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Angélica López Gándara (Francisco I. Madero, Dgo. 1964) Se tituló de médico en la UAC. Perteneció al taller literario de Saúl Rosales. Escribe cuento y ensayo. Colabora regularmente en la revista Siglo Nuevo, suplemento del periódico El Siglo de Torreón en donde también se ha desempeñado como editorialista. Ha publicado en las revistas: Estepa del Nazas, Acequias, Cultura de Veracruz, La Manzana, Intermezzo y Edukt, además en los libros colectivos Enseñanza superior, Coral para Enriqueta Ochoa, Voces del desierto, Sinfonía a doce voces y Cien puertas de Torreón. Coconductora del programa “Las letras al aire” de radio Torreón. Obtuvo el Premio Estatal de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre” en el año 2000. El peor de los pecados es su primer libro de cuentos.
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lunes, 14 de abril de 2014

El ORGULLO NACIONAL

 
Me sorprendió ver cómo los comentaristas mexicanos de espectáculos mostraron un orgullo desbordado cuando se anunciaron los premios Oscar de Lupita Nyong'o y Alfonso Cuarón. Los comunicadores se exaltaron hasta el ridículo. Desde luego, uno puede sentir cierta alegría por un mexicano que recibe reconocimiento internacional, pero, de eso, a llenarse de lágrimas y mocos, hay un gran camino de histeria. Además, considerar a Lupita Nyong’o mexicana es un absurdo, pues su nacimiento en nuestro país fue un mero accidente; sólo vivió aquí un año (algunas páginas de Internet dicen que fueron tres años). Técnicamente es mexicana, pero, sus orígenes y cultura son diferentes a los nuestros. Independientemente de que sea keniana y mexicana, por qué tanto escándalo. Tampoco es que deba disgustar, pero, ¿por qué necesitamos que otros nos presten sus triunfos? Eso es una postura miserable.
Arthur Schopenhauer, en su libro Aforismos sobre el arte de vivir, habla sobre el orgullo: “La forma más barata de orgullo es, no obstante, el orgullo nacional. Pues denota en su portador la carencia de cualidades individuales de las que éste se pudiera sentir orgulloso, ya que, de otro modo, no estaría recurriendo a algo que comparte con millones de personas”. De acuerdo a ello, muchos de los que se emocionan por lo triunfos ajenos seguramente también sienten vergüenza por la mala entraña de los delincuentes de nuestro país. Pero si yo no hice nada para que Cuaròn ganara un Oscar, tampoco moví un dedo para que el Chapo Guzmán fuera el delincuente más buscado en el mundo, por lo tanto, ni me enorgullezco del primero ni me avergüenzo por el segundo. No obstante, me gusta lo que logro Cuaròn. La alegría desbordada mostrada por la colectividad mexicana ante los triunfos ajenos habla mucho del fracaso individual.
Por supuesto, es inevitable el orgullo y la vergüenza por lo que son los otros con lo que compartimos un origen territorial y cultural, pero que la conducta y el estado de ánimo sea dictado por la derrota o el fracaso de los demás, es patético. El ejemplo más común es el de los fanáticos del futbol; algunos seguidores han llegado al extremo de morir si su equipo pierde. Recordemos lo que sucedió en el año de 1950 en la tragedia del estadio Maracaná en Río de Janeiro, Brasil. Se jugaba la final de la Copa Mundial entre Uruguay y Brasil, ganando Uruguay 2-1. Por ello hubo múltiples suicidios por parte de los brasileiros.
Sabemos que la Patria no da mucho para que podamos sentirnos orgullosos y sí da para vergüenzas. Gracias a los criminales que han modificado nuestra forma de vivir y de morir, podríamos decir que es una vergüenza ser mexicano. Sin embargo, habríamos de negarnos a sentir vergüenza por lo que hacen los demás. Antaño un 15 de septiembre podíamos asistir a la plaza principal de nuestra ciudad y gritar exaltados ¡Viva México! Sentir el arrebato de los colores y la música, creernos libres, sólo por eso. Jugábamos a que éramos independientes. Ahora no podemos jugar sin sentir temor.
Aunque la vanagloria mexicana nunca se ha proclamado para todos, pues también es frecuente que muchas personas se avergüenzan de su origen; el lugar, los rasgos físicos y el medio sociocultural al que pertenecemos son motivo de apocamiento a pesar de que no dependen de nuestra decisión. Así pues, por qué he de sentirme avergonzada de que el país donde nací este lleno de corrupción y criminalidad. La mayoría de los mexicanos nada tenemos que ver con eso, más que como víctimas de éstos. Sin embargo, ante el extranjero es difícil ser juzgado como individuo. Se nos juzga como mexicanos: si viajamos al extranjero seremos más revisados que un europeo. Porque en los aeropuertos, al latinoamericano, en general, se le asocia a droga en los intestinos o en los dobles fondos de maletas, como al árabe se le asocia al terrorismo por culpa de Bin Laden. Bin Laden nos afectó a todos los viajeros y gracias a él se nos ve desnudos en la revisión de los aeropuertos internacionales.Supongo pues, que la conducta de cada uno de nosotros ante lo vergonzoso o grandioso que han hecho los otros mexicanos tendrá que ver con la mesura; ya sea en la admiración o la reprobación de los actos. No con arrebatos neuróticos.

