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Nació en Francisco I. Madero, Dgo. El peor de los pecados es su primer libro de cuentos.Ha recibido el Premio Estatal de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre” en los años 2000 y 2015 y el Premio Estatal de Periodismo de Coahuila, 2016 y 2017. Escribe cuento y ensayo. Es colaboradora regular del periódico El Siglo de Torreón. Su entrevista con Elena Poniatowska fue traducida al griego y publicada en la revista Koralli de Atenas. Ha publicado en diversas revistas nacionales y libros colectivos. Perteneció al taller literario de Saúl Rosales; es médica egresada de la Facultad de Medicina de Torreón, UA de C. y estudió la Maestría en Apreciación y Creación Literaria en Casa Lamm en la Ciudad de México.

domingo, 14 de agosto de 2011

MALDITO SCHOPENHAUER



Me pregunto quién habrá dicho por primera vez la frase “hijo de su tiempo” pues se ha vuelto un lugar común. Es frecuente oír o leer esa frase en referencia, casi siempre, a grandes personajes de la historia. Se utiliza para explicar la obra o la personalidad de los hombres, pero nunca he visto que lo digan de una mujer. Jamás se ha dicho “sor Juana Inés de la Cruz era una hija de su tiempo”, sino que, sin excepción, aseguran que se adelantó a su tiempo. De cualquier forma la Décima Musa siempre fue una despadrada y desmadrada. Supongo que las mujeres brillantes para muchos son unas hijas de la palabra esa (amanecí puritana y no quiero escribirla) que tan bien describió Octavio Paz en El laberinto de la soledad. Pero la expresión “hijo de su tiempo” no define a nadie, ya que todos somos hijos de nuestro tiempo; inevitablemente estamos influenciados por la época que vivimos. Solamente que en cada época existen los genios, que son los menos; los inteligentes, que son los pocos; y los demás. Los genios cambian el mundo, los inteligentes difunden ese cambio y los demás, simplemente, lo seguimos.
Todo esto porque quienes quieren explicar la profunda misoginia de Arthur Schopenhauer dicen “es de entender, era un hijo de su tiempo” pero cuando las mujeres lo leemos y vemos lo que él creía de nosotras, en la mente sólo surgen exclamaciones maledicentes que aluden a la maternidad del filósofo alemán. Viene una necesidad de maldecir al viejo patilludo que seguramente se sentaba a leer a Platón o a Spinoza apoyando sus brazos en su panza y se la pasaba feliz en su glorioso pesimismo. Imagino que en esa postura concebía también las conclusiones filosóficas que han revolucionado el pensamiento. Pero este hombre al ver demasiado hacía adentro no se fijó que para que él estuviera cavilando cómodamente, había a su alrededor mujeres inteligentes que, con todo y el mal carácter que tenía, lo amaban y le acercaban la cazuela del puchero. (Desde luego, hacer la comida de la familia es una actividad generalmente poco valorada comparada con el descubrimiento de los misterios de la vida).
Hay mucho que aprender del filósofo alemán Arthur Schopenhauer (1788-1860). El también estudiante de medicina podría parecer simple al definir el amor: “… no se trata más que de una cosa muy sencilla: de que cada macho se ayunte con su hembra”. Él consideraba que el único fin de la unión hombre-mujer era la procreación, opinaba que el amor era un acto en pro de la especie y no del individuo. Afirmaba que la mujer no tenía inteligencia y que pagaba su deuda a la vida no con acción sino con sufrimiento, ello está escrito en los libros El amor y otras pasiones y en El amor, las mujeres y la muerte, que casi son la misma obra; cuestión de editoriales, supongo.
Asimismo, Schopenhauer en su ensayo Aforismos sobre el arte de vivir (que últimamente he citado mucho) hace una aleccionadora división ontológica de lo que somos, de lo que tenemos y de lo que representamos. Lo que somos se trata de la inteligencia y de los atributos físicos que recibimos de la naturaleza. Lo que tenemos se refiere a los medios materiales que poseemos y que nos permiten en fácil o difícil medida sobrellevar la vida. Y lo que representamos que tiene que ver con lo que los demás creen de nosotros y lo que somos para ellos. Para Schopenhauer lo que representamos debería de ser lo menos valioso en nuestra vida y lo que realmente debería pesar es lo que somos, pues asegura que la inteligencia es lo más grande que el ser humano puede poseer. Así, si creemos que dos cabezas piensan más que una, él nos dejará claro que “ni cien tontos reunidos valen lo que un hombre inteligente”. Igualmente asegura que la felicidad consiste más en la ausencia del dolor que en la búsqueda del placer porque el placer, por lo general, trae desgracias. Hasta aquí una pequeña y simple entrada al banquete que es Arthur Schopenhauer, aunque el malo, maldito, haya dicho que las mujeres éramos tontas.

