Mi foto
Angélica López Gándara (Francisco I. Madero, Dgo. 1964) Se tituló de médico en la UAC. Perteneció al taller literario de Saúl Rosales. Escribe cuento y ensayo. Colabora regularmente en la revista Siglo Nuevo, suplemento del periódico El Siglo de Torreón en donde también se ha desempeñado como editorialista. Ha publicado en las revistas: Estepa del Nazas, Acequias, Cultura de Veracruz, La Manzana, Intermezzo y Edukt, además en los libros colectivos Enseñanza superior, Coral para Enriqueta Ochoa, Voces del desierto, Sinfonía a doce voces y Cien puertas de Torreón. Coconductora del programa “Las letras al aire” de radio Torreón. Obtuvo el Premio Estatal de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre” en el año 2000 y 2015. El peor de los pecados es su primer libro de cuentos.
Loading...

sábado, 20 de junio de 2015

ESTAR LOCO


Resultado de imagen para andreas lubitz familia

Hay muchas maneras de estar loco, incluso, algunas llenas de gracia y creatividad. En cambio, las hay destructivas y perversas. Como la locura que atenta contra la vida de los demás. Por eso les han llamado locos a los pilotos que derrumbaron las Torres Gemelas; loco todo aquél que se ha hecho estallar para matar a otros; locos los que han perpetrado asesinatos masivos. Así, somos impotentes ante lo impredecible de la locura. A pesar de lo que la psiquiatría ha estudiado; una mente perturbada siempre encuentra un camino inédito para expresarse. Entonces, se decretan medidas cautelarías: “para que no vuelva a suceder”, dicen.
El 24 de marzo de este año, el copiloto alemán Andreas Lubitz, estrellóstrellar el Airbus A320 de Germanwings en los Alpes franceses, en donde murieron 150 personas (dos jóvenes mexicanas, entre ellos). Desde el 11 de septiembre del 2001, se decidió que para evitar que los terroristas tuvieran acceso a la cabina de control, ésta sólo se abriría por dentro. Irónicamente, esta vez el asesino iba adentro. La puerta quedó sellada de tal forma que el piloto, que había ido al baño, ya no pudo entrar.
A Lubitz le habían diagnosticado “Depresión con tendencias suicidas”. Y es extraño, porque no es común oír que una persona deprimida se convierta en asesina. Lo usual es que escuchemos que se hacen daño sólo a sí mismas. Por lo que obliga a que el sistema de selección de pilotos sea reformado. Ya no sólo se tratará de pruebas psicológicas o psiquiátricas, sino de exámenes neurológicos y bioquímicos específicos. Lubitz de 27 años de edad, aparentemente estaba deprimido, recién había roto su compromiso matrimonial e iba a tener un hijo con quien llevaba 10 años de relación.
“La depresión es la peor enfermedad que una persona puede padecer”, asegura, el neurocientífico estadounidense Robert Sapolsky. La depresión es un padecimiento grave por la ignorancia que existe en torno a ésta y porque muchas personas creen que es cuestión de voluntad. Según la OMS, actualmente la depresión ocupa el 4º. lugar de incapacidad laboral, después de la diabetes, hipertensión y enfermedades cardiovasculares; dentro de 10 años será la segunda causa. El 50 % de la población ha tenido depresión en algún momento de su vida. Ello explica la gran cantidad de antidepresivos que hay en el mercado.
Sin embargo, la depresión es una de las enfermedades más complejas. En una conferencia impartida por Sapolsky, titulada: “On depression” (Youtube), explica porque la depresión no se pueda modificar a voluntad, como muchos creen. Allí, el científico expone las alteraciones bioquímicas cerebrales que provocan que las personas depresivas tengan anodinia (pérdida del placer), culpa, retardo sicomotor (desgano), autoengaño, deseos de autoagredirse (en algunos casos suicidio) y trastornos del sueños. En la depresión existe deficiencia de algunos neurotrasmisores como serotonina, dopamina y noradrenalina. Por eso cuando éstas disminuyen el estado de ánimo de una persona no se puede mejorar con un “anímate”, “échale ganas” o “ponte las pilas”. Sapolsky explica que eso equivaldría a decirle a un paciente con diabetes tipo I: “Vamos, anímate, ponte a fabricar tu propia insulina”, así de absurdo.

