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Nació en Francisco I. Madero, Dgo. en 1964. El peor de los pecados, es su primer libro de cuentos.Ha recibido el Premio Estatal de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre” en los años 2000 y 2015 y el Premio Estatal de Periodismo de Coahuila, 2016. Perteneció al taller literario de Saúl Rosales. Escribe cuento y ensayo. Es colaboradora regular de la revista Siglo Nuevo, suplemento del periódico El Siglo de Torreón. Su entrevista con Elena Poniatowska fue traducida al griego y publicada en la revista Koralli de Atenas. Ha publicado en las revistas: Estepa del Nazas, Acequias, Cultura de Veracruz, La Manzana y Confabulario (suplemento cutural del periódico El Universal). Y en los libros colectivos Enseñanza superior, Coral para Enriqueta Ochoa, Voces del desierto, Sinfonía a doce voces, Cien puertas de Torreón, Perfiles sobre José Revueltas, Camerata de Coahuila. Dos décadas de música y Horizontes de sol y polvo I; Panorama del cuento lagunero. Es médica egresada de la Facultad de Medicina de Torreón,UA de C. Correo electrónico: lopgan@yahoo.com

sábado, 24 de septiembre de 2016

ANALGESIA


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El hombre angustiado

Eran los últimos respiros de la noche. El anuncio del amanecer lo hacía el canto de las torcazas. Un día más es lo mismo que decir un día menos: El movimiento perpetuo de la vida. Mi mente regresa de la inconsciencia con la mirada abierta; preguntas sobre el dolor y la muerte me golpean, al recordar los gráficos de “Después de la muerte” de Ramin Nazer. Pensé: “la muerte nos iguala a todos y el dolor nos diferencia”. El momento de la línea perpetua en mi corazón, llegará. Por fortuna no sé cuándo. Así, contamos los días que ya tienen número desde la eternidad. El misterio está en lo que sigue, si es que hay un paso más después del umbral de luz. Qué pasará con mi pequeña alma vagabunda: entrará en otro cuerpo humano, será un fantasma asustaniños, viajará por el espacio sideral, se convertirá en rata, caballo, gato, perro, manzana o nopal.  Acaso arderé en los infiernos ambientados con humos de azufre. O tal vez,  en una esperanza idílica, obtendré la gloría y estaré en un lugar lleno de colores pastel; ¿encontraré en el cielo la felicidad sinfín que ahora se me antoja estéril? ¿Despertaré del sueño que es la vida? O, ¿el gnomo que me sueña dejará el mundo de Morfeo? La duda viene entre tantas teorías que llegan a decirme otras locuras, como que es posible que yo sólo sea un programa de computadora. Entonces pienso en quienes amo y en el recuerdo que les quedará: Mi necedad ya no será defecto, mi risa se trasformará en tristeza y mi locura será ejemplo de lucidez. Ellos sabrán cuánto los he amado y cuánto amo este tiempo y este espacio.
De manera que, entre la vida y la muerte, siempre está el dolor. Sin dolor no existimos. El dolor es obligado y necesario. Un dolor avisa que saldremos del vientre materno y aseguran que éste, es el más intenso que un ser humano puede sentir, parecido a los que se sufren con los cálculos renales, la angina de pecho o el infarto al miocardio. Dolores físicos que anuncian sobre lo que no funciona bien. Entonces, en general, haciendo a un lado el masoquista, buscamos la analgesia, tratamos de quitar el dolor, o al menos, atenuarlo.
Por eso me intriga la somatización de la tristeza: cuando el dolor del alma se sale por el cuerpo. Desde luego, de alguna u otra forma, todos lo padecemos, porque es imposible separar el cuerpo de la mente. Eso únicamente se logra volviéndose difunto. Así, vemos que el estrés y la tristeza producen gastritis, colon irritable, ataques al corazón, etcétera. Por ello, existen personas que sufren y se vuelven hipocondriacas y al menor rechazo les duele la cabeza o no pueden respirar. Sin embargo, hay una condición extraña, y es cuando, inconsciente o conscientemente, se desea que la congoja se vuelva algo corporal. De allí que encontremos a pacientes que simulan dolores intensos que ceden con la aplicación de un placebo. Y es que, en general, las personas creen que el dolor físico es algo imposible de comprobar. Es decir, si yo digo que tengo una neuralgia aguda e intensa, todos me deben de creer y no hay forma de que comprueben que miento. Pero, en algunos casos, sí hay forma de demostrar la mentira. Por ejemplo, una mujer que llega a urgencias de un hospital con un grito adolorido y  que al momento de tomarle los signos vitales no tiene baja en la presión arterial, ni taquicardia y su piel esta inmutable (sin sudoración ni palidez), entonces, para el médico es difícil de creer que esa manifestación sea algo grave. Desde luego,  nadie, por fiel al rencor que sea, creerá que a través de una actuación con contorsiones y gemidos, se puede producir la muerte. E igualmente, nadie debe juzgar a quien le desaparecen las molestias con una inyección de solución salina. Habrá que entender que el sufrimiento real sigue allí, que no escapa tan fácil y que la creatividad teatral se dispara con el sufrimiento.

