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Angélica López Gándara (Francisco I. Madero, Dgo. 1964) Se tituló de médico en la UAC. Perteneció al taller literario de Saúl Rosales. Escribe cuento y ensayo. Colabora regularmente en la revista Siglo Nuevo, suplemento del periódico El Siglo de Torreón. Ha publicado en las revistas: Estepa del Nazas, Acequias, Cultura de Veracruz, La Manzana, Intermezzo y Edukt, además en los libros colectivos Enseñanza superior, Coral para Enriqueta Ochoa, Voces del desierto, Sinfonía a doce voces y Cien puertas de Torreón. Coconductora del programa “Las letras al aire” de radio Torreón. Premio Estatal de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre” (2000 y 2015). El peor de los pecados es su primer libro de cuentos.
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sábado, 13 de febrero de 2016

POLÍTICOS ESCRITORES EN MÉXICO


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En México existen políticos escritores como el independentista, Miguel Hidalgo que escribía poesía; el dictador Porfirio Díaz con sus Memorias (1911); el presidente  Francisco I. Madero, que escribió varios libros, entre ellos La Sucesión Presidencial en 1910 y Porfirio Díaz. Madero es más conocido por sus “Diarios espiritistas” donde narra sesiones “del más allá” con su difunto hermano José. Otro, el presidente José López Portillo que tuvo la influencia de su abuelo y su padre, quienes eran escritores. Él redactó siete libros de los que destaca Génesis y teoría del Estado moderno (1965) Quetzalcóatl (1965) y Ellos vienen. La conquista de México (1987). Casos sobresalientes, que requieren menciones aparte, son los de José Vasconcelos, Justo Sierra y Alfonso Reyes.
En la historia reciente de México, el Internet arroja mucha información sobre lo que parece ser una obligación: ser presidente (o presidenciable) y ser escritor. Y ante la vasta producción literaria de los que a continuación menciono surge la duda; ¿son realmente ellos los que escriben sus libros? Y ya que esa pregunta no la puedo contestar con pruebas fehacientes, sólo hago un recuento de los libros que se han escrito en los últimos treinta y cinco años por políticos mexicanos.     
         Miguel de la Madrid Hurtado escribió diez libros entre ellos El elemento del Derecho Constitucional y El Presidente ante la prensa. Este presidente publicó seis libros durante su sexenio.
Carlos Salinas de Gortari, ha publicado cinco libros muy extensos, por ejemplo, México: un paso difícil a la modernidad (2000) tiene 1300 páginas. Una curiosidad llama la atención: su último libro se titula igual que uno que escribió Vladimir Lenin: ¿Qué hacer? La alternativa ciudadana.
Ernesto Zedillo Ponce León, es el presidente que tiene más méritos académicos y reconocimientos internacionales. Sin embargo, en Internet sólo se encuentran varios textos que no exceden las 16 páginas y que fueron publicadas durante su sexenio. Al parecer Zedillo no sucumbió a la tentación de aparecer como autor de libros rimbombantes.
Vicente Fox Quezada, ha publicado dos libros, A Los Pinos impreso un año antes de ser presidente y Revolution of Hope: The Life, Faith, and Dreams of a Mexican President que salió a la luz ocho meses después de dejar la presidencia. Este escritor, famoso por desconocer a Borges, se sentó en solitario y se puso a redactar 370 páginas sobre su vida, para que luego naciera un libro ochomesino y bilingüe. Es el único de los políticos mexicanos que ha publicado una obra en inglés. La revolución de la esperanza (su título en español) también es el título de una obra ensayística de Erich Fromm. Este libro biográfico tiene la coautoría de Rob Allyn, un estadounidense novelista y comentarista de televisión, un hombre de un sinfín de ocupaciones que seguramente necesitó de ayuda para traducir la biografía de Fox, cobró por ello y porque apareciera su nombre en la portada.
Felipe Calderón Hinojosa, ha llevado a la imprenta dos obras El hijo desobediente, (autobiográfico) en el 2004 y la otra obra: Los problemas de México y las políticas públicas (2006-2012) publicado en 2014.
El actual presidente de México es autor de: México, la gran Esperanza, (noviembre de 2011). Esta obra fue opacada desde su nacimiento porque cuando fue presentada en la Feria del libro en Guadalajara su autor no supo decir de manera correcta cuáles eran sus dos libros preferidos.
El excandidato presidencial y exjefe de gobierno capitalino, Andrés Manuel López Obrador, es, actualmente, el personaje político que más libros ha publicado, sumando  trece libros de su autoría. En los últimos cinco años han sido cuatro: La mafia que se adueñó de México, No decir adiós a la esperanza y Neoporfirismo: Hoy como ayer, El poder en el trópico.

