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Angélica López Gándara (Francisco I. Madero, Dgo. 1964) Se tituló de médico en la UAC. Perteneció al taller literario de Saúl Rosales. Escribe cuento y ensayo. Colabora regularmente en la revista Siglo Nuevo, suplemento del periódico El Siglo de Torreón en donde también se ha desempeñado como editorialista. Ha publicado en las revistas: Estepa del Nazas, Acequias, Cultura de Veracruz, La Manzana, Intermezzo y Edukt, además en los libros colectivos Enseñanza superior, Coral para Enriqueta Ochoa, Voces del desierto, Sinfonía a doce voces y Cien puertas de Torreón. Coconductora del programa “Las letras al aire” de radio Torreón. Obtuvo el Premio Estatal de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre” en el año 2000. El peor de los pecados es su primer libro de cuentos.
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lunes, 13 de junio de 2011

MIS INSTRUCCIONES PARA TENDER UNA CAMA

Mientras tendía la cama, vino a mi mente el filósofo alemán Arthur Schopenhauer. Él en su libro Aforismos sobre el arte de vivir asegura que la mayoría de las personas vivimos entre el tedio y el dolor. Así que, de acuerdo a él, cuando no estamos ocupados en sufrir, sencillamente nos aburrimos. Al parecer los únicos que se salvan son los que son capaces de disfrutar de la soledad y que tiene una imaginación extraordinaria. Sin embargo, creo que todos pasamos por momentos en los que estamos en una especie de anestesia superficial que no permite ni el hastío ni el dolor. Existen períodos en el cerebro que no necesitan de ninguna pasión o aversión para realizar actividades aparentemente intrascendentes como tender o “hacer” la cama. Por eso me pregunté qué experimentaba mientras alisaba las sábanas de mi cama ¿dolor o tedio?, y encontré que me sentía absolutamente en la nada.
Alguna vez alguien me comentó sobre un texto que se titulaba “Instrucciones sobre cómo tender la cama” no recuerdo al autor pero buscando en Internet me topé con muchos artículos que se referían al tema. Me sorprendió que existiera quien se tomara en serio dichas instrucciones. Es decir, no eran una creación literaria sobre el arte de colocar bien las sábanas, cobijas y colchas, sino que realmente enseñaban paso a paso a cómo hacerlo. Por supuesto, me pareció absurdo. Era como si quisieran enseñar a quitarle la cáscara a una naranja y luego a cómo comerla. Pero luego recordé esas películas de militares o de internados en donde tender una cama era un ritual con un método estricto. Entonces llegué a la conclusión de que tender camas en forma repetida durante ocho horas era una de las actividades que en esta vida y en cualquier otra no me gustaría hacer. Ser recamarera de hotel me parece un trabajo muy difícil, eso de extender y sacudir sábanas en donde se concentran fluidos y pelos desconocidos: me dan náuseas. Pienso también en lo que se puede observar mientras se tiende una cama dependiendo de si es individual, matrimonial, king size, o queen size. Las camas en orden o desorden revelan demasiado. (En el pasado únicamente había tallas individuales o matrimoniales, y hace muchos años un petate familiar era bueno; por las mañanas habría que enrollarlo y ya). Es curioso darse cuenta que las personas que tienen una cama grande nunca duerman en el centro de ésta, siempre lo hacen en uno de los lados. En las que son de dos personas, y si el colchón es viejo o de esos modernos que no se pueden voltear pero que son de los más confortables, se encuentran inevitablemente dos depresiones a cada lado. La profundidad de los hoyos en el colchón da la idea de las horas cama de los durmientes pero sobre todo descubre el tonelaje de éstos que es directamente proporcional: a mayor volumen y peso, mayor la cuna.
En la cama se pasa, en el mejor de los casos, la tercera parte de la vida: se duerme, se ve televisión, se tiene sexo, se hace el amor, se sueña en seco o en mojado. Se come, es estancia de enfermedades y del origen de las ideas. Las parejas se cuentan cuentos y a veces los papás se los cuentan a los niños, quienes en ocasiones derraman líquidos uréicos tibios que les provocan frío. De manera que la tendida de la cama es importante porque si está en desorden produce desorden también en la conducta. Mis instrucciones son: ponga una sábana sobre la otra si hace frío que sea de franela (agregue cobijas). Si tiene calor use telas de algodón, no utilice seda o satín; son incómodas, se resbalan y hasta usted se puede caer de la cama. A mi caen mal los edredones con rodapié porque se dificulta colocarlos sobre el box spring. No guardo las orillas de la sábana debajo del colchón porque gusto de sentir libertad en las piernas. Y aunque se vean bonitos me parece fútil poner muchos cojines o almohadas. Se recomienda cambio de ropa de cama cada semana. Sacuda bien la cama por aquello de los ácaros, pulgas, oxiurus y pelos. Lo dicho, no siento ni dolor ni aburrimiento al tender una cama.