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Angélica López Gándara (Francisco I. Madero, Dgo. 1964) Se tituló de médico en la UAC. Perteneció al taller literario de Saúl Rosales. Escribe cuento y ensayo. Colabora regularmente en la revista Siglo Nuevo, suplemento del periódico El Siglo de Torreón en donde también se ha desempeñado como editorialista. Ha publicado en las revistas: Estepa del Nazas, Acequias, Cultura de Veracruz, La Manzana, Intermezzo y Edukt, además en los libros colectivos Enseñanza superior, Coral para Enriqueta Ochoa, Voces del desierto, Sinfonía a doce voces y Cien puertas de Torreón. Coconductora del programa “Las letras al aire” de radio Torreón. Obtuvo el Premio Estatal de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre” en el año 2000. El peor de los pecados es su primer libro de cuentos.
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sábado, 6 de diciembre de 2014

LA DICTADURA DE ESTRADA


En agosto de 1990 se realizó el “Encuentro Vuelta: La experiencia de la libertad”. En esa ocasión se reunieron 40 intelectuales de todo el mundo; vinieron a México a discutir la problemática mundial en temas políticos, económicos, religiosos… Los debates fueron televisados por Televisa y fue allí cuando Mario Vargas Llosa bautizó al régimen priista cómo “la dictadura perfecta”, aludiendo al hecho de que, durante décadas, México había sido gobernado por un partido absolutista que sólo cambiaba la persona en la figura del presidente, lo que significaba que México vivía: “el mismo infierno con diferente diablo”. Aquélla vez lo dicho por el premio Nobel causó mucho revuelo, tanto, que se hablaba de la posibilidad de que Carlos Salinas, entonces presidente de México, le aplicara el artículo 33 constitucional, que se refiere al derecho del presidente de expulsar a cualquier extranjero que se inmiscuya en asuntos políticos del país.
            Veinticuatro años después, la frase de Vargas Llosa se estrena como película. La dictadura perfecta de Luis Estrada es una sátira política que, a partir de una idea salida de los foros de Televisa, exhibe a la televisora como uno de los principales operadores de la corrupción mexicana, que manipula a la población, a tal grado, que es capaz de decidir quién debe vivir en Los Pinos. El filme ha tenido mucho éxito, en parte esto se debe a que se estrenó veinte días después de la desaparición de 43 jóvenes estudiantes normalista de Ayotzinapa, Guerrero; un momento doloroso e indignante que ha sacudido a la sociedad mexicana y que ha desnudado, una vez más, la infiltración de la delincuencia en las círculos del gobierno.
            En La dictadura perfecta las acciones de los personajes están sustentadas, en parte, en los prejuicios e información que el espectador tiene, más que en el argumento del escritor. Alguien que no esté familiarizado con nuestra historia reciente verá una trama disparatada y grotesca. Desde luego, se trata de una parodia y lo grotesco forma parte de su naturaleza, pero, en este caso, la historia no se cuenta sola.
Esta película hace collages de personajes de la vida noticiosa y política del país. Allí se unen las dos televisoras principales del país en un logo que incluye los colores de ambas y toman algunos rasgos de sus principales periodistas. Saúl Lisazo en el papel de Javier Pérez Harris, conductor del noticiero principal, representa a Javier de la Torre y a Joaquín López-Doriga, aunque los ademanes y frases son de López-Dóriga. En el caso del Sergio Mayer, caracteriza al presidente Enrique Peña Nieto, pero casi todas sus palabras son de Vicente Fox. Damián Alcázar interpreta a Carmelo Vargas, un gobernador corrupto y asesino que trae a la memoria a René Bejarano recibiendo dinero, al gober precioso en su lascivia, a Humberto Moreira por el endeudamiento de un estado. Poncho Herrera en el papel de reportero caricaturiza a Carlos Loret y Joaquín Cosío representa a la izquierda en un personaje al que llaman “El Mesías” (en alusión a López Obrador), un hombre con ideales pero no con principio, ya que compra información obtenida de manera inmoral para atacar a sus enemigos.
Vemos mezcolanzas de historias como el caso Paulette, Florence Cassez; de narcotraficantes, políticos y periodistas que se desdibujan en la historia. No obstante es franco el ataque a Televisa, por eso sorprende que Estrada haya solicitado apoyo económico a esta empresa para su film; o se trata de un acto de cinismo o no estaba completamente consciente del sentido de su película. Raro también que al inicio le ofrecieron el apoyo y después se lo negaran. Seguramente leyeron el guion.