jueves, 3 de abril de 2014

LITERATURA OMNÍVORA

Cuando leo, con frecuencia pongo atención en lo que se come en los cuentos y novelas. Al igual que el vestido y el habla, el comer delata la geografía, época, educación, cultura y nivel socioeconómico de los personajes. Últimamente he revisado la comida de la que habla Miguel de Cervantes en su obra cumbre: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Desde la primera página encontramos sus costumbres culinarias: “Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda.” Podemos observar que la dieta de los personajes de El Quijote se basa principalmente en productos de origen animal; un cocido que contiene “más vaca que carnero” y luego, los famosos “duelos y quebrantos” que es una tipo tortilla de huevo a la que se le agregan sesos y riñones de cordero, además de tocino, cebolla picada y perejil. Allí dice que su comida de domingo es palomino y el único vegetal, como platillo principal, son las lentejas, alimento de los viernes.
En diversos pasajes de la novela del manchego, desfilan platillos basadas en leche, requesón, queso ovejuno, ollas podridas (estofado al que se le ponen todo tipo de carnes, especialmente de cerdo), gallinas francolines (un tipo de gallina africana) y tasajo. Hay: bellotas, avellanas, uvas, calabaza, fruta seca, manzana, berenjenas (“los moros son amigos de berenjenas”) que son otros de los vegetales a los que alude Cervantes.
Se puede destacar que, en general, las narraciones en las que se incluyen descripciones de copiosos banquetes siempre acuden a una dieta basada en productos de origen animal. Y es que los personajes literarios son retrato de la realidad: omnívoros. Además, al parecer la corriente más fuerte del veganismo o vegetarianismo puro (sin lácteos ni huevos), surgió apenas a mediados de la década de los 40 del siglo pasado. Esto se establece no sólo con la idea de tener una alimentación más sana sino que se trata de una actitud ecológica y de protección hacía los animales. De esa manera se pretende evitar el sufrimiento animal.
También sabemos que, según la Biblia, el alimento original del primer hombre fue un vegetal (el fruto que comió Adán, que por cierto, no dice que haya sido una manzana). Adán y Eva comían plantas antes de desobedecer a Dios, pues se alimentaban del Jardín del Edén. Igualmente científicos y zoólogos, como Desmond Morris, aseguran que de acuerdo a la evolución los primates ancestros del hombre eran herbívoros
Sin embargo, surge un hecho curioso: los animales mamíferos-carnívoros toda su vida tienen una dieta de origen animal y los mamíferos-herbívoros como las vacas cabras, caballos, jirafas, gacelas, elefantes, etc., tienen como primer alimento la leche materna, es decir, un producto de origen animal; el resto de su existencia son herbívoros. Pero, la cabra no es capaz de digerir un filete como el león tampoco digiere una ensalada. Nosotros que somos la punta de la cadena alimenticia podemos nutrirnos de plantas y animales. Nuestra anatomía y fisiología da para eso. Desde la dentadura hasta las secreciones de enzimas digestivas (salivales, estomacales, pancreáticas y biliares) nos permiten asimilar las grasas, proteínas y carbohidratos, cualquiera que sea su origen. Al parecer el cuerpo humano tiene mecanismos que le permiten adaptarse a cualquier dieta. Un ejemplo: los esquimales que rara vez comen frutas y verduras y por el contrario el hábito que muchas personas han adquirido al tener una dieta vegetariana. Aunque hay controversia en la alimentación puramente vegetariana en los niños.
No sabemos si la evolución vaya encaminada a cambiar la naturaleza omnívora del hombre y que dentro de muchos miles o millones de años volvamos al origen herbívoro. Pero, hasta ahora en la literatura no se habla de grandes manjares que tengan como platillo principal una vianda llena de lechuga, brócoli y hermosas rodajas de tomate.

