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Nació en Francisco I. Madero, Dgo. El peor de los pecados es su primer libro de cuentos.Ha recibido el Premio Estatal de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre” en los años 2000 y 2015 y el Premio Estatal de Periodismo de Coahuila, 2016 y 2017. Escribe cuento y ensayo. Es colaboradora regular del periódico El Siglo de Torreón. Su entrevista con Elena Poniatowska fue traducida al griego y publicada en la revista Koralli de Atenas. Ha publicado en diversas revistas nacionales y libros colectivos. Perteneció al taller literario de Saúl Rosales; es médica egresada de la Facultad de Medicina de Torreón, UA de C. y estudió la Maestría en Apreciación y Creación Literaria en Casa Lamm en la Ciudad de México.

sábado, 16 de agosto de 2014

EL VIEJO VIAJE DE MANUEL PEREIRA

Un viejo viaje, novela del escritor cubano Manuel Pereira, describe la vida del pintor Lucio Gaitán, funcionario cubano que durante, aproximadamente, tres horas sufre el dilema de regresar a su patria (Cuba) o quedarse en España; “ser o no ser…” La historia inicia cuando el pintor llega al aeropuerto de Barajas, en Madrid, y termina cuando el avión (retrasado), despega hacía lo que el autor considera un zoológico, establecido por el “zoocialismo” cubano.
Para el narrador (una tercera persona, mimetizada con el protagonista) hablar de países comunistas es hablar de grandes zoológicos en los que existe un dueño y cuidadores de jaulas que vigilan que ningún animal escape. A cambio, el enjaulado, recibirá su ración diaria de alimento de mala calidad; “la proletarización de las especies”, dice el autor. Un hombre nuevo viviendo “una indigencia planificada”. Individuo, que, de acuerdo a las reglas oficiales no deberá viajar fuera del zoológico ni estar expuesto a la cultura capitalista. La utopía que lo mismo censura a Los Beatles que a Einstein y donde los “zoodadanos” están obligados a vigilarse unos a otros.
Lucio Gaitán no quiere regresar a esa “rencorosa noción de igualdad”, a aquel lugar de la envidia. La envidia, “el único pecado que no produce placer”. Desea quedarse en un país capitalista, en la jungla, donde estará en libertad. Pero, ¿podrá un animal de cautiverio, sobrevivir en la selva?, ¿podrá conseguir su propio alimento? ¿Podrá sobrevivir a la nostalgia? Porque, finalmente, cuando se vive dentro de Cuba, la fantasía está en otro sitio, pero en el destierro se sueña con la patria hasta el último suspiro. Cuba se vuelve condena. De todas formas, nunca se escapa por completo de la isla.
        Esta novela es una crítica al régimen de Fidel Castro, pero no de manera radical sino que el autor manifiesta sus dudas, sobre si es posible vivir con decoro siendo expatriado, valora lo bueno que tiene en la isla, el amor hacia su familia, y especialmente a su madre, a la que sabe, no podrá ver más, una vez que haya sido nombrado traidor a la patria o “gusano”. Una decisión difícil porque está consciente que: “Aunque la chinche permanezca semanas enteras en la butaca del cine, no significa que le guste la película que están proyectando”; ansía su libertad pero no desea perder a quienes ama.
Pereira, hace un recuento de los que han dejado el país, unos en balsa, otros pidiendo asilo en alguna embajada del país al que viajaron, ya sea difundiendo la cultura o como deportistas. Otros que lograron “escapar por vía vaginal o penal”, es decir, casándose con una mujer u hombre extranjeros. Cuenta historias de personas que perdieron la vida en la búsqueda de la libertad, tantos balseros muertos, ahogados o insolados. Por eso, es comprensible que muchos cubanos desarrollen el gusto por las cadenas, por la jaula.
Manuel Pereira, asegura que en el comunismo impera el ocio, ya que los ciudadanos no se esfuerzan por trabajar, ¿para qué? Si no tienen posibilidades de comprar algunas comodidades, de todas formas recibirá los mismos sueldos y no tendrán posibilidades de mejorar: “De ahí que les sobrara tiempo para dedicarse a los placeres del sexo en lo que quizá fuera el único aliciente del Zoo. (…) Siendo, además lo único que no estaba racionado por el Estado. La lujuria generaba un remedo de libertad”.
Lucio, el protagonista, deja ver la confusión que le provocan los “amigos de la revolución, o de Cuba”, esos “comunistas comedores de caviar”. La mente escindida de los que piensan como Marx pero viven como Rockefeller, ésos, que no soportarían ni un día viviendo como el cubano común. Sin embargo, hacen visitas al Comandante y son recibidos de la mejor manera. En parte también porque Cuba es otro paraíso fiscal.  
En Un viejo viaje se hacen alusiones quijotescas como el personaje del “Verde Gabán”, un hombre que vigila a Lucio en el aeropuerto; “La ínsula barataria” para referirse a cuba; el licenciado Vidriera, un extraño personaje germofóbico, que saluda con los codos para que no le contaminen con bacterias. También hay menciones de otros autores como Milan Kundera o George Orwell.
Manuel Pereira es un escritor muy prolífico ha escrito: cuento, novela, poesía y ensayo. Sus más recientes obras (publicadas por Textofilia) son Un viejo viaje (novela) Mataperros (Cuentos) y El ornitorrinco y otros ensayos (ensayo) Fue discípulo y amigo de José Lezama Lima, amigo también de Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Alejo Carpentier y Eliseo Alberto, sólo por mencionar a algunos personajes relevantes con los que él ha convivido.    
Pereira, Manuel. Un viejo viaje, Editorial Textofilia. 2010. Ciudad de México.