Este tipo de películas deberían ser más para llorar que para reír. El único consuelo que deja es que en un país bajo dictadura, no sólo no exhibiría sino que a nadie se le hubiera ocurrido filmarla.

domingo, 23 de noviembre de 2014

UN SIGLO REVUELTIANO

El siguiente texto es un fragmento de un ensayo que el maestro Jaime Muñoz, me invitó a escribir con el motivo del centenario del natalicio del escritor durangueño José Revueltas:
1914, fue el año en que comenzó la Primera Guerra Mundial y el mismo que dio a luz a grandes escritores. En México fueron cuatro: Octavio Paz, poeta y ensayista (Cd. de México, 1914-19980p Premio Nobel de Literatura, 1990); Efraín Huerta, poeta (Silao, Gto. 1914 - Cd. de México, 1982); María del Carmen Millán, narradora (Teziutlán, Puebla, 1914 - Cd. de México, 1982. Millán, fue la primera mujer que se integró, como miembro de número, a la Academia Mexicana de la Lengua) y, José Revueltas (Durango, 1914- Cd. de México, 1976).
José Revueltas, llevaba en el apellido y en su cumpleaños (20 de noviembre) la rebeldía como destino; fue cubierto por el polvo resultado del estallido de la Revolución Mexicana y de la Primera Guerra Mundial. Provenía de una familia de artistas. Recordemos a sus hermanos: Silvestre, músico; Fermín, pintor estridentista y Rosaura, actriz, bailarina y escritora. Pareciera que los Revueltas hubieran sido moldeados por una sensibilidad creadora. 
            La vida y obra de José Revueltas, está muy bien sintetizada en el libro de ensayos de Carlos Monsiváis: Escribir, por ejemplo. Allí, el autor le dedica un capítulo titulado: “José Revueltas: Crónica de una vida militante”. Leyendo esa crónica no quedan dudas sobre los rasgos más sobresalientes de la personalidad de este duranguense. Por ejemplo, que fue un comunista e idealista inquebrantable, aunque le decepcionaron Stalin y otros del Partido Comunista Mexicano, por lo que fue expulsado de éste. También, deja clao que siempre fue perseguido por el Gobierno y que fue la causa de que, en cuatro ocasiones, su domicilio particular haya sido la cárcel: La primera, a los 16 años, vivió durante seis meses en la Correccional de Menores del DF, acusado de rebelión, sedición y motín; dos veces estuvo en las Islas Marías: una estancia de cuatro meses en 1932 y otra de diez meses, de mayo del 1934 a febrero de 1935. Y la última aprehensión, cuando fue acusado de ser el ideólogo del movimiento estudiantil del 68, esta vez permaneció dos años y medio en, irónicamente, el llamado “Palacio de Lecumberri”, una de las cárceles más brutales de México, ahora convertida en Archivo General de la Nación. (Aunque popularmente la falsedad de la palabra “palacio” se cubrió agregándole el adjetivo negro: “El Palacio Negro de Lecumberri”.) Es, en éste último encarcelamiento cuando escribió El Apando, novela que fue llevada al cine, en 1975, por Felipe Cazals.
            El hecho de que José Revueltas haya sido un novelista, ensayista, cuentista, pensador, periodista, dramaturgo, comunista, perseguido y preso, es el común denominador en sus biografías y libros. Pero también tenía buen sentido del humor, para ilustrarlo podemos citar la carta (presentada en Escribir, por ejemplo de Carlos Monsiváis) que el duranguense le envía al jefe de policía Luis Cueto Ramírez, después de ser liberado de la cárcel. La cito:
"Muy Señor Mío:
Sé que se me busca acusándome de subversión. Como están las cosas, mi vida, en peligro, no vale nada y bien puedo considerarme un sentenciado a muerte. En tal condición, y como reza la costumbre, tengo derecho a un último favor, que no se le niega a nadie y ahora lo ejerzo. Señor jefe de la policía: este condenado a muerte le pide, en uso de las prerrogativas de su inminente desaparición, y con la certeza de que su deseo será complacido, que vaya usted y muy respetuosamente chingue a su madre.
Atentamente: José Revueltas"

Es en esa “mentada de madre” al final de la carta, es donde Revueltas hace un juego humorístico e inevitablemente se piensa en la risa como parte de la ironía de una vida llena de calamidades. 

sábado, 8 de noviembre de 2014

LA COMEZÓN DE SOR JUANA

Claro honor de las mujeres/ de los hombres docto ultraje/ que probáis que no es el sexo/de la inteligencia parte”

Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana (12 de noviembre, Nepantla Edo. de México, 17 de abril, 1651- Cd. De México, 1695) cambió su nombre al convertirse en monja a los dieciséis años por el de sor Juana Inés de la Cruz. A su muerte se agregaron otros sobrenombres como: “Décima Musa”, “Fénix de América”, “La primera feminista de América” en 1974, y desde hace algunos años le llaman: “La peor de todas”. Éste último se debe a que sor Juana firmó en el libro del claustro de san Jerónimo: “Yo, la peor del mundo” que fue cambiado por “La peor de todas”.
     Sor Juana deslumbra a más de tres siglos de su muerte. Muerte que se dio cuando apenas ella tenía 44 años de edad, al contagiarse de tifus exantemático mientras cuidaba a sus compañeras jerónimas de una epidemia. El tifus se trasmite a través de las heces del piojo. De lo que se deduce que sor Juan fue víctima de la costumbre, de ese tiempo, de no bañarse. El tifus exantemático se evita con el baño; la comezón o prurito que se produce por la irritación de los deshechos del piojo en la piel hacen que el rascado permita el paso de la bacteria al torrente sanguíneo. Por eso sabemos que La Décima Musa falleció con fiebre, dolores articulares, náuseas y vómitos: de tifus, que ahora se cura con tetraciclinas u otros antibióticos.  
     Sor Juana al ser una mujer ilustrada no era aceptado por las autoridades de la iglesia católica, por lo que tuvo varios enfrentamientos. Ello está documentado en La carta atenagórica, Respuesta a sor Filotea y una carta descubierta apenas en 1981 por el sacerdote Aureliano Tapia Méndez, quien encontró el texto en la biblioteca del Seminario Arquidiocesano de Monterrey, N.L. La carta es un reclamo que hace sor Juana al padre Antonio Núñez, de la compañía de Jesús. Le pide, con una retórica elegante, que la deje en paz, que ya no la mortifique por escribir versos. (El libro Sor Juana Inés de la Cruz. Obras Completas de Editorial Porrúa en su última edición no incluye la carta al padre Núñez) En esta epístola se confirma el ingenio que esta monja poseía para defenderse de sus enemigos. La escritora avienta palabras filosas con las que azuza a su contrincante; maniobra con inteligencia las cualidades del adversario para cubrirse y atacar. Escribe: “¿Las letras estorban, sino que antes ayudan a la salvación? ¿no se salvó San Agustín, San Ambrosio, y todos los demás Santos Doctores? Y Vuestra Reverencia, cargando tantas letras ¿no piensa salvarse?”. Es extraordinario comprobar cómo la escritora utiliza el arma del otro como escudo y espada. Sor Juana está lejos de la retórica bravucona, sin embargo, causó gran turbulencia en las conciencias de sus contemporáneos. Conocedora, se vale de la historia para explicar su condición de monja ilustrada: “Y si responde que en los hombres milita otra razón digo: ¿No estudio Santa Catalina, Santa Gertrudis, mi Madre Santa Paula sin estorbarle su alta contemplación ni a la fatiga de sus fundaciones el saber hasta griego? ¿El aprender hebreo? [...] Pues ¿por qué en mí es malo lo que en todas fue bueno? ¿sólo a mí me estorban los libros para salvarme?”. Le criticaban hasta la forma de escribir: “dicen que parece letra de hombre, y que no era decente, con que me obligaron a malearla adrede, y de esto toda esta comunidad es testigo”.
    Sor Juana se dice a sí misma dócil, pero leyéndola es posible darse cuenta que, si bien trato de tener una vida atada a la práctica religiosa, no fue así en su práctica literaria, pues fue muy rebelde. Igualmente se puede apreciar que sor Juana renunciaba a la opinión violenta y que ahogaba el grito del enojo con la palabra queda pero intensa y efectiva.