martes, 2 de agosto de 2011

ELISEO ALBERTO: UNA MIRADA EN EL EXILIO

Rosa Gámez, Eliseo Alberto, Angélica López Gándara, Magda Madero
En junio del 2004 asistí al Icocult a un curso de "Carpintería Literaria", el maestro era el novelista cubano Eliseo Alberto. Entonces él me provocó el siguiente texto que publico para recordarlo. Ayer me enteré que murió el domingo pasado por complicaciones respiratorias después de un trasplante de riñon. Adiós a Eliseo Alberto "Lichi" . (En la fotografía, de izquierda a derecha: Rosa Gámez, Eliseo Alberto, Angélica López y Magda Madero.)


Visto desde fuera Eliseo Alberto es un hombre alto, robusto, de piel blanca y pelo entrecano. Lleva un rostro alegre aún cuando no sonríe. Es un hombre sencillo y de buen humor. Llama la atención su mirada, sus ojos parecen estar viendo siempre a la lejanía, como si su mirada no topara con nada. Pero Lichi, como le dicen sus amigos, también se deja ver por dentro, muestra su corazón y su cerebro a través de la palabra. Eliseo Alberto es poeta. Aunque asegura que renunció a la poesía “Soy hijo de Eliseo Diego un gran poeta cubano, al que descubrí como escritor cuando encontré un libro en el que el autor se llamaba como nosotros, entonces supe que mi padre era poeta. Dejé de escribir poesía porque soy hijo de él. Y verdad qué no hay un Pablo Neruda júnior o un César Vallejo hijo. Escribo novelas, mi padre nunca escribió una, así evito las comparaciones”. Aunque el escritor miente al decir que no hace poesía, pues sí la escribe, sólo que la expresa en prosa y no en verso.
Eliseo, trata de explicar a los poetas y sin intención se explica a sí mismo: “Un poeta es aquel que ve lo que los demás no ven, él que ve en unos zapatos viejos los caminos que han recorrido, o la vaca que fueron algún día. El poeta es él que observa la mosca en la pared (recuerda el cuento de La Bella durmiente donde la vida se detuvo aun para una mosca). Los poetas son grandes, los demás somos escritores menores, son grandes porque además en vida se mueren de hambre, y ya muertos, la mayoría vuelve a morir de olvido. Los políticos deberían homenajear a los poetas, a los buenos y a los malos”. Y asegura que todos los políticos le caen mal, incluso los buenos.
Al escritor cubano se le dobla la voz cuando habla de su padre “Yo me emociono cuando hablo de mi padre y lloró. Hay que darse el lujo de llorar en publico”. Así lee un capítulo de su libro inédito La novela de mi padre que se trata, en parte, de un relato que escribió su padre sobre un hombre que murió mientras dormía. Es convocado por los sueños de sus seres queridos y