sábado, 2 de agosto de 2014

NADIA CONTRERAS Y NUESTRA PATRIA MUERTA

Visiones de la patria muerta, el más reciente poemario de la escritora Nadia Contreras, es un libro en el que se filtra el desaliento sobre el que navega México: La patria, que significa padre, familia; la tierra, la madre de la que se hemos nacido. La patria nuestra que no posee más la suavidad velardiana; donde los trenes ya no corren, ya no se esperan. Donde la esperanza ya no pasa. La patria de ahora, la descompuesta. Pueblos, ciudades y personas en los que transita el miedo. Un lugar que provoca escribir versos de alientos rotos.
       En un formato poco común, Visiones de la patria Muerta, se divide en cuatro partes. En las dos primeras se incluyen fragmentos en prosa, literaria o periodística, que, a la autora, le han provocado poesía. Camina por reflexiones de Platón. Cita a Ortega y Gasset o se detiene en la nota de un diario. Estas reflexiones en prosa se continúan en un verso libre lleno de sensibilidad. Allí, se habla del poder del hombre para finalizar la vida, pero no sólo la del prójimo sino la de todo lo que alberga agua. El humano mata al río, al mar, al árbol, al animal: “La tierra está rota/ y muda/ los árboles no danzan/ la coreografía del viento,/ y los ríos se consumen/ en cuencos áridos/ (…)/ La quemadura/ Atraviesa de lado a lado.” 
       El hombre se destruye a sí mismo, por eso el color de la patria muerta es el rojo; porque se bebe sangre cada mañana. Tragos espesos y ferrosos. El periódico ofrece, en su menú, la dosis diaria de terror. Así, los restos de la patria se recogen en bolsas negras de plástico y los anuncios del país se hacen en narcomantas. En las ciudades, la delincuencia organizada se vuelve empresa. Los lugares y las bocas de los gobernantes se llenan de policía investigadora. Los occisos, unos sobre otros, se apilan en la morgue trasformada en fosa común. En las estadísticas se registran puntualmente los desaparecidos. Eso sí, hay que saber contar.
La autora de Visiones de la Patria muerta ve toda esa tragedia y la hace verso: “La justicia es una casa vacía” porque se grita en: “El idioma sordo de las balas”. Al hombre, dice: “Le suceden demasiadas cosas: desastres, guerras, abandonos”, y es que la violencia se filtra en el instinto. Al salir de casa se enciende, automática, la alerta de la mirada y del oído. En la imaginación surge la desgracia. De cualquier manera, no hay salida, lo viviremos todos. Ellos, los que tienen el poder sobre nuestras mentes, pasean en sus camionetas de susto. Nosotros caminamos, buscamos la compasión, porque una patria sin compasión es una patria perdida. Aunque sabemos que al país lo han tomado los que piden la sangre y el cuerpo de sus hermanos. Los sicarios rezan a sus propios dioses, dioses que perdonan sus pecados. Redimidos y protegidos, “¿quién contra ellos?”. La soberbia mesiánica que alcanza para decidir quién morirá hoy. Por eso, a veces, es mejor mostrar desinterés. Aunque, el desinterés sea una farsa. En realidad es el rencor y el miedo los que palpitan como paloma atorada en la garganta. Miedo de enfrentar el sufrimiento, de reconocer la inocencia extraviada entre tanta sangre.
En los otros dos apartados Visiones…, contiene un poema largo en cada uno: “Sonrisa ciega” y “Viaje abierto”. En “Sonrisa ciega”, el título trae a la memoria, el ya lugar común de la literatura erótica: “la sonrisa vertical”, una imagen de los pudores femeninos, por eso logramos inferir que el tema será la sexualidad. En este poema la autora traza la línea del dolor de la mujer maltratada, a la que se le usa en pos de la satisfacción sexual del señor que tiene el poder y la fuerza para someter. Pero, a pesar de todo, la víctima, la de la “sonrisa ciega” puede contarse algunas ilusiones y buscar la salida: “En algún lugar/ del paraíso ajeno/ y la puerta/ se abre a la noche/ donde justamente/ habita la esperanza/ Guarden sus lágrimas/ sus oraciones  dices/ hay tiempo para el perdón”.
En “Un viaje abierto” la escritora vuelve a la muerte, pero ya no habla de los coleccionistas de cadáveres, escribe versos sobre el fallecimiento en singular. Un enfermo viaja sin boleto de regreso, porque se encuentra: “sobre un montículo de cáncer”. Entonces, habrá que preguntarle: “¡Y si Dios se negara a recibirte?” Y obliga, inevitablemente, a volver los ojos hacia dentro y cuestionar ¿Y si Dios se negara a recibirme?
Visiones de la patria muerta, son historias de dolor, escritas en verso. Nadia Contreras, recurre a la metáfora porque sólo con metáforas se puede dar brillo a una realidad tan sombría. Una realidad que se hace soportable sólo si los poetas, como ella, nos las cuentan.
Contreras, Nadia. Visiones de la patria muerta, Ediciones El Humo. 2014. Querétaro.
Video de presentación el 26 de junio en el Museo Regional de La Laguna.