domingo, 26 de octubre de 2014

DE LA VIDA MISMA

Hace dieciséis años conocí al licenciado Miguel Ángel Ruelas Talamantes. En ese tiempo, él era gerente general de El Siglo de Torreón y a mí me había dado por escribir y por enviarle mis textos. Así, sin conocerlo. Le llevaba artículos que no lograban publicarse, hasta el día que escribí uno que titulé “Una ama de casa y el futbol”, mismo que, ahora que lo leo, me parece que tiene fallas pero que es gracioso. Creo que esto último fue lo que le gustó.
Fue en diciembre de 1998 cuando recibí la llamada del licenciado Ruelas para decirme que iba a publicar mi texto “Una ama de casa…” en la sección de deportes. Recuerdo que mis hijos tenían nueve y cinco años y estaban muy divertidos, porque al colgar el teléfono me puse a gritar y saltar. Al fin aparecería una publicación mía en el periódico. Después él nos invitó, a mi esposo y a mí, a conocer las instalaciones de El Siglo. Durante estos años varias veces coincidimos en reuniones convocadas por el periódico y muchas veces lo llamé por teléfono para pedirle algún consejo sobre mi desempeño en esto de publicar. Siempre, siempre lo encontré dispuesto a ayudarme, pero sobre todo, veía la intención de trasmitirme su optimismo. “Tenga paciencia, todo encuentra su camino”, me decía.      
            El licenciado Miguel Ángel Ruelas, fue una persona muy importante para mí; él fue el puente que me permitió llegar a muchas personas a las que les tengo admiración y cariño. Una de ellas es Dña. Olga de Juambelz y Horcasitas Presidenta del Consejo de El Siglo de Torreón. Él nos presentó. Aquella vez me explicaba que doña Olga tenía un proyecto en el que yo podía participar. De esa manera comencé a publicar en la revista que nació con el nombre de Nosotros dos y que después cambio a Siglo Nuevo; desde su fundación hasta hora no he dejado de escribir en estas páginas.
            Él escribía una columna diaria que tituló “Un minuto de deporte” y  una dominical que se llamaba “De la vida misma”, en especial, nunca me perdí la segunda. En los últimos años yo le seguía los pasos a través de sus colaboraciones. Allí veía cuando se sentía enfermo o decepcionado de la gente y me enteraba se la nostalgia que sentía por su tierra natal (Miguel Auza, Zac.). Llegué alegrarme por su confesión de que él hablaba con las plantas, por lo que su esposa lo alentaba, en broma, a pertenecer a un club de jardinería. También, al leerlo, percibía lo orgulloso que estaba de su trabajo como reportero desde Europa y de las incontables entrevistas a tantas personalidades como Anthony Quinn, Clark Gable, Charlton Heston, John Wayne y Ann Margaret… No obstante, de todos sus últimas colaboraciones sobresalían las palabras felices que hablaban de sus nietos, en especial, recuerdo las sorpresas que le daba una inteligente nietecita. Varias veces leí sobre la idea de hacer un libro que recopilara lo mejor sus aportaciones periodísticas. 
Con tristeza, el 6 de agosto de este año, supe que el licenciado Miguel Ángel Ruelas se había ido para siempre, seguramente, a un mejor lugar. En mi fantasía me despedí de él y le di las gracias por haber sido la primera persona que me leyó y que confió en que podía escribir bien. Cabe decir que al principio yo escribía cuidando que nadie, cercano a mí, me leyera. Sentía como si estuviera haciendo algo indebido. Sin embargo, sabía que, de alguna u otra forma, las ideas y las palabras cambian su personalidad al ser publicadas, por eso acudí al autor de la columna “De la vida misma”. Sólo espero que la confianza que me tuvo no haya sido defraudada. Imagino la tristeza de su esposa, sus hijos y sus nietos. Aunque seguramente se sentirán afortunados de haber sido compañeros en este sueño (que es la vida) de un hombre tan noble, al que siempre recordaré con cariño y gratitud.

sábado, 11 de octubre de 2014

REUNIÓN DEGENERACIÓN

                                    