La analgesia puede venir en una aspirina, en un abrazo y de forma definitiva en el polvo en el que nos convertiremos. Bueno, eso espero.

sábado, 10 de septiembre de 2016

HACERLE AL CUENTO



“No vas a creer lo que me acaba de suceder. En serio, te tengo que contar. ¿Tienes tiempo ahora o te llamo más tarde? Bueno, te platico mientras manejo rumbo a la casa ¡Ah, ese maldito carro se me cerró! ¡Fíjate baboso!... Ya. Siéntate, porque esto está bárbaro. Estoy segura de que si alguien me lo hubiera platicado no lo hubiera creído: Nos acaban de asaltar en la peluquería. Sí, sí, estoy bien. Fue sólo el susto. No, no me robó. No puedo llevarse nada el asaltante. Sí, en la peluquería de Rubén, la que está por la Saltillo 400.  Rubén, me estaba lavando el pelo, mientras que a una rubia le iban a poner el tinte, a otra muchacha le hacían las uñas y otras dos señoras estaban sentadas, esperando. De repente entró un tipo, jovencillo, como de 22 ó 23 años, apuntándonos con una pistola. Luego luego se veía que estaba drogado. Muy nervioso nos ordenó que nos tiráramos al piso y que le entregáramos las carteras y los celulares. Hasta ahí, se podía decir que se trataba de un asalto normal. Si no fuera porque antes de que el asaltante dijera algo, yo ya me había tirado al suelo y mi pelo había escurrido agua y espuma de champú por eso la rubia, de minifalda ella, se resbaló; cayó con las piernas abiertas y mi cara quedó justo en medio de sus pies calzados con tacones de 15 centímetros. Y, ¿qué crees? ¡La tonta no traía calzones! Creí que se me aparecía la virgen. ¿Lo puedes creer? Ay, por favor, ¿qué quieres? Una no manda en su imaginación. Pero es que eso no se hace. ¡No se puede andar por la vida sin calzones! Aunque tengo que reconocer que fue gracias a la descalzonada que el ratero no pudo llevarse nada, porque al momento de caerse, la mujer gritó tan fuerte que el asaltante se descontroló. Entonces, Rubén aprovechó, lo agarró por la espalda y le arrebató la pistola. Luego uno de sus trabajadores le ayudó y lo amarraron con los cables de las secadoras. Llamaron a la policía. Los policías nos interrogaron a cada una de las clientas, dizque porque entre nosotras podría haber una compli… ¡Dios mío! ¡Ay, no, no, no! ¡Atropellé a un ciclista!  Luego te marco.
         ¿Qué intenté escribir en el párrafo anterior? ¿Una anécdota, un relato, un chisme o un microcuento? Según el libro Así se escribe un cuento del escritor argentino Mempo Giardinelli, toda historia corta podría ser un cuento. Y así es, la vida está llena de cuentos, y aunque la estructura actual de este género literario es mucho más compleja no significa que las primeras historias que se contaron no entren en esta definición.
         Así que los primeros cuentos que surgieron fueron orales y de alguna u otra manera, cotidianamente, todos contamos historias que, independientemente de si son fantasías o no, la forma que tenemos de decirlas es la del cuento. Incluso un chisme tiene esa forma: crea intriga, plantea un problema, tiene un clímax, un desenlace y un final. Aunque, idealmente, en el cuento el final debe ser inesperado y los chismes, por lo general, terminan de forma predecible. Desde luego, no significa que una persona chismosa sea buena para escribir cuentos, al contrario; es frecuente que cuando alguien narra oralmente la historia que escribió, ésta puede resultar interesante al oído pero decepcionar al momento de leerla.
         Así se escribe un cuento es un libro que está dividida en dos partes en la primera expone todas las posibilidades de la naturaleza del cuento, su historia, los primero escritores de este género como Luciano Samosata “(griego nacido en Siria, bajo el poder romano en el año 125 y muerto en 192)” grandes escritores modernos, como Borges, Cortázar, Rulfo, Fuentes, entre muchos otros. La segunda parte se trata de entrevistas a sobresalientes cuentistas. Giardinelli,  dice que el cuento es una mirada a lo ordinario y es allí donde radica su atractivo, no es necesario narrar nada fuera de lo cotidiano sino tener la habilidad de seducir al lector con simplezas.