sábado, 19 de julio de 2014

LA LEVEDAD Y EL PESO

¿La levedad o el peso? ¿el alma o el cuerpo? ¿el espíritu o lo materia? Habremos de buscar la luz para luego sentirnos deslumbrados por su intensidad, e igual que en la oscuridad, irremediablemente ciegos estaremos. De todas formas nos quemamos: con el hielo indiferente o con el fuego apasionado. Por eso Parménides asegura que: “Todo mundo está dividido en principios contradictorios”. Es muy cierto. Cargaremos, sin remedio, con “la insoportable levedad del ser”.
La insoportable levedad del ser (1985), una novela que fue llevada al cine en 1988; la obra más conocida del escritor checo Milan Kundera (1929),  es una historia donde la duda asalta a la religión, la filosofía, el amor, la fidelidad, el comunismo, la política; la vida. El amor entre Tomás y Teresa. Él, un brillante neurocirujano de Praga, que es obligado a cambiar el bisturí por un trapo que le sirve para limpiar escaparates. Una humillación que le vino tras la publicación de un artículo que analizaba la culpa de Edipto. La tesis de Tomás circundaba los cuestionamientos sobre qué tan culpable era Edipo, si ignoraba (en el momento de los sucesos) que había matado a su padre y que su esposa era en realidad su madre. ¿La ignorancia libera la culpa? ¿por qué, entonces,  Edipo se castiga dejándose ciego?. Tomás busca la levedad, se libera del compromiso de un hijo y una esposa. Descubre la ligereza del limpiador de vidrios. Qué le puede preocupar, acaso qué dejó una manchilla en el cristal. En cambio, cuando algo no marchaba bien en el quirófano; el peso provocaba angustia. Ser limpiaescaparates es estar de vacaciones. Eso parece. Pero a los tres años de recreos, todo igualmente se vuelve carga. Tomás, un hombre que tuvo relaciones sexuales con muchísimas mujeres. Aquél que nunca podía dormir con sus amantes: “hacer el amor con una mujer y dormir con ella son dos pasiones no sólo distintas sino contradictorias”. Sin embargo encontró una joven con quien logró satisfacer ambos deseos: Teresa, una camarera que se transformó en una magnifica fotógrafa de soldados invasores. Ella, la eterna celosa.
            La insoportable levedad del ser es una obra en la que se puede ver la influencia que ejerce la vida política de una nación en la intimidad y las decisiones personales. Habla de la tristeza de un pueblo que siente remordimientos y vergüenza por haber permitido la entrada a los invasores. La Praga de 1968 asaltada por Leonid Brezhnev,  el soviético que borró de sus calles los nombres de los héroes nacionales para inscribir la de los nuevos dueños rusos. Los moradores de la nación ocupada, que inexorablemente se entregan a la borrachera de la debilidad y sienten atracción por el vértigo, por la fatalidad. Todos unos desamparados, y a la vez todos queriendo compadecer a alguien.