allí, en los sueños de quienes lo añoran se entera de su propia muerte y de cuánto lo querían parientes y amigos. Igual que Eliseo Diego que también murió mientras dormía. Aunque Eliseo Diego murió tres veces: la primera; un infarto que lo mató solo un poco, la segunda; un paro cardíaco del que una enfermera negra y enorme lo salvó haciendo maniobras de resucitación mientras decretaba “Usted no se va morir”. Esa vez dejó la recomendación de que quisieran mucho a su madre y a la Patria. La tercera sí lo venció, aunque unas horas antes escribió “Yo estoy muerto, pero muerto de risa”. Y siempre le quedará interrogante la última frase que le dijo su padre “Vete al carajo hijo” la interrogación de la única vez que su padre lo mando al carajo. “Eliseo Diego huyó hacia dentro, pues la muerte es sólo una forma distinta de estar vivo”. Lichi nos convida de su sensibilidad. Después, al leer un capítulo de su libro La eternidad por fin comienza un lunes, los ojos se le ahogan. Entonces alguien busca pañuelos, nadie trae. Luego una alumna desenrolla un trozo de papel sanitario y lo ofrece al maestro, él lo toma y sin inhibición seca sus ojos.
Éramos veinticinco alumnos en el curso de Carpintería literaria del Icocult. El novelista nos regaló algunos trucos para la escritura y presentó parte de su trabajo como guionista de cine con la película Guantanamera. Su acento y su emoción cubana a veces perdían las palabras, por eso le trajeron un micrófono y el poeta recordó el día que le entregaron el premio Alfaguara por su novela Caracol Beach. Platicó que frente a los reyes de España y del presidente Aznar dijo “Es muy peligroso darle un micrófono a un cubano pues puede pasarse 45 años hablando”. Enseguida alguien le cuestionó sobre lo motivos que tuvo para dejar Cuba. “Buena pregunta” contestó de inicio. Aunque sabemos que esa no es ni buena, ni mala pregunta, es, la curiosidad obligada. Pero él contesta que es buena pregunta como para tener serenidad al hablar del exilio. Porque el exilio es herida, nunca cicatriz. Porque el destierro se compone de dos dolores: uno que se va añejando y otro nuevo que surge cada vez que la palabra lo recrea. Sin embargo el dolor parece volverse fuerza y expresa “Yo no dejé Cuba, Cuba me dejó a mí. Vine a México invitado por García Márquez a hacer una serie de televisión. Mientras, se publicaba mi novela Informe contra mi mismo, que habla, entre otras cosas, de que en Cuba era muy frecuente que el gobierno pidiera informes sobre los propios familiares. Por ejemplo, a mí me pidieron el informe sobre mi padre. Lo que hacía, quién lo visitaba, etcétera. No les importaba lo que yo dijera de él, sino que me convirtiera en traidor, en miserable. Un día recibí una llamada de la embajada cubana que me transformo en exiliado. No puedo viajar a Cuba. Una vez me dieron permiso de ir con la condición de no estar en actos públicos como ir al cine. Mis libros están prohibidos allá, no tengo lectores naturales”. Habla la nostalgia y nuevamente, como dice él, es responsable del grito pero no del eco.
Eliseo Alberto nació en 1951 en un pueblo cubano llamado Arroyo Naranjo, donde no hay arroyos, ni naranjos. Él, en poco tiempo nos regaló un montón de enseñanzas, de momentos risueños y de emociones.

sábado, 9 de julio de 2011

SOBRE EL HONOR SEXUAL

Una versión, ligeramente encogida, del siguiente artículo se publicó hoy en la revista Siglo Nuevo


