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Angélica López Gándara (Francisco I. Madero, Dgo. 1964) Se tituló de médico en la UAC. Perteneció al taller literario de Saúl Rosales. Escribe cuento y ensayo. Colabora regularmente en la revista Siglo Nuevo, suplemento del periódico El Siglo de Torreón en donde también se ha desempeñado como editorialista. Ha publicado en las revistas: Estepa del Nazas, Acequias, Cultura de Veracruz, La Manzana, Intermezzo y Edukt, además en los libros colectivos Enseñanza superior, Coral para Enriqueta Ochoa, Voces del desierto, Sinfonía a doce voces y Cien puertas de Torreón. Coconductora del programa “Las letras al aire” de radio Torreón. Obtuvo el Premio Estatal de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre” en el año 2000. El peor de los pecados es su primer libro de cuentos.
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viernes, 20 de marzo de 2015

OBSESIÓN POR LA “A”


2014, fue nombrado por el Gobierno del Estado de Coahuila como el “Año de las y los jóvenes coahuilenses” ¿Por qué usaron los artículos “los y las”? ¿No hubiera sido mejor utilizar la frase “Año de la juventud coahuilense”, tomando en cuenta que no excluye a nadie? Con la justificación de la no discriminación a la mujer, la feminización del lenguaje ha caído en el absurdo. Especialmente los políticos se han excedido en el uso de palabras que, ellos creen, deben llevar la “A” femenina y no la “O” masculina. Se han obsesionado tanto con la “A” que a todos los sustantivos masculinos se la quieren poner. Así, llevan sus discursos a la ridiculez. Afortunadamente, los medios de comunicación escritos y hablados no han entraron, del todo, en esa práctica feminizadora, pues tendrían que ampliar sus espacios para transmitir ideas llenas de divagaciones, en lugar de ideas claras y sintetizadas.
        Resulta molesto que cada vez que se está aludiendo a hombres y mujeres, (para que nadie se sienta ofendido) esto sea aclarado, como en el caso de: “Las funcionarias y los funcionarios”, “Los compañeros y las compañeras”, etcétera, porque hasta a los defensores de esta forma de hablar les es imposible sostenerla, no los escucharemos decir: “El perro y la perra son los y las mejores amigos y amigas del hombre y la mujer”. Es realmente pesado escribir o hablar en esa forma. Por eso han surgido propuestas que pretenden evitar tanto la redundancia como la discriminación, una de ellas es que a toda palabra que excluya a uno de los dos sexos se le deseché la “a” o la “o” sustituyéndola por una “e” y que nos expresemos así: “Querides amigues”, por ejemplo. En fin, todo esto se ha prestado para muchos juegos y burlas.
Otros, para evitar la duplicación de la palabras prefieren sustituir la repetición con la arroba (@) para referirse a ambos sexos. Desde luego, esto se puede hacer en la comunicación escrita; todo mundo lo entiende porque tiene una “a” contenida en un “o”, pero, ¿cómo deberíamos leer en voz alta amig@s? ¿Sería amigoas o amigaos? Ese es el principio del problema. Sin embargo, esto no evitará que se siga usando, aunque se trate de una aberración lingüística porque la arroba no es una letra sino un símbolo de origen árabe que representa una medida de peso. En inglés @ se pronuncia “at” (que significa “en” o “a”) y, ya se sabe, se utiliza para especificar direcciones de Internet.
Lo cierto es que estamos ante una resignificación del lenguaje;  encontramos que los oficios y profesiones se han feminizado, ahora existen juezas, médicas, ingenieras, carpinteras, etcétera. Mucho se ha ganado. E igualmente se ha insistido sobre las frases discriminatorias hacia la mujer; uno de los ejemplos más citados es cuando se habla del “hombre público” refiriéndose a los funcionarios, pero cuando se dice “mujer pública” se piensa en la prostituta, porque hay que tomar en cuenta que antaño el hombre no se prostituía y la mujer no ocupaba cargos públicos. Existen muchas expresiones que segregan a la mujer, no obstante, el diccionario poco a poco lo ha ido modificando a nuestro favor.
Tomando en cuenta que tenemos muchos recursos en nuestro idioma no son necesarias prácticas que abonan más a la ignorancia que a la equidad de género. Desde luego, el idioma español se irá reformando con creatividad y no en detrimentos de la economía y la estética del lenguaje. La feminización del lenguaje ha surgido como una expresión obligada y ciertos conceptos se tendrán que dirigir hacia el hombre y la mujer específicamente, sin embargo, ello no significa que se haga de manera innecesaria y repetitiva.