            Una novela en donde el tiempo transcurre en forma circular, no lineal, porque  el narrador, un espectador omnisciente, vuelve a pasar, una y otra vez, por los mismos espacios, por los mismos pasajes, pero en cada ocasión los ángulos visuales son diferentes. Describe un hecho en el que se ven los protagonistas desde la visión del narrador. Luego, retoma dicho pasaje pero desde el punto de vista de uno de los protagonistas y así. De esa forma nos enteramos de las diferentes sensaciones que provoca un solo suceso en cada uno de los personajes y en el propio narrador, mismo que en ocasiones se expresa libremente como autor y nos explica cómo surgió la idea y la imagen de los seres que habitan su creación.
Milan Kundera Nació en Brno, Checoslovaquia en 1929, perteneció al partido Comunista checo pero tras de la invasión a su país por parte de la Rusia comunista y la publicación de su novela El libro de la risa y el olvido  le fue anulada la nacionalidad checa. Se expatrió en Francia y se nacionalizó francés, aunque la publicación de sus memorias le permitió la devolución de la ciudadanía checa. Algunos de sus libros son: La broma, La Ignorancia, La inmortalidad, Los testamentos traicionados, El libro de los amores ridículos.
            La Insoportable levedad del ser de Kundera  deja claro que: “La grandeza del hombre consiste en que carga con su destino como Atlas cargaba con la esfera terrestre a sus espaldas”.

sábado, 5 de julio de 2014

TARDE DE SUEÑOS AGONIZANTES


       Ayer alguien ofreció enseñarme a contar

                    sólo porque no supe decir

                   cuántos sueños mueren en un segundo”

(Graciela Guzmán)

 
 Soy una Tarde. Una tarde llena de minutos a los que se le han amontonado los días y la nostalgia. Soy Vespertina que se asoma por la ventana y ve que llueve y que los coches caminan apresurados. La vida está en la calle ¿O es la muerte la que allí habita? Sí, sí, los sueños nacen dentro pero mueren fuera ¿Cuántos sueños han muerto el día de hoy? ¿Qué dicen las estadísticas? Pero, ¿de qué se han muerto esos sueños? de enfermedad crónica degenerativa, de ruptura cardiaca o de desilusión, de obesidad o de anorexia, de presión alta, de azúcar en la sangre, o de atole en las venas. ¿Cuántos sueños fallecen de muerte natural? Yo no quisiera ¾llegado el momento¾ morir de muerte artificial

A propósito, ayer perdí un sueño en un accidente: iban mis dos ilusos sueños corriendo a la velocidad de la luz, cada uno en sentido contrario, iban tan esperanzados, hasta que al doblar una esquina chocaron. El más joven se hizo pedacitos. Traté de darle reanimación pero era ya un auténtico sueño roto. Necesite las quijadas de la vida para rescatar el cuerpo de aquel sueño difunto. Le hice un funeral privado. Nadie se dio cuenta y lo aventé a la fosa común. (Nadie conoce todos los sueños que he tenido que mandar a la fosa común. A veces hasta a mí se me olvidan). Rezo un Padre Nuestro y dos Ave María. Llena soy de gracia y de desgracia. Confieso que otros sueños se han convertido en cadáveres por abandono. Pero no quiero que nadie se enteré que soy yo la Tarde desnaturalizada que los dejó a su suerte. 