         El libro de Giardinelli puede ayudar a escribir un cuento, pero sin duda la mejor escuela está en leer y releer a los buenos cuentistas.

sábado, 27 de agosto de 2016

SOBRE LO NATURAL DE LOS MATRIMONIOS

                      
Resultado de imagen para matrimonios gayMis principios se limitan al respeto: que nadie dañe a terceros ni imponga el abuso como medio de relacionarse con otro. Creo que toda persona adulta es libre de casarse con quien desee. Quién soy yo para oponerme. Incluso de niña nunca me pareció aberrante que existieran mujeres y hombres que se casaran con seres intangibles o con instituciones. Me daban curiosidad, eso sí, los casamientos que iban en contra de la naturaleza sexual del humano; me intrigaban esas uniones que no tenían como finalidad la procreación, como los matrimonios de sacerdotes con la Iglesia y las monjas con Cristo. Era raro saber que estos esposos no podían tener relaciones sexuales entre ellos y que, de acuerdo a las leyes católicas, tenían prohibido tener hijos. Por ello resultaba sorprendente cuando  estos cónyuges, impulsados por la naturaleza de sus instintos sexuales, eran infieles y en incontables ocasiones terminaban siendo tíos o tutores de sus propios hijos. Eso, en el mejor de los panoramas, pues sabemos que la sexualidad sofocada, de manera fallida, de monjas y sacerdotes, ha desembocado en serias depravaciones.
         Tendemos a creer que las conductas mayoritarias son siempre las únicas aceptables y todo lo demás nos parece inapropiado. Las uniones heterosexuales tienen sus razones evolutivas y antropológicas, y entre ellas, (no para todos) está la de tener hijos, pero eso no impide que ya no sea la única forma de procrear. Sabemos que ahora existe la reproducción artificial y asexual. Y aunque la bioética está en contra de la clonación humana, es cierto que es posible y no sabemos si se está realizando en algún lugar.
Antes no existía tanta polémica en torno a los gays, se les discriminaba y punto. Además, cuando dos personas gays se enamoraban trataban de mantenerlo en secreto. Incluso ahora, muchos homosexuales van en contra de sus sentimientos y buscan parejas heterosexuales para sentirse aceptados por una sociedad que prefiere la hipocresía a la felicidad del otro.
Muchos dicen que los matrimonios entre personas del mismo sexo son antinaturales, ya que no pueden procrear hijos con sus parejas. Pero, actualmente podemos leer revistas de investigación científica seria, que aseguran que las preferencias sexuales no son una cuestión de elección o de voluntad, sino que existen factores genéticos y epigenéticos que influyen para que haya mujeres y hombres que se sientan atraídos por personas de su mismo sexo. Así que “el orgullo gay” es tan valioso como “el orgullo heterosexual”, es decir. no hay mérito o defecto en serlo; son circunstancias alejadas a la voluntad del individuo. Se trata pues, de una variedad biológica que, de alguna u otra manera, se ve influenciado por cuestiones ambientales. No hay nada contranatural en ello. (Se puede acudir investigadores como las del científico Robert Sapolsky, pero hay innumerables referencias en Internet).
Parte del rechazo a la comunidad gay se lo debemos a los periodistas homofóbicos. Un ejemplo: cuando un hombre homosexual es asesinado por su pareja; la noticia aparece en el periódico a ocho columnas y tiene ecos inusitados, en cambio cuando una mujer muere en manos de su esposo, escriben una nota pequeñísima en la esquina de la página. Nadie hace escándalo. Pareciera que consideraran normal que un hombre mate a su mujer. Les encanta publicitar la violencia homosexual de la misma manera que quieren acallar la violencia del heterosexual contra la mujer.