El respeto a la mujer no se centra en decir “los y las” sino en función de la igualdad en los sueldos, en que no haya feminicidios ni mujeres maltratadas, entre otros. Es imprescindible persuadir a través del lenguaje, pero duplicar las palabras en los discursos, cambiándolas con la inserción de una “A”,  es sólo un ardid político.

sábado, 14 de marzo de 2015

EL PARTO DE LOS CERROS DE ESTRADA RETES

“Hace mucho, en tiempos muy remotos los montes daban señales de parir, y los hombres esperaban ese parto con mucho miedo y asombro porque no sabían qué clase de monstruo iban a expulsar. Al fin, resultó que el temible fruto de los montes era un inofensivo ratón, lo cual causó carcajadas de los hombres.” Esta fábula de Esopo, cuyo nombre es “El parto de los montes” nos conduce al libro: El parto de los cerros. La moraleja de la fábula dice que los sucesos que se anuncian con mucho escándalo frecuentemente resultan poco importantes. Señalo esto porque la novela del Dr. José Alberto Estrada Retes, es justo lo contrario: nació de manera silenciosa, sin embargo, se trata de un libro con muchas cualidades; tiene una estructura sólida y mantiene una trama con argumentos bien logrados, es un documento que retrata de manera fiel algunos sectores de nuestra sociedad de finales del siglo XX.
En 15 capítulos y 189 páginas y a través de a un narrador omnisciente, el autor cuenta una conmovedora historia, escrita con un lenguaje sencillo que abarca los coloquialismos laguneros. Describe al Torreón de amaneceres de fuego y atardeceres de multicolor nostalgia. Torreón, el de ayer y el de hoy, envuelto en pobreza y suciedad. Allí, mujeres que, endurecidas por el sufrimiento, no saben llorar, como Gloria la de mirada boba, madre de Ruth. Ruth, de 13 años, con dolores de parto para dar a luz a Abel. La niña sola en un jacal de desgracias, cohabitando con la ruindad, el hambre y la inocencia. Inocencia que, a pesar de su cuerpo violentado, no alcanzó a perder. Ahogada, la sangre la fue abandonando con lentitud. Una mancha negra, en el viejo colchón, sello para siempre el deshonor. Parió a su hijo-hermano que fue salvado por su tío-hermano. A ella la salvó la muerte.