Soy momento y a todos se les he olvidado, aún a mí misma.

La vida es rápida allá afuera. Acá dentro hay lentitud. Ni una llamada siquiera, ni una visita de doctor. Tarde viuda de amigos y de familia. Tarde de tedio ¿Solamente los tontos se aburren?  ¡Válgame Dios! Cuánto me aburro.

Soledad arrinconada que no quiere ser más Soledad, y que, irónicamente, la socialización me cansa. Soy misántropa... Rechazo todo aunque lo desee. No puedo trabajar, ni aprender. Nada nada nada nada. Ah sí, la nada no existe. Pérdida de tiempo que duele. Duele porque sé que sucumbirá en el instante menos o más pensado. Un día siento que me ahogo y otro nada. Tan contenta.  Tan pazguata. Tan, me vale madre. No me importa nada. Piensen lo que quieren, todos. 

Será cierto que al morir los sueños pasan a mejor vida. Resulta que todas aquellas almas buenas ahora estarán en el mismo sitio. ¡Ah! no hay que olvidar que si él “hubiera” no existe, él “ahora” tampoco, ya lo dijo Einstein: “El presente es una ilusión todo es pasado y todo es futuro”. Es cierto el presente es éste instante... y ya pasó.

Todos  iremos a un lugar donde el tiempo no existe. Y cómo es posible entender que el tiempo puede dejar de ser. Cómo razonarlo nosotros los de reloj, de espacio y de materia.

El lugar común es un sueño que se hizo realidad. La epidemia de realidad ha llevado a la tumba tumultos de sueños. Enfermedad extrañísima es la realidad, ¿qué es la realidad? Es una enfermedad contagiosa, ¿cuáles son sus síntomas? ¿Es benigna o maligna? No hay que preguntar. Con menos otros se han vuelto locos. La realidad es lo que se ve, lo que se palpa. Y Dios, ¿se ve o se palpa? ¿Dios nos sueña, o nosotros lo soñamos a Él? Siempre, siempre los mismos cuestionamientos necios. Sí Dios lo quiere alguna tarde lo sabremos. Mejor cierro los ojos y me pongo a soñar.

¿De qué mueren los sueños? Mueren de pura realidad.