Después de que el presidente Peña Nieto, se manifestara a favor de los matrimonios igualitarios; se han levantado voces a favor y en contra. Uno de los argumentos en contra es asegurar que es un atentado contra la preservación de la especie. Aunque es seguro que no será la homosexualidad la que termine con la humanidad. Entre otras, alegan cuestiones semánticas como que la palabra matrimonio significa “calidad de madre” o “sólo una madre”, como si las palabras no evolucionaran y fueran cambiando su significado. Por eso se ha optado por el término uniones en lugar de matrimonios.

sábado, 13 de agosto de 2016

CUATRO RELATOS CORTOS


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REGRESO A LA INFANCIA: Mi infancia es una bicicleta, es un pan hecho en forma de cochinito, es leche ordeñada por mi abuela, es arroz rojo, es caldo de res, es puro puré de papa. Porque no me gusta lo demás. Es dulce de higo y durazno hecho por mi madre. Mi infancia fue de lluvia y sol y tierra, tierra, tierra. Fue de días de a veinte centavos y domingos de a tostón, y muchos días de “ahorita no hay”. Infancia  de padres cariñosos y muy regañones y un montón de hermanos peleoneros. Mi infancia es pregunta y una abuela siempre abrazable. Es un cerro con una cruz en la cima. Cruz que por las noches se encendía con focos rojos (rojos como mis tíos que estudiaban en el librito rojo de Mao). Esas luces que un día mis hermanos y yo robamos. Nos subimos a lo más alto del cerro y qué emoción; por la noche ya no se veía la cruz. Uno, dos, tres manazos. Para que aprendan a respetar lo ajeno.
Mi infancia es una vieja estación de tren con sonido de telégrafos --- -- ----- - -- y dos trenes de pasajeros (uno que viene y otro que va) y largas caminatas por la vía y un cinco con doña Josefa Ortiz de Domínguez bien planchada por las ruedas del tren. Es olor a tierra y hierba húmedas. Septiembre de luciérnagas y domingo de matinée. Mi niñez es la memoria de una chiquilla sentada en los escalones. A mirar el verano. ¿A qué más? Memoria de una mamá gritando: “¡Niña, no estés afuera. Qué no ves que hay robachicos y se llevan a las niñas bonitas!”. A lo que contestaba: “¡Ay mamá, pues ponme una máscara para que no me vean!” Y como no tenían máscara, mandaron hacer una reja, y luego otra y otra.
POR SI ACASO: A mediados del siglo pasado una adolescente vivía con su abuela en un pequeño pueblo. Una noche, cuando la abuela fue a la recámara de su nieta para darle las buenas noches y desearle que soñara con los angelitos, la chiquilla angustiada y llena de dudas le preguntó: “Abue, ¿es cierto que la virginidad se puede perder por montar a caballo o por andar en bicicleta?” En respuesta, la mujer sonrió mientras le acariciaba la frente. Cariñosamente le explicó: “Mi niña, esas cosas pueden o no ser ciertas, pero bajo ninguna circunstancia una mujer las debe poner en duda, al contrario siempre es bueno tenerlas presentes”. Claro, era el siglo pasado.
OSTEOPOROSIS: El poder del viejo tirano se había reducido a su mínima expresión. Ahora sólo ejercía poder sobre su esposa; una anciana que padecía una severa osteoporosis, razón por la cual cada día se hacía más pequeña. Una mañana la diminuta mujer hacía grandes esfuerzos para prepararle el desayuno al dictador limitado. Trataba de alcanzar la sartén en la estufa y buscaba el cielo para encontrar lo necesario en la alacena. El viejo, observándola y sin conmoverse por los afanes de su mujer, sentenció: “Tú nunca vas a morir. Al paso que vas simplemente vas a desaparecer” (refiriéndose a la fuga de centímetros óseos). La mujer, igual que siempre, no dijo nada. Y como ya se sabe que los tiranos tienen la capacidad de conocer certeramente lo que les sucederá a las personas que tienen bajo su control, la anciana continuó reduciéndose hasta que hubo un instante en que hizo ¡plop! Desapareció. Luego el viejo se volvió loco al verse en su infinita soledad e impotencia.
Sin el otro no hay poder. Se esfuma la víctima, se esfuma el tirano