martes, 25 de marzo de 2014

REGRESO A CASA

Me gusta mucho este poema de mi querida amiga Graciela Guzmán.
 
 
Me he propuesto reconquistarte
después de media vida de abandono.
Regreso a buscar convenios
con tu sonrisa, tu pasión, tu caricia;
incluso con tu ira, tus gritos…
                                                tus golpes.
 
Necesito que me permitas
                                                / otra vez /
moldearte cada noche.
Tocar tu desnudez
e irla cubriendo
con nuevos ropajes,
y que no te importe
si son delicados o ásperos.
Nunca pretenderé hacerte daño,
y si acaso te lastimo,
seguro el llanto será el mío.
 
Dame una nueva oportunidad
para demostrarte cuánto te amo;
para hacerte saber
                                / sentir /
que jamás has habitado
por completo fuera de mí.
Regrésame los días de amaneceres
de combates compartidos
                                          siempre ganados;
déjame presumir nuestra reconciliación.
 
Sé que has estado aguardándome,
que me has extrañado
                                     como yo a ti.
Pero veme,
                   he retornado.
Extiéndeme tus brazos
                                      -poema-,
                                                     abrázame,
y confía en que nunca
                                    nada
nos volverá a separar.
Iremos juntos hasta el final. 
 
Graciela Guzmán

sábado, 15 de marzo de 2014

LOS RUIDOS DEL CUERPO

SONIDOS DEL CUERPO.PNG
Una mañana de verano, mi hija y yo, caminábamos por el museo de Antropología e Historia de la ciudad de México. Decidimos hacer un descanso y nos sentamos en un lugar donde había varias bancas. Sin razón aparente, Carolina comenzó a reírse. Le pregunté el porqué: “Mamá, ¿te fijas que entre más viejas son las personas más ruido hacen al sentarse?”. Nos pusimos a observar a los que posaban las posaderas. Vimos niños y jóvenes que se sentaban sin poner mayor atención a ese acto. En cambio, las personas mayores parecían muy concentradas y desde antes de sentarse lanzaban un extraño y prolongado quejido; una mezcla de malestar y descanso. Seguramente crujían las rodillas, las caderas… pero no alcanzábamos a oírlo.
            Es cierto, la vejez trae consigo un sinfín de sonoridades involuntarias. Se podría decir que la ancianidad es directamente proporcional a los ruidos que produce el cuerpo de manera inconsciente. No hace mucho tiempo tuve que acudir al oftalmólogo porque descubrí cierto rechinar en mis párpados. Un ruido nuevo que no me conocía. El médico dijo que era por falta de lubricación y que necesitaba aplicarme lágrimas artificiales que venían en forma de colirio. Me sentí decepcionada. ¿Cómo era posible que tuviera que comprar lágrimas? Yo, que durante toda la vida las había fabricado a borbotones. Aunque debo reconocer que eso de llorar ya no me entusiasma demasiado. Rara vez lo hago y prefiero más el silencio que la sonoridad.