El placer no es sino un sueño, el dolor es real.Voltaire
Cada vez son más frecuentes las noticias sobre escándalos sexuales. Uno de los más grandes sucedió en 1998 cuando se descubrió que el presidente de los Estados Unidos, William Clinton, había tenido “relaciones inapropiadas” con Mónica Lewinsky, una joven becaria de la Casa Blanca que realizaba ciertas prácticas orales que no ayudaron a que fuera salva la parte del presidente. Guardó el vestido rojo con la evidencia almidonada con genes presidenciales. Después, volvió a abrir la boca y todos nos enteramos de las minucias, y, mágicamente, ella se trasformó en una chica adinerada. Finalmente, al igual que Clinton, Lewinsky no pudo disimular el peso del deshonor.
Otro caso es el del expresidente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn quien fue acusado de intento de violación por una camarera de hotel. No sabemos en qué condiciones sucedió y si su enemigo político, Nicolas Sarkozi, presidente de Francia (reconociendo a otro gallo como él) tejió la red en la que cayó. Del proceso resultó la exhibición del viejo Dominique como un degenerado, la ganancia política de Sarkozi y una indemnización económica extraordinaria para la camarera que dejará de serlo, conservando su reputación.
Quizá el suceso más desastroso ha sido el de la sirvienta que se almorzaba al Terminator. Arnold Schwarzenegger, casado, actor y exgobernador de California, tuvo un hijo con su empleada doméstica que igualmente era casada. Al Governator le llegó tarde la comprensión de que hay códigos éticos que no se pueden quebrantar aunque seas Terminator y vengas del futuro. Si lo haces, irremediablemente saldrás malherido: perdió familia y proyectos de trabajo. Se volvió la burla de todos y tendrá que dar tres cuartas partes de su fortuna. Todavía hay personas que se preguntan por qué se involucró con una mujer tan poco agraciada física e intelectualmente. Es fácil, lo hizo porque tenía deseos y allí en su casa deambulaban dos enormes senos disponibles. Satisfizo el instinto. Se comprobó la teoría invertida de Darwin: Descendemos al (no del) mono. El animal surgió y no importó que la mujer no fuera bonita; no la quería para llevarla a cenar a un restaurante, o para que lo acompañara a la alfombra roja. Tampoco era relevante su inteligencia; no iba discutir con ella sobre política interna: se trataba de sexo. La sirvienta recibirá muchos millones de dólares por su hijo. Ella ganó, la casa perdió. La conclusión de todo esto es que no importa qué tan bajo te encuentres en la escala social, siempre habrá una forma fácil y sucia de ascender, y no importa qué tan alta sea la cumbre en la que vivas, siempre podrás caer al fango; "A la cumbre más alta le cae el rayo".
Está reflexión me llegó al estar leyendo al filósofo alemán Arthur Schopenhauer que asegura que el honor sexual del hombre casi no interesa, en cambio dice que para la mujer lo es todo. De la casada inmoral señala: “La adúltera pierde, debido a su burda falta de palabra y engaño, no sólo el honor sexual, sino el civil (…) la adúltera no recuperará el honor ni aun después de haberse divorciado”. Pero si Schopenhauer viviera y observara a estas mujeres obteniendo magnas ganancias económicas y viera cómo estos señores han sido humillados y cómo han sufrido el deshonor sexual, se replantearía el hecho de que para los hombres el honor sexual sí importa.
El escritor francés Gustav Flaubert escribió una carta para un amigo donde le decía que las mujeres casadas se aburrían demasiado y que por eso algunas eran infieles, pero que generalmente “confundían corazón con culo”, decían que estaban enamoradas para no sentirse livianas pero que al igual que los hombres necesitaban de aventuras, y lo hacían por placer. Al parecer los hombres tienen más claro cuando lo que los mueve a tener sexo se encuentra a 50 centímetros abajo de su corazón. Pero, ¿qué pasaría si María Shriver, esposa de Schwarzenegger, hubiera tenido un hijo con un jardinero latino, asoleado y con paño en los cachetes? Eso ni siquiera cabe en la imaginación.
Según el diccionario, el honor es la cualidad que lleva a una persona a comportarse de acuerdo con las normas sociales y morales que se consideran apropiadas. Pero el honor no tiene que ver sólo con lo que los demás piensen de nuestra conducta sino con lo que cada quien piensa de sí mismo. De allí, que una vez que se ha perdido el honor sea imposible recuperarlo. Éste es un recurso no renovable.

miércoles, 6 de julio de 2011

¿CLONES TERRORISTAS?