El pequeño Abel, recién nacido y moribundo, llegó al hospital Infantil. Y este es el pretexto del autor para adentrarnos a la vida hospitalaria; las carencias de un hospital pobre que atiende a los pobres, donde: “se trabaja con ingenio y con las uñas”. A través de aquel bebé, resultado del incesto, se desprende la sordidez de los protagonistas moradores de una choza del cerro de las Noas, cerca del Cristo del: “Que ya no creen en él”. Así, encontramos a Ezequiel, el borracho que abusa sexualmente de su hija. El que vive de la limosna y que al extender la mano se trasfigura en buen actor para recibir la compasión; fabricante de lástima que logra conseguir dinero para comprar mezcal, o alcohol de farmacia, si no alcanza para más. Acudimos al delirio etílico y reconocemos la corrupción del miserable.
En contrapartida, el autor nos presenta a la Lic. Marcela Burciaga, ignorante y frívola. La corrupción del funcionario gubernamental representada por una mujer preocupada más por el shopping en San Antonio, que por resolver problemas. Compradora compulsiva, compulsiva, igual que su risa, para que no descubran que no entendió el chiste. El escritor la describe como: “…los caballos de tiro a los que se les cubren los ojos de los lados para que sólo vean al frente”. Una tonta que en pos de defender la familia no entiende que de ésta, a veces, hay que huir, porque sus lazos están ensangrentados. El parto de los cerros expone los grandes problemas que, aquí en Torreón, tienen las parejas para adoptar.
El Lagartijo, hermano de la niña muerta, es un personaje entrañable, que, a manera del filósofo cínico Diógenes, camina siempre con su perro y vive en un agujero: “tratando de que el sueño le distraiga el hambre”. Con él, paseamos por la plaza de Armas con una agua celis; por los comics ( Kaliman o Memín Pinguín) por el juego de rondanas o el taconazo; muestra la forma de subirse al tren de mosca; trae una resortera, pasea entre pinabetes y con chiquillos que inhalan thiner, para olvidar el olvido y el desamor. Niño que trabaja de liebrero en el mercado Alianza, cargando las bolsas del mandado de las señoras ricas, o de las monjas: “que son más generosas con sus rezos que con las propinas”. “El parto de los cerros es una novela que retrata aspectos de nuestra ciudad que muchos prefieren ignorar.

