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Nació en Francisco I. Madero, Dgo. en 1964. El peor de los pecados, es su primer libro de cuentos.Ha recibido el Premio Estatal de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre” en los años 2000 y 2015 y el Premio Estatal de Periodismo de Coahuila, 2016. Perteneció al taller literario de Saúl Rosales. Escribe cuento y ensayo. Es colaboradora regular de la revista Siglo Nuevo, suplemento del periódico El Siglo de Torreón. Su entrevista con Elena Poniatowska fue traducida al griego y publicada en la revista Koralli de Atenas. Ha publicado en las revistas: Estepa del Nazas, Acequias, Cultura de Veracruz, La Manzana y Confabulario (suplemento cutural del periódico El Universal). Y en los libros colectivos Enseñanza superior, Coral para Enriqueta Ochoa, Voces del desierto, Sinfonía a doce voces, Cien puertas de Torreón, Perfiles sobre José Revueltas, Camerata de Coahuila. Dos décadas de música y Horizontes de sol y polvo I; Panorama del cuento lagunero. Es médica egresada de la Facultad de Medicina de Torreón,UA de C. Correo electrónico: lopgan@yahoo.com

sábado, 11 de abril de 2015

BORGES, JUNG Y EL I CHING


I Ching

Entre los estantes de filosofía de una librería, encontré el Libro de las mutaciones también conocido como I Ching, Yi Ching, Jiying o I King, para muchos se trata sólo de un texto esotérico de utilidad adivinatoria pero para otros es un libro de sabiduría milenaria. En esta edición, traducida del chino al alemán por Richard Wilhelm y del alemán al español por D.J. Vogelmann, me sorprendió ver que contenía un prólogo del psiquiatra suizo Carl Gustav Jung y una poesía del escritor argentino Jorge Luis Borges. La sorpresa me vino porque el esoterismo es despreciado por muchos científicos y literatos, ya que lo consideran charlatanería y propio de ignorantes; una contradicción a ese pensamiento es que Borges y Jung estén juntos en esta edición argentina, publicada por Editorial Hermes en 1960. Supongo que al pasar de los años, algunos aceptamos que el misterio es parte de la vida y que, nos guste o no, la magia está allí, porque no podemos explicar el Universo. Tal vez, algún día sea revelado el secreto de la vida, la muerte y el Universo, el caso es que hasta ahora se han tratado de explicar religiosa y científicamente, pero ni uno ni otro han convencido del todo.
         La participación de Borges fue a petición de Vogelmann con los versos que tituló: “Poema para la versión del I Ching de Richard Wilhelm” y habla de lo irremediable que es el pasado pero también de lo inevitable del futuro, considerando que en el presente somos ya lo que fuimos y lo que seremos para después llegar a la inevitable fatalidad, dice así: El porvenir es tan irrevocable/ Como el rígido ayer. No hay una cosa/ Que no sea una letra silenciosa/ De la eterna escritura indescifrable/ Cuyo libro es el tiempo. Quien se aleja de su casa ya ha vuelto./Nuestra vida/ es la senda futura y recorrida./ El rigor ha tejido la madeja./ No te arredres. La ergástula es oscura,/ La firme trama es de incesante hierro,/ Pero en algún recodo de tu encierro/ Puede haber una luz, una hendidura./ El camino es fatal como la flecha./ Pero en las grietas está Dios, que acecha.
         El prólogo de Carl G. Jung es extenso y al principio, a manera de disculpa, aclara que él no es especialista en cultura china: “Como no soy sinólogo, una presentación del Libro de las mutaciones preparada por mi habrá de ser un testimonio de mi experiencia personal…” Explica lo difícil que es para la mente occidental comprender la cultura oriental y, específicamente, la cultura china, habla de las diferencias en la percepción del azar o la casualidad y de cómo nosotros pensamos más en la causalidad. El I Ching se usa para el arte adivinatorio lanzando palillos o monedas que dan un número de donde surgen las direcciones de los textos (hexagramas) que proporcionaran el consejo solicitado, generalmente, la comprensión es fácil. Para su prólogo, Jung, jugó consultando al I Ching como si la propia obra fuera un personaje; le preguntó el “dictamen sobre su situación actual” el libro hablaría sobre la importancia de su presentación en occidente. En la interpretación de Jung el I Ching arroja las siguientes ideas: “Contengo alimento (espiritual). Y en vista de que participar en algo grande siempre despierta envidia, el coro de los envidiosos es parte del cuadro (…) pero su enemistad es en vano la riqueza del I Ching está asegurada…” El oráculo no se equivocó, este método adivinatorio es de los más visitados, desde que se creó hasta la actualidad, las consultas van desde problemas amorosos hasta el planteamiento de estrategias de guerra.

         El I Ching puede ser leído como filosofía o literatura china, pero para la mayoría es un ser animado en el que se manifiestan “agentes espirituales”. Esta obra tiene una antigüedad de más de tres milenios, fue escrito mil doscientos años antes de Cristo. Se considera de origen taoísta pero una parte se le atribuye a Confucio, de manera que no se sabe claramente quién lo escribió. Es un libro lleno imágenes poéticas y sentencias sabias. No tiene una cronología que nos haga mantener el interés para leerlo de manera lineal. Entonces, hablo de un libro del que sólo he leído (bien) el prólogo de Jung y el poema de Borges que contiene.

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