Hay grandes avances en el conocimiento de la depresión, aun así se estigmatiza a quien la padece. Pues es verdad que se crean asociaciones para recaudar fondos para  padecimientos raros, más no para las alteraciones psiquiátricas. Robert Sapolsky describe cómo varios pacientes con cáncer están agradecidos con la vida por padecerlo, pues aprenden a disfrutar cada momento de su vida. En contraste, la depresión no tiene ninguna compensación ya que parte de los síntomas es, precisamente, la incapacidad para sentir placer. Tal vez si Lubitz, hubiera tenido un tratamiento y diagnóstico adecuados, se habría evitado la tragedia. No es tan trivial como decir: “¡Ah, estaba loco!” Tristemente tenía razón cuando dijo: “Todo cambiará…”, y cambiará, especialmente para los pilotos. Aunque la responsabilidad recaerá sobre los médicos que evalúan quién está apto mentalmente, o no, para ser piloto.

sábado, 6 de junio de 2015

A YUCATÁN CON CEFALEA

Resultado de imagen para uxmal piramides
Un miércoles, a las 2 de la tarde y con 40 grados centígrados, llegamos a Mérida, Yucatán. Cerca de donde algunos científicos consideran que hace 65 millones de años cayó un meteorito que permitió que la tierra se reseteara. Llegamos al lugar de los mayas y sus imponentes pirámides. Yucatán, estado de pueblos mágicos; de la ceiba y el henequén; de la jarana y la vaquería; de la cochinita pibil, el poc-chuc, el chimole, los papadzules, el relleno negro, la sopa de lima, el chile habanero y el dulce de papaya. Pasear por esta tierra fue como estar en paz con todo. Aunque, en este viaje hubo momentos en que la paz no estaba conmigo.
 Una de esas noches yucatecas, oí a un grupo de niños que cantaban en lengua maya canciones que yo no entendía, pero que podía sentir. Ellos eran pequeños y con gracia. Bailaban un poco de jarana y gritaban: “¡Bomba!: Un yucateco de una iglesia se cayó y ni un hueso se rompió, porque él, de cabeza cayó”. Caminé las calles del centro histórico, vi sus iglesias del siglo XXVI y XXVII. Buscaba los motivos de los conquistadores entre aquellas construcciones de gruesos muros, tan gruesos como de metro y medio. “Iglesias católicas hechas de las piedras de pirámides destruidas”, así lo decía un meridano y señalaba los símbolos mayas inscritos en algunas losas que forman parte de las construcciones. En el templo de la virgen del Carmen, se exhibían grandes cuadros que representaban la vida de Cristo: de niño, en el juicio (cuando Poncio Pilatos se lava las manos)  en el viacrucis y la resurrección. Éstas son obras muy emotivas.
         Un día fuimos a Celestún. Una lancha nos llevaba por un río limpio y apacible. Vi manglares y sólo algunos flamencos. Pocos flamencos porque: “no es época de que estén aquí. Ahora están incubando”, dijo el conductor. Mientras la lancha avanzaba, veía garzas, pelícanos, águilas, patos… Había unas pozas azules donde las personas podían nadar. Después fuimos al mar, a ese mar azul turquesa.