*Estrada Retes, José Alberto. El parto de los cerros, PR-Ediciones. Madrid 2013, pp 189.

sábado, 28 de febrero de 2015

PEÑA NIETO Y LA VENTANA DE JOHARI


La ventana de Johari, es una prueba psicológica que fue creada por los psicólogos estadounidenses Joseph Luft y Harry Ingham. Johari es una palabra compuesta con los nombres de los autores. Esta prueba pretende mejorar el conocimiento de sí mismos, tomando en cuenta la manera en que los demás se involucran en la vida de cada individuo. Se trata de un esquema que simula una ventana dividida en cuatro partes: La sección “A” o área abierta que corresponde a lo que los demás saben sobre una persona y que ella también conoce. Sección “B” o área ciega que es lo que los demás saben de esa persona pero que ella ignora. Sección “C” o área oculta, se trata de lo que la persona sabe de sí misma pero que el resto de la gente ignora. Por último, sección “D” o área desconocida, allí está lo que nadie sabe, ni la persona analizada ni los demás. El equilibro entre las áreas constituye un principio de comunicación básica. En seguida, hago un ejercicio lúdico: La ventana de Johari del presidente Enrique Peña Nieto.
Área abierta. Lo que otros saben y que el presidente también: nacimiento en Atlacomulco, Edo. de México (1966), estudios de licenciatura en Derecho en la Universidad Panamericana, maestría en el ITESM, priista, diputado local y gobernador de su estado; que enviudó, se volvió a casar con una popular actriz (juntos suman seis hijos) y qué tiene un hijo fuera del matrimonio; que lo operaron de un nódulo tiroideo, que hizo convenios con las dos principales televisoras (en especial con Televisa) para promover su candidatura a la presidencia, que ha hecho contratos millonarios e irregulares, con el Grupo Higa y con Roberto San Román Widerkehr, para adquirir bienes inmobiliarios, entre otros. Los mexicanos y él, sabemos que tiene muy buena presencia, que es buen orador, que habla mal el inglés y que ha leído poco de literatura.
Área ciega. Lo que otros saben pero que Peña Nieto no se ha enterado: que la ambición que lo llevó a hacer tratos con Televisa, provocó desde principios de su mandato que él perdiera fuerza como gobernante. Idealmente, debió tomar en cuenta a Nicolás Maquiavelo, que dice: “Tú tienes como enemigos a cuantos has ofendido al ocupar el principado y pierdes también a los amigos que te ayudaron a adquirirlo ya que no podrás satisfacerlos de la manera que desean”. El presidente obtuvo lo que quería pero en el camino hizo que Televisa tuviera dominio sobre él, ya que la alianza, presidencia-televisión, se ha vuelto en su contra, pues ésta lo desprestigia. Los políticos que se asocian económicamente con los medios de comunicación los fortalecen en detrimento de su propia imagen. Los presidentes duran sólo seis años y Televisa toda la vida; son la dictadura a vencer. Peña Nieto, aumentó el poder de la televisora pero, paradójicamente, el emporio Azcárraga, del mismo modo se desacreditó, resultando una simbiosis contradictoria.
El presidente ignoró que fue mala estrategia viajar a China, después de la masacre de Ayotzinapa, pues había una fuerte tensión social. Los ataques a su persona hubieran disminuido si supiera que un gobernante: “Teniendo en cuenta la rebelión, se muestra más cauto, asegurando su firmeza en el poder, condenando a los delincuentes, buscando a los enemigos y reforzando las zonas más débiles.” (Maquiavelo, dixit).
Área oculta. Lo que desconocemos del presidente pero que él sí sabe: la verdad sobre la muerte de su esposa, la magnitud de su enfermedad tiroidea, cuál es el trasfondo de las reformas energéticas y de todos los negocios que tiene con amigos y empresas desde que era gobernador del estado de México, si ha considerado la posibilidad de renunciar, a quién piensa destituir de sus puestos, sus miedos y sus certezas.
Área desconocida. Lo que nadie sabe, ni él ni nosotros: si va a terminar el sexenio, quién será su sucesor, cuál será su deterioro físico y mental por estar sometido a tanto estrés y cómo quedará su vida familiar después de los golpes del poder.
Creo que la parte más importante es el área ciega. Es preciso que un mandatario reduzca las diferencias entre la relación de lo que los demás saben  sobre su persona pero que él ignora. Sobre todo tratándose del destino de un país.