 La característica principal de estos libros es que, a pesar de toda la parafernalia publicitaria y de ser grandes editoriales las que los publican,  son poco leídos. 

sábado, 6 de febrero de 2016

LAS VERTIENTES DEL SILENCIO O EL GERMEN EN DONDE ENRAÍZAN LOS SECRETOS


Una publicación de El Siglo de Torreón. Avances del libro en la imagen

La siguiente reseña la escribió, hace algunos años, mi amiga Magda Madero G. sobre mi libro El peor de los pecados. Gracias Magda, también, por trabajar tanto en la edición.
Son treinta y nueve las narraciones contenidas en El peor de los pecados, libro de cuentos de Angélica López Gándara, nacida en Francisco I. Madero, Durango, y titulada de Médico por la Universidad Autónoma de Coahuila.
El libro está dividido en cuatro partes. Después de leerlo, podemos decir que la autora ha logrado, a través de una prosa lúdica, inteligente y acertada, narraciones que, tras una aparente inocencia, revelan aquello que muchas veces esconde el ser humano. Su oficio como escritora se hace patente cuando encuentra el vocablo adecuado y sorpresivo que nos indica que estamos ante una obra donde no sólo se nos cuenta algo, sino donde advertimos el esfuerzo por reinventar un modo de decir. Así, con imaginación y disciplina, la autora ha logrado una particular manera de narrar en estos textos que se mueven entre lo manifiesto y lo que no lo es.
Angélica López Gándara no ha puesto la mirada en adjetivos y vocablos pomposos propios de siglos pasados; tampoco ha intentado desfigurar con orlas innecesarias el lenguaje. Su prosa es novedosa pero no llega a los excesos de exterminio en los que incurren algunos reinventores del lenguaje que terminan por volverse túmulos sagrados de la incomprensión.
Los textos de esta autora se desarrollan como en una ausencia que gravita y nos arrastra más allá del lenguaje, más allá del germen donde enraízan los secretos. Su mirada es de soslayo, reflejo en el espejo.
La temática de las narraciones es variada. Cada una impone su huella, su propio desafío. Así, sucumbimos al juego de palabras que se crea entre Elpidio y su relación con el agua; nos indigna la depresión, la miseria, las falsas ilusiones y la esperanza fallida de los pobres representados por Teresa; entendemos el milagro de la música en el corazón abatido por el desencanto y la falta de motivación de un médico italiano que experimenta con corazones de perros; nos angustia el antojo por la muerte, el suicidio como tentación provocada por la grisura de la vida, por el desgano existencial, por la fatiga de vivir; nos enternecemos con la historia que de su abuela narra una nieta a través de un álbum con fotografías; nos contagia el deseo de ser como el Scrooge de Dickens para evadir la responsabilidad porque, como la autora dice, “A veces ser bueno es muy fatigoso”. 
En este libro también se habla de la solidaridad de las mujeres, de la inconformidad del ser humano con su circunstancia, de cómo la imaginación es más poderosa que la realidad, de los festines en que se convierten los sepelios, de cómo el mundo de la literatura se presta para que se exhiba el esnobismo y la mala educación, de cómo es más apetitoso lo que no se tiene, de la dependencia que hay entre víctima y verdugo, de la ignorancia y la idolatría que hay en el ser humano, del patetismo de la ancianidad dependiente y la desintegración de eso que, desde que nace, el ser humano empieza a alimentar: la memoria, la inteligencia. También encontramos la adicción a la tristeza de un “tú” sin nombre que no es otro que el “tonto de abril”; de cómo la libertad debe enrejarse para que no se vuelva peligrosa y de cómo la vida transcurre de prisa con sólo observar algunas fotos del recuerdo o de cómo dos personas, hermanadas por un diario y una coincidencia, recorren el camino de la esperanza hasta plantarse en el de la cautela que las lleva a no pedir nada ya que los deseos no se cumplen; de cómo es intenso el dolor que dejan los animales cuando se mueren  y de cómo la naturaleza no tiene moral cuando de “incesto” entre ellos se trata.
Angélica dota a cada objeto de una vitalidad propia. Sus historias son vertiginosas; juega con el tiempo. Las mudas de narrador son interesantes y lo hace con facilidad. Nos detendremos en algunos de sus cuentos para apreciarlos más de cerca:
La autora tiene razón cuando en la primera página de “Palabravejera” afirma que, “Todos vivimos en prosa”. Es que cuando se vive de esta manera, se advierten fenómenos, muchas veces no tan obvios como la ignorancia, la banalidad, el amor, la lujuria, la frustración, el miedo, el desconsuelo, el lenguaje podrido y todo aquello inmerso en la cotidianidad donde no nos queda más remedio que coincidir con ella cuando dice que la desilusión recoge lo que la mirada tira, y que “La culpa es de los días mezclados, de las horas sin oxigenación”. En el juego de palabras que conforma este cuento, Angélica construye una fantasía que sostiene una realidad que nos llena de congoja. Acaso la literatura sea eso: un montón de palabras descompuestas, de sueños tirados a la basura.