LA COMEZÓN DEL SÉPTIMO AÑO: tienen bajo su control, la anciana continuó reduciéndose hasta que hubo un instante en que hizo ¡plop! Desapareció. Luego el viejo se volvió loco al verse en su infinita soledad. Sin el otro no hay poder. Se esfuma la víctima, se esfuma el tirano.: Un hombre maduro, casado y con hijos, conoció a otra mujer de la que se sintió enamorado desde la primera palabra. “¿Por qué no nos conocimos antes?”, se lamentó. En ese instante se escuchó un gran estruendo en el cielo: El tiempo involucionó siete años. Regresada la mocedad, aquél se casó con la mujer de la que se había sentido enamorado estando casado. Tuvo otra vida y otros hijos. Y al llegar a los siete años de matrimonio conoció a otra mujer de la que se sintió enamorado desde la primera palabra. Y se lamentó: “¿Por qué no nos conocimos antes?” Esa mujer era la misma que en la otra dimensión había sido su esposa. Por eso el tiempo, harto de los caprichos de los humanos, nunca vuelve atrás.

domingo, 31 de julio de 2016

OCHO DIVAGACIONES Y UN SUSPIRO


1.- A mí me han dicho que en México las personas no leen, pero yo veo que todo el día están agachados con sus ojos y manos sobre las letras, no sé qué es lo que leen en esas pantallitas, pero leen. Tanto que he pensado que somos un pueblo muy culto, además porque el 90 por ciento de la población adulta se sabe de memoria un poema de un autor judío, aquél que fue asesinado cruelmente. En latín este poema se titula “Pater Noster”. Hasta yo me lo aprendí: “Padre Nuestro que estás en los cielos/ Santificado sea tu Nombre/ venga a nosotros tu reino..”, pero mejor no lo escribo, para qué, si todo aquél que lea este texto ya lo sabe.
2.- Me enseñaron que los apóstoles de Cristo eran doce, pero luego haciendo cuentas me di cuenta que eso era mentira y que en realidad fueron trece y otros más de los que La Biblia no menciona su nombre. Sí, estoy de acuerdo en que no estuvieron juntos, pero, principalmente, fueron trece los que recibieron el nombramiento de apóstol. Recordemos a Judas Iscariote, él que uso la señal del beso para entregar a Cristo, y así poder cobrar un pago de treinta monedas de plata. Luego, Iscariote arrepentido de traicionar al Maestro, se suicidó. Y fue sustituido por el apóstol Matías, aunque él no obtuvo el nombramiento de parte de Cristo sino que fue por consenso de los once que quedaban, nombrarlo.