domingo, 15 de febrero de 2015

TODOS LOS AMORES SON RIDÍCULOS (Parte II)


En El libro de los amores ridículos, igual que en la novela La insoportable levedad del ser de Milan Kundera, las historias se desarrollan en el desacuerdo en torno al régimen comunista, pero también, en cómo quebrantar la monogamia. Los personajes masculinos, especialmente, son incapaces de ser fieles. El deseo de huir de la dictadura gobernante se aplica, además, a quien no acepta la tiranía de amor. Así, los seductores gritan su libertad a través de la sexualidad: “La erección es una insurrección, el cuerpo excitado altera los dictados del orden establecido” como dice Pascal Bruckner en su ensayo Las paradojas del amor. Los personajes de Kundera abrazan sus instintos para obtener la libertad. Aunque, el acto sexual es importante siempre y cuando no se haya conseguido, porque una vez consumado pierde relevancia, hasta que surge de nuevo la necesidad; como cualquier instinto que atrae la atención sólo en la insatisfacción, es decir, sólo si no ha sido atendido.
La energía de los protagonistas se dirige al juego de la seducción que termina en un acto sexual sin consecuencias. Entonces, uno entorna la mirada y como mujer se pregunta si no es éste un enfoque meramente masculino y que el escritor checo no tuvo la doble visión de los narradores que han sido capaces de fascinar por su manera de captar la esencia femenina (no únicamente la del hombre) como lo hicieron Gustave Flaubert con su Emma Bovary o Henrik Ibsen con su muñeca Nora e incluso Alejandro Dumas con su Margarita (la de las camelias), por mencionar algunos­­­­. Todas esas mujeres literarias sufren las consecuencias al protestar ante una dictadura sexual moralizada por una sociedad machista. 
Volviendo a la ridiculez de los amores y a la mercadotecnia que se da de manera natural en todas las relaciones. En El libro de los amores ridículos, los amores se cotizan como en todo mercado que está sujeto a la oferta y la demanda. Por ejemplo, en el relato “El Dr. Havel al cabo de veinte años” en el que Kundera retoma a uno de los protagonistas de “Symposion”: Un Dr. Havel envejecido acude por enfermedad a un balneario en donde trata de poner en práctica sus encantos donjuanescos de antaño. Él se deprime al darse cuenta que a nadie estimula, ni aun cuando, ante la masajista del balneario, se apresura a sumir la panza y a expandir el pecho. El doctor no se resigna a dejar de ser un conquistador e intenta poses francamente ridículas que sólo provocan desprecio. Luego, hace que su esposa vaya a visitarlo. Se trata de una actriz bella y famosa, pero, insegura y celosa. Havel busca que lo vean con su hermosa mujer para, de esa manera, subir el precio de sus acciones. Y lo logra. Después de verlo con la actriz las demás mujeres muestran interés por él. Si ese hombre es capaz de tener a tan atractiva señora seguramente es un tipo excepcional. Esa es la lectura de aquellas candidatas. El viejo doctor seguro de su renovada plusvalía suelta la panza, se despreocupa y vuelve al coqueteo con muy buenos resultados.
Sin embargo, las transacciones también se darán en la amistad: “La mujer fea espera lograr algo del esplendor de su amiga más guapa; la amiga guapa, a su vez, espera reflejarse con mayor esplendor si la fea le sirve de telón de fondo; de ahí se desprende que nuestra amistad se vea sometida a continuas pruebas.” Escribe Kundera, al parecer buscamos espejos que reflejen la imagen que mejor nos acomode, si bien, no siempre es la más fidedigna. 
El misterio del amor persistirá pero siempre surgirán las situaciones ridículas y de mercadeo que unirán o destrozarán las relaciones. Baste asomarnos a nuestra propia historia, o más fácil aún, a la historia de otras parejas y tendremos a la vista la ridiculez, desde la cursi costumbre de los apodos hasta los chistes repetidos que no tienen ninguna gracia para terceros. Vayamos a ver a los grandes amores de la literatura a los adolescentes suicidas Romeo y Julieta, al loco de don Quijote y su Dulcinea, aquella mujer robusta que no se bañaba y que olía a ajos y cebollas, al cándido Cándido y su Cunegunda, gruñona, fea y maloliente, y etc.

sábado, 31 de enero de 2015

TODOS LOS AMORES SON RIDÍCULOS (Parte I)