            Muchos de los ruidos que nuestro cuerpo hace son importantes para hacer diagnósticos. Por ejemplo, los ruidos que produce el aparato respiratorio: desde el ronquido hasta los estertores, desde el suspiro hasta la tos. Podemos ir al estornudo del alérgico y peor aún, al del gripiento. El murmullo respiratorio pasea entre las crepitaciones pulmonares y el “cof cof” cavernoso del bacilo de Koch… Así, el médico, con estetoscopio en oreja, puede decir: tuberculosis, asma, enfisema, neumonía, bronquitis o derrame...
            El sistema circulatorio es el primero en producir ruidos antes del nacimiento. Desde el veintiún día de la concepción se oyen los latidos cardiacos y en el ultrasonido se ve como un aleteo de mariposa; llega a tener 150 latidos por minuto. Aunque en el adulto disminuye entre 70 y 90. Así, existen el primero, segundo, tercero y cuarto ruidos cardiacos que hablan de válvulas que se cierran y válvulas que se abren para dejar pasar al torrente sanguíneo. Y sí que es un torrente, hasta que se detiene y deja mudo al cuerpo. Cuando los ruidos no están bien aparece la anormalidad con nombres de soplos, frotes, retumbos, chasquidos, ruidos desdoblados y plops si de tumor intracardiaco se trata. Escuchamos la sístole y la diástole.
Quizá los ruidos más desagradable son los del aparato digestivo. Principalmente los sonidos provenientes de los gases digestivos. Ya sea expulsado por arriba o por abajo se habla de las más desagradables porquerías del cuerpo. Y al ser precisamente lo sucio, lo cochino, es alimento de la risa familiar, o, de la risa pagada de los cuentachistes con públicos escatológicos. El bruxismo o rechinar de dientes; el borborigmo o las tripas que gruñen, porque tienen hambre, diarrea, colitis o simplemente porque están vivan. Hasta que se paralizan porque algunos se van muriendo por partes. Lo mejor será morir completo y de una sola vez. 
Tuve un maestro que aseguraba que el sonido de la micción era suficiente para saber la edad, el sexo y las enfermedades de las personas. Decía que con solo oír el “chis”, analizando su fuerza, continuidad y el goteo terminal, se podría saber si era hombre o mujer, joven o viejo, multípara, diabético u hombre con hipertrofia prostática. Tal vez sea sólo una exageración, tal vez.
            La vida está dada por decibeles. El silencio existe para que el sonido se manifieste en la música, en el canto, en el baile, en el aplauso. Somos seres sonoros cuando reímos, gritamos, comemos, besamos y hacemos el amor o el sexo. Pero lo más importante es el sonido del lenguaje hablado que nos diferencia de los otros animales.