Al centro con mi amigo Dr. Roel López García, en diciembre de 1985
(fotografía cortesía de mi querida Dra. Ado Gutiérrez)
Es común que cuando un grupo de exalumnos, de cualquier escuela o facultad, al anunciar una reunión agreguen la palabra “degeneración”. Unen la preposición y el sustantivo, en lugar de separarlos: “Reunión de generación”. Un mal chiste, que trae la fantasía del “degenere” en una connotación sexual. Pero para gracia, o desgracia de algunos, ese tipo de degenere nada tiene que ver con estas reuniones de nostalgia.
Acudí a una fiesta con mis excompañeros de la facultad de medicina: “Reunión Degeneración XXV”, así aparecía en el grupo de Whatsapp. La consigna era que nadie podía ir con su pareja, no importaba si ésta era del mismo sexo o no. Al ir en solitario surgía la ilusión de que manteníamos el estado salvaje y puro en el que navegamos a los dieciocho. Allí concluí que estas fiestas sí son de degenere, pero no sexual, sino del que abarca la degeneración del cuerpo, de los órganos, de los tejidos… Un sábado de octubre, después de 28 años de egresados, saludamos: pelo escaso o canoso o pintado; células adiposas multiplicadas sin pudor; arrugas descaradas al sonreír; desfilaron los males de columna, de cadera, de hombros; por aquí y por allá, saltaban los: “¿Sabías qué fulanito estuvo muy grave?” Y, “¿sabían de aquellos dos que se fueron hacía la luz eterna? “Sí, en paz descansen”. Por desgracia, la degeneración también alcanzaba al pensamiento: “Oye, no me acuerdo de eso” “Perdón, me equivoqué de nombre” “¿Ése quién es?”. Aunque, hay que reconocer que algunos/as, lucían mucho mejor que antes. Sea lo que fuere, estas reuniones resultan muy divertidas y conmovedoras.
En 1981, ingresamos 120 jóvenes a la Facultad de Medicina de Torreón, más de veinte no terminaron la carrera. De esta Generación nacieron dos patólogas, un cirujano cardiovascular, un cirujano trasplantólogo, una inmunóloga, una investigadora, un traumatólogo, una dermatóloga, tres médicos legistas, tres siquiatras, cirujanos generales, ginecólogos/as, pediatras, anestesiólogos/as, médicos familiares y generales… Por lo demás, encajamos, casi, en la media nacional de cualquier estadística: en número de matrimonios, hijos, solterías, preferencias sexuales, enfermedades, etc.
En esa reunión, vino a la plática aquella época en la que, mis hermanas y yo, vivíamos en un departamento ubicado en la calzada Colón, casi esquina con bulevar Revolución. Un compañero de la facultad rentaba un departamento continuo al nuestro. Con él compartimos muchas vivencias. Entre otras, que éramos foráneos y que el dinero que nos debería durar quince días no siempre aguantaba tanto. Entonces, íbamos al comedor del DIF. Cobraban cinco pesos por una comida de muy mala calidad, ¿qué esperábamos por cinco pesos? Lo peor sucedía cuando alguna asociación filantrópica hacía cena en viernes y les sobraban pan o canapés, y ya que estas personas son tan caritativas, toda esa comida iba a parar al DIF: sin el menor cuidado para su conservación, sin refrigerarla y a veces sin cubrirla. Duraban almacenados sábado y domingo. El lunes nos ofrecían un pan que era una verdadera arma, tan suave como una quijada de burro. Podríamos haber matado a cualquier Abel que pasara por ahí. En cuanto a los canapés, no miento si digo que se trataba de comida de diez tiempos: entraban en un tiempo pero salían en nueve. Nos desnutríamos por tanta diarrea. La inmunidad del sistema digestivo, de mi amigo y la mía, se la debemos a la comida del DIF Torreón.
Dra. Velia Soto, yo, Dr. Luis Araujo, Dr. Roel López
Mi amigo tenía otra forma, más elaborada, de evadir el hambre. Se autonombró “Becario de Soriana”. Él iba al departamento de salchichonería y quesos, pedía probar de esto y de aquello. Luego, ordenaba un cuarto de kilo de queso y otro tanto de carnes frías; se paseaba por toda la tienda poniendo algunas cosas en el carrito. Mientras, se iba comiendo su pedido. De la tienda salía sin comprar nada, pero con medio kilo de queso y jamón dentro de su oronda barriga. Él, con frecuencia entraba a nuestro departamento a decirnos: "Las invito a comer" y ya que sabíamos en que consistía tal invitación, la respuesta siempre era la misma: "Estás loco." Nos daba miedo que apareciera una foto nuestra en la página policiaca de El Siglo, con la leyenda: "Jovencita robaba comida y la guardaba en su estómago."
Aquella fue una tarde de risa y de afectos renovados. Abrazo a todos mis compañeros de la Generación XXV de la FMUAC, Unidad Torreón, a los que asistieron a la reunión y a los que no, también.

lunes, 6 de octubre de 2014

BERLIOZ Y LA FUERZA DE LA MÚSICA

 
Tuve el gusto de compartir con el maestro Sergio Berlioz, las sensaciones que me provocaron: su poema sinfónico, Toledo, la ciudad de las generaciones que trata sobre la expulsión de los judíos de España y su quinta sinfonía, La luz de mayo, que refleja la lucha intelectual que envolvió la batalla de Puebla. Me siento afortunada de conocer la intención primigenia del creador de estas obras porque nadie sabe qué vida va a tener una obra de arte o en qué se va a convertir. Por ejemplo, ¿De qué manera, Rossini, podría haber imaginado que la obertura de su ópera Guillermo Tell, iba a ser reconocida como la música de El Llanero Solitario?