Lo que me dice El libro de los amores ridículos del checo Milan Kundera, es sobre el arte de la seducción y de cómo el hombre y la mujer luchan por establecer un mercado amoroso que sitúe su ego en la más alta plusvalía. Con esta obra puedo deducir que, de una, o muchas formas, todos los amores son ridículos y factibles de negociaciones. Para asegurar el aspecto negociable recurro a Philip Koter que define la mercadotecnia como: “El proceso social y administrativo por el que los grupos e individuos satisfacen sus necesidades al crear e intercambiar bienes y servicios”. Y para defender la ridiculez del amor está el libro de Kundera. El amor es un bien y el sexo es un servicio y ambos son necesidades que hay que satisfacer, de allí surge el mercadeo que visto por terceros resulta, casi siempre, risible. Aunque este escritor nunca menciona la idea de la transacción mercadotécnica, como lectora observo el regateo emocional entre los protagonistas de estos siete relatos. Desde luego, no se trata de un vulgar convenio monetario (que puede darse) sino del trueque de otras posesiones como belleza, juventud, candor, malicia, fama, poder, prestigio, experiencia, conocimiento e inteligencia, valores que confunden a los comerciantes y consumidores (ambos en uno solo) porque éstos son de gran volatilidad.
         En el relato “Nadie se va a reír”, un profesor universitario es amante de Klara, una muchacha trece años más joven que él. La historia se desencadena cuando, al también crítico de arte, le piden escribir su opinión sobre un ensayo mediocre, pero el profesor se niega a hacerlo. En torno a este hecho se da la pérdida de su amor. El enamorado de Klara afirma: “me gustaba; era hermosa; yo disfrutaba de que la gente nos mirase cuando íbamos juntos”. Belleza por prestigio; las monedas cambiaras. La joven obtenía satisfacción al ser parte de la vida de un prominente intelectual y obtenía la ilusión generada por las promesas de su amante de convertirla en modelo, siendo costurera. Después el profesor pierde el prestigio, el trabajo y, por supuesto, a Klara. Para la chica aquel hombre atractivo deja de serlo y lo traiciona. Es ridículo porque el protagonista principal cuenta muchas mentiras para evitar decir otra mentira que para él es mayor, porque significa la infidelidad a sí mismo. Halagar o destrozar un bodrio literario de un seudointelectual, de cualquier modo le representaba pérdidas. “Tú crees que todas las mentiras son iguales y parece que tuvieras razón. Pero no la tienes”; ninguna mentira vale lo mismo que otra e igualmente hay disparidad en el valor de cada verdad. Así, las variables de la ecuación amorosa cambian, y por lo tanto, el resultado es la ruptura.
         En “Symposion” una historia sobre médicos, presenta una parodia de El banquete de Platón (el mismo escritor así lo explica en su libro de ensayos El arte de la novela). Una enfermera, una doctora y tres doctores, están de guardia en el hospital; se reúnen, toman vino y discuten sobre el amor. Después, una alocada enfermera comienza un baile grotesco en el que simula un striptease. Es aquí donde se habla de que: “el erotismo no es sólo un deseo del cuerpo, sino también un deseo de honor […]  en el erotismo buscamos la imagen de nuestro propio significado e importancia”. De allí que se anhele encontrar con quién suplir nuestras carencias, queremos sentirnos honrados; ambicionamos ser, a través de la persona que deseamos.
En esta historia, dos hombres sienten que la enfermera Alzbeta de hermoso cuerpo y cara, decididamente, fea, los desea. Uno de ellos cree que ella es capaz de suicidarse porque él la rechazó, aunque el intento de suicidio es en realidad un accidente. Aquí, los cuentos que cada quién se cuenta para darse importancia. Luego, salen a flote las ganancias de los involucrados. Todos ganan.
En los personajes de El libro de los amores ridículos, observamos cómo la inconsciencia está al servicio de un destino que creemos poder manipular. Así, el amor es la más engañosa de las necesidades; se juega al amor, se gana o se pierde, pero aún en la pérdida del juego, éste provoca cierta satisfacción.

