como la nueva obra de Magda, libro poblado con 485 páginas a renglón ceñido, caja amplia y tipografía no precisamente grande. Es, por ello, un trabajo descomunal; la más ambiciosa tentativa lagunera por atrapar y reconstruir un mundo a partir de la palabra”.
Por mi parte, lo que escribí sobre la más reciente publicación de Magda fue basándome, principalmente, en el contenido. Enseguida cito dos párrafos de lo que allí expresé: “Desaparecer, he allí la gran pesadumbre, la gran tragedia para seres reales o imaginarios (…). Nadie quiere desaparecer, y para evitarlo, se inventan toda clase de ardides: El arte es un ardid contra el olvido... Estas líneas son del primer párrafo de la novela Arno y los ojos de Rea de Magda Madero. Observamos a Arno el escritor, en sus movimientos cotidianos, por eso sabemos que vive entre libros y música clásica, y que con frecuencia se asoma a través de la ventana. La mirada hacia afuera no le alcanza para inventar universos, entonces recurre a los libros y a la introspección; deduce e imagina. Así, descubre a la pordiosera Rea, aquélla de los ojos esmeralda, a quien el novelista llevará a pasear por las calles de Torreón y le hará conocer a sus personajes.
“Historias creadas en una atmósfera que permite percibir dimensiones que se contraen o se expanden de acuerdo a las vivencias de los personajes. De manera que los protagonistas alargan la existencia en una plática, en tomar un café o en la añoranza de una caricia. Asimismo acortan la vida en un acto sexual obligado que termina en asesinato. Y se puede sentir el mundo encogido en un suicidio culposo, en donde, gracias a la habilidad literaria de la autora, la soga también consigue sofocar al lector. Se camina despacio en el gusto por la costumbre y el paso se acelera en el odio, en los golpes y en la lubricidad del autoplacer cuando el otro prefirió el abandono. La tristeza se estaciona, la felicidad corre. La violencia y la felicidad se parecen porque ambas son hijas de la rapidez, de la brusquedad; estallan en un universo contraído”.
Al final la autora dejó en claro que a partir del 1 de octubre Arno y los ojos de Rea le había dejado de pertenecer y ahora sería de quien la leyera. Agradeció a todos, pero especialmente a su mamá, Rosa Gámez y a su hija Marisol.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Errores en el des-Peje

ERRORES EN EL DES-PEJE
Angélica López Gándara
Jamás imaginé que mi relación con el verbo despejar llegaría a ser tan confusa, tan irritante como lo es ahora. Debo aceptar que no recuerdo cuándo fue la primera vez que tuve contacto con esa palabra. Pero casi podría jurar que fue de mañana. Una mañana azul, azul, de árboles y pajarillos. Horas matutinas de una mamá que salía de una recamara diciendo “gracias a Dios que salió sol, creí que el cielo nunca se iba a despejar”. Y la mamá caminaba directo a la lavadora cargando una gran pelota hecha de sábanas. Tenía que trabajar para borrar el mapa, o los mapas, que la noche anterior, había grabado un cartógrafo muy meon (aunque yo escuchaba que al chiquillo de la enuresis le llamaban “mión”). En esa situación, yo niña, entendía perfectamente la importancia del despeje de nubes en el cielo, pues de otro modo los mapas no se lavarían y las sábanas, al no ser expuestas al sol para secarse, el día siguiente albergarían un olor a urea por demás desagradable.
Hubo otras ocasiones en que la palabrita quiso hacerse la confusa. Pero aún no era tiempo de que logrará casi volverme loca; había ciertas noches en que, a mis hermanos y a mi, nos daban de cenar más temprano que de costumbre, y eso era cuando mi papá llegaba a casa diciéndole a mamá: “tingi ginis di ir il cini piri dispijir li minti” Claro, tal expresión provocaba enojo entre los hijuelos. No sólo porque no nos llevaban al cine sino porque cualquiera, por lerdo que fuera, reconocía los vocablos disfrazados con i. Algo peor nos daba cuafandofo ufusafabafan lafa efe. ¡Qué espanto! ¡Qué barbaridad! Conductas extrañas las de los padres de mi generación. A pesar de ello continué conservando el sentido correcto del despeje, aunque éste fuera de li minti o de lafa mefentefe.
Fue hasta la Secundaria que el término despeje inicio su etapa de confusión. En la clase de matemáticas se presentaban las ecuaciones de primero, segundo y tercer grado, y, los despejes ¡ay, canijo! No entendía ni exis, ni ye, ni A al cuadrado es igual a B+C... La maestra explicaba que en el despeje; el que está multiplicando pasa dividiendo y el que está sumando pasa restando y viceversa ¡bah! Y con esa idea me quedé. De manera que en los días en que el des-Peje se ha vuelto absolutamente borroso para mí, me encuentro en la vaguedad. Y el único concepto que me queda es el matemático, él que, bien a bien, no comprendí, del que en determinado momento llegué a pensar que era inútil y que no serviría para nada.