         Un día más, la naturaleza me dio un pequeño revés. Fui atacada por un dolor de cabeza que no cedió a los analgésicos y trasformó mi ánimo. Aun así, subí al camión turístico. Un hombre nos guiaba hacía las pirámides de Uxmal. Yo lo escuchaba aturdida por la cefalea que me amargaba, por eso cuando él decía cosas como: “Dicen que…”, “se cree…”, “tal vez…” yo renegaba para mis adentros. “Bah, ¿y la historiografía? ¿Y los datos duros”. Yo respondía muda a sus enseñanzas: “Este es la montaña más grande que tenemos por el momento”. A lo que yo respondía: “¿Hasta el momento?, quizá por la tarde nazca otra.” El hombre prevenía: “En Yucatán, la comida es muy condimentada y con frecuencia hace muchos estragos”. En mi estado semiconsciente agregaba: “Sí, condimentada con salmonella. Ya supimos de varios casos de diarrea”. Después dijo que las pirámides tenían más de mil quinientos años y que estaba comprobado por pruebas de carbono 14”. A pesar de que: “El carbono 14 sólo se realiza en materia orgánica, no en piedras”. Después nos dijo que tuviéramos a la mano identificación porque las personas “normales” pagaban menos que los extranjeros, “¿los extranjeros eran anormales?”. Sin dolor de cabeza todo esto me hubiera parecido gracioso, pero... Alguien le preguntó en francés no sé qué cosa, a lo que él respondió en ese idioma y dijo que también hablaba alemán. Con eso me aplacó, un poco. Subí a la pirámide permitida casi ahogándome, con la decepción de que a mi condición física la tenía sobrevalorada. Esa vez, después de comer regresamos al espectáculo de luz y sonido en las pirámides, algo muy emotivo a pesar de mi condición de testa adolorida. Se oían pájaros pero también el chillido de murciélagos que sobrevolaban la planicie entre las pirámides. Yo pensé: “No me vayan a contagiar la rabia”. Aunque rabia yo ya tenía. Luego la cefalea desapareció y me permitió disfrutar el resto del viaje. Fue una gran experiencia pisar tierras mayas. El domingo por la noche, de regreso a Torreón me sorprendió que la primavera siguiera fresca.

sábado, 23 de mayo de 2015

CUATRO, TREINTA Y TRES


Una de las disciplinas que me hubiera gustado aprender es la interpretación de música; en piano, violín o en lo que fuera. Pero, eso no fue para mí. Desde luego, estoy lejos de sentirme frustrada por esa razón, y menos ahora que sé que sí puedo tocar una obra. No sólo eso, considero que la interpretaría perfectamente. No creo que haya nadie que pudiera encontrarle defectos a mi ejecución, o al menos dudo mucho que se atrevieran a decir que lo hice mal. Tan segura estoy de lograrlo que alguna vez divagué con ofrecer ese concierto en público. Se trata de una obra que, aunque nació para piano, de igual forma puede ser para timbales, violín, trompeta, chelo o cualquier otro instrumento. Es curioso, nadie ha hecho las adaptaciones para cada ocasión, sin embargo, se creó con la peculiaridad de que se puede tocar con lo que se desee, incluso por una orquesta.
         La composición, la cual sería la única que yo podría interpretar, se llama “Cuatro, treinta y tres” (4´33´´) y como el nombre lo indica, su duración es de cuatro minutos con treinta y tres segundos. Consta de tres movimientos y fue imaginada por el compositor estadounidense John Cage en 1952. Al inicio de cada uno de los movimientos, (que duran 1. 31 minutos, cada uno) está escrita la palabra Tacet del latín calla, es decir silencio. Esta obra ha sido interpretada ante los más variados públicos y en muchas salas de prestigio (se pueden ver las muestras en Youtube). Lo extraordinario de estas partituras es que todo lo que tiene escrito es el título de la obra y el de los movimientos. No tiene plasmada, ni una, ni una sola nota. El papel pautado está limpio. Si es una orquesta la que la va interpretar el director llega, levanta la batuta, la baja y en seguida se queda por un minuto y treinta y un segundos, catatónico, al igual que los demás músicos. Esto se repite dos veces más. El director, hasta se limpia el sudor y toda la payasada, sin haber tocado nada de nada. Lo mismo sucede si es pianista o cualquier otro solista. Se supone que la música se produce con el ruido del ambiente.
         Algunos críticos dicen que es una propuesta artística interesante y que cada vez que se tenga esa obra enfrente será una experiencia diferente de ruidos ambientales. Pero, ¿necesitamos de eso para estar conscientes del ambiente? Porque si yo soy fiel a mi instinto, recibo este tipo de creaciones como una simple curiosidad. Imagino si sería posible que el violinista Itzhak Perlman programara, en uno de sus conciertos, el 4’ 33’’ de John Cage, y concluyo que eso no sucederá jamás. Por eso digo que la puedo interpretar, y es verdad. ¿Quién podría decirme que no? La vanguardia es tolerante con cualquier tipo de expresión y los críticos insisten en ensalzar obras que no tienen ningún mérito y ello hace que se ensucie nuestro juicio sobre el verdadero arte. Los críticos hacen que el público dude y generan inseguridad en las personas cuando se tropiezan con obras que no les gustan y terminan aceptándolas porque tal o cual experto dice que son extraordinarias.
         Con frecuencia los artistas hacen innovaciones (de eso se trata), pero alegan como su principal valor, precisamente, que “nadie lo había pensado”. Sin embargo, muchas de esas creaciones no es que a otros no se les hayan ocurrido sino que lo consideraron tonterías y por esa razón no se llevaron a cabo. Imaginemos que en el Barroco, a Vivaldi o a Bach, les hubieran mostrado una obra sin una sola nota, eso sería una simple broma. En cambio ahora se paga por esas expresiones.
Desde luego, sin el silencio no hay música, pero el silencio sin sonido es sólo ruido del ambiente, porque el silencio absoluto sólo existe en el espacio sideral. Los silencios no son algo nuevo en el arte, sabemos de libros en los que únicamente tienen el nombre del autor y el título con más de doscientas páginas en blanco, cuadros con el lienzo mudos, artículos periodísticos publicados en blanco y poemas que no son nada; considero a estos curiosidades (insisto), no más.