lunes, 23 de junio de 2014

LENGUAJE EUFEMÍSTICO

Es curioso, a medida que el mundo se vuelve más violento, los discursos se tornan más eufemísticos. Aunque el lenguaje cotidiano, especialmente el de los jóvenes, ha aumentado en el uso de las palabras que conocemos como “malas palabras”. No obstante, en general, su léxico es reducido. Ahora los jóvenes son libres en la forma de hablar. Muchos padres no sólo se han dejado contagiar sino que ven imposible obligar a un adolescente a hablar sin decir  una “malarrazón”. Antaño sucedía que cuando un niño, o adolescente, decía una palabra altisonante delante de personas adultas, era motivo de castigo, muchas veces físico.
El vocablo eufemia es de origen griego y significa la buena palabra. De allí, hemos desarrollado la necesidad de aplicar frases o nombres amables a lo que nos parece ofensivo. A eso lo conocemos como eufemismos. “Un eufemismo es una  palabra o  expresión políticamente aceptable o menos ofensiva que sustituye a otra considerada vulgar, de mal gusto o tabú, que puede ofender o sugerir algo no placentero al oyente” (Wikipedia). Los eufemismos, en algunos casos, son el maquillaje de la realidad por eso en los discursos oficiales o expuestos por los líderes todo es eufemístico.
Y es que desde que comenzamos a hablar, nuestros padres cambian los sustantivos, que ellos consideran que se oyen feo o cacofónicos, por otros más amables. Esto, aunado a que la fonación incipiente de un bebé no alcanza para palabras difíciles, crecemos sintiendo que quien menciona la palabra nalga es una persona vulgar. Se nos ha enseñado a decir pompis. De igual manera, para muchos no existe el pene sino el o la pipí, y así. Pero vamos más allá de cambiar los nombres a los genitales o de las referencias escatológicas. Recurrimos a los eufemismos en cualquier situación que nos incomoda. Éste es, también, un mecanismo de defensa.
            Como ejemplos comunes esta la incapacidad de cualquiera para aceptarse como loco, si acaso puede admitir un “padezco de los nervios”, y prefiere ir al neurólogo que al psiquiatra. Por supuesto nadie es chismoso sino “comunicativo”. Y si alguien quiere  llamarle gordo(a) a otro, sin sentir culpa, puede recurrir a: “estás muy repuesto” o “estás lleno de vida”. Igualmente, no oiremos a un médico dar la noticia de la muerte de un paciente. El doctor sólo alcanzará a decir: “se nos fue”, “ya terminó”, “ya descansa” o “está con Dios”. Las criadas son cosa del pasado ahora se ha dado paso a “las asistentes del hogar”. Los pobres no lo son más, habrá que hablar de “los que menos tienen”.  No existen las casas de prostitución, ya ni siquiera las de citas en su lugar están las “salas de masaje”. Los ancianos o viejos no se pasean y van a bailar a la plaza, las tardes de sábados y domingos, el día de hoy lo hacen los “adultos mayores” o “adultos en plenitud”. Ya casi resulta insultante hablar de la tercera edad. Nunca más en la boca de una persona sensible un retrasado mental, un cojo, un paralítico, un tuerto, un ciego; son personas con discapacidad. Aunque lo aceptable para la televisión es la frase aplicada incorrectamente de “capacidades diferentes”, ¿qué, acaso no todos tenemos capacidades diferentes?. No hay enanos, aunque tal vez sí haya enanitos y eso solamente si son toreros. En nuestro mundo son “gente pequeña”.  No más negros ni gente de color; “afroamericanos o afromexicanos”… Considero que en muchos de estos casos los eufemismos son necesarios para la convivencia de respeto y calidez entre la sociedad, pero existen otros, sobre todo en el discurso político, que el único fin es el engaño. Para muestra: los muertos en la guerra son llamados “bajas”, las zonas de guerra, son “zonas de conflicto”. A mucha gente ya no la secuestran o matan “la levantan” o “desaparecen”. Curiosamente “el levantamiento” sugiere un asesinato latente, más grave que aún que el mismo secuestro. En fin, los eufemismos en ocasiones implican sensibilidad y buen gusto, otras veces intentan satisfacer nuestra excesiva susceptibilidad emocional y otras tantas pretenden esconder al hipócrita.

miércoles, 18 de junio de 2014

JAIME MUÑOZ: CATADOR DE LIBROS


Cierto temorcillo me alcanza cada vez que escribo sobre autores laguneros. La timidez viene porque sé que los aludidos serán prontos receptores de mis apreciaciones. Temo pues, a no expresarme correctamente, y a que mi mirada sobre su obra no sea clara. Así me sucedió al hablar de Saúl Rosales, de Magda Madero y de Vicente Rodríguez. Sin embargo, igual que con ellos hago a un lado la quisquilla para traer ahora a este espacio Tientos y Mediciones (Breve paseo por la reseña bibliográfica) el más reciente libro de Jaime Muñoz Vargas (Gómez Palacio, Dgo. 1964). Donde el autor, buen catador, prueba una treintena de libros a los que les sintetiza el aroma, el sabor, la cosecha y la robustez. Nos dice si se trata de productos secos o demasiado espumosos. Recomienda su consumo y da su veredicto sobre el grado de añejamiento que estos escritores toleraran. Nos deja claro que hay que leer algunos litros de tinta para refinar el gusto y reconocer el buen buqué.