Pero, ¿cuál sería el peor de los pecados? ¿Ser infiel? ¿Dudar? ¿Elucubrar en el vacío? La frase de Borges en el epígrafe de la segunda narración que da título a este libro dice: “He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz”. Sin embargo, este cuento da para más interpretaciones si ensartamos la atención en la palabra “supongamos”, que, por reiterativa, podemos considerar un leitmotiv: el peor de los pecados podría ser, entonces, suponer. Suponer lo que piensan, sienten y hacen los demás y darles la credibilidad suficiente como para tomar represalias, es decir, para vengar, para devolver el supuesto golpe imaginado por uno verdadero lleno de la baba maligna que rodea a toda mala intención. Éste puede, entonces, ser también el peor de los pecados porque, cuántos de nosotros nos hemos equivocado al suponer esto o lo otro y nos vengamos por adelantado por lo que, por imaginado, damos por un hecho. En este caso, es Margarita, la que divaga mientras espera el regreso del motivo de sus sospechas: su marido. Supone y supone y supone que él le es infiel. El leitmotiv “supongamos”, abruptamente es violentado por el hecho: “No supongamos nada. Es un hecho. Hice lo que creo que tú hiciste. Cómo no se me ocurrió antes. Te pago con la misma moneda. ¿Con quién? Me dediqué a buscar el instrumento de mi venganza.” El hilo conductor no afloja. La narración se enrosca en la desconfianza y en la venganza. ¿Es la desconfianza un síntoma del amor o, es, más bien, un buen pretexto para no amar? El final sorpresivo nos deja la idea de que hay peores pecados que la infidelidad. Las ricas vertientes de este cuento ponen en evidencia la perversidad del ser humano y develan mucho de su ser.
Los cuentos de Angélica, algunos más pequeños que otros, y, otros más complicados que unos, no pretenden, para nada, ser explicativos. Podemos decir que, en su mayoría, tienen la virtud de dejarnos un enjambre de sensaciones flotantes y una intención que no mora en la superficie como un lector poco avezado podría suponer. Es la famosa doble historia que no dice, que no señala, que no juzga, pero revela. Nada es más engañoso que el silencio. Es la trampa del significado oculto, desnudo. La desnudez de un verbo que procura los silencios es la propia vestimenta de su significado, y de esta sutilidad emana su brillo. Así sucede con la palabra “poquito” del cuento “Palabras difuntas”, narración en primera y tercera personas del singular que narra la historia de Miguel Escandón, hombre que, al sufrir un accidente, pierde la capacidad del habla y el único vocablo que sale de sus labios es “poquito”. Miguel conoce a Aurora, mujer de la que se enamora a pesar de que sabe que ella no le corresponde de la misma manera. Además, descubre que está embarazada. La descripción del acercamiento amoroso es de una belleza digna de repetirla en este trabajo: “Solitarios en casa de mi tío, sin aviso alguno, Aurora me mostró dos hermosos volcanes que vertían una dulce leche, y yo, con mi único fonema susurraba en todo su cuerpo, primero tan despacio y luego tan rápido, hasta que mi tara se fue y nos dejó solos. Yo paseé por cárcavas y colinas. Y en su vientre, al que había adivinado como un valle, encontré una pequeña loma dividida por una franja oscura. Mientras ese cuerpo chismoso me contaba su secreto gestante, recorrí cimas y simas de una bella mujer de treinta. A pesar de todo, después de cinco años Aurora me gusta tanto.” Esta narración, en el anverso que es la forma, dice mucho. Para empezar, lo poquito que son los seres con una discapacidad y lo difícil e importante que es la comunicación en un mundo donde todos nos burlamos de todos. Con dos narradores, Miguel Escandón y Aurora Bracamontes, la autora juega con los pronombres personales, con la primera y la tercera personas del singular: el “yo” se vuelve “tú”, o, “él”, incluso. También hace malabares con los géneros porque, lo que empieza con Miguel, termina con Aurora. En el último párrafo, los géneros se diluyen; no importan. Ya no sabemos quién habla: “él” puede ser “ella” o puede ser cualquiera de nosotros en una narración donde todos nos parecemos y nos encontramos. Por si fuera poco, añade la siguiente frase como quien no quiere hacer evidente una realidad aplastante: “Hay perros y cerdos libres en las calles bañándose en los charcos”. Estos dos narradores que se turnan, Miguel y Aurora, se engañan y son felices porque no siempre la verdad tiene un rostro hermoso. Así, sin decirlo más que en la forma, juega con lo falso y lo verdadero para, al final, transmitir la sensación de que lo falso es verdadero, pero que no por falso deja de ser hermoso. La autora lo dice así: “La vida también es eso: falsedad, y tiene un rostro hermoso.” De esta manera, nos deja la idea de que la vida se desenvuelve placentera en medio de las limitaciones incluso para los que se mienten, para los que son “poquito”, para los que no aspiran a más que a lo que la vida les ofrece.