Pensándolo bien, y ya que yo no soy músico, me daría mucha vergüenza interpretar el “Cuatro, treinta y tres” de John Cage.

sábado, 9 de mayo de 2015

EL ARTE DE SER JUMENTO


Resultado de imagen para burro blanco


Me pasó una de esas noches en las que no podía dormir, y, como otras veces, decidí leerme un cuento. Ese día le había puesto punto final a un artículo sobre un tema político; para ello había leído múltiples textos. Esa fue la causa del desasosiego que sentía y que no me dejaba dormir. Tenía la sensación de haber entrado a un gran contenedor de basura en donde yo buscaba algo a lo que  pudiera darle una apariencia diferente. Pero en el intento, sin remedio,  mi mente se llenó de inmundicia; decidí limpiarla y tomé el libro de Platero y yo del malagueño Juan Ramón Jiménez (1881-1956). Esa hermosa narración poética fue un baño de cielo, un respiro de verdes prados y aves canoras, una probada de tierra húmeda. Fue la mirada de inocencia que necesitaba para ver la belleza del este mundo.
         Platero y yo, es la historia de la relación de un hombre y un burro. Especialmente, es la vida y muerte de un asno que parece estar hecho de algodón y que se llama Platero. Después de toparme con la ternura de este blanco rebuznador, me puse a pensar en tantos jumentos, rucios, onagros, pollinos o asnos que tiene la historia. Sí, hay muchos burros importantes, tantos, que no podría enumerarlos. Desde luego no esperemos que tengan la fama de sus parientes  caballos, como el Rocinante de don Quijote, el Babieca del Cid Campeador, el (senador) Incitatus de Calígula, el Lazlos de Mahoma, el Bucéfalo de Alejandro Magno, el Merengo de Napoleón, el Siete Leguas de Villa y hasta uno de madera que es el de Troya, entre otros.
         El primer burro que aparece en la Biblia lo hace como cadáver, en forma de arma huesuda. Se trata del primer asesinato de la historia de la humanidad que, según Moisés, fue perpetrado con una quijada de burro cuando Caín mató a su hermano Abel. Luego Sansón con otra quijada asnal da muerte a mil filisteos. De manera que el miedo sí puede andar en (quijada de) burro. En el Nuevo Testamento aparece otro burro ilustre y es el transporte de María a Belén. E igualmente la entrada de Cristo a Jerusalén es en uno de éstos: “He aquí, tu rey viene a ti, justo y dotado de salvación, humilde, montado en un asno, en un pollino, hijo de asna” Zacarias 9:9
         Otro asno célebre, aunque también sin nombre, es el que acompaña a Sancho Panza,  el escudero de don Quijote. “El asno de Sancho” y aquí, el enunciado aplica en los dos sentidos: en el de pertenecía y en el de ausencia de inteligencia. Al menos eso es lo que frecuentemente le dice don Quijote a Panza, “falto de entendimiento”. Aunque en realidad Sancho no es menso, Cervantes lo personifica como bastante ingenioso. Algunos han dicho que este  asno se llama Rucio, pero rucio es sinónimo de burro y  El ingenioso Hidalgo... se refiere a él así, sin mayúscula. También es famoso porque en el capítulo XXIII de la novela  se lo roban, desaparece,  y en el capítulo XXX vuelve sin ninguna explicación. Miguel de Cervantes se olvidó de ese robo; se dieron cuenta de eso después de la primera publicación.       
         Siempre me han gustado estos animales tradicionalmente de carga, (“trabajo como burro”, dicen) pero considero han sido discriminados porque los comparan con las personas tontas. Por eso antes, cuando parte de la educación era basada en la humillación, se les ponían orejas de burro a los niños. Recuerdo que en el lugar donde fui niña era frecuente oír sus rebuznos. Desde entonces el sonido que emiten me parece nostálgico. Ahora mismo vienen a mi mente otras significaciones asnales, por ejemplo: los niños que jugaban al “bríncate burro” diciendo frases muy chistosas y que en las kermeses nos vendaban los ojos para competir a ver quién le ponía la cola al burro. En fin, en el lenguaje cotidiano lo encontramos en las comidas de “burritos” o en el trabajo doméstico en los burros de planchar ropa. Sin embargo, con todo y la primavera, algunos dicen que los asnos están en peligro de extinción. Quién sabe si sea cierto.