Reconozco que sentí curiosidad por ver el cadáver de Bin Laden por televisión. Creo que fue un fenómeno de morbo colectivo. El causante de la tragedia de las torres gemelas del 11 de septiembre del 2001 era el hombre más buscado sobre la faz de la tierra y debajo de ésta. Me pareció extraño que dijeran que su cuerpo había sido arrojado al mar. Por eso me quedé pensando si la desaparición de los restos del terrorista no tenía que ver también con el hecho de que quisieran evitar que se conservara su material genético, por aquello de las clonaciones. Aunque, desde luego la idea parece disparatada o de ciencia ficción, pero tal vez no estemos tan lejos de Los niños del Brasil, aquella película donde clonaban a cientos de Hitler. Esto me llevó a recordar el libro El cabello de Beethoven de Russel Martín quien menciona que al morir Ludwing van Beethoven (genio de la música clásica, conocido además porque desde los 30 años comenzó a padecer sordera) le fueron arrancados varios mechones de su pelo para guardarlos como recuerdo. Algunos de estos cabellos contenían fragmentos de piel. En 1994 en subasta de la casa Sotheby´s una de estas muestras fue comprada por dos estadounidenses fanáticos del maestro. La importancia de este hecho radica en que al encontrarse material genético en la piel del músico, en teoría, sería posible determinar las causas de su muerte y sordera. Y aunque actualmente la clonación se ha hecho sólo a partir de células vivas, si se toma en cuenta que el material genético no muere, no sabemos a qué distancia estamos de clonar humanos muertos. Quién sabe qué revoluciones les toquen vivir a nuestros hijos o nietos. Se dirá como ahora, ¿quién lo hubiera imaginado? ¿Julio Verne? ¿Aldous Huxley?
Clon proviene del griego Klon que significa renuevo y se utiliza para designar a un organismo obtenido asexualmente; es la réplica exacta de un original. Hasta donde se sabe sólo se han clonado mamíferos. La más famosa: la oveja Dolly. En la ciudad de Houston Texas una pareja de esposos pagó a la Universidad de Texas 2.3 millones de dólares para que le hicieran una réplica exacta de su mascota; una perra Collie de 11 años de edad que comenzó a tener achaques de la vejez.
Así, nos encontramos en el gran debate de la clonación donde muchos están de acuerdo y otros no. Los científicos a favor prometen a través de este procedimiento vidas más largas y mejores. De acuerdo a encuestas la mayoría de las personas no desean tener un repuesto de su cuerpo en un congelador, sin embargo se declaran a favor de su uso para fines terapéuticos. Todavía no se han clonado órganos aislados, que sería lo ideal para personas que necesiten un trasplante de hígado, o de cualquier órgano, por ejemplo. Ahora mismo sólo se hacen clonaciones de cuerpos completos, y es necesario el implante de las células clonadas en un útero, no es posible desarrollar un ser vivo completo en un laboratorio. Algunos han propuesto crear seres humanos anencéfalos, es decir sin cabeza para no tener la disyuntiva de si se les deja vivir o no. Mostrar estos pensamientos resulta monstruoso, ¿qué mujer se quiere prestar para un embarazo de este tipo? Quizá más de las que pensamos, pues el dinero remueve genes y conciencias.
Ignoramos demasiado sobre el manejo de la ingeniería genética. Además, muchas repercusiones también son desconocidas por los mismos científicos, por ejemplo: se ha encontrado que los mamíferos clonados como la oveja Dolly envejecen más rápido, ya que a la célula madre (de la que se clonó), ya había echado andar su reloj biológico.
Irremediablemente se vienen las preguntas sobre si la existencia del alma y el espíritu son consecuencia de la materia vida o no. Para los que somos creyentes en Dios, y para la convicción de cualquier religión existe la idea de que la vida trasciende a la materia, al cuerpo; “vida después de la vida”. El misterio continuará.