3.- Me dijeron que tres cuartas partes de la tierra eran pura agua, pero tengo mis dudas sobre esa sentencia que aprendí en la escuela primaria. ¿Será ese el porcentaje? porque no hay que olvidar que debajo de los océanos, mares, lagos y ríos, hay tierra, mucha tierra. No me aclararon si se trataba sólo de la superficie.
4.- Está dicho y redicho, ya lo sé, pero no está demás repetirlo. En El Quijote no está escrita la frase: “Deja que los perros ladren Sancho, es señal de que avanzamos.” Así como tampoco Sir Arthur Conan Doyle en los relatos de Las aventuras de Sherlock Holmes, nunca hizo que su personaje principal dijera: “Elemental, mi querido Watson”. Ahora es muy fácil comprobarlo, cuando se tiene acceso a los libros en forma digital, simplemente se busca la frase que se desea y aparece, o no, lo buscado.
5.- Con frecuencia, en los medios de comunicación, muestran encuestas que dicen que México es uno de los países más felices. No creo en tal falacia. Lo que yo considero que pasa es que tenemos el primer lugar como mentirosos y que los mexicanos que contestan las encuestas, mienten sin ningún pudor sobre su estado anímico. El interrogado se dice feliz sólo porque le gusta llevarse la contraria a sí mismo. Hay que ver las caras de la gente manejando sus coches o los que van en el trasporte público; casi todas son caras como de “sauce llorón”.
6.- El símbolo π (la letra griega pi) sirve para ejemplificar la relación de la longitud de la circunferencia y su diámetro. En la preparatoria me enseñaron que ese valor servía para determinar el área del círculo; pi por el radio al cuadrado. En ese entonces me aseguraron que su valor era 3.1416. Pero ahora sé que su valor es infinito 3.1415926535897932… me imagino que fue por eso que, durante la prepa, no me iba tan bien en matemáticas.
7.- No entiendo bien por qué, siendo México un país de pobres, estamos tan regordetes. Allí sí, los dos tópicos son verdad: gordos pobres. No entiendo
8.-. Cada vez me parece más absurdo cuando alguien declara que las disciplinas artísticas no sirven para nada, como si un poema, una pintura, un baile, una canción, una película… pudieran dejar de existir y que el mundo seguiría avanzando como si nada. Pero, acaso no son todas las expresiones de arte, producto de la creatividad y el trabajo de personas y que a su vez provocan en el espectador emociones y motivos que le hacen más llevadera la vida. La creatividad artística da origen a otra creatividad más cotidiana y aplicable. ¿No se trata la vida de emociones? Pues eso es el arte, emociones.  

1.- Un suspiro.

domingo, 17 de julio de 2016

HOJAS DE PARRA


 

