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Nació en Francisco I. Madero, Dgo. en 1964. El peor de los pecados, es su primer libro de cuentos.Ha recibido el Premio Estatal de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre” en los años 2000 y 2015 y el Premio Estatal de Periodismo de Coahuila, 2016 y 2017. Perteneció al taller literario de Saúl Rosales. Escribe cuento y ensayo. Es colaboradora regular de la revista Siglo Nuevo, suplemento del periódico El Siglo de Torreón. Su entrevista con Elena Poniatowska fue traducida al griego y publicada en la revista Koralli de Atenas. Ha publicado en las revistas: Estepa del Nazas, Acequias, Cultura de Veracruz, La Manzana y Confabulario (suplemento cutural del periódico El Universal). Y en los libros colectivos Enseñanza superior, Coral para Enriqueta Ochoa, Voces del desierto, Sinfonía a doce voces, Cien puertas de Torreón, Perfiles sobre José Revueltas, Camerata de Coahuila. Dos décadas de música y Horizontes de sol y polvo I; Panorama del cuento lagunero. Es médica egresada de la Facultad de Medicina de Torreón,UA de C. Correo electrónico: lopgan@yahoo.com

sábado, 7 de noviembre de 2015

EL ABURRIMIENTO NECESARIO


Resultado de imagen para mafalda aburridaDe dónde viene el aburrimiento que se instala en los suspiros y que a cada paso se queda pegado en las paredes de una casa. Ha venido desde el cansancio de una mente desganada; sin remedio avanza en la tarde hasta llegar a la luna. Entonces, allí mismo hay que morirse. Morirse de aburrimiento. Caer en la muerte simulada de la inactividad. Morirse de vez en cuando es necesario para mirar al más allá y al centro de sí mismo para aceptar que se es finito. ¿Por qué ahora las personas no toleran el aburrimiento?, por eso, porque los enfrenta a sí mismos. Enfrentarse a no trabajar, a no socializar, a no chismear, a no comer, a no entrar a la Internet, a no leer, a no escribir, a no hornear un pay de manzana: Aburrirse. Bostezar. Bostezar y no saber dónde poner el cuerpo, cómo acomodarlo en el sillón, en la cama o en el jardín. No hacer nada, llegar al clímax del hastío y volverse un hongo. Maravillarse en la monotonía.

 Aunque, el aburrimiento puede ser muy peligroso. Por esta sensación las personas pueden traicionar a quienes aman; volverse adictos, no sólo a las drogas sino a cualquier cosa; llegar a calumniar y meterse en la vida de los demás. De manera que hay que saber aburrirse sin tratar de huir de ello, porque si no aceptamos el aburrimiento se disminuye nuestra capacidad para soportar el dolor.  
         El aburrimiento proviene del latín: ab-sin y  horrere- horror, es la “sensación de fastidio provocada por la falta de diversión o de interés por algo”. Aunque el significado de la palabra es no tener horror, en realidad es no sentir nada pero desear sentirlo. Muy diferente a la depresión en la que no se siente nada ni deseos de sentir. Para hacer el diagnóstico diferencial hay una prueba fácil: si una persona dice que está deprimida pero al invitarla a cenar o al cine acepta alegremente, significa que sólo estaba en modo aburrido, no en depresión.
Según el filósofo suizo Alain de Bottonel la ansiedad y el aburrimiento son dos bienes ambiguos que nos permiten darnos cuenta de que algo estamos haciendo mal y por lo tanto deben de ser escuchados e interpretados, algo que no sucede si tenemos a la mano la herramienta de distracción más poderosa jamás inventada que es la Internet. Sí, la Internet debilita la tolerancia al aburrimiento vital para que nuestras mentes puedan crear buenas ideas. Como el tipo de aburrimiento creativo que se experimenta en los largos viajes en tren. Es en esos momentos en que sentimos el deseo irresistible de escapar de nosotros mismos, pero podemos estar seguros de que hay algo importante que debemos traer a nuestra conciencia. Las televisiones para niños en los automóviles inutilizan la imaginación y la creatividad de éstos durante los viajes familiares. En lugar de ver la naturaleza del paisaje, los niños la pasan viendo caricaturas o películas bobas.

En el ensayo ¿Qué es el aburrimiento?, el filósofo español Rafael Alvira cita a grandes pensadores y su opinión sobre el aburrimiento: “Todos los príncipes se aburren: prueba de ello, es que se van a la caza”. Y Rousseau, en el Emilio, apostrofa: “El pueblo no se aburre: conduce una vida activa”. Por el contrario, “el gran azote de los ricos es el aburrimiento. En medio de muchas costosas diversiones, rodeados de tanta gente que se ocupa de hacerles la vida agradable, se aburren hasta la muerte”.  E igualmente cita a Nietzsche: “Los animales más finos y más activos son los primeros capaces de aburrimiento”. Quién sabe qué tan verdadero sea que el rico se aburre más que el pobre, pero existe temor al aburrimiento y cierto desdén a la persona que manifiesta esta sensación. Siempre será mejor que el aburrimiento nazca desde el centro de nuestro ser y no que otras personas nos lo provoquen. Así pues, es necesario el aburrimiento una que otra tarde para mantener la dosis precisa de locura que se necesita para parecer normales.

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