lunes, 13 de junio de 2011

MIS INSTRUCCIONES PARA TENDER UNA CAMA

Mientras tendía la cama, vino a mi mente el filósofo alemán Arthur Schopenhauer. Él, en su libro Aforismos sobre el arte de vivir, asegura que la mayoría de las personas vivimos entre el tedio y el dolor. Así que, de acuerdo a él, cuando no estamos ocupados en sufrir, simplemente nos aburrimos. Al parecer los únicos que se salvan son los que son capaces de disfrutar de la soledad y que tiene una imaginación extraordinaria. Sin embargo, creo que todos pasamos por momentos en los que estamos en una especie de anestesia superficial que no permite ni el hastío ni el dolor. Existen períodos en el cerebro que no necesitan de ninguna pasión o aversión para realizar actividades aparentemente intrascendentes como tender o “hacer” la cama. Por eso me pregunté qué experimentaba mientras alisaba las sábanas de mi cama ¿dolor o tedio?, y encontré que me sentía absolutamente en la nada.
Alguna vez alguien me comentó sobre un texto que se titulaba “Instrucciones sobre cómo tender la cama” no recuerdo al autor pero buscando en Internet me topé con muchos artículos que se referían al tema. Me sorprendió que existiera quien se tomara en serio dichas instrucciones. Es decir, no eran una creación literaria sobre el arte de colocar bien las sábanas, cobijas y colchas, sino que realmente enseñaban paso a paso a cómo hacerlo. Por supuesto, me pareció absurdo. Era como si quisieran enseñar a quitarle la cáscara a una naranja y luego a cómo comerla. Pero luego recordé esas películas de militares o de internados en donde tender una cama es un ritual con un método estricto. Entonces llegué a la conclusión de que tender camas en forma repetida durante ocho horas era una de las actividades que, en esta vida y en cualquier otra, no me gustaría hacer. Ser recamarera de hotel me parece un trabajo muy difícil, eso de extender y sacudir sábanas en donde se concentran fluidos y pelos desconocidos: me dan náuseas. Pienso también en lo que se puede observar mientras se tiende una cama dependiendo de si es individual, matrimonial, king size, o queen size. Las camas en orden o desorden revelan demasiado. (En el pasado únicamente había tallas individuales o matrimoniales, y hace muchos años un petate familiar era bueno; por las mañanas habría que enrollarlo y ya). Es curioso darse cuenta que las personas que tienen una cama grande nunca duerman en el centro de ésta, siempre lo hacen en uno de los lados. En las que son de dos personas, y si el colchón es viejo o de esos modernos que no se pueden voltear pero que son de los más confortables, se encuentran inevitablemente dos depresiones a cada lado. La profundidad de los hoyos en el colchón da la idea de las horas cama de los durmientes pero sobre todo descubre el tonelaje de éstos que es directamente proporcional: a mayor volumen y peso, mayor la cuna.
En la cama se pasa, en el mejor de los casos, la tercera parte de la vida: se duerme, se ve televisión, se tiene sexo, se hace el amor, se sueña en seco o en mojado. Se come, es estancia de enfermedades y del origen de las ideas. Las parejas se cuentan cuentos y a veces los papás se los cuentan a los niños, quienes en ocasiones derraman líquidos uréicos tibios que les provocan frío. De manera que la tendida de la cama es importante porque si está en desorden produce desorden también en la conducta. Mis instrucciones son: ponga una sábana sobre la otra si hace frío que sea de franela (agregue cobijas). Si tiene calor use telas de algodón, no utilice seda o satín; son incómodas, se resbalan y hasta usted se puede caer de la cama. A mi caen mal los edredones con rodapié porque se dificulta colocarlos sobre el box spring. No guardo las orillas de la sábana debajo del colchón porque gusto de sentir libertad en las piernas. Y aunque se vean bonitos me parece fútil poner muchos cojines o almohadas. Se recomienda cambio de ropa de cama cada semana. Sacuda bien la cama por aquello de los ácaros, pulgas, oxiurus y pelos. Lo dicho, no siento ni dolor ni aburrimiento al tender una cama.