Sí, yo también cuando leí este título pensé en el platillo árabe hecho con hojas de parra rellenas de arroz y carne, o rellenas de casi cualquier cosa, según sea la región de origen y que, invariablemente, cada familia que las prepara considerara que su receta es la mejor de todas. Pero no, este artículo no se trata de comida sino del poemario Hojas de Parra del poeta chileno Nicanor Parra.  
         Nicanor Parra, nació en la Región del Biobio en Chile, en el año de 1914 (el próximo septiembre cumplirá 102 años). Parra es matemático y físico, pero sobre todo es poeta; ha recibido el Premio Nacional de literatura (1969) y el Premio Cervantes (2011), entre muchos otros. Don Nica, como lo llaman sus allegados, es conocido por instituir lo que se conoce como la antiprosa y especialmente por ser el creador de la llamada antipoesía. La antipoesía tiene como característica el uso de lugares comunes y un lenguaje coloquial. En los poemas de Parra se encuentran historias plasmadas de una forma redonda, son como cuentos que bien podrían estar en prosa. No busca el rebuscamiento ni las figuras retóricas usuales de la poesía convencional.
         Del libro Hojas de Parra sobresale un poema,  el más conocido, se trata de “El hombre imaginario”, en donde cada uno de los versos incluye la palabra imaginario, excepto en la línea en donde se menciona el dolor, dejándonos así en el asombro de su reflexión: todo puede ser imaginario menos es dolor. Aquí: “El hombre imaginario/ vive en una mansión imaginaria/ rodeada de árboles imaginarios/ a la orilla de un río imaginario/ De los muros que son imaginarios/   penden antiguos cuadros imaginarios/ irreparables grietas imaginarias/ que representan hechos imaginarios/ ocurridos en mundos imaginarios/ en lugares y tiempos imaginarios/ Todas las tardes, tardes imaginarias/ sube las escaleras imaginarias/ y se asoma al balcón imaginario/ a mirar el paisaje imaginario/ que consiste en un valle imaginario/ circundado de cerros imaginarios/ Sombras imaginarias/ vienen por el camino imaginario/ entonando canciones imaginarias/ a la muerte del sol imaginario/ Y en las noches de luna imaginaria/ sueña con la mujer imaginaria/ que le brindó su amor imaginario/ vuelve a sentir ese mismo dolor/ ese mismo placer imaginario/ y vuelve a palpitar/ el corazón del hombre imaginario.”
          Pero si Nicanor Parra escribe versos como los de “El hombre imaginario”, también lo hace desde la burla de sí mismo y la escatología en un poema nauseabundo: “Moscas en la mierda” nadie tiene ninguna valor moral para nada si no ha vivido como él:Al señor -al turista -al revolucionario/ me gustaría hacerles una sola pregunta:/ ¿alguna vez vieron una nube de moscas/ revolotear en torno a una plasta de mierda/ aterrizar y trabajar en la mierda?/ ¿han visto moscas alguna vez en la mierda?” porque yo nací y me crié con las moscas/ en una casa rodeada de mierda”. Dice el poeta. Este escritor exhibe al hombre como lo que es, una contradicción en todo lo que hace y siente. En su poema “Yo no creo en la vía pacífica” se vuelca en la incredulidad: “no creo en la vía violenta/ me gustaría creer en algo, pero no creo/ creer es creer en Dios/ lo único que yo hago/ es encogerme de hombros/ perdónenme la franqueza/ no creo ni en la Vía Láctea. Así uno podría continuar el poema, hablando de todas las vías en las que uno no cree y ponerse cursi y decir que siempre queda la esperanza de que la vía oral funcione.
         La mayoría de los traductores de poesía coinciden en que los versos son difíciles de traducir, en este caso y quizá por tratarse de la antipoesía, no creo que los traductores tengan algún problema, pues aunque cada uno de los textos podría tener intenciones escondidas, se trata de un lenguaje directo y sencillo. En el primer poema de Hojas de Parra: “Canción para correr el sombrero”, cuenta la historia de un indigente, en silla de ruedas,  y de cómo éste se inventa historias y exige a dinero para su dosis de heroína.  Hay crítica social en la poesía de Nicanor Parra, pero hay más crítica al individuo que se escuda en su entorno para cometer faltas. El chileno se burla de la inocencia fingida del quejoso que considera justificable su inmoralidad en pos de hacerse justicia por sí mismo.

         No pude encontrara Hojas de Parra en librerías pero se puede encontrar completo en PDF en la Internet.

sábado, 2 de julio de 2016

ERAN TAN BUENOS

Cuadrado negro de Malévich, ¿Qué fue lo que le dijo Dios? 