sábado, 15 de febrero de 2014

TARTUFIANO




El actor y dramaturgo francés, Juan Bautista Poquelin (1622-1673) mejor conocido como Moliere, escribió muchas obras de teatro. Las más conocidas son: Médico a palos, El enfermo imaginario, El amor médico, El avaro, Las preciosas ridículas, Escuela de maridos  y  Tartufo, entre otras. Tartufo es la historia de un hombre que se las ingenia para aparecer, ante el jefe de una familia, como un ser virtuoso y devoto.  Finge ser una persona de mucha calidad moral. Engaña a un hombre cándido que goza de un buen estatus económico: Orgón, que cae ante las artimañas de Tartufo y termina invitándolo a vivir con su familia, prometiéndole casarlo con su hija. Tartufo, logra que el dueño de la casa corra a su hijo y lo desherede. Compone los planes de tal forma que casi logra quitarles su fortuna. De Allí que el nombre del personaje Tartufo se haya convertido en un adjetivo, sinónimo de hipocresía.
Esta obra de teatro fue censurada en su tiempo por la alta sociedad parisina, ya que Moliere mostraba cómo la mayoría de los hombres, que de manera exagerada, pretenden estar pendientes de la buena moral de los otros, en realidad, son farsantes que sólo tratan de engañar a los demás, y así, obtener beneficios propios. De ahí las declaraciones de Moliere, cuando su obra finalmente fue estrenada en 1664: “En mi obra presento el vicio más habitual de esta época: la hipocresía”.
En Tartufo, uno de los personajes se burla al referirse a la conducta de una mujer considerada virtuosa: “Todo mundo sabe que es casta, muy a pesar suyo. Bien que ha disfrutado  mientras ha podido despertar la admiración de los hombres, pero cuando ha visto que se apagaba el brillo de sus ojos, se ha puesto a renunciar a un mundo que la rechaza y a disfrazar la debilidad de sus marchitos encantos con el ostentoso velo de una elevada sabiduría, se trata de un cambio que siempre han llevado a cabo las coquetas de toda la vida. [...] critican a otras no por caridad sino por envidia”.  Es un hecho común que los viejos (no sólo las coquetas) tiendan a censurar las actitudes de los jóvenes, olvidando que muchas de esas conductas también las practicaron.
Orgón, por confiar y dejarse llevar por la falsa moral de un impostor, pone en peligro a su familia. Su devoción por el malvado Tartufo llega a tanto que habla de él como si se tratara de un ser excepcional: “Me enseña a no sentir afecto por nada”. Tartufo lo convence de que todo lo material es malo, que lo único que importa es lo espiritual, de esa manera hace que se desprenda de todos sus bienes para poder adueñárselos.  Tartufo llega hasta el ridículo con  sus delicadezas y eso causa admiración a Orgón, por lo que declara: “Cualquier nimiedad que haga le parece un pecado; se escandaliza por cualquier nadería.” La moraleja es que hay que desconfiar de los exagerados.
Cleantro, cuñado de la víctima, utiliza todo su tiempo para prevenirlo. Trata de explicarle quienes son realmente los devotos de Dios, diciéndole: “No se dejan llevar por lo que parece malo y su alma se inclina en juzgar bien a los demás, no gustan de camarillas e intrigas. Se les ve mezclarse con las gentes buenas y sencillas, y, aunque rechazan con vigor el pecado nunca se ensañan con el pecador”. Pero aquel hombre está ciego y se deja llevar por el estafador.
Así continúan los enredos, hasta que el impostor logra despojar a la familia. Afortunadamente el rey de la ciudad se da cuenta de las patrañas de Tartufo, por lo que lo encarcela, regresándole los bienes a sus dueños.
Esta comedia en este 2014, cumple trescientos cincuenta años de su estreno en teatro. Y aunque ha pasado mucho tiempo desde que se escribiò, Tartufo, sigue vigente. Los tartufos siempre existirán: en la política, en las relaciones amorosas, y, desafortunadamente, hasta dentro de las propias familias. Las pasiones humanas siguen siendo las mismas. Por eso hay que tomar en cuenta lo que dice Moliere: “los buenos y auténticos devotos no hacen tantos gestos”, “desconfiemos de la lisonja desmedida”.