En sus cuentos, López Gándara no quiere delatar sino sugerir, señala sin levantar la mano, acusa casi en silencio, muestra esa otra cara del ser humano que se dice y nos dice. Sus cuentos no son impositivos sino al contrario, se descubren con la sencillez de un campo lleno de un verdor donde el gris y el amarillo también son poderosos y así lo comprobamos en la narración “Una barriga y don Abundio”, donde la autora juega con las convenciones, incluso las denominadas “sagradas”. El buen humor es uno de sus ingredientes. Así empieza: “Abundio el padre, Abundio el hijo y Abundio él, de espíritu no santo.” Para ello se sirve de eso que tantos complejos causa a quienes la padecen: una barriga. Y hay que fijarse bien que es una barriga y don Abundio, no la barriga de don Abundio ni Abundio y su barriga. No. El orden es contundente y nos preguntamos por qué. Con una vestimenta de inmovilidad, desde atrás, en esa ruptura de silencio desde donde gravitan sus códigos personales, la autora nos lleva hacia el foco de atención que es la barriga de Abundio que, por lo demás, nació priista y es devoto de la Virgen de Guadalupe. Está casado y sus seis hijos han portado, desde recién nacidos, una pequeña medalla con la imagen de su devoción. “Tiene dos gustos: uno a plena luz llamado comida y otro a plena oscuridad llamado Rosita”. Lo que revela este cuento esta oculto entre líneas. La doble vida que, con naturalidad, muchos llevan; la mitomanía convenida como una forma de ser y el ser que se miente a sí mismo mientras comercia con el “amor”. La autora así lo dice: “Cada tarde de sábado gozaba de un encuentro amoroso con Rosita. Ella siempre con motivos de sufrimiento monetario. Mercadeaban dinero por juventud; ofrecían cada uno lo que les sobraba para recibir lo que les faltaba.” p. 50 Y, mientras la barriga de Abundio crecía, la de Rosita también empezó a abultarse. El exceso de comida y un infarto, acabaron un día con la vida de Abundio. Cuando el inconfundible hijo de Abundio y heredero de sus ojos azules nació, a Rosita no le quedó más remedio que convertirlo en su hermano menor. Es así que este cuento revela las cosas que se gestan a la sombra, frente a los convencionalismos sociales y las creencias religiosas. La hipocresía de las buenas costumbres o, mejor dicho, de las falsas conciencias. Ahora sí podemos entender porqué Angélica le puso a su cuento “Una barriga y don Abundio”; ahora no nos queda duda de lo está lleno ese foco de atención llamado la barriga de Abundio. El enigma está resuelto.
Como Angélica López Gándara es médico de profesión, resulta interesante la manera en que lleva de la mano sus conocimientos de medicina y cómo juega con la terminología médica a la que da un sentido literario tal como sucede en “Cardiaca”, narración que es toda una clase de “cardiología literaria”, por cierto, muy instructiva. El cuento pone en evidencia la nada que somos cuando ese órgano deja de latir. 
Hay que resaltar el ludismo de la autora en varios cuentos: “Un hombre agüitado” es uno de ellos. “El pajarraco ladrón” es también una juguetona narración que toma como base “La urraca ladrona” de Rossini. “El burro del carromato” es otro breve texto con buen sentido del humor al que ella agrega su dosis de sabiduría.
La autora también maneja bien el suspenso como podemos comprobar en el cuento “Los genes del mal” donde, además, hay que resaltar la magnífica atmósfera que impregna la narración. Otro cuento de suspenso aunque más pequeño es “Toqué pero no me abrieron”.
Las preocupaciones sociales, económicas y políticas también están presentes. Así lo vemos en “El íncubo de Teresa”, narración que trata sobre la esperanza del personaje en un trabajo que aniquila y donde la enajenación, la ignorancia y la miseria, son siempre ingredientes manejables e indispensables para los más “vivos” que aspiran al poder.
Llama la atención la manera como Angélica López Gándara sustituye los nombres propios por nombres que surgen de la situación de los personajes en varios de sus cuentos.
En fin, es en este tono, con esta forma y con un estilo muy propio donde, gracias a un lenguaje pulido y trabajado que visiblemente trata de escapar a la opresión del uso, que Angélica López Gándara nos deleita con estos cuentos, sencillos en la superficie, complejos y reveladores en sus profundidades.                   