sábado, 17 de enero de 2015

LOS CUENTOS PROHIBIDOS DE AFANÁSIEV


El libro Cuentos prohibidos rusos, de Alexandr N. Afanásiev (Rusia, 1826-1871) es una colección de relatos cortos que el autor recogió de anécdotas surgidas de la clase media y baja de la Rusia del siglo XIX. A Afanásiev se le conoce también como el “Grimm ruso”, aunque el contenido del libro del que hablaré hoy no se parece a los textos de los hermanos Grimm, pero el resto de su obra sí tiene muchas semejanzas. Sólo un ejemplo: cuándo uno lee el cuento “Basilisa la hermosa” encuentra rasgos de “Blanca nieves” y de “La Cenicienta” con todo y madrasta, hermanastras y príncipe, pero allí la magia la da una muñeca.
Los Cuentos prohibidos rusos fueron escritos entre los años 1855 y 1865, son relatos cómicos, pornográficos y anticlericales, por estos motivos la obra fue censurada en la Rusia zarista; el primer ejemplar se publicó en Ginebra, Suiza, en 1872, un año después de la muerte del autor. “El cuerpo base de la colección de Afanásiev está constituido por cuentos de contenido grosero, erótico”, declara el prologuista Boris Andréievich Uspenski. “Los rusos a menudo hablan de depravación, de vicios, de indecencias… Cuentan todo tipo de relatos obscenos, y al que dice las palabrotas más groseras y hace las burlas más fuera de tono, acompañándolas con gestos groseros del cuerpo, lo consideran el mejor y el más alegre compañero del grupo”, agrega Uspenski citando al viajero alemán Adam Olearius.
En general, se piensa que la literatura pornográfica no trascenderá a su tiempo, pero tenemos como muestra al escritor francés Marqués de Sade (1740-1814) al que muchos llaman escritor erótico, pero hay que hacer la diferencia entre la literatura erótica y la pornográfica. Cuando las relaciones sexuales son descritas con un lenguaje poético, culto y el sexo es implicito, eso es erotismo, pero si la acción sexual es explicita y se mezclan las palabras obscenas, la escatología (me refiero al significado de escatología no en el sentido del destino final de la humanidad, sino en el que abarca la materia y las exhalaciones del final del intestino grueso) y también si el nombre de los genitales no es anatómico o poético sino comparativo con cualquier objeto que se le parezca, eso es franca pornografía. Este es el caso de Cuentos prohibidos rusos, que a diferencia de los relatos de Sade, los del ruso son bastante cómicos. En estas historias no hay límites en las actividades sexuales ya que pueden ser incestuosas o de sodomía o con y entre animales humanizados (prosopopeya): “En el bosque vivía una zorra, más puta que las gallinas. Se iba con todos, fueran osos o lobos. Encuentra al gato y empieza hablar. La zorra dice: Gatofei Ivánovich, tú eres soltero y yo no tengo marido, llévame contigo…” Esto es la representación de la rebelión de la buena conducta; un verdadero grito en el cielo, un válgame Dios. Sin embargo, ya que son cómicos no queda más remedio que la risa, Aunque el tercio último del libro puede cansar porque se vuelven tediosas las historias que tienen una misma estructura y que además, cambiando solamente los personajes, presentan versiones repetidas de las mismas.
Es curioso, en el período que le siguió a la Rusia zarista, con Lenin al mando, se comenzó a condenar a quienes elogiaran el clero. Pero en la época de los zares era prohibido hablar mal de los popes (sacerdotes de la iglesia cristiana ortodoxa) y en este libro los hay degenerados sexuales, corruptos y avariciosos: “Ya se sabe que los popes son por naturaleza codiciosos de los bienes ajenos y nada los hace más felices que echar una buena cagada en la hospitalidad de los demás”. Describe, Afanásiev.
En la edición que leí de editorial A puerta cerrada, (Madrid, 2002) traducida por José V. Garrote, queda claro que el traductor es español pues parte de las palabras obscenas son en el argot de este país, sin embargo respeta otros vocablos como galushki: torta; kóklushka: mujer ucraniana; kokol: hombre ucraniano; matushka: madrecita; bátiushka: padrecito; mijik: campesino; shchi: sopa de col, entre otras. Al final del libro se incluye un glosario de términos.

Es muy atractivo asomarse a la moralidad y sentido del humor de los rusos del siglo XIX y poder comprobar que no somos muy diferentes en estos tópicos. Aunque, ellos con frío y nosotros con calor.