domingo, 29 de mayo de 2011

POSTALES MICHOACANAS



Nunca había viajado al estado de Michoacán, sin embargo guardaba imágenes que hablaban de él. Mis postales recordaban el terror y la maravilla. Por eso, para una imagen de “La familia”, secuestradora y matona, tenía un retrato con miles de mariposas monarca. A los heridos por el bombazo de Morelia del 15 de septiembre del 2008 los borraba con la placidez de los pescadores de Janitzio en sus embarcaciones mariposa. Para el “michoacanazo”, aquel circo en donde se encarceló temporalmente a funcionarios de gobierno, estaba la Danza de los viejitos. Para la amargura de saber que el medio hermano del gobernador Godoy era narco, servía el ate de membrillo. Idealmente era mejor fijarse en los colores y la magia del árbol de la vida, aunque, irónicamente, le rinda culto a la muerte.
Después de mi peor día de una enfermedad gastrointestinal, no pude, o no quise, evadir un viaje a Morelia, Michoacán. El traslado sucedió sin nada extraordinario con los obligados cacahuates japoneses signo, ahora, del viajero del aire. Así, antes de subir al avión revolvieron mi ropa y me obligaron a comprar por 25 pesos una bolsilla de plástico transparente para guardar allí una pequeña crema humectante. Al llegar a la ciudad me llamaron “acompañante” (acompañé a mi esposo a un congreso). Me informaron que había un programa de actividades para los sinquehacer. Al día siguiente subimos a un camión en donde un guía de turistas, bautizado como Francisco pidió que le dijéramos Pancho, explicó que el recorrido a la ciudad de Pátzcuaro tardaría aproximadamente 40 minutos y que iríamos también a un lugar llamado Quiroga; un centro artesanal. Pancho explicó que Vasco de Quiroga o “Tata” Vasco había sido el primer obispo de Morelia y que aunque en España se había destacado por ser un duro inquisidor, al llegar a México, a mediados del siglo XVI, se convirtió en protector de los indígenas que pertenecían a la etnia purépecha, a la que los españoles llamaron tarasca, que significa monstruo mitológico.
Al llegar a Pátzcuaro visitamos la hermosa Basílica donde mora la Virgen de la Salud, hecha de pasta de caña de azúcar. Pancho habló entusiasmado del vestido blanco bordado con hilo de oro y contó que la virgen estaba dentro de un cristal blindado porque hacía unos años un feligrés enojado, había querido destruirla a balazos (aunque ninguna proyectil dio en el blanco) porque al parecer la virgen tuvo a bien no realizarle el milagro pedido. Nos informó que los restos de “Tata” Vasco yacían allí y que estaba en proceso la canonización de tan generoso hombre. Después de allí fuimos a la casa de los once patios que fue fundada en 1742 y que estaba habitada por la orden de las monjas dominicas que fabricaban artesanías y tenían un lugar que era como un sauna con una ventana redonda para que uno que otro curioso se asomara. Luego caminamos por la plaza Vasco de Quiroga y justamente allí comí una nieve superlativamente rica. Caminé junto a altísimos árboles y una gran vegetación que me hizo sentir hipnotizada. Después con los colores de la artesanía de Quiroga me di cuenta que, no en ese momento, no sabía que en México existía una guerra.
Al día siguiente asistimos, al Palacio de Gobierno de Morelia, a una cena a la que llamaron Virreinal. Esto fue una experiencia extraña pero divertida, primero porque la ambientación virreinal, incluía luz de veladora y muchísimo calor. Me compadecí del pobre Virrey Antonio de Mendoza ataviado como tal y del obispo Quiroga con sus dobleces en la túnica y su gran cofia. La cena consistió en puchero gallego (para sudar más), pollo con garbanzo, y de postres; dulces morelianos. Por supuesto, estábamos en el siglo XVI y no había cubiertos. No se nos ocurrió ir al baño porque en la época en que vivíamos no existía el papel sanitario. Vi poco de Michoacán pero fue suficiente para conmoverme. Al regreso para Torreón, en el aeropuerto de la ciudad de México estaban “El loco” Valdés y Sergio Corona. Unos gritaban “Águilas” otros “Chivas”. Claro, también existía el futbol.