(Texto leído el 26 de mayo de 2010, día de la presentación del libro El peor de los pecados). 


sábado, 30 de enero de 2016

PERROS POR LA MAÑANA


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Sucede que camino con la mañana y con la mirada abierta. Voy recogiendo la gracia, y a veces la hostilidad, de los perros. A cincuenta metros recorridos, desde mi domicilio hacia el oriente, hay una casa en donde viven seis perros, sin falta, uno de ellos, (un grandulón), me ladra frenéticamente.  Alguna vez lo vi escaparse de la reja que lo contiene, por eso me da un poco de temor. Una ocasión, cansada de su violencia “verbal”, hice lo propio: grité: “¡Cállate. Tonto!”. El ladrador se quedó desconcertado y en silencio. Yo había encontrado la forma para que dejara de molestar. Sonreí ante tan miserable logro. Al día siguiente repetí el grito. Y el perro ladró con más furia. Creo que esos ladridos me acompañaran mientras ambos sigamos haciendo lo mismo. En general, los perros entienden la intención de quien les habla. Por supuesto, no he estudiado sus procesos cerebrales, pero a lo largo y ancho de mis años han pasado ocho perros y puedo comprobar que sus personalidades son tan variadas como las de los humanos. Solo que ellos son mucho más nobles.
Llego al parque y le doy varias vueltas. Sin remedio, evoco a los antiguos hospitales siquiátricos donde los locos caminaban en círculos. Me agrada creer que el ejercicio hecho de esa forma me da salud en todos sentidos. En este lugar veo perros de raza pug caminando. Esos perrillos tan extraños representan un definitivo ejemplo del capricho humano. Después de que vi la serie Cosmos, supe que todos los canes son el resultado de la manipulación genética artificial. Se ha alterado la originalidad de estos animales como la de ninguna otro; infinidad de cambios a sufrido su ADN desde su ancestro, el lobo; “El humano a domesticado a sus depredadores y a algunos los volvió un chiste”. Un chiste, esos son los pugs. Debido a esa selección artificial ahora tenemos perros por demás extravagantes, inteligentes, nobles, fieros, cazadores, pastores, falderos, policías… Para cada necesidad o personalidad existe una raza.
         En ese parque he visto tres border collier jugando con su dueño; un señor con un bóxer muy desobediente. Anda por allí un chihuahua muy alegre que camina sin correa y que a veces parece perdido. He visto shith-tzu, cocker, puddle y de otras razas. Es rarísimo ver a alguien con un perro criollo o mestizo; damos excesiva importancia a la pureza racial de los canes, cuando, en general, en América no existe la pureza racial de los humanos; si fuera por eso los perros no querrían salir a pasear con sus dueños. Alegarían que somos humanos “corrientes o de la calle”.
         He visto otros perros que me caen bien: por la calle Laguna Norte, hay una pareja de éstos que sale a pasear sola. Algunas veces los he visto por las mañanas y otras antes del ocaso. Ese par de adorables ancianos son un basset hound y otro que parece cocker, (no estoy segura). El basset, que debe ser el más viejo, camina muy despacio y renco; sube la banqueta con mucha dificultad, primero levanta una pata y un rato después la otra y más tarde el resto. Lo hace con tanta dificultad y concentración que realmente me enternece. Aunque su amigo no anda tan lejos de eso. Ellos no necesitan de dueño que les señale el camino.
         También, he observado a un hermoso rottweiler, muy educado, a él lo pasea su dueña, pero ella no camina, sujeta la correa desde arriba de su Mercedes y él, a pata, caminando sereno. Yo quiero pensar que tan distinguida señora tiene algún problema de artrosis que le impide caminar.

          Me gusta ver que las personas hagan ejercicio acompañados de sus mascotas. Pero lo mejor es que recogen los deshechos de éstas. Lo desagradable del parque de Las Ranas es el atroz estado de la banqueta. Espero que quienes administran la Sociedad Cooperativa de los colonos de Torreón Jardín, un día se decidan a arreglarla.