domingo, 2 de febrero de 2014

DUMAS Y LA TUBERCULOSIS


La dama de las camelias
La tuberculosis pulmonar se describe en la novela La dama de las camelias. El francés, Alejandro Dumas, hijo (1824-1895) detalla, en esta historia, la evolución natural, los signos y síntomas de esta infección. Asimismo, es posible corroborar los tratamientos utilizados en aquella época. La tuberculosis no tenía cura efectiva. Fue en los años veinte del siglo pasado cuando se descubrió la vacuna antituberculosa y los antibióticos específicos para tratarla.
La protagonista, siempre lleva consigo una camelia. Joven y hermosa y prostituta; Margarita Gautier recorre París con aires de inocencia y orgullo. Parece portar con arrogancia su oficio. Dumas dice que es porque: “todavía se encontraba en la virginidad del vicio”. La dama de las camelias renta caro su cuerpo bello y enfermo. Padece una dolencia del pecho: la tuberculosis, única herencia de su madre. Margarita capaz de apaciguar el calor de otros, no puede bajar su fiebre con nada; la temperatura de su cuerpo aumenta por las tardes y por noches le viene con sudoración profusa. Va a muchas reuniones sociales, pero cuando le asaltan los accesos de tos con sangre (hemoptsis) se esconde donde nadie la ve.
Una historia basada en la vida de Maríe Duplessis, fue amante del autor. La mujer extraviada, la perdida, La traviata como le dice Verdi en la ópera, (aunque allí se llame Violeta).  Se hizo culta. Tocaba el piano y leía novelas. Entre la literatura que frecuentaba estaba Manon Lescaut (dos veces hecha ópera: por Massenet y por Puccini) escrita por el Abate Prévost . Manon y Margarita misma debilidad, mismo oficio, Manon muerta en el desierto, Margarita muerta en su cama, con el alma desierta.
Margarita la que siempre come dulces, pero que cada día pierde peso. Tan delgada, encantadora, y a veces, adorable “con ese extraño rubor rosado que les brota en las mejillas a los tísicos”. Aunque algún tiempo parecía que se recuperaría. Cuando va al campo con Armando Duval el único al que realmente amó. Allí se le ve tan saludable, toma aire puro y se expone al sol. Cosa lógica su mejoría, pues el bacilo de Koch,  -bacteria responsable de la enfermedad- es sensible a los rayos solares. Es una pena que la felicidad dure tan poco. Armando y Margarita terminan separándose. Porque una pasión así trae desventura. Se aman pero se ofenden. La ofensa reafirma la pasión. “Haz como los demás: págame y que no se hablé más”, ella lo castiga. Armando sabe que el desquite es insuperable cuando se utilizan las mismas armas del “enemigo” y al ardor de los celos le envía un sobre con dinero: “Se ha marchado tan aprisa esta mañana que se me olvidó pagarla. Ahí tiene el precio de su noche”. Así, las circunstancias los obligan a la ruptura. “Pasé al estado del cuerpo sin alma, de cosa sin pensamiento” murmura Margarita. Y de nuevo la cortesana se avienta al vicio, al vino, al desorden. No come, se desvela y muere.
En esta obra es posible apreciar la barbarie en los tratamientos médicos de siglos pasados. Un ejemplo, es la utilización de las sangrías en los tuberculosos,  a pesar de que en estos casos debieron estar contraindicadas. Ya que la tuberculosis avanzada provoca anemia al paciente; la enfermedad se agrava  con las sangrías.
Alejandro Dumas, hijo escribió La dama de las camelias a los veintitrés años de edad (1847). Una de las obras más conocidas de la literatura universal. Narrada en primera persona. El relator va cediendo la voz a los protagonistas. El tema principal es el amor entre dos jóvenes, la tragedia se da por la muerte, pero el drama resulta del oficio de ella: la prostitución, sin embargo este vocablo no se menciona en la novela, al igual que la palabra sexo. Una muestra más de que el pudor está más presente en las palabras que en los hechos. El recato de Dumas se palpa también cuando habla de la dama que llevaba camelias blancas veinticinco días del mes y camelias rojas los cinco días restantes, en alusión al ciclo menstrual. El autor no explica de que se trata: “nadie ha sabido la razón de esa diversidad de colores que señalo sin poder explicar...” Aunque existe una escena entre los amantes donde lo sugiere.  La dama de las camelias, una novela apasionante.