Pariente indirecto del músico francés Héctor Berlioz, hijo de padre francés y madre judía; el mexicano Sergio Berlioz es musicólogo, compositor y director de orquesta. Es autor de cincuenta y nueve obras musicales y vino a Torreón, el 11 de septiembre al TIM, a ofrecer la conferencia "La palabra contenida de la canción a la ópera". Sergio Berlioz nos hace sentir el pulso de la historia a través de la música:

─¿Se puede considerar una ironía histórica el hecho de que los tres más grandes músicos estadounidenses (Leonard Bernstein, Aaron Copland y George Gershwin) sean judíos de origen ruso?
─Si los tres hubieran nacido donde nacieron sus padres estaríamos hablando de compositores rusos. Esa es una demostración de que no solamente el elemento genético lleva al entendimiento de un pueblo, sino que el lugar de nacimiento y el entorno son importantes. Para ser creador, en cualquiera de las manifestaciones, hay que ser fiel a la esencia, fiel a donde uno viene. No aparentar lo que no se es. Hay que estar en paz con los orígenes. En el caso de estos tres compositores, son judíos, nacidos en Estados Unidos, de padres rusos. Y que su música suene como suena, es precisamente por eso. Para bien y para mal. Si estos músicos hubieran llegado a una cultura formada, donde ya hubiera una reflexión y un arte perfectamente bien articulado, por ejemplo, Alemania, allí nunca hubieran dejado de ser extranjeros. Pero los tres llegan a un lugar en formación, que está creando su tradición, entonces ellos ayudan a definir lo que es ese lugar. Rhapsody in Blue de Gershwin, West Side Story de Bernstein y Salón México de Copland, no dejan de ser obras de compositores judíos/rusos que están enseñando cuál es el camino de la música, no es la música la que les enseña a ellos. No se trata de una ironía, es el reflejo de lo que es América.
─¿Necesariamente la biografía de un músico es su obra?
─Eso se ha cuestionado mucho. Las obras de arte son, hasta cierto punto, autómatas y autónomas. Son independientes de quién la creó. Pero uno no debe de estar preocupado por la vida del creador para entender la obra. No significa que si conozco bien la vida de Beethoven, necesariamente, me va hacer comprender mejor su obra. A veces la biografía del compositor es una sucesión de anécdotas que no explica su arte. Obviamente, es un reflejo autobiográfico en donde están las preferencias estéticas, gustos, ambiciones, obsesiones… Cada compositor está en su música.
─En el caso de su poema sinfónico: Toledo, la ciudad de las generaciones, éste no es autobiográfico pero tiene que ver con la historia de sus ancestros.
─ Sí, es mi pueblo, mi familia. Pero en ese caso yo escogí eso y Toledo… sonará independientemente de mí. Es un poema sinfónico que habla sobre la expulsión de los judíos de España. Yo, como compositor que también es judío, tengo un referente histórico. Yo mismo me quedó asombrado. Esa es una obra que me rebasa. Las obras se van armando por sus propias necesidades expresivas. Existen por sí mismas.
─¿Lo mismo se aplica para su obra  La luz de mayo?
Mi Quinta sinfonía fue un encargo del Gobierno del Estado de Puebla; fue un reto para mí, porque no suelo aceptar obras con temática previa, pero eso me obligó a meterme más en uno de los momentos más emblemáticos de la historia nacional y pude, primero, comprender su importancia capital y después encontrar el camino para hacer viable una obra musical con recursos musicales. En este caso el palpitar del corazón de Juárez recibiendo la noticia del arribo de los franceses a territorio nacional fue el motivante del primer movimiento, el segundo es la célebre carta de Víctor Hugo a los mexicanos, cantado por un tenor, después vino el tercer movimiento donde se arma el pueblo para la batalla y finalmente el cuarto movimiento con el final del poema al Cinco de mayo de Guillermo Prieto "Álzate,oh patria" con el coro a plena voz y que concluye con la frase de Zaragoza: "¡Los libres no conocen rivales!"
─¿Tomando en cuenta la vida de Richard Wagner, ¿existe, por parte de los judíos, un rechazo a su obra?
─En Israel hay un enorme conflicto para hacer Wagner, pero no solamente allí, yo cada vez que dirijo Wagner, entro en ese conflicto. Es como si despertará a un dragón dormido. Actualmente estoy leyendo un libro de él, traducido al español, que se llama La música y los judíos. Yo no había podido leerlo porque mi alemán no es tan sofisticado como para leer algo tan denso como Wagner. Amo la música de Wagner, pero sé que era un hombre antisemita. Hay varias caricaturas de personajes judíos en su obra, eso lo hace antipático y si uno ve su biografía se da cuenta de que él era un ser detestable. Su libro es atroz, contiene un delirante y profundo antisemitismo. Él dice que los judíos siempre serán extranjeros, les niega el derecho a la ciudadanía y asegura que nunca podrán comprender la música de su entorno. Sin embargo, allí están los ejemplos de su pregunta, Gershwin, Copland y Bernstein, si ellos hubieran llegado como hijos de rusos a Alemania, los cuestionarían. En cambio llegaron a Estados Unidos y se adaptaron. Wagner apuesta a que un judío jamás se adaptaría. Eso está mal, porque es mentira.