Mientras escribo esto, suspiro y recuerdo que es tan fácil, y tan difícil, ser el burro que tocó la flauta. Por eso para ser ese burro se requiere arte. El arte que siempre estará allí para salvarnos de la inmundicia.

sábado, 25 de abril de 2015

VOLUMINOSOS


En un mitin, un grupo de maestros protestaban por los bajos sueldos que recibían. Traían pancartas y camisetas con una denuncia: “¡Tenemos hambre!” Las letras en sus camisetas aparecían deformes, ensanchándose en cada voluminoso abdomen. El gobernante, blanco de los gritos de “tenemos hambre”, sólo murmuraba: ‘Sí, se nota, se nota’”. La anterior es una imagen cada vez más frecuente en México. Antes, la palabra pobreza se asociaba siempre con cuerpos enflaquecidos, ahora, no necesariamente.
En esta época de paradojas, es extraño escuchar la noticia de que México tiene 50 millones de pobres y en contraparte asegurar que el 70 % de la población padece sobrepeso.  Es decir, de 112 millones, 56 de éstos son pobres pero 78.4 millones tiene sobrepeso u obesidad. Las cifras parecen contradictorias, ¿por qué un gran porcentaje de la población pobre es obesa si para comer se necesita dinero? Desde luego, la pobreza de los mexicanos no sólo es cuestión de comida, lo es también porque no tienen los servicios básicos de agua potable, luz eléctrica; además de que carecen de educación y una vivienda digna.
En los últimos años, México enfrenta un serio problema de salud pública debido al aumento de peso de sus habitantes. Sí, nos hemos vuelto muy voluminosos, ocupamos más lugar en el espacio porque tenemos más masa corporal. Aunque se ha dicho que somos el país más obeso del mundo,  no es así, pero eso no significa ningún alivio. De manera decreciente estos son los diez países más obesos: Estados Unidos,  China, India, Rusia, Brasil, México, Egipto, Alemania, Pakistán, Indonesia. Nos encontramos en el sexto lugar, es curioso que países pobres compartan el mismo problema de otros que son ricos, como Estados Unidos o Alemania. ¿Qué está pasando? ¿Por qué los países pobres también comen en exceso? Establezcamos que son pocas las personas que tienen problemas endocrinos o metabólicos que favorecen la obesidad, de manera que en casi todos los casos se trata de que hay sobrealimento; se come más de lo necesario, independientemente del origen de sus calorías, ya sea carbohidratos, proteínas o grasas. Por supuesto la dieta del mexicano está  basadas en carbohidratos (refrescos, pan, tortilla, arroz y frijoles) que son los que más fácil hacen engordar; comemos pocas frutas y verduras.
Pero, qué está haciendo el gobierno de México para mejorar las cifras de la epidemia de obesidad. Bueno, han implementado campañas para quitar la comida llamada chatarra de las escuelas, en las instituciones de salud están pesando a los pacientes y les sugirieren bajar de peso dándoles un esquema de alimentación y ejercicio.
Sin embargo, otra de las causas del sobrepeso es el sedentarismo. Las personas ya no quieren moverse, los niños están metidos en la computadora o en la televisión y ya no salen a correr.  Por eso es indignante que el gobierno de Enrique Peña Nieto esté regalando televisores a las personas. Al parecer la televisión es el símbolo de su sexenio, (visto por varios ángulos). Claro, la gente está muy contenta. Pero, no sería preferible mejorar las condiciones de empleo, favorecer la estabilidad del país y establecer la educación como una prioridad. Eso, sabemos, no será posible en este sexenio.
Si bien es cierto, la obesidad es un problema que surge de manera individual. Ni modo de que se culpe al gobierno de que tal o cuál persona sea obesa. Pero, es importante difundir medidas preventivas y terapéuticas, así como crear  centros deportivos; que en las escuelas sea realmente importante la materia de educación física y  que se apoye al deporte amateur. Porque cada vez que se descubre que algún  joven tiene habilidades para algún deporte se topa con que a nadie le interesa apoyarlo, en ese sentido deben ser los subsidios, no regalando televisores.