lunes, 16 de mayo de 2011

EN EL RINCÓN DE MI RECÁMARA




Estoy en el rincón de mi recámara, me siento enferma; estoy en cama. En el absurdo de mis pensamientos me ilusiono un poco, porque muchos escritores han creado sus mejores obras bajo los influjos del dolor, la fatiga y la desesperanza. Ahí están los sifilíticos: Charles Baudelaire, Guy Maupassat, Lord Byron; James Joyce, Alfonso Daudet; Los tuberculosos: Thomas Mann, Fiodor Dostoyevski, sólo por mencionar algunos. Pero, tenía que ser, la ilusión desaparece, no tarda mucho en llegar la decepción. Ellos tenían enfermedades serias. Además, huelga decirlo, eran genios. En cambio, yo no tengo más que una vulgar infección intestinal y además, también sobra decirlo, no se me ocurren grandes ideas y a veces ni pequeñas..
Además, que nadie me crea eso de que estoy en cama, al menos no por largos períodos; todo mundo sabe cómo son las prisas de las contracciones intestinales. Todos mis males actuales me pasan por comer porquerías. Aunque creí que no lo eran: Fui al cine a ver El discurso del rey y ahora sufro de tartamudez para escribir. Para hablar no tengo problemas, pero no imaginan lo que batallo para articular frases tecleadas. Disfruté de la película al mismo tiempo que me zampaba un yakimechi mixto (arroz con y camarones). ¿A quién se le ocurre comer camarones sin verlos y estando tan absorta? Quién sabe cuántos más estarán igual que yo.
Mi mente divaga sin control: estoy sudando, tengo fiebre, creo que deliro. El flujo de inconciencia aflora y no puedo evitar pensar en los chistes que no me dan risa. No me provocan siquiera una sonrisa los chistes que me contaron hace 30 años, ni la comicidad de “bueno pero no te enojes”, “chusma, chusma”. En este momento sudoroso, pienso que no divierten a nadie. Aunque “como digo una cosa, digo otra”. La repetición de tonterías es altamente adictiva. Lo he comprobado. Igual pasa en la música. No me gusta tampoco el humor inverso, aquél que intenta la ironía. Sí, cuando una persona dice que le gusta mucho algo que en realidad le desagrada. El hecho de decirle flaquitos a los gordos, y todas esas bromas que giran alrededor de ese recurso retórico. No me causa gracia que cuando las personas toman una foto griten: “¡Digan chiz!” es más, me cae bastante mal. Recuerdo (todo en mí en este momento es involuntario) que alguna vez vi una estadística que aseguraba que el 80% de las mujeres mexicanas decían que se habían enamorado y casado con su esposo porque éste las hacía reír. Por supuesto la causa de separación resultaba ser, la razón contraria: “porque las hacía llorar”. Seguramente la risa puede ser un factor muy importante, pero si fuera el más relevante, entonces todas las mujeres nos enamoraríamos de los cómicos.
De cualquier manera, no pienso bien, no estoy bien a pesar del Eskapar y de la Buscapina y de las bebidas hidratantes. Me siento desorientada. Temo que pueda ser tifoidea lo que padezco. Sí es así, tal vez podré escribir mejor o ¿peor? Estoy sola en casa y a mi derecha está una ventana. Puedo ver la palmera que me acompaña desde hace más de tres años y en la que he visto a cinco tórtolas tener diez hijos. Cuatro de las pajarillas habían usado el mismo nido, pero con la helada esa rama se murió y la tórtola actual hizo un nuevo nido. Allí está como las otras; durante tres semanas no se moverá más que por unos minutos para ir a comer, empolla sus dos huevos. Luego saldrán unos pajarillos feos que parecen más un montoncito de paja. A los tres o cuatro días ya toman forma de lo que van a ser. A los quince días, más o menos, los enseñará a volar, primero distancias cortas. Casi todos aprenden el mismo día y se van, y luego viene otra tórtola y así.
Sigo mal y las ideas tontas vienen a mi mente con más frecuencia. De repente tengo frío y tiemblo toda, a pesar de que afuera la temperatura es de 36 grados centígrados de las seis de la tarde. No vuelvo a comer en el cine. No vuelvo. Lo juro. .