¿Qué tan importante es la aportación de los judíos a la música de concierto?
Existe una producción de música vernácula en el pasado, pero la participación, en la gran música de concierto, fue a partir del siglo XIX. Un ejemplo es Felix Mendelssohn. Él y su familia se convirtieron al cristianismo, se hicieron protestantes luteranos. Lo hicieron para poder adaptarse. Incluso cambiaron su apellido a Mendelssohn-Bartholdy, para diferenciarse de los judíos que se mantenían en su fe. Mendelssohn es nieto de unos de los grandes pensadores judíos: Moses Mendelssohn que es quien establece la ilustración judía o haskalá. Él logra que los judíos tengan carreras liberales. Cuatro de los seis hijos de Moses se volvieron cristianos.
            Después de Mendelssohn, el más notable compositor judío fue sin duda Gustav Mahler. Mahler hace el papel de Noé y su arca bíblica con la música: aglutina todos los recursos musicales posibles de su época y hace de ella, como lo diría al gran compositor finlandés Jean Sibelius, "Mi música busca crear mundos habitados con todos los recursos técnicos posibles". Después de éste compositor austriaco, la lista de notables compositores de origen judío es extensa y muy representativa del siglo XX y de los que va del XXI, desde Schönberg hasta Plillip Glass, pasando por los autores norteamericanos ya expuestos, el suizo Ernst Bloch y su emblemática rapsodia hebráica "Shlomó" (Salomón) y en nuestro medio nacional Daniel Katán y Samuel Zimann.
─Respecto a la interpretación, en los compositores actuales es posible saber cómo desean que su obra sea interpretada, ya que pueden dirigirla, pero compositores del pasado, ¿se sabe cómo querían que se oyera su música?
─Eso es una lotería. Hay varias formas de interpretar la música del pasado. Yo creo que hoy hacemos mejor música, tenemos más información y mejores intérpretes. El nivel técnico que han alcanzado las orquestas haría que Mozart se quedará pasmado ante el rigor y cuidado que lo hacen. O quizá, se habría desencantado y hubiera dicho: “Las orquestas del año 1700 eran más imperfectas pero eran más cálidas”. No sabemos, hay muchas posibilidades.
─En el libro Cómo escuchar música de Aaron Copland dice que “para una brillante ejecución por parte de los músicos, también se requiere de una brillante audición”, ¿está usted de acuerdo con él?
─Absolutamente. Lo complemento con algo que dice Alejo Carpentier en su ensayo sobre la novela latinoamericana: “para que haya novela tiene que haber novelística”. Para que Carlos Fuentes escribiera, como lo hizo, tuvo que haber, desde tiempos de Sor Juana, una novelística que permitiera que alguien dedicara horas y horas para leer La región más trasparente, Tierra Nostra, Cristóbal no nato… Si una sociedad llega a permitir que alguien escriba 800 páginas que se publiquen, que se lean y reconozcan, se debe a que existe una novelística.
Cuándo Ramón Shade y la música van a tener todo lo que se merecen; cuando el público necesite la música. Por eso hay que generar una necesidad musical; la Camerata es la máxima joya de la corona de Torreón y es el máximo proyecto de un hombre valiente. Lo digo bien claro: Ramón Shade es un hombre que ha apostado a esta ciudad y creado una orquesta con un sonido particular, con una serie de cualidades sonoras que lo hacen distintivo. Conozco a Shade desde hace 30 años pero hace varios años que no lo veía, lo que me parece muy favorable para lo que estoy diciendo. No es para alagar a un amigo, lo digo con el estímulo de la distancia, que me ayuda a comprender que lo que él está haciendo es importante. Eso tiene que ser recompensado con un público preparado, que esté dispuesto a escuchar y descubrir todas las propuestas que el director y sus invitados traen a esta ciudad.
En su conferencia, usted dijo que: "El canto es la prolongación de la palabra", de acuerdo a este concepto, ¿los pájaros cantan?
─No. El único ser que canta con la intención, el cuidado y el placer de hacerlo es el ser humano, porque tienen las condiciones neuronales para ello. Los pájaros no cantan, se comunican, miden distancia. Si me pregunta, ¿el arte existe en la naturaleza? La respuesta es categórica: No. El arte es un acto de voluntad, de inteligencia. A mayor arte mayor inteligencia. Son muy inteligentes Tchaikovsky, Wagner, Bach… muestran su inteligencia al crear algo que no existía. Los pájaros son para el músico lo que el paisaje es para el pintor. Son materia prima. El sonido de un pájaro puede ser muy bonito: lo toma un compositor, lo elabora y se lo da a una flauta. El pájaro no hace música. Ahora, si los pericos nos imitan y quieren tener una conversación con nosotros, pues eso se lo dejamos al ornitólogo, no al músico.
La luz de mayo, Quinta sinfonía de Sergio Berlioz                                        