Por lo anterior, ahora que hablan de des-Peje y vislumbro la terrible fórmula que comprende las variables: Política mexicana es igual a PAN más PRI sobre PRD, la luz que busco únicamente produce sombras. Nada veo claro, al contrario, cuanto más leo los periódicos, cuanto más veo y oigo las noticias ¾con la esperanza de justificar tanto desfiguro¾ más se cierra la testa: ¿Huelga de hambre de relevos? ¡sálvanos Señor de los payasos! Que sí, que no, que caiga un desaforado. Que no salga en la boleta del 2006. El que quiere desaforadamente. Todos somos López ¡ay Dios! la publicidad efectiva. Hay que ponerle tache antes, para que no lo puedan tachar en las boletas. Sí, el desacato que no amerita cárcel, pero por favor quiero ser el preso número tal ¡Tramposos! Pagaron la fianza ¿Un arreglo político? Y la conclusión: la derecha juega chueco y la izquierda también.
Es verdad, el PRD estaba dividiendo a causa del hombre del maletín lleno de dinero y del jugador de las Vegas, pero en el intento de des-Peje, ahora pasó multiplicando. Marchas, manifestaciones en el Zócalo, uno, dos, tres y miles. Número uno en las encuestas. Allí lo pusieron los errores de los que piensan que las matemáticas no son útiles, los ignorantes. Enormes pifias de cálculo.
Quizá la ecuación tiene fallas de origen por eso el resultado será siempre erróneo. Las variables de la fórmula de la Política mexicana, no incluyen las necesidades del pueblo. La constante es el Poder. Al pueblo no lo integran, lo usan. Pueblo manipulado, esclavizado (desempleo o jornadas de doce horas diarias en algunas empresas) pueblo de mirada desolada, ansioso por tener nuevos héroes y mártires. El peligro crece e invade los territorio ocupados por la frustración.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Miradas blogueras


Adán y Eva se sintieron el centro del Universo. Luego el mundo se pobló y sus moradores creyeron vivir en un limitado mundo plano. Y se descubrió la redondez de la Tierra, que sin embargo se movía. Se supo también que el Universo tenía miles de millones de planetas y estrellas conformadas en galaxias, y que (aunque no se ha comprobado) es factible que exista vida en otras coordenadas del Cosmos. Asimismo, los europeos descubrieron que en la otra cara de la Tierra moraban otros seres; la evolución ha caminado demostrando que a los humanos el envase nos queda cada vez más grande. Nos empequeñecemos a cada minuto. Pero a pesar de ello y de la globalización no hemos perdido la necesidad de buscar una identidad y de desear que alguien nos lance aunque sea una mirada instantánea. De modo que, aunque portemos el herraje de la manada, al mismo tiempo aspiramos a otro sello de identidad que nos haga diferentes. Vida irónica: la mayoría nos perdemos en la gran montaña del anonimato.
Recibí una invitación para formar parte de una asociación de escritores que luchan contra el anonimato. Con escepticismo leí la carta, ya que desde el momento en que a alguien se le ocurre luchar contra el montón, amontonándose, eso no es una situación alentadora, algo anda mal. Sobre todo porque la asociación presumía tener más de seis mil agremiados. Un mazacote así no puede luchar jamás contra el anonimato literario, sino al contrario, preserva y fomenta el anonimato. Podrán luchar contra el calentamiento global o la matanza de focas y hasta quitar a un Presidente, pero no servirá para crear literatos famosos. Podrá ayudar, sí, la invitación en compilaciones, y por supuesto estar junto a escritores reconocidos en publicaciones que tengan prestigio, pero ni siquiera eso garantiza que cuando un escritor publica un libro éste se vuelva famoso. Realmente es un misterio, porque en ocasiones hay escritores muy buenos que rara vez venden un libro y en cambio hay otros, no tan buenos, que venden miles de ejemplares. Desde luego, los hay buenos, ricos y célebres.
Y, aunque parezca difícil de aceptar, existen personas que escriben asegurando que no les importa que los lean. Por eso pregunto: ¿entonces para qué publican si su objetivo es la catarsis, sin ir más allá? Aún recuerdo el esquemita que en la secundaria nos mostró el maestro de Ciencias Sociales, que decía: La comunicación se conforma de un emisor, un transmisor y un receptor. Concluía que todos necesitábamos de ella, y que en determinado momento podríamos ser uno de los tres elementos. De modo que el emisor-escritor busca un transmisor-revista-periódico-libro, y ahora Internet, y busca un receptor, y es allí donde falla el proceso; el ciclo de la comunicación se interrumpe. Pocos reciben la señal, pocos leen.
Así, recordé el ensayo El escritor lagunero y su blog. Sorpresas y decepciones, del escritor Daniel Herrera, que expuso en el Encuentro de Escritores Coahuilenses en marzo del año pasado en el Teatro Isauro Martínez. Herrera defendía la idea de la importancia de publicar en Internet por medio de los blogs; mencionaba lo difícil que era que alguien aceptara publicar los textos propios en algún periódico o revista. Cuando escuché a Herrera no creí que tener un blog fuera relevante a pesar de que nos dijo todas las ventajas de ello. Sin embargo ahora reconozco que él tenía razón. En el blog: no se pide permiso a nadie para divulgar lo que se desea, no cuesta dinero, es fácil de crear, se pueden corregir textos ya publicados, se rescatan otros, el archivo se va haciendo solo por fechas y temas, y los textos difícilmente se perderán. Y siempre habrá alguien que se estacione allí un momento. La desventaja es que, aunque se logra la comunicación, la mayoría de las veces el anonimato sigue presente; pues quien lee los textos satisface su curiosidad, pero generalmente no le importa quién lo escribió. Aun así, definitivamente, Daniel Herrera acertó en su ensayo, el blog es muy buena herramienta para publicar; para comunicarse.