sábado, 16 de enero de 2016

HUESOS DE SAN LORENZO O LA NATURALEZA DE LOS ESPEJOS


Los lectores naturales de Vicente Alfonso (Torreón, 1977) es decir, los laguneros, encontraremos, en su literatura, espejos en los que nos veremos reflejados. En su reciente novela Huesos de san Lorenzo (Tusquets, 2015) observamos lugares, apellidos o instituciones familiares, como el equipo de futbol Santos, el Hospital Universitario, el Sanatorio Español y la Camerata de Coahuila. También, podemos asistir a un colegio jesuita de nombre Ferreira, que, inevitablemente, leeremos como Pereyra; viajaremos por la carretera a Viesca; acudiremos a la vendimia de Parras y con arena en los ojos divisaremos a unos candelilleros que son estafados; nos divertiremos con los pasajes del Paulitos, quel extinto burdel, lugar de iniciación sexual de muchos laguneros. Esta historia trata (si lo simplificamos) sobre los gemelos Ayala formando un triángulo amoroso con Magda, la joven que trabaja con ellos en un espectáculo de magia. Una trama en la convergen asesinatos, superstición, periodismo, investigaciones policíacas y futbol, entre otros.
         Vicente Alfonso, escogió para escribir Huesos de san Lorenzo, una excepción genética que el mismo vive como gemelo idéntico u homocigoto. Un hombre es genéticamente igual a otro, como una imagen en espejo, por eso confunde: “Eres tú o tu hermano./ Soy mi hermano”. Pero no sólo los gemelos pueden hacerse pasar el uno por el otro: todo actor de teatro, de la vida, interpreta a diferentes personajes. De allí que los protagonistas de Huesos… estén desdoblados: Los gemelos Ayala son Juan Borrado, el escapista; Magda González, la joven de la que se enamoran los gemelos, es la Niña Cande, que hace milagros; Farig Sabag, el sanador, es El Gran Padilla, ilusionista; la madre de los gemelos es Rosa Nava y Rosario Navarro… “No vemos el mundo como es, sino como somos” y buscamos lo que somos, buscamos nuestra identidad.
         Cuando terminé de leer este libro, ganador del Premio Internacional de Novela “Sor Juan Inés de la Cruz” 2015, tenía la certeza de que estaba ante una gran obra, por su historia, estructura, manejo del tiempo y el uso de narradores entrecruzados y eso me hacía valorar la inteligencia con la que el autor había construido su obra. Sin embargo, me llegó una desazón, mi instinto de lectora me decía que no había captado el universo completo. Mi incertidumbre fue resuelta por el propio autor al responderme una pregunta que hizo que desandará las páginas. Entonces reafirmé: Huesos de san Lorenzo permite varias lecturas,  por una parte, es una narración compleja que requiere lectores atentos de miradas múltiples que vean desde los ángulos del escritor, y en otro sentido permite una lectura con menos reto intelectual y esto es siguiendo la voz del psicólogo Alberto Albores, personaje que a modo de Cide Hamete Benengeli (narrador de Don Quijote) escribe su versión de los acontecimientos. Cabe destacar que si se siguen los capítulos numerados por separados encontramos que tienen cierta autonomía.
Los primeros lectores de Huesos… podrían no resolver todos los acertijos que plantea, pero al paso del tiempo sucederá, lo que con toda buena obra de arte: brotará una especie de resonancia mórfica (antiguamente llamada memoria colectiva) en donde cada reseñista, o cualquiera que la mencione, aportará elementos que permitirán, a los nuevos lectores, valorarla en su entero brillo. Aunque, la literatura de Vicente Alfonso ya es apreciada, esta novela será traducida al italiano, al turco y al alemán.

        Vicente Alfonso, recurre a la técnica del collage, (el ejemplo más sobresaliente es Rayuela de Julio Cortázar) en la que se expresan los hechos con notas periodísticas, ensayos y citas hemerográficas. Igualmente acude a todas las formas de narradores: omnisciente, primera, segunda y tercera persona; pero lo que envuelve todo es una voz omnisciente que encierra una historia y otra... (caja china). Los hechos se repiten vistos por otros ojos, por ejemplo, el capítulo de “Expediente abierto I” (p. 34) es casi idéntico al último, excepto porque se repite un párrafo de “Sesión de terapia I” (p. 15). Huesos de san Lorenzo de Vicente Alfonso, una asombrosa novela.

sábado, 2 de enero de 2016

NIETZSCHE Y LA MÚSICA

                                              
 “La música nos habla a menudo más profundamente que las palabras de la poesía, en cuanto que se aferra a las grietas más recónditas del corazón”.
Friedrich Nietzsche 
Todas las artes se nutren entre sí, por eso no es de extrañar que en la literatura existan abundantes referencias musicales. Incluso se han llegado a imitar las estructuras musicales para el desarrollo de una obra literaria. Así, Jacques Mercanton (uno de los prologuistas de la novela Ulises) asegura que James Joyce eligió la forma más sabia y difícil para un episodio del Ulises: la fuga. Joyce escribió un libro de poesía: Música de Cámara. Hay autores que, aunque son conocidos por su literatura, reflejan sus conocimientos musicales, es el caso de Alejo Carpentier, Milan Kundera y Alessandro Baricco, entre otros. Por otra parte existen otros que, aunque son famosos por su literatura, también compusieron música. En este caso se encuentran: Friedrich Nietzsche, Jean-Jacques Rousseau, Ernest T. A. Hoffmann (mención aparte merece la escritora mexicana Sor Juana Inés de la Cruz, quien en uno de sus poemas habla de un libro de música que escribió y que tituló El caracol. Por desgracia se encuentra perdido). Como decía, los citados anteriormente han sido famosos por sus libros, pero de igual forma acudieron al pentagrama para plasmar sus ideas y sentimientos.
El filósofo alemán Friedrich Nietzsche, (Alemania 1844-1900) escribió, entre otras obras: El nacimiento de la tragedia, La gaya ciencia, Más allá del bien y el mal, Ecce homo y, la más famosa de todas, Así habló Zaratustra (o así hablaba). Textos que no cualquier estómago puede digerir; en cambio, cuando escuchamos su música no necesitamos de aperitivos ni digestivos, la música de Nietzsche es de fácil consumo, es dulce, con fuertes influencias de la música religiosa. Y desde donde yo la veo ¾la oigo¾ no refleja la profundidad ni el tormento y, por supuesto, tampoco la genialidad que alcanzó su ideología filosófica pues Nietzsche, es un filósofo que revolucionó el pensamiento.
A los 100 años de su muerte y para festejar la vida y obra nietzscheana, en el año 2000 la Universidad Autónoma de México y la Facultad de Filosofía y Letras, realizaron un concierto que llamó “Cien años sin Nietzsche”. Se interpretaron solamente obras de este filósofo y músico alemán. Del concierto surgió un disco que contiene dieciséis obras entre lieder y trabajos para piano. El disco viene acompañado de una biografía basada esencialmente en la relación de Nietzsche con la música. Trae datos extraordinarios, por ejemplo: que a los diez años el pequeño Friedrich ya dominaba al piano varias sonatas de Beethoven, y que el día que su padre le regaló un volumen con las partituras de doce sinfonías de Haydn (adaptadas a cuatro manos), el joven escribió: “Un escalofrío de gozo me traspasó como un trueno entre las nubes; así pues, de verdad, el más grande de mis deseos se había cumplido; ¡el más inmenso!” Expresión que descubre la profunda pasión que el niño ¾en ese entonces únicamente músico¾ tenía por las partituras.
Nietzsche se inició en la música por la influencia de su padre, Karl Ludwig, un pastor luterano, quien era un buen pianista y amante de la música sacra. La primera composición musical del músico-filósofo fue a la edad de ocho años. La escribió después de escuchar El Mesías, de Händel. A los doce años realizó composiciones más formales que a través de su vida llegaron a sumar 70 obras, dentro de las que se encuentran: composiciones vocales, instrumentales, coros a capella, música sacra, música de cámara y música orquestal. Un hombre que ha inspirado cerca de trescientas obras musicales (sin duda la más conocida es la de Richard Strauss, Así hablaba Zaratustra). Se dice que Hitler, escuchando a  Wagner y leyendo a Nietzsche, le vino la idea de la búsqueda de la pureza de la raza aria.