sábado, 18 de enero de 2014

GOBIERNOS BARATARIOS


Don Quijote prometió a Sancho Panza hacerlo gobernador de la ínsula Barataria. El nombre Baratario en El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes, se explica que era porque el lugar se llamaba Baratario, “o ya por lo barato con que se le había dado el gobierno”, narra  Cervantes. Aunque el régimen "panzista", es en realidad una broma cruel, ello no obsta para que el caballero y su escudero se lo tomen muy en serio. Los capítulos XLII y XLIII (de la segunda parte de la novela) están dedicados a las reglas a las que deberían ceñirse los buenos gobernantes.
En el corto periodo gubernamental de Sancho, éste se comporta con mucha propiedad y hasta con inteligencia: “Todos los que conocían a Sancho Panza se admiraban, oyéndole hablar tan elegantemente, y no sabían a qué atribuirlo, sino a que los oficios y cargos graves, o adoban o entorpecen los entendimientos” Luego, Sancho habla sobre su ínsula: “Diez días la goberné a pedir de boca; en ellos perdí el sosiego, y aprendí a despreciar todos los gobiernos del mundo; salí huyendo della, caí en una cueva, donde me tuve por muerto, de la cual salí vivo por milagro”, dice Panza, para quien diez días de mandato fueron suficiente para aprender: “a despreciar todos los gobiernos del mundo”, a pesar del deseo que tenía de “probar a qué sabe eso de ser gobernador”. Sin duda ya “ha mucho tiempo” de la mala reputación de los políticos.
         En el trance de aquel mandato, don Quijote aprovecha para dar toda clase de consejos a su acompañante para que logre convertirse en un gran gobernador. Por ejemplo:
Sobre el vestir: “No andes, Sancho, desceñido y flojo, que el vestido descompuesto da indicios de ánimo desmazalado, si ya la descompostura y flojedad no cae debajo de socarronería, como se juzgó en la de Julio César.” (…) “No sería que sería bien, que un jurisperito se vistiese como soldado, ni un soldado como un sacerdote”.
         Sobre la fe: “Primeramente, ¡oh, hijo!, has de temer a Dios; porque en el temerle está la sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada.”
Sobre las dificultades del “conócete a ti mismo”: “Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte, como la rana que quiso igualarse con el buey; que si esto haces, vendrá a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideración de haber guardado puercos en tu tierra”.
Sobre la humildad: “Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje, y no te desprecies de decir que vienes de labradores; porque viendo que no te corres, ninguno se pondrá a correrte; y préciate más de ser humilde virtuoso, que pecador soberbio. Innumerables son aquellos que de baja estirpe nacidos han subido a la suma dignidad pontificia o imperatoria; y de esta verdad te pudiera traer tantos ejemplos, que te cansaran”.
Sobre la virtud: “Mira, Sancho, si tomas por medio a la virtud y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que los tienen príncipes y señores; porque la sangre se hereda, y la virtud se aquista, y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale”.
Sobre las apariencias que engañan: “Nunca te guíes por la ley del encaje, que suele tener mucha cabida, con los ignorantes que presumen de agudos”.
Sobre las buenas formas: “Al que has de castigar con obras, no trates mal con palabras, pues le basta al desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones”.
Sobre las esposas: “Si trujeres a tu mujer contigo (porque no es bien que los que asisten a gobiernos de mucho tiempo estén sin las propias), enséñala, doctrínala y desbástala de su natural rudeza, porque todo lo que suele adquirir un gobernador discreto suele perder y derramar una mujer rústica y tonta.”
Cómo éstos, muchos. Les vendría muy bien a nuestras autoridades leer los consejos para gobernar de El Quijote, para que dejaran de ser gobiernos baratarios o baratos. Aunque lo barato les venga, no en el sentido de lo que cuestan (pues ya sabemos lo costosos que son) sino en el sentido de lo que valen frente a los problemas de sus gobernados.