El problema de obesidad hará gastar a los gobiernos más de lo que se pueden imaginar. No habrá dinero que alcancé para curar las enfermedades derivadas de la obesidad como diabetes, hipertensión, cáncer, por mencionar las más frecuentes. La obesidad, un problema voluminoso.

miércoles, 22 de abril de 2015

LA OTRA CARMEN


Resultado de imagen para carmen salinasEn las últimas semanas, en México se habla mucho de dos mujeres de nombre Carmen, entre ellas no hay muchas coincidencias. Más bien, parecieran ser la antítesis, una de la otra. La primera, Carmen Aristegui, de 50 años, periodista inteligente, Lic. en Comunicación por la UNAM; ha exhibido la corrupción de políticos (especialmente del PRI), por lo que la han tratado de censurar, y, aunque no con mucho éxito, sí la han castigado quitándole el atractivo sueldo que recibía de la empresa MVS. Esta Carmen ha provocado discusiones apasionadas en todos los medios de comunicación. Unos en contra, otros a favor. Y está la otra Carmen, la de 81 años, la que, debido a su incursión a en la política mexicana, ha desatado la burla, tanto de profesionales del periodismo como de legos. Carmen Salinas es originaria de Torreón, Coahuila, en donde hay una calle que se llama como ella. Inició su educación primaria en la escuela “Alfonso Rodríguez”, pero no la terminó; en entrevista para El Siglo de Torreón, el 10 de octubre de 2010, declaró: “A duras penas llegué a tercero de primaria y miren hasta dónde he llegado”. No obstante, su poca instrucción no le ha impedido tener éxito como comediante, actriz de películas y telenovelas, productora teatral, y ahora, candidata a diputada federal plurinominal por el PRI. Lo que habla de que no es tonta. Claro, no habrá que juzgar su inteligencia preguntándole sobre cuáles libros han marcado su vida, probablemente no  existan.