Aunque, popularmente, lo que más se conoce de Nietzsche, es que estando loco por la sífilis, beso a un caballo y por esa frase, ahora tan gastada, de: “lo que no te mata te hace fuerte”.

martes, 22 de diciembre de 2015

MARIJUANA: CIEN AÑOS DE ILEGAL


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“Hay cantos floridos; que se diga/ yo bebo flores que embriagan,/ ya llegaron las flores que causan vértigo,/ ven y serás glorificado.(…) Ya retumba el tambor: sea el baile: con bellas flores narcóticas se tiñe mi corazón.” Del poema “Monólogos” de Nezahualcóyotl (1402-1472). Es probable que el Rey Poeta hablara de la flor del ololiuqui que contiene ácido lisérgico, un potente alucinógeno, (“las flores que embriagan” es un tema recurrente en la poesía de Nezahualcóyotl). Seguramente nuestros ancestros prehispánicos también se hubieran embriagado con marihuana de no ser porque esta planta, de origen asiático, llegó a México en los primeros años del siglo XVI.
El término marijuana, surgió por primera vez en Sonora, a principios del siglo XX entre los seguidores de Pancho Villa. Después, la marijuana se convirtió en marihuana y mariguana. Aunque tiene muchos nombres el más usado es marihuana. Ésta fue prohibida por primera vez en Estados Unidos alrededor del año 1915. Su ilegalidad se fue extendiendo poco a poco en América y después a casi todo el mundo. Hay muchas versiones del porqué la cannabis, o marihuana, se volvió ilegal. Algunas fuentes aseguran que la “ley seca” estadounidense provocó que las personas optaban por consumir marihuana al ser más barata y fácil de conseguir que el alcohol. Entonces las autoridades estadounidenses se dieron cuenta que el consumo de la esta planta había aumentado y decidieron también hacerla ilegal. Otra corriente dice que fue un acto de discriminación debido a que los negros y mexicanos la consumían. Al parecer a los patrones les disgustaba que sus trabajadores se divirtieran después de las jornadas de la pizca de algodón. Otros dicen que fue porque afecto la industria del papel y el algodón, ya que es muy fácil de cultivar y se puede fabricar ropa y papel a partir del cáñamo o cannabis (la primera edición de la Constitución de los Estados Unidos fue impresa en marihuana).  
Actualmente ninguna de las razones por las que se prohibió la marihuana existen: el alcohol es legal, ahora a los negros se les llama afroamericanos y pueden ser presidentes de Estados Unidos (aunque hayan fumado marihuana) y las fibras sintéticas desplazaron a las fibras naturales. Su penalización no detuvo el consumo y su comercialización ilegal causó altos índices de criminalidad en América Latina. Además, ahora no sólo los jornaleros la usan, sino personas de todos los estratos socioculturales.
Estar a favor de la despenalización de la marihuana no significa estar de acuerdo con las adicciones; la mayoría de las personas están conformes con que el alcohol y el tabaco sean legales, sin que eso implique que no les preocupe el alcoholismo y el tabaquismo. Todas las drogas son dañinas para la salud pero, “el veneno está en la dosis”, dijo Paracelso, con mucha razón.
La Suprema Corte dio la autorización, a cuatro personas, de consumir, comercializar y cultivar marihuana. Ante esto se han radicalizado tanto las posturas que hay quien dice que con la legalización nos volveremos un país mariguano (actualmente son 5.7 millones los consumidores y legal o ilegal, seguirá aumentando) y que la juventud se va a echar a perder y que habrá más esquizofrénicos. En el otro extremo están los que creen que con la legalización de esta planta hará que se desarrollen genialidades  como los del “Club de comedores de hachis” al que pertenecerían: Charles Baudelaire, Víctor Hugo, Alejandro Dumas padre y Honoré de Balzac, entre otros. Creen que habrá más inteligencias como las de otros famosos mariguanos como Carl Sagan o Stephen King. También los hay totalmente fanatizados como los del movimiento  Rastafari, que basado en el versículo bíblico (Apocalipsis 22:2) que dice: “Y las hojas del árbol eran para sanidad de las naciones”, consideran a la marihuana una deidad.
Habrá que ver cuáles son los intereses reales por los que se quiere frenar la legalización de esta droga y qué tanto los narcotraficantes influyen en la no legalización y si la postura de los políticos tiene que ver más con sus intereses personales (políticos y económicos) que por sus convicciones genuinas.  Ojalá que en México no gane la ignorancia y la falsa moral.