sábado, 3 de enero de 2015

CRÓNICA CHABOCHI

Fotografía cortesía del Lic. Francisco Salcido
Del tiempo más disfrutable de mi vida está cuando me convierto en copiloto de viajes en coche. Me dejo llevar a algún lugar, mientras observo las montañas, la sierra, el bosque o el desierto, según sea el destino a cumplir. Voy, carretera al frente, viendo los mosquitos kamikaze suicidarse en el parabrisas; voy alucinando con un asfalto que se evapora y haciendo figuras de nubes. Me acerco a la niña que fui y veo todo con novedad.
Una tarde fría de domingo, mi esposo y yo, nos enfilamos por la carretera que va a la ciudad de Chihuahua. Él iba a un congreso médico y yo lo acompañaba. El fluir de mi pensamiento se quedaba en los grandes llanos que recorríamos sobre una autopista llena de baches. Después de casi cuatro horas y seis casetas de cobro, llegamos de noche a la ciudad donde fue fusilado el independentista Miguel Hidalgo. Y, como no sabíamos dónde quedaba el hotel Soberano, mi esposo puso a funcionar el GPS de su teléfono celular. Entonces yo, divertida, oía la voz de una española ordenando: “Dirígete al suroeste” y el dueño del GPS respondía con la misma entonación: “Joder, ¿y hacía dónde queda el suroeste?”. Otras, la española daba el aviso: “Gira a la derecha” a lo que se le contestaba: “¡Qué está cerrao por reparaciones, gilipollas!”. Así, entre ostias y jolines, pronto llegamos al hotel.  
La mañana siguiente, previo desayuno, sentada en el lobby del hotel esperaba el camión que nos llevaría, a mí y a los acompañantes que provenían de todo el país, a conocer la ciudad. Leía el periódico. Un señor se acercó y amablemente me pidió la sección local. En seguida él les mostró, a dos jóvenes que lo acompañaban, las imágenes en el periódico de Barrancas del cobre y otros atractivos turísticos. “¡Miren quedó muy bien el anuncio!”, les dijo. Me preguntó si yo venía con los del congreso médico; asentí. Me comentó que él lo iba a inaugurar pues era el Secretario de Turismo de Chihuahua e iba representando al Gobernador. Le pregunté sobre cómo hacía el gobierno para integrar a los indígenas a la vida política y social del estado. Me respondió que los tarahumaras eran muy diferentes a los chabochis (nombre que ellos dan a quienes no pertenecen a su etnia): “No se preocupan por lo que van a comer mañana, sólo les interesa el día de hoy. Tienen una concepción diferente de la vida. Dicen: ‘¿Para qué tengo frío si no tengo cobija?´. Son muy fuertes, algunos son maratonistas de 100 km., hay campeones, hombres y mujeres, que corren con su vestimenta típica y sus huaraches. Hay una anécdota chistosa que cuenta que por un camino iba un rarámuri (o tarahumara) al que le dio alcance una camioneta, sus tripulantes le ofrecieron llevarlo a su destino pero él se negó, diciendo: ‘No, porque llevo apuro’. Y es que en verdad él llegaría más pronto, tomando atajos. El gobierno les ofrece educación, por ejemplo, en la Universidad Tecnológica de la Tarahumara el 50 por ciento de los estudiantes son indígenas; se les dan facilidades de transporte y albergue”.
Le cuestioné sobre los problemas de alfabetización, me dijo que sólo un 4 % de la población de Chihuahua, era analfabeta. También agregó: “En nuestro estado, trabajamos con tres importantes grupos sociales que tienen sus propios idiomas, usos y costumbres: Los menonitas, los mormones y los tarahumaras”.
¿Qué tan frecuente es el mestizaje entre tarahumaras y chabochis?, pregunté: “Sí, si se da. No es raro ver tarahumaras con rasgos diferentes a los de su etnia y al preguntarles el porqué, contestan: ´pasó geniero´ y es que los ingenieros que construyen los caminos a veces se relacionan con sus mujeres y así también se da el mestizaje.” Me platicó que Chihuahua tiene el récord Guinnes en producción de manzana, sobre la diversidad de su agricultura y ganadería y la gran inversión industrial actual que tienen. Luego, el Lic. Francisco Salcido Lozoya, Director de Turismo de Chihuahua y yo, nos despedimos.

 El miércoles  emprendimos el regreso a Torreón por la carretera vendedora de miel, piñones, nueces y baches... Mi cabeza quedó llena de historia, rodeo, baile country, Orquesta Sinfónica de la UACH y también, llena de ganas de que mi ciudad fuera limpia y con automovilistas amables.