¿Qué motivó a César Camacho, presidente del PRI, para invitar a esta octogenaria a ser diputada?: Se trata de su popularidad, sólo de eso. Una ración más de circo. No creo que hubiera pensado que Carmen Salinas fuera aportar disertaciones brillantes entre los diputados... Leer artículo completo

sábado, 11 de abril de 2015

BORGES, JUNG Y EL I CHING


I Ching

Entre los estantes de filosofía de una librería, encontré el Libro de las mutaciones también conocido como I Ching, Yi Ching, Jiying o I King, para muchos se trata sólo de un texto esotérico de utilidad adivinatoria pero para otros es un libro de sabiduría milenaria. En esta edición, traducida del chino al alemán por Richard Wilhelm y del alemán al español por D.J. Vogelmann, me sorprendió ver que contenía un prólogo del psiquiatra suizo Carl Gustav Jung y una poesía del escritor argentino Jorge Luis Borges. La sorpresa me vino porque el esoterismo es despreciado por muchos científicos y literatos, ya que lo consideran charlatanería y propio de ignorantes; una contradicción a ese pensamiento es que Borges y Jung estén juntos en esta edición argentina, publicada por Editorial Hermes en 1960. Supongo que al pasar de los años, algunos aceptamos que el misterio es parte de la vida y que, nos guste o no, la magia está allí, porque no podemos explicar el Universo. Tal vez, algún día sea revelado el secreto de la vida, la muerte y el Universo, el caso es que hasta ahora se han tratado de explicar religiosa y científicamente, pero ni uno ni otro han convencido del todo.
         La participación de Borges fue a petición de Vogelmann con los versos que tituló: “Poema para la versión del I Ching de Richard Wilhelm” y habla de lo irremediable que es el pasado pero también de lo inevitable del futuro, considerando que en el presente somos ya lo que fuimos y lo que seremos para después llegar a la inevitable fatalidad, dice así: El porvenir es tan irrevocable/ Como el rígido ayer. No hay una cosa/ Que no sea una letra silenciosa/ De la eterna escritura indescifrable/ Cuyo libro es el tiempo. Quien se aleja/ De su casa ya ha vuelto. Nuestra vida/ Es la senda futura y recorrida./ El rigor ha tejido la madeja./ No te arredres. La ergástula es oscura,/ La firme trama es de incesante hierro,/ Pero en algún recodo de tu encierro/ Puede haber una luz, una hendidura./ El camino es fatal como la flecha./ Pero en las grietas está Dios, que acecha.
         El prólogo de Carl G. Jung es extenso y al principio, a manera de disculpa, aclara que él no es especialista en cultura china: “Como no soy sinólogo, una presentación del Libro de las mutaciones preparada por mi habrá de ser un testimonio de mi experiencia personal…” Explica lo difícil que es para la mente occidental comprender la cultura oriental y específicamente la cultura china, habla de las diferencias en la percepción del azar o la casualidad y de cómo nosotros pensamos más en la causalidad. El I Ching se usa para el arte adivinatorio lanzando palillos o monedas que dan un número de donde surgen las direcciones de los textos (hexagramas) que proporcionaran el consejo solicitado, generalmente, la comprensión es fácil. Para su prólogo, Jung, jugó consultando al I Ching como si la propia obra fuera un personaje; le preguntó el “dictamen sobre su situación actual” el libro hablaría sobre la importancia de su presentación en occidente. En la interpretación de Jung el I Ching arroja las siguientes ideas: “Contengo alimento (espiritual). Y en vista de que participar en algo grande siempre despierta envidia, el coro de los envidiosos es parte del cuadro (…) pero su enemistad es en vano la riqueza del I Ching está asegurada…” El oráculo no se equivocó, este método adivinatorio es de los más visitados, desde que se creó hasta la actualidad, las consultas van desde problemas amorosos hasta el planteamiento de estrategias de guerra.

         El I Ching puede ser leído como filosofía o literatura china, pero para la mayoría es un ser animado en el que se manifiestan “agentes espirituales”. Esta obra tiene una antigüedad de más de tres milenios, fue escrito mil doscientos años antes de Cristo. Se considera de origen taoísta pero una parte se le atribuye a Confucio, de manera que no se sabe claramente quién lo escribió. Es un libro lleno imágenes poéticas y sentencias sabias. No tiene una cronología que nos haga mantener el interés para leerlo de manera lineal. Entonces, hablo de un libro del que sólo he leído (bien) el prólogo de Jung y el poema de Borges que contiene.