domingo, 6 de diciembre de 2015

ESCRITURA AUTOBIOGRÁFICA


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Ahora, más que nunca, es complicado seducir al lector y hacer que éste se mantenga leyendo un libro completo; existen demasiados distractores. Las personas están ojeando, sólo retazos de las grandes obras; en las redes sociales, es frecuente que se cite a autores que cada vez se leen menos, pero que son conocidos por sus frases brillantes. De allí que surja la duda sobre qué escribir. Qué puede ser más atractivo al momento de narrar: qué el escritor se regodeé en la desgracia propia y exalte sus cualidades, o por el contrario, se aleje lo más posible de sí mismo e imagine lugares y situaciones que jamás ha vivido. Resulta misterioso, pues mucho se ha repetido que en literatura lo más importante es el tratamiento de un tema, más que el tema en sí. “Revelar el arte y ocultar el artista es la meta del arte”, escribió Oscar Wilde. El reto de un escritor es trasformar un hecho,  cualquiera que éste sea, hacerlo atractivo e imponerlo al público. Por eso todo mundo podemos escribir, pero escribir bien, sólo algunos lo logran.
Las dos recientes novelas que he leído son: El beso esquimal, del cubano Manuel Pereira y Dos veces única, de la mexicana Elena Poniatowska. Todos los cuentos y novelas de Pereira son autobiográficos y nada de lo escrito por Poniatowska lo es. Lo más cercano a la autobiografía de esta autora lo capté en su novela La “Flor de Lis”,  en estas páginas se describe la vida de una familia aristócrata que vive en París; dos niñas y su madre tienen que huir de Francia a México debido al estallido de la Segunda Guerra Mundial, ya que la madre es mexicana. Existen muchas similitudes entre las protagonistas y la escritora, por lo que se antoja que sea autobiográfica. Sin embargo, a pregunta a expresa, Poniatowska, lo niega. Lo cual indica que aunque existan rasgos similares entre autor y personaje no quiere decir que se haya vivido. En cambio, el novelista y ensayista, Manuel Pereira considera que la mejor forma de escribir es desde las experiencias propias y además dice que en su caso es importante dejar testimonio porque su narrativa también es una denuncia sobre el régimen de los Castro en Cuba.
            Lo cierto es que nadie escribe al cien por cierto de manera testimonial y nadie que intenté huir de sus propias vivencias lo logra por completo. No hay forma de que haya fidelidad. Los recuerdos, sabemos, siempre volverán distorsionados a la memoria. Y ser subjetivo al momento de contar una historia es imposible, pues siempre saldrán, inconsciente o conscientemente, las experiencias del narrador. 
Después de todo, la buena literatura tiene que ver más con el talento de cada quién. Recordemos la obra cumbre de la literatura española. El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, nadie piensa que Miguel de Cervantes tuvo que enloquecer y pelear con molinos de viento o enamorarse de una mujer fea y amargosa a la que él veía hermosa y dulce como Dulcinea del Toboso. Desde luego, se podrá buscar la biografía de Cervantes entrelíneas pero lo grandioso de El Quijote, no se podrá entender o explicar solamente por la vida del autor:Las obras de arte son, hasta cierto punto, autómatas y autónomas. Son independientes de quién la creó. Pero uno no debe de estar preocupado por la vida del creador para entender la obra “, como expresó en una entrevista el músico Sergio Berlioz. Igualmente nada le quita lo grandioso (en todos sentidos) a La Montaña mágica de Tomás Mann que mucho tiene de autobiográfico, ya que resultó de las cartas que le enviaba su esposa desde un hospital de Davos dedicado a pacientes tuberculosos e igualmente tomó experiencias de las visitas que el mismo Mann le hacía a su esposa.

Finalmente, lo que vale, sin importar si es realidad o ficción, es cautivar al lector: una tarea complicada.