domingo, 28 de septiembre de 2014

ENVIDIONAUTAS


El color de la piel habla de la raza, de las enfermedades y de las emociones. Las razas, son en grandes divisiones: blanca, amarilla y negra. Igualmente, hay enfermedades que cambian el color de la piel como es el caso de personas que se pone amarillas porque le ha subido la bilirrubina, a causa de trastornos del hígado, páncreas o sangre. Si está pálido tendrá anemia, si azul o cianótico será muestra de un defecto cardíaco o pulmonar. Cara roja o rubicunda la del hipertenso; el cara rosada (o soplador rosado) corresponderá al bronquítico crónico. Colores de manchas serán diagnosticadas por dermatólogos. A la par, el color dérmico habla de las emociones: Nos ponemos rojos de vergüenza, y -algunos dicen- morados y hasta negros por enojo; amarrillos (o pálidos) de miedo. Y el que viaja en la envidia; el envidionauta se pone verde, “Se puso verde de la envidia”. Aunque tal afirmación no es en sentido literal, pero se refiere a la creencia de que la envidia causa enojo y ello aumenta la secreción biliar y la bilis es verde,verde brillante. De allí que el envidionauta sea verde.

La envidia (RAE) significa sentir tristeza o pesar por el bien ajeno. La envidia “es el único pecado que no produce placer” (Manuel Pereira, dixit), todos los demás hacen que quien los comete la pase bien, por lo menos en el momento, aunque después sufra las consecuencias. No siempre. Según el catolicismo es parte de los siete pecados capitales: soberbia, ira, avaricia, gula, pereza, lujuria y envidia. La envidia surge de la comparación que hacemos de los demás con nosotros mismos, pero esto es sólo entre las personas que tenemos cerca, a quienes generalmente consideramos de un nivel semejante -intelectual o económico-  al nuestro, y que, sin embargo, tiene logros de los que carecemos.

En un ensayo titulado “Sobre la envidia” de Lesker Kolakowski dice: “A un escritor le puede dar un patatús, por no decir un ataque de locura, si algún otro escritor le hace la cochinada de recibir un Premio Nobel”. Esto, podrá sucederles a quienes pertenecen a su mismo círculo, el resto no sufrirá, por el contrario correrán a comprar sus libros y la admiración hacia el autor aumentará.

Kolawoski hace esta reflexión: “La sola aspiración de igualar a los demás, a los que han alcanzado algún éxito, no es nociva ni destructora, siempre y cuando estimule a un mayor esfuerzo; en cambio, si es nociva y destructora cuando lo que se aspira es a que nadie le vaya mejor y cuando todo mi esfuerzo se encamina a querer perjudicar a ese otro, más eficaz, con la esperanza de poder reducirlo a mi propio nivel, para que, de esta manera estemos ‘parejos’. Es algo que vemos muy común ‘que nadie duerma tranquilo mientras yo no puedo dormir’”. De lo anterior podemos concluir que a veces no es malo sentir envidia sino hacer mal uso de ella, la podemos utilizar para corregir nuestra conducta. El ensayista asegura que la envidia, como emoción social, es imposible de eliminar (por la desigualdad en las clases sociales), pero afirma que la envidia individual se debilita a través de la razón, garantizando que la inteligencia es un factor indispensable para combatirla, ya que un envidioso cuando se descubre como tal, también da cuenta de su pequeñez, sin embargo ocultar la envidia es algo realmente difícil, pero si nos percatamos de que la sufrimos, es posible abstenerse de manifestarla, e insiste el autor, “para esto se requiere de inteligencia”.

“La envidia no perjudica mayormente a aquel contra el que va dirigida, ya que él fácilmente la podrá pasar por alto con solo ver que el envidioso no hace más que poner en ridículo a su propia persona”, asegura Kolakowski, sin embargo la historia da cuenta de muchos envidionautas que han cometido crímenes impulsados por este sentimiento.