            El escritor Jaime Muñoz Vargas es maestro (Universidad Iberoamericana), periodista y editor. Ha publicado El principio del terror (novela), Juegos de amor y malquerencia (novela), Pálpito de la sierra Tarahumara (poesía), El augurio de la lumbre (cuento) y Miscelánea de productos textuales (periodismo cultural). Ha ganado el premio nacional de narrativa joven y el premio nacional de novela Jorge Ibargüengoitia. Poco a poco está dejando la localidad, pues algunos de sus textos pasean ahora por Argentina y España.

            Esta vez, Muñoz Vargas reseña dos libros que se encuentran en extremos ideológicos, por ejemplo: en  “Arcángeles”  nos habla de los arcángeles de Paco Ignacio Taibo II, los rojos, los de izquierda, de los que Muñoz asegura fueron: “hombres que se aferraron a una astilla en medio del océano y la defendieron hasta el último buche de oxigeno. En estos días que corren uno se siente fracasado si no tiene dos tarjetas de crédito…” Luego hace una reflexión que retrata muy bien nuestro tiempo: “nosotros todos los días reímos con la desvergonzada farsa de la Excelencia, el Éxito, la Optimización, la Filosofía de la Eficiencia y de toda la selva de maravillas que solo tapan la luz y matan de indigencia mental y física, al género humano”. Más adelante nos lleva a la derecha con Vargas Llosa en “Lenguaje de la pasión” del que el lagunero opina: “Vargas Llosa sólo parece encontrar la felicidad del hombre en el mercado y la sociedad abiertos, y de la socialdemocracia para abajo, a todo lo considera peligrosa enfermedad. No faltan aquí, eran de esperarse, puyazos al endemoniado Castro”. El catador parece no estar de acuerdo con las doctrinas de Vargas Llosa, sin embargo no le regatea el reconocimiento a su talento  y lo marca con sello de garantía de “una prosa que raya en lo perfecto”.

            En éste menú hay, especialmente, dos sugerencias que desee salir a comprar. La primera se trata de Tierra Santa, poesía de Alda Merini, italiana que vivió veinte años en un manicomio: “la opresión de una alma que se niega a las ataduras…” La otra es Segundo diario mínimo. “Humor ecológico” le llama Muñoz, ecológico por Eco, Umberto Eco, otro italiano, el de El nombre de la rosa. Se antojan muy divertidos los textos periodísticos de Eco.

            Tientos y mediciones es un libro de portada azul nostalgia, (bueno, la nostalgia la da la viñeta de una vieja máquina de escribir Smit&Corona hecha por Gerardo Suzán). Es un texto de abordaje fácil, donde se muestra una prosa madura, sin aspavientos. Al leerlo se tiene la convicción de que el autor está libre de duda, pues avienta la primera palabra ―y la última― en forma muy segura, toma los vocablos sin prejuicios, no importa si son gastados o desconocidos. Un ejemplo: la frase “llenar el boquete”. Boquete, palabra ordinaria, pero que sirve para evadir el lugar común de “llenar el vacío”. Después puede recurrir a léxico poco conocido como cuando dice: “alguien ripostará” donde se intuye que el significado de ripostar es responder, reclamar, o cuando expresa: “guardan en la faltriquera” se entiende que guardan en la bolsa o en cualquier escondite, no importa. Así que, no se crea que Tientos y mediciones es una lectura que necesite el diccionario a lado, de ningún modo. Las ideas vienen claras. El uso de palabras poco gastadas sólo le dan brillo a la prosa.

            Tientos y mediciones fue concebido para fines didácticos, pero ese objetivo fue rebasado, pues como dijo Vicente Rodríguez: “En este libro Jaime Muñoz mató seis pájaros de un tiro, o mejor dicho de un tiraje”. La primera aportación  es sin duda la enseñanza. Paso a paso el autor nos muestra el mejor camino a seguir para escribir una reseña bibliográfica. El muestrario incluye treinta obras que van desde la filosofía de Savater hasta el futbol de Maradona. Camina entre la poesía de Guillén o los cuentos de Borges. Seguro es que la literatura de Jaime Muñoz aguantará el añejamiento.