Antes de saber lo que ahora saben, ellos eran buenos. Creían que el pronunciar ciertas palabras podría herirles la boca o la consciencia; jugaban en la tierra y con los árboles. La vida los enamoraba con el canto omnipresente de la paloma torcaza y del gallo vespertino. Los hermanos eran amigos y se querían con un amor dulce y perfecto. Se cuidaban entre sí, aún en el desacuerdo. Se protegían unos a otros. Qué alegría estar juntos, compartir la mesa, reír y amar a los padres en coro. En el verano infantil  llovía mucho y en el choque de la lluvia, la abuela les decía que en los charcos había soldaditos saltando y ellos los veían. Y sólo para que los amenazaran con que iban a enfermarse, se empapaban con el agua del cielo. Desbordados, aquellos chiquillos gritaban entre brincos de cama y  recreos de rondas infantiles. En aquel caserón de techos altos y zaguán, eran buenos. Se amaban.
El padre tenía que trabajar duro para ofrecerles lo mejor que podía. La madre hacía lo propio en la cocina o lavando la ropa o planchándola. Ella, les cosía, en su máquina Singer, vestidos hermosos a sus niñas, a esas niñas que hacía llorar cada vez que las peinaba. Los niños corrían por el campo verde adornado con  flores amarillas. Andaban en bicicleta, jugaban a las muñecas, al trompo o a la canica. No había distinción: el privilegio del niño era el de la niña. Aunque las cosas fueron cambiando lentamente cuando se vislumbraba la adolescencia: “la mujer debe de cuidarse más”. A veces hubo tristeza en ese hogar, pero ésta no se expresaba con enojo; la tristeza estaba llena de bondad.
         Se paseaban por la plaza del pueblo antes de ir a por el pan recién hecho. Cuando la compra había sido surtida, se peleaban porque todos querían comer conchas en lugar de cochinitos o polvorones. Los niños se subían a la higuera para platicar y comer higos hasta sentirse sofocados; bajaban con la piel irritada porque: “las ramas de la higuera producen comezón”. Era algo cotidiano, subirse al árbol de moras (que en ese tiempo no era “la moral”) y bajarse con manchas en la ropa que no se quitaban con nada, igual que las del jugo de granada. Y luego, con frijoles en la mano acudir a gritar lotería o por las noches de vacaciones jugar turista, ese juego de mesa que los volvía comerciantes y viajeros. Así, se contaban chistes sin gracia y reían hasta la madrugada.
         Cuántos hermanos eran, no se sabe. Se fueron perdiendo entre los engaños de la vanidad. Unos en el pasado perfecto y otros en el engrandecimiento de los defectos. Todos, mujeres y hombres, llegaron a viejos y no sabían con claridad quiénes eran, pues era cierto que llevaban un primer apellido equivocado y eso los había confundido para siempre.
         Había varias teorías del porqué los hermanos habían perdido su nobleza; pero la verdadera razón había sido porque alguna vez escucharon la historia de dos hijos de Adán y Eva, que decía:
“Un día, Caín invitó a su hermano Abel a dar un paseo, y cuando los dos estaban ya en el campo, Caín atacó a su hermano Abel y lo mató. Entonces el Señor le preguntó a Caín:
—¿Dónde está tu hermano Abel?
Y Caín contestó:
—No lo sé. ¿Acaso es mi obligación cuidar de él?
El Señor le dijo:
— ¿Por qué has hecho esto? La sangre de tu hermano, que has derramado en la tierra, me pide a gritos que yo haga justicia. Por eso, quedarás maldito y expulsado de la tierra que se ha bebido la sangre de tu hermano, a quien tú mataste…”

         Aquella historia horrorizó a los chiquillos, pero al mismo tiempo les hizo contemplar las posibilidades que pueden existir en las relaciones entre hermanos. No siempre serían de generosidad. Y Dios, que entonces era un lugar seguro, se convirtió en incertidumbre o en franca inexistencia… (Fragmento de mi cuento: “¿Qué fue lo que te dijo Dios?”)