Tientos y mediciones. Breve paseo por la reseña literaria, Jaime Muñoz Vargas, UIA/Icocult/Gobierno de Coahuila. Torreón, 2004. 181 pp.

sábado, 7 de junio de 2014

PARTICULARIDADES DE LOS BESOS EN LA FRENTE

La palabra beso tiene un sinónimo: ósculo, un término de sonoridad oscura, como de esnobismo intelectual. Aunque, hay besos de colores: rojo pasión, negro pornográfico, rosa cursi, púrpura religión o blanco cuento de hadas... El beso es uno de los sucesos más expresados en el arte, ya sea en escultura, literatura, música o pintura; es presentado, generalmente, como un acto de amor, tanto, que lo hay que resucitan princesas o que a los sapos vuelven príncipes. Sin embargo, también hay besos aventados, que no dejan huella, unos más que dejan huella en la camisa, (para marcar el territorio)  y otros, igual, que son pura traición, como los de la mafia italiana y su “beso de la muerte”, uno de despedida, que es una referencia de aquel beso, él que fue vendido por 30 monedas de plata, él que Judas le dio a Cristo. La señal que entregó al cordero para el sacrificio. El cordero de Dios que quita el pecado del mundo mediante la crucifixión.
            El beso sucede entre algunos animales y entre humanos; es un saludo de ocasión o el inicio de una relación sexual. Se da en cualquier parte del cuerpo. Se reparte entre desconocidos, amigos, familiares o amantes; para la mascota o para el fetiche de juguete, de religión o de sexo; en los pies, en las mejillas, en los ojos, en la boca. En las manos con obediencia y en la oreja con provocación. Todos los bordes y abismos del cuerpo son posibles besaderos. Sentir los labios sobre la piel puede desencadenar sensaciones extraordinarias. Asimismo, es una vía de transmisión de enfermedades como la mononucleosis (enfermedad del beso) herpes y virus gripales, etc.
El beso en la frente, se concibe como una muestra de respeto, cariño y protección. Pero no siempre es así, especialmente si se trata de parejas sexuales. Entonces llega el tiempo en que la frente y los labios se unen y decir beso es decir boca, que igual sugiere comida, sexo, palabra y pensamiento. Decir frente es reparar en una región de la cara que está limitada por las sienes, las cejas y la parte superior de la cabeza o inserción del pelo. La frente puede estar en alto o marchita o tener una extensión de dos dedos, cuando la inteligencia está ausente. Es también palabra y pnsamiento. La frente, también, alberga el símbolo de la infidelidad. Ésta es la región de los cuernos. Los cuernos, ésos, los del buey. El buey, una bestia nacida toro. Un macho castrado transformado en el eunuco que no se reproduce: nace, trabaja y muere. El buey es la imposibilidad, la no trascendencia. Porque con la castración se despoja de la agresión necesaria para mantener la dignidad. El buey arrastra el arado sin protestar, es un ser indefenso ante la humillación. No obstante, el buey primigenio está en extinción porque lo sustituyó el tractor para arar la tierra. En cambio, (en México) apareció el güey, que en referencia al buey, el hombre güey o la mujer güey, es sinónimo de tonto, del que no tiene importancia, del que es engañado con facilidad. Aunque, los jóvenes de ahora lo han modificado y le llaman también wey, goey, huey, gue… Lo usan en lugar de los nombres propios y no les parece ofensivo.
A la mujer y al hombre engañados los hacen güeyes, los hacen tontos. Por eso la persona infiel llega a casa y saluda a su pareja con un beso en la frente. Aleja sus labios de los sentidos del gusto y del olfato porque intenta ocultar los lugares por dónde vagaron sus placeres. En ese momento el beso en la frente se trasforma en redención de la culpa y al mismo tiempo simboliza el culto al cuerno. Nos trae las reminiscencias del cuerno del buey al que le quitaron su defensa y el derecho a protestar. El buey que acepta los golpes, porque para eso le fue modificada su naturaleza. Así, muchos humanos sufren de una castración emocional: no hay testículos, no hay ovarios. No circulan por su sangre las hormonas para protestar. Por eso, con un beso en la frente, el infiel y el engañado (uno que lo da y el otro que lo acepta), hacen una reverencia al cuerno, al buey, al güey.